Tiberíades agradece al reconocido poeta y filólogo colombiano Jaime García Maffla por permitirnos difundir su comentario en torno al poemario ‘Prontuario de Infinito’, de Alfredo Pérez Alencart, cuya primera edición, en español y francés, se publicó en Madrid por Verbum (2012). García Maffla lo escribió en 2017, pero ahora nos facilita su publicación, conociendo la reciente edición brasileña, con traducción realizada por el escritor Cláudio Aguiar, quien en 2011 ya había traducido su libro ‘Cristo del Alma’, aparecido en Río de Janeiro bajo el sello editorial de Galo Branco.
Claridad en lo secreto e iluminación del misterio en ‘Prontuario de Infinito’, de A. P. Alencart
He de alejar estas líneas mías de una univocidad que de tan transparente modo se da en las páginas que pretenden seguir… Se le habla a alguien, algo, mucho se relata y delata, al abordarlo como aquello que ya nos ha abordado por su Cruz en la historia humana…
No es esta la tardía recensión de un poemario ofrecido a la estampa hace casi ya cinco años… Y en signo de fe, dado en medio de publicaciones en verso ajenas al motivo aquí central, como Cartografía de las revelaciones o El pie en el estribo… Ahora estas líneas lacónicas, desde la plegaria en renovada lectura de un directo mensaje, que es también activa adhesión de un sentir entre una certeza. Decir lo que en estos Cantos está dicho es desdecirse –para un crítico- en cuanto lo que ellos le han dicho.
Únicamente debo dejar cifras: Poesía vitalista la de Alencart, unida a sus personales orígenes, próximos a la impenetrable entraña de la selva amazónica, en el Perú, están también las tradiciones de la poetización hispanoamericana toda, de España, Europa, aún la del Oriente que es porción de un legado a un tiempo el mismo y distinto, de lo primero en la Iglesia Ortodoxa y de lo segundo en el Budismo y en el Tao.
Claridad en lo secreto e iluminación del misterio. Así y aquí, sí, un poemario que, en figura de Cantos, se sitúa a su lado de otros de igual estirpe como: Cristo del Alma. Viene del contemplar una obra poética como a un arcoíris… Está allí, por el milagro de unas palabras que se han transmutado en lo espiritual, allí, aquí y ahora en nuestro firmamento. ¿Decir qué de este poemario que se excede a sí mismo y a sus ojos se oculta para darnos a ver?
¿Y si decirlo cómo, aparte de sentirlo y llevarlo en andas de otras palabras que digan otra cosa, sólo que ésta es lo Absoluto y lo Otro encarnados? Un arcoíris y una cruz: figuras de un mostrarse en más amplias elevación y anécdota, puesto acaso más firmemente el acento y las señas en aquello que como único y eterno gravita sobre la historia de nuestros espíritus, por los rasgos de en un rostro imperecedero. Pero en estas líneas, nada serán sus móviles, quisiérase en esenciales trazos:
Parábolas,
salmos de la vigilia,
sin desmayo
en la honda sangre,
sin calendarios
adversos
en la llama espiritual
que alumbra
la ruta a lo divino.
Vano todo intento de lectura real, de donde el acierto de su autor. Pero hay que hablar de una Consumación con nombre propio único y en nombre de todos cuantos han sido, somos o serán. Ruta a lo divino. No sobrará decir que, en mi caso, pienso en dos libros de Ediht Stein: Ser finito-ser eterno, y La ciencia de la cruz. Así en el Prontuario…, la presencia de Jesucristo no es la de una ritual religión sino la de una íntima relación con la pureza y la perfección humanas, las cuales, sí, sólo pueden venir de esa instancia absoluta a la cual no podemos dar sino un nombre -dejado como impronunciable en otras creencias- el de Dios.
Está, entre líneas por su gravitar y a plena luz por su actuar, ya aquí, la trascendencia que va a adquirir figura humana, y lo humano que hará –en este Prontuario de infinito– parte o fracción de la sacralidad, como un envés ese otro poemario suyo: Cristo del Alma. Habrá de ser también el ámbito de su total darse, en los fragmentos suyos que hacen de cada ser un don, que aquel ignora dónde está, tras lo pasado atemporal, aunque hecho tangible en los años, acciones, episodios y caminos un día.

Casi una transcripción esta, por lo invisible Casi lo invisible puesto en manos, brazos que podían, pueden o deberían regir cada aurora… No es un libro religioso, sino que por su mirar desde la propia alma a Jesucristo, y desde Él, tras mirar, convertirnos en otro ser mirado para ser nuevamente creado: Cantos que se convierten, paradójicamente, desde el Verbo, en humanos, en demasiado humanos por viscerales que lo son al nacer.
Pero antes de los motivos esenciales, en el andar consciente de Alfredo Pérez Alencart por los reinos hoy más cercanos de este mundo y del espíritu, hay un eje, y es la pertenencia suya a dos parajes que en armonía se oponen, o que en su oposición de distintos legados, van hacia una armonía: El Amazonas peruano, y la Salamanca, no sólo paradigma de lo hispánico, sino de una lectura trascendente de la universal obra El Quijote, con los ojos de don Miguel de Unamuno, autor de La agonía del cristianismo: agonía como ágonos: lucha…
Partió un día Alencart de su lar, no para un dejar sino para hallar, entre los pasos del desgarramiento. Así, en Los éxodos, los exilios, dice:
Habrá murallas más grandes
cuando en tus huesos el otoño hunda su trofeo
de melancolía
y las patrias ya no te observen cristalinas y los júbilos
estén arrugados sobre la mesa donde no escasea
el pan del desayuno,
Ahora todo está palideciendo,
todo regresa resinoso en la niebla que te envuelve,
todo parece empollar máscaras que adivinan
la suerte si les muestras las manos de pedir.
Hay aquí dolorosas alusiones de cuanto es visto nada más desde lo temporal y efímero, aún desde la impiedad de lo impersonal. No obstante, esencias de lo esencial, podría decirse que componen Prontuario de infinito, volumen, ha de reiterarse, de poemas que este poeta dio a la estampa en 2012, pero la lectura en interiorización por quien aquí la hace, de este libro no es tardía, sino que se abre a mi “otra”, en intención paradigmática, lectura hoy de su obra casi completa. Lo he hecho, a través suyo, hablando conmigo desde mí y ante el suceso de haber sido creado…
¿Qué hay, es, quién, cuál dimensión habita este Prontuario? Se iniciaría con la segunda voz del poeta, el “tú…”, pero es equívoco, es el real Tu: “Recuestas la cabeza…”, en razón de un inclinarse al paraje de los nacimientos, que tiene, al lado suyo, una alusión las Resurrecciones. Gozo porque un sufrimiento ha tenido lugar al indicar caminos, para hacer señas desde lo inmaterial, que es materia de todo lo visible y tangible, aún de los sucesos, los escenarios, las situaciones y aún las estaciones del espíritu, que no desdeñan la lección de las cosas creadas con un designio de lo Alto, y, al cabo, da en el episodio y la persona más significativos de toda la historia de la Humanidad.
Pérez Alencart va tras de sí hacia el mundo en torno y ajeno, va hacia Él, de Él Viene en su busca y hallazgo, en su pérdida y entre desolaciones; sigue a ese claro hijo del hombre, tal como lo consigna en página inicial.
“Un verso puede ser sagrada meditación para acceder al tiempo que descarna. Y otro para erigir el testimonio de otra vida. Súmense los versos como mensaje de bienvenida a un infinito que está al descubierto en cualquier esquina, donde Cristo es la imagen central; o en la torre incandescente del cosmos, donde el Creador tiene su feudo enorme.
´Mi corazón de todos los días a veces hace huelga para que mi espíritu se destierre hacia territorios transparentes. Mis propios músculos delatan que mi cuerpo busca el porvenir. No sé de espejos o del desdoble de sombras. Pero no postergo la dicha, y en este viaje último me nutro del Verbo abierto. Y en la travesía muto el gozo en infinito, la Gracia en meteoros que vuelan hacia arriba. La carne móvil; el Viento vendando heridas; el futuro haciéndome compañía…
´Aquí expongo una poesía que jamás se deshila del todo. La he empequeñecido con paciencia para que así tenga otros nacimientos, como ese eterno milagro que irradia una fe inefable. Que Dios circunde a estos siete cantos gestados en castellano y ataviados en francés”.
Habla al lector, casi increpándolo, desde el poema inicial, del saber que de su rumbo pueda poseer cada ser, así como de los parajes que han de acogerle. Con los actos humanos está la sacralidad de la naturaleza, convertida –sin perder su ser– en símbolo y en alegoría. Aquí se toca este Prontuario con un libro posterior de Alencart: El pie en el estribo, donde está la vida través de una mirada que se ha credo a sí misma, cuando en el Prontuario los ojos a través de los cuales miramos son los del Crucificado, que no nos muestra un mundo abstracto sino a nuestro propio ser en actuación dentro del agredirse del mundo concreto, como sucedió en ese otro poemario: Cristo del Alma.

Allí aparecen las celebraciones, y con ellas el Crucificado, que hace de muerte y pasión fracciones de eso ya no infinito sino eterno, desde una voz que clama y llama a un tiempo. La poesía toca este y el otro mundo, pero también es tocada por algún mundo otro y por este que sólo en su apariencia se muestra… Claridad del enigma:
Conoces el desierto como simple destino.
Atisbas florales primaveras del espíritu.
Hallas el resplandor que te provoca aquella algarabía
y ahora delimitas lo que roza tu boca
o triplica tu esparcimiento, tu signo interior.
La sacralidad es una leve lluvia que va tomándose todas las superficies del espíritu de cuanto ha sido recibido por el Ser. Se unen en él lo humano y lo inhumano, o en términos de Edith Stein, el ser finito y el ser eterno, pero entre ojos y hojas, caídas y caricias de lo invisible que se hace parte de nuestra materia indecible. La exclamación es voz de una fe y de un saber desde varias figuras de la plenitud, o desde ella misma:
Detrás de los dramas se convulsiona el alma.
Detrás del torvo paisaje circulan ángeles y demonios.
Detrás del semblante del martirio queda la gratitud.
Aquí es donde, o, cuando pregunta el poeta por él mismo y el lugar que le ha sido asignado. Libro de contrarios y de oposiciones, pero la conciliación de los opuestos no es supresión de esas oposiciones, sino su dibujo al afirmarse desde su centro en el tránsito terrestre. Términos que se buscan para huir de sí mismos como el Reino y el Desprendimiento, en figura del lobo y del cordero, que hacen del libro mitad histórico por un suceso de la humanidad, y mitad atemporal por la propia alma humana.
Pero es siempre el inicio, el iniciarse, el dar a ser posible el ser: ¿Qué savias vas donando? El corazón va por el tiempo y con el alba entra en diálogo, dentro de una secuencia a la vez de pensamientos y de sensaciones. Es el periplo del corazón humano en su diálogo consigo y con las presencias todas, de entre ellas la conciencia.
Un testimonio, pero también la obediencia a un llamado; un dar y darse, cuando aquello que está delante lo está en cuanto don. Entrega y desapego, unión y una separación que se ha apropiado de la esencia de lo otro. El próximo que no es el próximo sino aquel que está lejos de nuestro alcance y al tiempo dentro de nosotros.
Pero están sus actos ante el mundo y su alma, desde ese mundo y esa su propia y única alma, modelada por el Infinito en aceptación lúcida y lúdica. Sólo que todo juego es gravedad. Búsqueda de caminos para ser encontrado. Unión de lo humano en nombre de lo humano, sólo que por mano de la Gracia. También el libro es un definirse del poeta, y también de ese otro “tú”, la persona real al lado nuestro.
Están también el misterio y la unidad. Los caminos de cada diferente destino como uno, y vasta es la enumeración aquí, sin hacer de ella una sucesión en el orden del mundo. Cuánto quisiera haber nada dicho en lo atrás escrito. No hay jerarquías… Pero hay que dejar aquí una afirmación de la traductora: “El Nuevo Testamento domina en Prontuario de infinito, ya que vine centrado en la evocación de Cristo. El Amor de Cristo penetra en la carne del hombre, y el amor se vuelve experiencia sagrada desde el poema inicial, estableciendo de entrada un clímax lírico”.
Pero no es poesía religiosa, cuando la religión aquí se ha vuelto en solo y pura relación… Libro de un mensaje y no tanto del personaje sagrado en la cruz. Otro libro que desde un año anterior lo roza por las alusiones a la mística es Cartografía de las Revelaciones.

Jaime García Maffla (Cali, Colombia, 1944). Poeta, filósofo y ensayista. En su obra se traslucen influencias de la tradición hispánica y del existencialismo. Hoy jubilado, fue Jefe del Departamento de Humanidades de la Universidad de los Andes y Director del Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha sido considerado, junto a otros destacados poetas, como perteneciente al grupo de la ‘Generación Sin Nombre’. García Maffla, experto en la obra de Cervantes, es el autor del prólogo y las notas de la primera edición colombiana del Quijote, y uno de los poetas más relevantes (y ‘ocultos’) de Colombia y Latinoamérica. Fue cofundador de la revista de poesía Golpe de Dados, que apareció en 1972, junto con Mario Rivero, Giovanni Quessep, Fernando Charry Lara, Hernando Valencia Goelkel y Aurelio Arturo. Esta revista se publicó bimestralmente y sin interrupción por más de treinta años. Coordinó talleres en la Casa de Poesía Silva y en el Instituto Caro y Cuervo, en Bogotá. En 1997 recibió el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia. Sus poemarios son: Morir lleva un nombre corriente (1969), Guirnalda entre despojos (1976), En el solar de las Gracias (1978), La caza (1984), Las voces del vigía (1986), Poemas escritos a lápiz en un viejo cuaderno (1997), Vive si puedes (1997), Al dictado (1999), Caballero en la Orden de la Desesperanza (2001), Antología mínima del doncel (2001), Poemas del no-decir (2011), Buques en la Rada–Lais (2014), De las señales (2014), Herida del juglar (2016, antología), A bordo de un bardo de una a otra orilla de la mar (2017) y Leve. Trazos hacia otra poética (2018). Su obra ensayística comprende, entre otros trabajos: En la huella de Miguel de Unamuno (1985), En otoño deberían caer todas las hojas de los libros (1987), Visión poética de don Quijote (1988), Fernando Charry Lara (1989), Estoraques de Eduardo Cote Lamus (1994), ¿Qué es la poesía? (2001), Hacia la sacritud del lenguaje: Stephane Mallarmé (2001), Poesía y poetas colombianos (2009) y La órbita poética de A. P. Alencart (2017). Como antólogo ha preparado, entre otras, dos antologías: Antología de poesía colombiana e hispanoamericana (Editorial Panamericana, 2005) y Traductores de poesía en Colombia (con Rubén Sierra Mejía, Casa de Poesía Silva, 2009). Una primera versión de este texto apareció en Tiberíades.
Foto de Cabecera: Edición brasileña de Prontuario de Infinito, junto río Tormes y el puente romano de Salamanca
