José Luis Díaz-Granados

Poemas del colombiano José Luis Díaz-Granados

 

Tiberíades tiene la satisfacción de publicar estos poemas del destacado escritor colombiano José Luis Díaz-Granados (Santa Marta, 1946), Premio de Poesía Carabela (Barcelona, España, 1968), finalista del Premio Rómulo Gallegos, con su novela Las puertas del infierno (1987), Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (1990), Medalla de Honor Presidencial Centenario Pablo Neruda (2004), nominado al Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” (2021). Libros de poesía: El laberinto (1968-1984), La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003), Poesía completa (3 tomos, 2015). Narrativa: Los papeles de Dionisio. Cuentos, 1968-2012 (2015), Las puertas del infierno y otras novelas (2015) y La muñeca nocturna y otras narraciones (2020). También es autor de: Cuentos y leyendas de Colombia (1999), El otro Pablo Neruda (2003), Gabo en mi memoria (2013), El escritor y sus demonios. Ensayos y artículos (2020) y de numerosos textos para niños y jóvenes.

Estos poemas fueron leídos el pasado 5 de agosto, en la lectura organizada por el poeta Fernando Denis, y donde también participaron los poetas José Ramón Ripoll, Carmen Nozal, Beatriz Giovanna Ramírez, Esperanza Vives, Alejandra García Morollón y Alfredo Pérez Alencart,

 

Cantar de los Cantares, de Miguel Elías

 DICTAMEN PARA UN DESIGNIO

“Un vaso de agua
en un vaso de agua
me derramo en ti”
Fernando Birri

1

En un poema mío busco tu voz,
y esa pequeña risa que te cuelga
el gesto me regala
—descuidado y feliz—
de una ola que aguarda fatigada
respirar en la espuma.

2

Moja tu alma en mi poema, mójame
con la luz de tus silencios.
No sé si eres impura,
si eres piedra o guitarra.
Moja este sacudimiento agonizante.

3

No tienes sino que caminar
—taps taaps taas tas tas—
algunos metros y llegar al sitio
donde tu aliento tibio es bien venido,
y nuestros dientes, como espejos,
han de invadir secretos,
torcijones-angustias-y-súbitos-enigmas…

4

Somos pedazos de geografía ambulante,
trizas de infancias bulliciosas ya idas,
restos de rastros de perplejidades ya muertas.

5

Piernas como balanzas risas como guijarros
ojos como crótalos nalgas como lotos
cabelleras doradas como ríos manchados
cuerpos como rosas en el pelo como glándulas.

6

Eres jugo de diamante
y albatros desplegando sus alas;
eres sol navegante
y al mismo tiempo el mar.
Oh estrella que no me puede ver,
pero que yo sé que vibra
con los ángeles.

 

Cantar de los Cantares, de Miguel Elías

7

Acaríciame con las mismas manos
que acarician poemas y herramientas,
sueños rotos y perfiles de vidrio.
En mi rostro tus manos
tocarán la desnudez de las semanas.

8

¡Qué furor! ¡Hum! ¡Qué sismo polvoriento
como un patio con cartas de amor quemadas!,
voces que se silencian,
voces que se convierten en pasos del pasado,
voces que no perdonan.

9

Azucena aparecida por ahí
sábana en el abismo
ciruela mojada en el presente
lengua-pétalo-fiebre
ternura que ancla en el viento
como una nadadora del silencio.

10

Eres mía y te trago como saliva,
como una cápsula que seguramente
me va a aliviar de tí.
Te como, te mastico,
te inundo de miedos, de días,
de transparencias, de apodos,
de suspiros y de disidencias.

11

Qué tontería hablar de otras ciudades,
de besos, de lo que fue o será.
El combate es ahora
con nuestras armas limpias:
canciones de la piel, oliendo a ron,
a diurnos, a diminuto musgo,
a menta ardiente, a metales secretos,
a sol perdido, a vellos inundados…

12

Hace noventa años te pintó Modigliani.
Del cuadro te fugaste
para venir a mí
a que chupara las nueces de tu pecho,
dulces como bultitos de mermelada pálida,
para que te volvieras altar y loca locomotora.

13

Te veo,
te siento,
te huelo.
Estoy escribiendo este párpado
que quiere asaltar el poema
a través de tu cuerpo…
Con las palabras te saco del letargo,
te vulnero…

Cantar de los Cantares, de Miguel Elías

14

En tus cabellos florecen noches rubias,
por tu boca yo canto este poema,
en tu piel navegan día y noche
mis manos y mis versos y mis besos…
Viajan por tu piel mis sueños.

15

Mujer:
ríete, eres el reino deseado,
la difusa musa que devuelve
resplandores perdidos.
¡Ea, pues, señora,
adorada nuestra!

16

Poema absuelto
por sus propios versos.
Versos condenados
por su propio poema.
Mi cadena perpetua:
yo te trago.

17

Mester de la herejía,
oh musa de agua múltiple,
somos la primera substancia del amor,
la primitiva materia del poema.

18

Eres magia y ceniza,
coito crepuscular,
granizo ardiente.
Con mis arremetidas mañaneras
mando al carajo tu miel de plexiglás,
vendrá la vida y tendrá tus ejes.

19

No faltará la noche triste,
el sórdido esquinazo,
el fugaz abandono
con náuseas encimadas
y rosas fúnebres frías y agotadas
claro que no faltarán
esas marejadas mutiladas:
sin ellas no habría goce resurrecto.

20

¡Cómo será, poema mío,
esa imagen de diosa-sentada-pensativa
como un ángel secreto
reparando su cuerpo,
enmendando sus ríos,
corrigiendo el desorden de sus orbes centrales
para instalar de nuevo su esplendor!

21

Besarte,
besarte la tibia, el peroné, la boca,
y pelear dos minutos después
porque bostezas
y arengarte consignas borrascosas
para luego convertir todo en música,
en geografía frutal, en zoológica química.

22

Tú sola eres azul, amarilla, rosada.

Yo solo soy blanco, verde, rojo.
Viene la tempestad y nos juntamos.
Amanece estupefacto el arcoiris.

23

Quiero verte, eres mi libertad,
estoy preso de tí, libre sin tí.
Inventa el día, por Dios,
inventa todo, invéntate a tí misma,
inventemos que sólo los dos juntos
habitamos las letras de estos versos.

24

Búscame en el poema,
búscame aquí,
andamos en lo mismo.
De este poema no podemos salir.

 

Escrito en la arena, de Miguel Elías

EL DUENDE

¿Qué hace posible la literatura?
¿El duende inspirador? ¿El genio vivo?
¿Un fantasma secreto y redivivo?
¿Un dios que nos secunda en la locura?

¿Un fustigante azote de dulzura?
¿Un ánima urticante? ¿Un sensitivo
trasgo que tras un guiño da el motivo
de atravesar el río de la escritura?

¿Un-no-sé-qué-que-quedan-balbuciendo?
¿La gracia irracional que va naciendo
al escalar los signos uno a uno?

Posiblemente sea un ángel incierto
O un demonio encarnado en el acierto
De Juan Ramón, Machado y Unamuno.

 

Mar y playa, apunte de Miguel Elías

EN UN BAR FRENTE A LA MAR OCÉANA

Una vez, hace cuarenta y cinco años,
Me refugié en un café mientras llovía.
Dos hombres jóvenes hablaban de literatura,
Disertaban de temas y de autores
Sobre los que sólo yo pensaba que tenía dominio.

Me acerqué sin pudor y hablé con ellos.
Me recibieron con simpatía, me invitaron
A un trago; al rato, todo había concluido.

Me ocurrió muchas veces, en Bogotá,
En La Habana, en Gera, en Leningrado
—donde veía a una muchacha rubia leer en el Metro
O a un joven escribiendo en un café
O a un anciano tranquilo leyendo Moby Dick—.

Algo anotaba yo, me sumergía en sus mundos,
Imprudente, sin pedirles permiso,
Manifestaba algo habiéndome notar,
Como queriendo decirles a todos:
Yo conozco los temas de su interés preciso,
Yo leo, también escribo, por favor,
Denme paso para seguir avante,
Yo también he afinado mi flecha
Y he apuntado hacia un blanco
Al que siempre he acertado a equivocarme.

Pero aquí estoy ahora, frente al mar de Almuñécar,
Contemplando su bahía
—tan parecida a la de Santa Marta—,
En un bar donde un hombre joven de barba incipiente
Le lee a su bella novia un párrafo de MacBeth,
Y les digo en silencio: acepten un minuto
De interrupción, pero es que necesito
Que sepan que yo existo, que hago parte del orbe,
Que también he inscrito las huellas de mi alma
En palabras que a lo mejor leerían
Y algo les podría encantar o hechizar o cautivar.

Si, por favor, no me espanten tan pronto,
No soy Melville, ni Shakespeare, ni Neruda,
Pero algo he soñado para que ustedes sueñen
Y sé que alguna línea mía derrotará la muerte.

Almuñécar (Andalucía) España, 17 de mayo de 2014.

A Javier Bozalongo

 

Pintura de Miguel Elías

Imagen de cabecera: El poeta José Díaz-Granados (Foto de Joaquín Puga)




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