Sandra Beatriz Ludeña

Una vez el amor’, poemas de la ecuatoriana Sandra Beatriz Ludeña

I

Alguien como sol

Alguien,
un río con aliento de bosque,
un sol que se proyecta a estela de mar,
un grano de polvo que se multiplicó en tierra.
Hoja que viste los verdores,
murmullo de agua diferente de sí misma,
respiro que es vida,
belleza del sol concebida en tibio amor,
y desde luego, la niebla,
nos besa.

                ***

Algo, alguien,
esencia que es suprema,
y no deja de ser en todo,
su resplandor existe,
persiste.

                ***

A veces,
manantial de espíritu reflejado en paisaje,
otras veces, lluvia, viento, mar,
un amor que trasciende sombras,
como luz,
noche que brilla en luciérnagas.
Alguien,
que despierto arrullando su presencia,
es milagro,
yo soy su razón de ser,
es universal en lo humano,
eternidad del instante,
bien que transmuta el mal y es bondad.
Alguien a quien develar con urgencia.

              ***

Alguien,
una razón descarnada en cuerpo y alma,
vida que trasciende el polvo,
consciencia.
Alguien como íntimo sol,
como estrella.

II

Una vez el amor

Una vez el amor brizna de hierba,
fragilidad de las alas,
hálito en el temblor del ave indefensa,
no solo fe en las tibiezas humanas,
pues, sin saber fuimos luz,
miedo tembloroso en la obscuridad,
y la esperanza en todos,
los demás que también somos.
Nos juntamos en celeste ternura,
como flores de la infancia: verbena y lantana,
y la mano que deshoja me-quiere,
no-me-quiere,
en el corazón sostiene la pasión que hace falta,
así juntas y de diferente color,
somos poderosos en el amor,
un resguardo que nos salva.

Una vez el amor,
sutileza de mil formas,
vino con el sol y relámpago,
en su aurora lo respiré,
pura hoja ciprés y tierra mojada,
a ojos cerrados me perdí en su reino,
belleza que trasciende la ceguera,
éxtasis que supera vicisitudes,
mariposas blancas e imaginaciones.
Después de su luz no hay sombra pasada,
costumbre de inventarte encendido,
acariciando el filo de tu horizonte,
soy paisaje que se vela en tu arcoíris.
Una vez el amor fue,
lo sigo reviviendo.

III

Es poesía

Estas allí en poética contemplación,
entre admiración o asombro yaces,
cada mañana,
reclamas tu efímera existencia,
cada noche persistes,
por el verbo pendiente.
Devorando vanidades,
golpeas mi pecho al ritmo de conciencia,
apenas cierro ojos,
despiertas.
Por ti las cosas recuperan presencia,
el sentido de existir,
es.

              ***

No te distraes,
si en mis ajetreos deambulo,
no te debilitas,
si camino lo desandado.
Eres espejo que me persigue con su verdad,
una mirada que derriba vanidades,
ante ti me siento en fiesta,
aunque vista de lágrimas más que de risas.
Eres filosofía,
llamamiento,
testimonio,
un regalo que no he abierto,
aun así, te vivo.

                ***

Eres un deseo errante que me mueve,
comunión y silencio,
luz de ternura.
Mis ojos te añoran sin conocerte,
mis ojos te esculpen con la intensidad de la mirada,
(mi luz no enciende, si no eres su pupila).
Eres impulso de coexistir.
Brotan de ti frutos agridulces,
parajes de la vida,
al evocar,
añorar,
o simplemente restaurar.

                ***

Lo existencial en la memoria se conmueve,
si presionas el corazón,
con sutil pulso de jardinero,
que exalta la belleza,
podando el deseo.
Y te descubres,
esbelta,
serena poesía,
que no se deja extinguir.
Se agita lo mismo que venera,
respiro y te respiro,
pura vida.
Eres poesía,
conciencia de existir.

IV

Amado – sembrador

Desde lo utópico vienes,
no te detengas en celdas de niebla,
sembrar sueños es posible,
si la mente concibe el milagro,
y la palabra es semilla.
Si hay conciencia del magnánimo,
el sembrador es amante de tierras,
infinito hacia otras galaxias vivenciales.
Entre sol y luna,
la paciencia madura todo,
el saber hace frutos.

              ***

Siembra,
siente, entrega y espera,
que del surco brotan mentes,
creación preñada de ideas,
ensanchando conciencia,
educa,
edúcanos,
ama,
ámanos,
No te detengas,
“Sembrador”,
anhelo de asir auroras.

V

Del amor que es

No vives,
si en ti no hubo su impulso,
si a su luz,
el corazón no se expuso
y alma estremece.
Es el amor que eriza ilusiones,
más allá de la piel.

                       ***

Anhelo o cosmovisión del abismo,
centro-convergencia,
ojos de eternidad,
sentido como conciencia,
aun sin forma,
lo puede todo.
Perfila la existencia,
y sabe de ti.

              ***

Es fragancia que impregna hasta los huesos,
simple y omnisciente.
Del amor que es,
me ha parido la vida,
ha enseñado el universo del sentido,
sólo por él,
la semilla germina ímpetus multiformes,
y desde su vientre,
nacen esperanzas de belleza.

              ***

Del amor que es,
el sol ama al mundo,
y con su regencia,
hay luna,
viento,
tierra como agua-viva,
secreto que aún no despierta al día,
mas, la vida eterna viste de regalo,
una fuerza suprema,
esencia que hace a la vida,
fin que germina comienzo.

              ***

El que escribe,
el que lee,
el que siente.
Por tu signo estoy en vida.

VI

Girasoles de alegría.

Sembré delirios en tu nombre,
recorrí el alfabeto de tu sílaba,
pronunciarte no es complicado,
si te evoco,
flor-sol,
forma de luz,
color de alegría.

Sembré en la silueta de una sonrisa,
girasoles que se abren a la vida,
he vencido sombras,
días atiborrados de ausencia,
soy vida que ama la vida.
Sembré ilusiones en tu estrella,
hay tibiezas que dicen que aún nos amas,
hay llovizna que acaricia.
Soy reflejo de ti,
punto vivo,
milagro-alegría.
No te has ido,
estás viva mi estrella,
te palpito,
respiro del amor eterno.

VII

Reencuentro

Hasta ti regreso cada noche,
crédula de blasfemias,
vaivenes sin vigor decaen en plegaria.
Resurgen preguntas,
para descansar en ti.
Tu claridad es un océano,
no sé respirarlo,
sino es para tu encuentro.

                ***

Siento así,
el aire más limpio,
en el zigzag del aliento.
Iluminas tinieblas,
el alma es animal vencido,
como anticipando vida,
como anticipando muerte,
cierro los ojos. ¡Eres dueño!

              ***

Ante ti,
los afectos van perdiendo batalla,
se deshacen en agua nueva,
me liberas la vigía,
y los imprescindibles no hacen falta.
He renunciado a todo,
para ganar los júbilos de ti,
no asigno amor,
ni apego salvavidas,
para contentar los días.

              ***

Soy matriz y luz de un mundo único,
rezago que abriga sueños colectivos,
aleph que abre posibilidades.
Yo soy quien va al encuentro,
sucesión de afectos,
mutantes.
Vitales pasos,
traspiés,
vía al crecimiento,
puertas que se abren,
con solo respirar.

VIII

Casi nada, casi todo
(A propósito de mis pérdidas).

Ya no me queda casi nada,
así como un puñado de hojas secas,
se van haciendo ceniza,
así como la ceniza son estos días, es mi vida.
Ya no me queda casi nada,
la tibia-azul mirada de mi madre ausente,
y mis manos juntas a las manos del amigo rezando.
No me queda, sino ceniza suave nostalgia,
aunque me quitaron casi todo,
excepto el ojo del Supremo,
la bondad sostiene recuerdos,
y acarician.

Loja- Ecuador, 12 de agosto de 2021

Sandra Beatriz Ludeña Jiménez (Loja, Ecuador, 1970). Poeta, ensayista y articulista en periódicos de su país, además de formar parte de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, núcleo de Loja. También es Doctora en Auditoría y Editora de Medios Impresos. Ha obtenido varios premios sobre temas sociales, especialmente los que atañen a las mujeres más desprotegidas o de etnias perseguidas, como se refleja en su libro “El genocidio armenio, una verdad que aún sangra”, escrito en coautoría con el periodista armenio Arthur Ghukasian. Su poesía está publicada en revistas, periódicos y antologías. En el ámbito cristiano, desde los 12 años viene participando en acciones dirigidas hacia las personas más vulnerables.




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