Guillermo Gitz

Guillermo Gitz: Dos poemas

La purificación del Templo

Jesús toma un látigo y expulsa los cambistas y vendedores.
Usurparon el templo, la Casa de Su Padre y lo afrentaron.
Todo fue profanado; de adoración a negocio impuro,
de reverencia a bullicio, de solemnidad a desorden.
Echarlos violentamente era imperioso e inaplazable.
Qué se habrán creído ellos; tan corruptos e irreverentes.
La Casa de Oración convertida en tienda de negocios;
dinero como transacción comercial, no como ofrenda a Dios.
Sin altruismo ni vocación de justicia son los fariseos;
engañadores de ropas de lino blanco y corazón áspero.
Jesús se levantó reciamente contra el ilícito y el sacrilegio.
La expulsión del templo fue material y también simbólica;
representaba quebrar la tradición espuria de los sacerdotes
y la abolición definitiva de ese ritual religioso hueco y artificial.
El santuario transformado en mercado y banca de especuladores,
ya no constituía más el antiguo templo ceremonial davídico.
El templo de Jerusalén estaba envilecido por el lucro desmedido.
Jesús no tuvo ninguna contemplación con los deshonestos
ni con los insinceros que mancillaban el santo lugar litúrgico.
Justo el predicador del amor utilizó la violencia, lleno de ira.
El templo del Señor sería aseado y purificado al fin por Jesús.
“cueva de ladrones”, decía y volcaba las mesas y sillas,
no parecía el pacífico pastor sino un furioso belicista.
No más dulces sermones cuando hay que pasar a la acción dura.
La hipocresía es una actitud sin moral basada en la simulación;
y Jesús era implacable con los que practicaban tal falsedad.
Aquellos que trastocaban la ética tan deshonrosamente
eran el blanco de sus más virulentas y mordaces diatribas:
“sepulcros blanqueados”, “ciegos guías de ciegos”; acusaba.
Desde entonces el título de fariseo es sinónimo de hipócrita.
Aunque el santuario fue limpiado y el culto pudo recomenzar;
la adoración genuina al Señor ya no tendría más lugar allí.
Porque el reconocimiento del Señorío de Dios será esencial;
pero se le adorará en espíritu y en verdad en cualquier sitio
donde los verdaderos adoradores rindan devoción al Señor.

 

TIEPOLO, Giandomenico_La expulsion de los mercaderes del Templo, c.1750-1753_ 398 (1955.3)

 

Transitando Medio Oriente

Regiones áridas de perimetrales verdosos,
rutas circunvalando por exhaustas montañas
y palmares ubicuos vigorizando al excursionista.
Arenas tostadas pulidas son el trasfondo de
ciudades beige azotadas por polvo de estepa.

Países que comparten un mismo territorio;
el turismo es su fuente de prosperidad primordial.
Visitados más por su pasado que su presente;
solo interesan mientras patrocinen su historia.
Cada metro configura el gran negocio religioso.

Vida calma en el valle y vigorosa en la ciudad,
vehículos flamantes en tierras antiquísimas.
La población demanda lo básico: paz y trabajo.
La integración es mínima, pero prevalece,
es ineludible cohabitar y cooperar para existir.

Medio Oriente cuna de creencias y civilidad;
tierra idénticamente bendecida y maldecida.
Encuentro y desencuentro, arme o desarme.
La zona es y seguirá siendo un damero político;
allí se juega a diario el destino de la humanidad.

Sus costumbres, ritos y tradiciones preservadas
son contracaras que coinciden y contraponen.
Cuánto durará la esforzada convivencia pacífica.
La paz no es perdurable, la historia lo demuestra;
en cualquier sitio conflictivo y menos en este vórtice.

Puro pasado; el futuro es imprevisible y abstracto.
Si el pretérito domina, el resto del tiempo sobra.
Construcción diaria del presente minuto a minuto;
los días duran más de 24 horas de noticias alarmistas.

El mundo pone su consideración en Medio Oriente;
interesado o no, direcciona su foco allí y lo examina.
Estos momentos atenuados ¿durarán in eternum?
¿o volverá la tierra a teñirse de sangre furiosa?

Habitantes de un tiempo sin tiempo y sin amparo.
Choque de hábitos y culturas en metros cuadrados,
los atavíos como hace siglos o la vestimenta moderna;
pero muchos manipulan su dispositivo comunicador móvil.

Tierra transitada por personajes de un Libro Sagrado,
sus huellas fantasmales aún irrumpen en la memoria.
De oasis a oasis, centenares de kilómetros sufridores;
permiso de vida entre distancias que las fuentes refrescan.

Statu quo vigente acordado oficialmente en Oslo, 1993;
algunos viven su vida y otros planean el saboteo diario.
Ambos lados son culpables nadie porta carnet de inocencia;
siguen anclados al pasado y no resuelven el presente.
El globo gira, las fases mutan, la flor brota; esa zona sigue igual.

 

Guillermo Gitz

Guillermo Gitz (Buenos Aires, Argentina, 1949). Se expresa en poesía como aficionado desde hace lustros y tiene publicado el libro de poemas “Un Sol Moderno”. También ha recibido un primer premio de poesía en Argentina y un segundo premio en Ecuador, además de haber sido finalista en otros certámenes y tener publicados poemas en varías antologías colectivas o en revistas digitales en lengua castellana e inglesa, idioma del que ha traducido textos de Emily Dickinson o Bob Dylan, entre otros. Sus reflexiones y ensayos se pueden encontrar en el portal “Cosmovisión Bíblica”. Respecto a su anclaje bíblico, señala: “Como creyente, también escribo poemas que expresan mis sentimientos de testimonio, adoración, meditación, gratitud. Motivos que tomo de la Biblia; Palabra divina que ha inspirado y aún sigue estimulando a tantos escritores”.

(Imagen de cabecera: Medio Oriente (2005), pintura de Angelo Pisciotta).

 




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*