José Pérez

Alice Spíndola, más acá y más allá de Brasil

Imenso territorio de sonho.

Inmenso territorio del sueño.

A.S.

Es mayo de 2021 y los temblores del mundo abaten la vida con las garras de la muerte por imperio de un virus conocido como Covid-19, porque migró, porque sacó sus garras, desde la lejana ciudad china de Wuhan, en la provincia de Hubei; como una grave enfermedad neumonal, para trastocar muchas cosas del planeta.

Nos azotan tempestades impensables, de todo orden; nos abrigan soledades no pensadas; nos petrifican el aliento las señales de la derrota, por tantos seres caídos y desaparecidos; y hasta el rostro más cruel del terror se nos muestra a distancia, desde la Isla de la Muerte de Nueva York, la Isla de Hart, situada al noreste de City Island, en el grupo de Islas Pelhamen, en el extremo occidental de Long Island Sound, donde se apiñan almas y cuerpos que ya jamás verán la luz ni el sol que nos alumbra.

Más allá de este momento apremiante, quejumbroso e incierto, nos llegan los poemas, los sueños, las palabras y las músicas tan singulares de la poeta brasileña Alice Spíndola; hermosa mujer y destacada escritora nuestra, nacida en Ponte Nova, en el estado de Mina Gerais, el 26 de septiembre de 1940.

Con ella encuentro también el alto nombre y la encumbrada figura de la reconocida poeta Stella Leonardos, nacida en Río de Janeiro el 1 de agosto de 1923, dándonos lecciones de vida y temple humano a sus 97 años actuales, apegada a una voz poética de infinitas resonancias continentales; y encuentro el mundo metafísico de Hilda Hilst, quien naciera el 21 de abril de 1930;  igualmente la poesía de Adélia Prado, nacida el 13 de diciembre de 1935; y para siembre soy cautivo visitante del país del agua, del país de los ríos, del país de las selvas y del país de los horizontes, Brasil; porque en su literatura existe una mapa de referencias que merece nuestro estudio y toda la observancia posible, desde cualquier lugar que estemos.

Advienen, así mismo, las creaciones y huellas de un grupo de poetas cercanos al ámbito de Brasilia, o que hacen creación en Mina Gerais y Goiás, por decir lo menos. Me refiero a Antonio Miranda, quien nace en 1940; a Anderson Braga Horta, nacido en 1934; a Fernando Mendes Vianna, quien nació en 1933; a José Santiago Naud, nacido en 1930; a Joanyr Ferreira de Olivera, nacido en 1933 y Hélio Oiticica, quien naciera en 1937.

Encuentro, repito, en este corpus representativo, poetas de invaluable presencia en la poesía brasileña contemporánea, que traen un aliento de palmeras y esperanza en su mirar, en su decir, en su sentir y en su búsqueda de la vida. Su lectura, su disfrute, da otra dimensión a nuestras lecturas de poesía latinoamericana, suramericana, contemporánea, donde tenemos, entre otros notables bardos, a César Vallejo, a Vicente Huidobro, a Pablo Neruda y a Nicolás Guillén, como altas referencias.

La poeta Alíce Spíndola es poeta, cuentista, ensayista, artista plástica y traductora. Licenciada en Letras Anglo-Germánicas por la Universidad Católica de Goiás, Alice Spíndola se radicó en la maravillosa ciudad de Goiânia (a dos horas de Brasilia), estado de Goiás, desde 1951, dando a conocer una obra de valiosos aportes, entre cuyos títulos se destacan Fio do laberinto (Poesía, Editora Kelps, 1996); A chave do Vidro (Contos, Editora Kelps, 2001); O Loire – poema fluvial da França (Poesía, 2006); O Araguaia, rio e alma de Goiás (2008), Na essência da palavra inteligente (Editora Kelps, homenagem a Ascendino Leite); Cincuenta poemas escolhidos pelo autor (2009, antología); Asa da Espiritualidade – Obras de António Salvado (2010), Impressões de Leitura y Versek / Poemas (2011, en húngaro y portugués), Palabras del inocente (España, Editorial Edifsa), Vou pelo Rio Tormes (Goiânia: Kelps, 2014), Encumbra tu Corazón (Ediciones Tiberiades, España. Edición español e italiano de Beppe Costa), Sob o sumo do tempo/En el zumos del tiempo (Editora Kelps, 2015, 172 p. Traducción A. P. Alencart. Edición bilingüe portugués-español. Ilustraciones Miguel Elías) y Laberintos & Magias (Colección Aguas del Mundo, Brasil, 2020).

Alice Spíndola fue invitada, en octubre de 2014, al XVII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, celebrado en la ciudad de Salamanca, para darle lectura a su trabajo. Allí dejó su huella y se le reconoció su creación. Por su escritura ha sido recibido el Premio Nacional Jorge Fernandes, de Río de Janeiro; el Premio Auta de Souza, de Macaíba, Río Grande do Norte; y el Premio Internacional de Literatura de Brasil-América Hispánica, de Belo Horizonte; el Premio Manuel Bandeira, de UBE-Río de Janeiro, en 2014, por el conjunto de su obra, entre otros reconocimientos, como medallas, trofeos, distinciones y títulos diversos bien de la Unión de Escritores Brasileiros o de universidades y demás instituciones.

La encuentro, así mismo, compartiendo momentos junto a destacas figuras de la literatura iberoamericana, como por ejemplo Carlos Fuentes —en la Academia Brasileira de las Letras—, Joaquim de Montezuma de Carvalho, en Lisboa, en el Museo de Antropología de Portugal; en la Bienal Internacional de Poesía de Brasilia al lado de Stella Leonardos, Diego M Sousa, Jorge Tufic y Miguel Barbosa; en el Teatro R. Magalhães Jr., acompañada de Beatriz Rosa Dutra, Diva Pavesi y Hélène y Livia Paulinyi.

Brasil es, ante todo, el país vecino de letras de Venezuela. En su poesía, diversa y rica, se me aparecen textos y obras como resplandores del trópico constelado por tanta poesía hispanoamericana de inolvidables signos, y me sumerjo en sus voces y descubrimientos. Siento así, la calidez de su lengua portuguesa, que canta y habla, que enciende luchas y expresa sueños, que busca infinitudes y devela un mundo vegetal de aguas y colores incomparables, siempre con la imagen del hombre y la mujer como fuente de expresión, siempre intentando llegar más lejos desde la mitad del mundo.

No es extraño, entonces, que Alice Spíndola sea tan conocida en Europa, en Francia y España, por su canto de aguas dedicado a dos ríos emblemático de allende el Atlántico: el río Loire, en el país galo; y el río Tormes, que baña las riberas de la ciudad catalana de Salamanca. Este homenaje de sangre y visión lo lleva Alice en sus fuentes de cantar la vida, de vivir la infancia, de celebrar toda esperanza con la palabra, porque en su Brasil natal son muchos los ríos que tejen su tierra del arroz y el frijol, de la soya y el café, de la fresa y la leche, del pez variado y la orquídea luminosa, del hierro y el topacio, del oro y la bauxita, de la sabana con palmas y la selva dolida. Y Alice Spíndola ata su alma a ese mapa.

Antonio Colinas, Alice Spíndola y António Salvado, en el balcón del Ayuntamiento de Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)

Lo transporta en sus versos como esos ríos que la seducen: el imponente Amazonas y el Río Negro; el São Francisco de la sierra de Canastra y el río Grande que suena como un tambor junto al Paranaíba, para darle cuerpo de serpiente mayor al río Paraná; pero pueden ser el Tocantins, el Araguaia, el Aporé, el San Marcos, dos Bois, Corumbá, Palmeiras o Maranhão… o el Preto, Santo Antônio do Descoberto y São Bartolomeu. Por eso, en su poema “Vozes”, que forma parte de una de su obras más recientes, Sob o sumo do tempo/ En el zumo del tiempo (edición bilingüe, 2015),  nos entrega su íntima palpitación de su naturaleza interior: “De minha mãe herdo/ a linguagem dos ríos”. De mi madre heredo/el lenguaje de los ríos. [1]

En esta obra que mencionamos, ese río es vena, es sangre, es cuerda de violín. Es hilo de tejer las búsquedas del ser, es pasión de araña en la noche; raíz del árbol en la lluvia, cabello colgado desde la esencia de mujer que la cubre; y es todo lo fino y lo ancho, lo húmedo que baña y moja para estremecer la piel.

En Alice Spíndola el río es más que una sensación física o un cuerpo físico de átomos de hidrógeno y oxígeno. Es la magia que ella descubrió con asombro en algún momento de la vida, del cual ya nunca más escapó. La revelación de una identidad que hizo patrimonio, que atesoró como joya, que reveló como canción de cuna en cada verso, en cada poema, en cada obra.

En su poema “Aguas milagrosas” esa presencia se le convierte en diálogo con el mundo, con lo abierto y con lo callado. Es, por tanto, el otro que la habita, que la necesita, que la siente. Ahí vuelca Alice Spíndola su íntima relación con lo líquido, lo móvil, lo indetenible: el movimiento que discurre hacia lo desconocido. El todo y el nada de lo que pasa, inexorable, hacia algún lugar desconocido, como elemento mítico persistente. Es su pasión por lo ignoto y lo cambiante —aunque esté presente y parezca quieto—, lo que la lleva hacia tantos ríos, de tantas formas:

AGUAS MILAGROSAS

Escucha mi río
el hombre ha estado persiguiendo durante siglos
el misterio de las aguas.
¿Caliente? ¿Volcánico? ¿Aguas heladas?
(…)
Represas de agua clara
y manantiales subterráneos
guarda la agenda de los recuerdos
de aguas milagrosas,
en el desafío de retener la sinfonía de los ríos[2]

Alice Spíndola (foto de Jacqueline Alencar)

Su libro más reciente, Laberintos & Magias, escrito en español por la autora y publicado en Brasil en 2020, vuelve sobre esos ríos místicos que son viajes, que son vuelos y que son pureza y ternura en la perspectiva poética de Alice Spíndola. Esta vez, su verso, su verbo y su palabra están volcados sobre algunos ríos del Perú y parte de la Amazonía, acompañada de matas y fotografías de sus regiones; entre los que destaca un poema suyo dedicado al río Madre de Dios, que baña la ciudad peruana de Puerto Maldonado, una región también cercana a Brasil, cuna natal de su amigo y compañero en la poesía, el poeta Alfredo Pérez Alencart. El tono de ese poema es definitiva y expresamente familiar, y se tutea con la lluvia, con la infancia, con la naturaleza toda, de un modo muy sugestivo y maternal: En las orillas del Madre de Dios./ agua, mucha agua tras la lluvia./ En el lago,/ ojos de un niño viendo los peces.[3]

El poeta Alfredo Pérez Alencart advierte muy bien esta empatía, esta entrega y esta fuente originaria en la poesía de nuestra querida poeta Alice Spíndola:

los ríos tienen primacía y conforman las venas centrales de su obra lírica, ríos que pueden llamarse Araguaia, Loira, Tormes o cualquier otro que baña su corazón y le motiva a escribir sentidos versos donde ella se entraña con las aguas y sus misterios, pero también con los parajes por donde discurren esas corrientes que llegan a los mares del mundo (…) A los ríos habla, como otros hablan a sus mascotas o animales; como otros hablan o ponen música a sus plantas: los ríos en la vida de Alice; Alice predicando la vida que donan los ríos. Las aguas de los ríos cual remanso y multiplicada plenitud, también estremecimiento y espacio propicio para sus ojos encendidos ante todas las vislumbres. Alice, los ríos, la vida…[4]

El poeta hispano-peruano Alfredo Pérez Alencart, conocedor y divulgador de la poesía de Alice Spíndola, nos refiere que versos suyos han aparecido en antologías brasileñas y en otras editadas en Francia, España, Cuba, Alemania, Holanda, Canadá y Portugal. Esta recepción de su obra traspasa las regiones inmediatas, el ámbito local, donde se ha ganado un espacio, y se extiende hacia ámbitos universales, como debe ser la suerte de toda poesía trascendente.

No es un esfuerzo vano el que ha realizado. No es un capricho, ni suerte del azar. Es una constancia y una consecuencia. Es persistencia y hondura. Búsqueda y realización. Entrega y develación de un mundo propio, cuyas cargas semánticas muestran una mujer viva, intensa y productiva en toda su dimensión humana. Por eso en su poesía todo fluye en una página en que la que escribe y dibuja sus vuelos, hasta que su mano y su ingenio se convierten en “un pequeño barco”; grafopoema que enriquece la persistente tradición de la experimentalidad figurativa en la poesía brasileña del siglo veinte y del siglo actual. Aquí ‘O pequeño barco’:

El poema es alquimia en su trabajo, en su ser y hacer poesía. Así lo expresa en Sob o sumo do tempo/ En el zumo del tiempo: “Y la poesía/ sin el abrigo de la inspiración,/ no enciende en el invierno” (pág.159). Ahí está art poética. Su centro de gravedad. La chispa que enciende su hoguera. Su fuego inicial.

Dedica Alice Spíndola un simbólico poema a otra grande poeta de Brasil, cuyo nombre ya es huella de su cultura, estadio de visitar y conocer, árbol de cuya sombra se nutren pájaros y aves de todos los vuelos, en la moderna poesía de su país. Se trata de la poeta mayor Stella Leonardos, nacida en Río de Janeiro el 1º de agosto de 1923. Traductora reconocida y mujer de teatro y poesía, es referencia cultural, es referencia de mujer culta, en cuyo silencio encuentra Alice Spíndola no sólo sabiduría y palpitación, sino bondad y sencillez.

S I L Ê N C I O

Para Stella Leonardos

Na gruta do anoitecer,
sou a flor acesa que habita
as nervuras do silêncio.
Da sozinhez,
a estrutura
de silêncio & de sigilos.
Dos longes trago o fascínio do luar
e o cetim das pétalas de rosas
para suavizar
os músculos da quietude.

Penetro janelas & oráculos,
com o perfume da voz da noite.
E, em invisível pouso,
acendo o silêncio
com a força da paixão
de quem ouve o respirar da palavra,
e o da lucidez que ela me concede.

….. Sou a força acesa deste silêncio.

La fuerza que entrega la metáfora que ha sido entreabierta en su palabra —lo gestual—, lo íntimo volcado en símbolo concreto, se advierte en ese, su conocido poema “Silencio”. Éste expresa la lucidez que, a través de las palabras, habita en el silencio. No en la soledad, no. En ese otro estado visceral del ser donde no hay ruidos, pero sí hay voces. Donde nada se oye o se esconde, porque existe y es tangible.

El silencio no es un cuerpo físico, no es una materia mineral, no es vacío de lo imposible o la nada. El silencio es otro cuerpo que nos habita y acompaña, que nos revela y entrega. Es el otro ombligo de la vida. Tal vez su pureza más cierta y menos contaminada. La “cueva del crepúsculo”, la “flor que vive”, la “fascinación de la luz”, los “músculos de la quietud”: la “fuerza de la pasión”. Es la llama que enciende toda revelación. La posibilidad de todo comienzo. El punto cero para el vuelo.

Alencart, Marcia Barroca, Spíndola, Correia Mello y Gil Villa, en el Centro de Estudios Brasileños de la Universidad de Salama

En su poema “Voces” esa intimidad del ser habla de sí misma. Las voces del silencio marcan ya, el punto de encuentro entre el pasado y el presente, la madre y el río, la vida y el tiempo. Es la superación de todo vértigo. El secreto de cuanto abriga el alma en su caminar.

VOCES

Invento el habla de la mujer
que vive sola.
Y mantengo, al menos,
la secreta idea
de que la voz es más
que un instrumento
de heroica fascinación
en el viaje del reencuentro.

De mi madre heredo
el lenguaje de los ríos.
Ríos que caminan
bajo el entarimado que rechina
entre un tango
y la contradanza.
Ríos que hacen el silencio
construir arcas
de este lado del muro que
me despierta
más allá de mí.

Sensato y natural vivir.
Hibernación del sentimiento.
Consciencia de vida plena.
Oyendo los lenguajes del Tiempo.[5]

En su poema “Éxtasis”, esa voz de mujer imprime a la persistencia del ser la fuerza vital de su voluntad. Nada la sustrae de sus fuegos interiores, de sus recuerdos, de sus sentimientos más preciados. La soledad o la tristeza pueden significar el llanto, pero eso no implica la autodestrucción ni la negación del ser; por el contrario, potencian las energías interiores ante todo flagelo, por invisible que parezca: “me guardaré la marca de la sonrisa…para que el llanto sea inaudible”. Luego, en ese tuteo con el yo interior que se desnuda en éxtasis y catarsis, es recurrente la voz del silencio: “haré de cuenta que nada existe/pero en los adentros guardaré/palabras gestos caricias y deseos”:

ÉXTASIS

aun cuando llorar sea necesario
me guardaré la marca de la sonrisa
que percibí en el sueño
para que el llanto sea inaudible

aun cuando la risa sea inaudible

me guardaré el timbre del llanto
en la internet de la memoria
para que la tristeza sea invisible

aun cuando oír sea inevitable
me guardaré el silencio de las horas
reteniendo en lo inmenso de mí
joyeros de intensa saudade

aun cuando tu amor sea inolvidable
haré de cuenta que nada existe
pero en los adentros guardaré
palabras gestos caricias y deseos

en el éxtasis de la palabra memorada
me agito por las ondas del sonido
dimensión mística trascendiéndome
oigo lo inaudible a pesar de todo
……………………….y más allá de mí[6]

En el poema “Palavra chave”, de su libro Sob o sumo do tempo/ En el zumo del tiempo, Alíce Spíndola incorpora un epígrafe significativo. Se trata de una máxima, de una sentencia lírica, de Alfonso Felix de Sousa, que dice: Palavras e palavras, esta a herança/que tive e vou deixando (“Palabras y palabras, esta la herencia/que tuve y voy dejando”, en traducción de A. P. Alencart). A partir de la palabra se gesta la conciencia, el verbo, el ser. La poesía, como en el génesis, es fuente primaria de la vida sensible, de la conciencia sensible, de la percepción del mundo sentido. Para Alíce Spíndola, además de voz y palabra, es tierra. Sustento y base par la vida. Árbol y fruta. Como la música, trasciende y salva el espíritu.

La poesía es también río vital y purificador en la experiencia de escritura de Alíce Spíndola. La bebe y la sorbe en su latir diario. En todas sus facetas de existencia nutre el afecto de sus más preciados cariños, con esta singular condición. Sabemos, por experiencias ancestrales de pueblos y culturas, que la poesía es el canto del alma humana. Más allá de toda religión y todo conjuro. Por encima de toda duda y desencanto. Alguien la descubre y cincela. Algo la muestra en su estado natural, como tótem, como monumento de barro, como piedra erosionada, como cuerpo transformado. Como hombres de maíz. Como aliento de los dioses.

Voz e imagen de la naturaleza, contiene su magia y su grandeza. Afín a los sentimientos humanos, ha estado presente en todo juego de la razón pura y en la sinrazón, en la cordura y la locura, en el desvarío y en el pensamiento docto. Que unos la asuman como portento y otros como humilde constancia del ser, es cuestión de misterios. Que otros la desprecien por banalidad y fruslería, mientras los demás la respetan y cultivan como oficio, ya denota su inabarcable resonancia para la cultura universal. Alguien dijo que la poesía era la historia universal del corazón del hombre.

Signo o palabra, gesto o suma de códigos, igual da que la teoricen Aristóteles o Roland Barthes; que la definan griegos o franceses; que aparezca en arcaica lengua romana o en modernas lenguas latinas; en primitivas voces de tribus africanas o en cantos originarios de América, en tribu de la montaña helada de los polos o en la cúspide de un rascacielos coronado de estrellas fugaces; la poesía no tiene fin.

Alíce Spíndola la asume como ese magma interior que la estremece y la revela, que la nutre y salva el tiempo en su cotidianidad. No otra es su ley. No otro su designio. La poesía es su vida:

Sou aquela
que enxerga o longe, e que
escuta os murmúrios da vida,
quando o hoje é vera poesia.

Traducida desde Sob o sumo do tempo/ En el zumo del tiempo por el poeta Alfredo Pérez Alencart junto al río Tormes salamanquino, donde resuenan las voces y  nombres de don Miguel de Unamuno y Fray Luis de León; por cuyos bordes desandaron huellas Gastón Baquero, César Vallejo, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, entre otros grandes de la literatura iberoamericana; la voz de Alice nos repite estos versos, en perfecto castellano:

Soy aquella
que ve a lo lejos,y que escucha los murmullos de la
vida, cuando el hoy es genuina
poesía.

Una conocedora de la obra de Alíce Spíndola, Beatriz Rosa Dutra, refiere lo siguiente acerca de su obra literaria: “La cristalinidad de su poesía se trasladó con el mismo pulso, ritmo, intensidad y armonía a su narrativa. Sus relatos se mueven en la esfera de lo onírico, penetrando en el espacio de la trascendencia, donde se percibe una atmósfera mística. En sus relatos predominan hechos y ocurrencias en los que la tensión y la psicología nacen a partir de la realización de una superrealidad, lo fantástico, lo insólito, recorriendo geografías insondables y territorios oscuros del ser y del mundo.”[7]

Nos queda, pues, por descubrir la narradora, la cuentista, la escritora de ficciones, Alíce Spíndola. Por ahora, su poesía nos muestra su caricia con el idioma de su país y los nuestros; la poesía de sus andanzas y ríos, el decir de su interior mundo de mujer, y su gran vuelo por la lírica de este continente. Por eso la seguiremos leyendo, la descubriremos y la abrazaremos en nuestro profundo sentir de la solidaridad, de la fraternidad y del afecto.

PALAVRA CHAVE

Engravidei-me de hortensias
para colher a mensagem
escondida num jardín
de palavras e jargões novos

bebo a beleza e a essência
– de um mundo fantástico –
na galáxia das estrelas
eternas e não foscas
que gravitam no libro
de contemporânea linguagem

envio-lhe a palavra-chave
a fim de abrir a página
que salta comigo
para o Tempo de pipas
multicores nos céus de Goiás

Alice Spíndola con el libro ‘Encumbra tu corazón’, de A. P. Alencart

PALABRA LLAVE

Me embaracé de hortensias
para recoger el mensaje
escondido en un jardín
de palabras y jergas nuevas

libo la hermosura esencial
–de un mundo fantástico –
en la órbita de las estrellas
eternas y aún brillantes
que gravitan en un libro
de lenguaje contemporáneo

le doy la palabra llave
con el fin que abra la página
que salta conmigo
hacia el tiempo de juguetes
multicolores en los cielos de Goiás

Traducción de A. P. Alencart

Alíce Spíndola, escribiendo desde los cielos, los ríos de Goiás y las tierras de Goiás nos regala las llaves de su palabra.

Gracias Alíce, así sea siempre.

Pariaguán, 1 de mayo de 2021

Mozo (Cuba), Spíndola, Alencart, Fernández Labrador, Rasteiro y Alves de Faria (foto de Jacqueline Alencar)

José Pérez (El Tigre, estado Anzoátegui, Venezuela, 1966), quien reside en Pariaguán, Mesa de Guanipa. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo, España (2011). Profesor Asociado Jubilado de la Universidad de Oriente Núcleo de Nueva Esparta en el área de Lingüística. Pertenece a la Red Nacional de Escritores de Venezuela. Poeta, narrador, ensayista, promotor cultural. Obra publicada: Jardín del tiempo (Cuentos, 1991), Callejón con Salida (Cuentos,1994), Por la Mar de Luís Castro (Ensayo,1995), De par en par (Cuentos, 1998), No Lisis, No Listesis (Cuento, 2000), Pájaro de mar por tierra (Cuentos, 2003), Como ojo de pez (Poesía, 2006), Fombona, rugido de tigre (Novela, 2007), En canto de Guanipa (Poesía, 2007), Páginas de abordo (Poesía, 2008) y Cosmovisión del somari (Ensayo, 2011 y 2013). E-Books: Gustavo Pereira, Antología sin somaris (Poesía, Elperroylarana.gob.ve, 2017), A palo mayor (Poesía, Elperroylarana.gob.ve, 2018), La casa de los poetas (Poesía, Elperroylarana.gob.ve, 2018). Ha obtenido diversos premios literarios en poesía, cuento y novela dentro y fuera de Venezuela. Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español, REMES (www.redescritoresespa.com). Ha publicado textos en Nueva York, Miami, Lisboa, Madrid, Viena, Ginebra, Italia y Chile.

El poeta y ensayista venezolano José Pérez

[1] Alice Spíndola,  Sob o sumo do tempo/ En el zumo del tiempo, Brasilia, Editorial Kelps, 2015, traducción. A. P. Alencart, pág. 38.

[2] ÁGUAS-MILAGRES: Ouve, meu rio, /o homem persegue, há séculos,/ o mistério das águas./ Quentes?/ Vulcânicas? /Águas de gelo? (…)Represas de águas claras/ e mananciais subterráneos/ salvam a pauta das memorias/ das águas-milagres,/ no desafio de reter a sinfonia dos rios.

[3] En www.antoniomiranda.com.br.

[4] En Sob o sumo do tempo/ En el zumo del tiempo, pág. 10 y 11.

[5] VOZES: Invento a fala da mulher/ que vive só./ E, tendo, apenas,/ o pensamento secreto/ de que a voz é mais/ do que instrumento/ de heroico fascínio/ na iagem do reencontro.// De minha mãe herdo/ a linguagem dos rios./ Rios que caminham/ sob o assoalho que range/ entre um tanto/ e a contradança./ Rios que fazem o silêncio/ construir arcas/ aquém do muro que/ me desperta/ para além de mim.// Sensato e natural viver./ Hibernação do sentimento./ Consciência de vida plena./ Ouvindo as falas do Tempo. En Sob o sumo do tempo/ En el zumo del tiempo, pp. 37-39.

[6] ÊXTASE: mesmo que seja imprescindível chorar/ guardarei comigo a marca do sorriso/ registrada no sonho/ para que o choro seja inaudível/ mesmo que seja inaudível o riso/ guardarei comigo o timbre do choro/ na internet da memória/ para que a tristeza seja invisível//mesmo que seja inevitável ouvir/ guardarei comigo o silêncio das horas/retendo no imenso de mim/ porta-jóias de intensa saudade// mesmo que seja inesquecível o teu amor/ farei de conta que nada existe/ mas nos adentros guardarei / palavras gestos carinhos e desejos// no êxtase da palavra lembrada/ flutuo nas ondas do som/ dimensão En Sob o sumo do tempo/ En el zumo del tiempo, pp. 35-36.

[7] A cristalinidade de sua poesia transferiu-se com a mesma pulsação, ritmo, intensidade e harmonia para a sua narrativa. Seus contos transitam na esfera do onírico, penetrando o espaço da transcendência, onde se percebe uma atmosfera mística. Há, em suas histórias, o predomínio de acontecimentos e ocorrências em que a tensão e a psicologia nascem da constatação de uma supra-realidade, do fantástico, do inusitado, visitando geografias insondáveis e territórios sombrios do ser e do mundo. En www.antoniomiranda.com.br

Imagen de cabecera: Alice Spíndola y Pilar Fernández Labrador (Foto de Jacqueline Alencar)




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