Juan Lebrun

Juan Lebrun: Poemas inéditos de ‘Salmista’, libro valorado del II Premio Rey David de Poesía Iberoamericana

 

Tras el fallo del II Premio Rey David, para mí (como presidente del jurado) fue una grata sorpresa el encontrar que, tras los 12 libros finalistas, sin haber ingresado a esta última etapa, estaba el de un joven poeta venezolano llamado Juan Lebrun, sin mayores reconocimientos ni publicaciones, salvo su poesía., superando a muchos otros destacados trabajos presentados. Desde el Comité lector me comentaron que poco le faltó para quedar entre los finalistas. No pudo ser, pero aquí tienen a este aprendiz de escriviviente, tan maduro para su edad. Es uno de los ‘premios’ que tenemos -tanto Tiberíades como la Sociedad Bíblica de España- por habernos empeñado en convocar a poetas de Aquende y Allende. (A. P. A.)

Juan Lebrun nació el 21 de marzo de 1997 en Caracas. Realizó el diplomado de Narrativas Contemporáneas en el 2013. Participó en la restauración de la Cromointerferencia del color aditivo, presidido por Francisco Camino. Resultó finalista en el 1er concurso internacional de sonetos a los pueblos originarios, organizado por el Centro Cultural Kemkem de Catamarca, Argentina. Resultó finalista en el Premio Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana 2021. Ganó el slam poético de la Universidad Católica Andrés Bello. Estudió en el Taller de jazz de Caracas hasta que clausuró. Tocó teclados y guitarra durante cuatro años en la banda de blues, Balason&son, con el artista plástico, Sigfredo Chacón. Ha sido publicado por la revista Letralia, Prodavinci, El Diario, la revista Poesia, la revista LP5, la Revista Culturel de El Salvador y la revista Buenos Aires Poetry. Sus poemas han sido traducidos al inglés y al italiano. Actualmente, espera la salida de la primera traducción Le livre posthume como libro fuera de las obras completas en Buenos Aires Poetry.

Boda

BENDICE los días llenos de vida
y las vidas llenas de días.
Bendice estas aguas,
sangre del mundo.
Hoy que el sol es través del bronce
en mi piel, lienzo tuyo.
Tu luz estrella mis poros,
pulsa tu fuerza en mi sangre bullendo.
¡‘al-‘ayyeleth hashajar, ‘al-‘ayyeleth hashajar, ‘al-‘ayyeleth hashajar!

De mañana Tú escuchas mi voz;
temprano me pongo ante ti y espero.

En el rezo los volcanes se arrodillan
con la tranquilidad de este caudal.
Las cigarras chillan y soy uno en su canto.
Es hermoso vivir en Ti
lejano a los hombres.
Estoy solo para Ti.
Tú, abierto en árboles azules.
Tú, azuzando el fuego azul.
Te ofrezco, en gotas donde cuela tu luz el más bello canto,
este río perdonado.
Y extasiado veo las piedras que transparentan las sales.

El viento rompe mis cabellos.
Colindan mi rubor y mi salida.
Llaman nuevos parajes.
Brillan en su altura.
Iré al mejor reino.
Iré al canto más libre.
Iré de nuevo.
La nieve en el viento más cálida.
Contra ese viento hallaré las alturas.
Serás mi guía como siempre.
Me conoces.
Arrodillo la mirada, descansas en mi nuca.
Ella es tu blanca planicie.
Mi cuerpo a tu infinito pregunta,
pregunta si es suficiente.
Y Tú con una esfera alada
te precipitas a consolarme.
Una de tus formas infinitas dice:
solo bajo el vuelo de la mariposa
y los arduos viajes
encontrarás la forma infinita.

 


Ruego

RUEGA, Querido, por la música amalgamada y sincera,
por sus saltos comedidos en razones de existencia
y su existencia que es ceniza.

Ruega hoy, Hermoso, porque nada exista
ni la misma nada,
porque las palabras callen frente al absoluto visible
y los vientos circulares.

Ruega hoy que pierdes
tus nostalgias blancas de estrella relativa,
de primavera anterior a tu nacimiento.

Ya ruega, pues te pierdes en un brazo que te busca sin torso
en el abismo que los separa.

Ruega
tu alma ardida en noche,
tu arena musical de vientos
como si nacieras de nuevo
en parto doloroso y gritos de vacío.

Querido,
ven a las alturas del cuerpo,
tan bajas e inalcanzables.

Esa Verdad tuya, solo Tuya
colgando de la vida como el péndulo mortífero
ruega a tu boca para ser dicha,
y a los aires por ser llevada a los extremos del universo.

Blande, pues, por tu Vida
una historia enorme de verdades
que haga temblar a los héroes y antihéroes

y sea más que la misma,
la querida, la preciada
Nada.

 

Foto de Jacqueline Alencar

La propiedad infinita

Ante un rey sin espinas me llevan.
Ante un rey dorado.
Yo solía cantar en las calles.
Pero me llevan a su dios
de pieles de animales sin sangre lavadas,
pieles de osos,
y una capa de espuma.

Un solo trono para un humano es demasiado.
Solo al infinito debe la ofrenda del vino,
no a un narciso como el sol.
Mató usando el nombre de otros.

Yo muero de hambre y vagancia,
el infinito yerra como el segundo Adán.
Humanidad no superada, esclava de sí.

El rey me pide un salmo,
pero yo callaré
porque tanta palabra explotó sin contenerse
porque todo indecible escucha
y lo inefable es más propiedad infinita.

 

Salmo

I

Canto porque no escribo,
porque gimo y tartamudo,
porque callo y tomo fuerzas
para entonar una palabra
que desdice lo dicho.

Canto porque no escribo,
porque el aire expansivo,
las burbujas acuáticas
agradecen mi voz,
la devuelven intacta.

Canto y desdigo
mi canción de amor
hacia los ecos galácticos,
tiempos de luz
grama de árboles,
hermanos míos.

¿Cuánto más vive una estrella muerta hasta no ser vista?
¿Cuánto más existe el cuerpo vacío en el ataúd?
¿Cuánto más cantar el desvanecimiento del eco?

Canto a las aguas,
mejillas vibrantes del Mar,
porque ellas, mis mejillas
se fueron vibrantes por el aire.

Canto porque no escribo
porque quise escribir y fracasé.
Pero amo el canto libre
de los viajes citadinos,
su aliento de alcohol
sus cuerdas baratas y vejez
el golpe exacto del redoblante
y el bajo misterioso que se esconde.

Canto porque no escribo
porque di al pobre el amor de la lección
que mi garganta sufrió contra humos,
los amigos marginados
(el del gorro, el pelilargo, el de la barba
en cigarrillos y botellas),
y hablamos de amor, dolores, agonías.

Desafiamos la unidad del todo
nosotros, los anormales, los bohemios,
los descarriados, los mendigos, los perdidos:
lo mínimo fue tocar todos los días
y perdernos en el proceso.

Nuestro sacrificio fue el resultado,
esa imperfecta perfección del maquillaje
(una nota, otra y otra
sucediendo la armonía en nuestro anuncio
del siguiente instante, forma del mundo).

Y quisimos a los nuestros como nuestros,
hermanos de los árboles y los vientos,
a pesar de sus mínimas razones de existencia
y su existencia mínima en el mundo

(también los amamos),

porque cantamos y no escribimos,
porque cantamos y no escribimos,
porque cantamos y no escribimos.

La garganta es la palabra
no articulada, la voz, la primeriza
en salir descontrolada, con locura
y endulzar las agonías de ternura.

Antes de la palabra estuvo el canto.

 

Juan Lebrun con su guitarra

II

Y así, cantando nuestras canciones
nunca iguales,
renacimos con mismo amor,
gradado sol en amura,
beso de dioses.

Pocos aceptaron morir.
Les vino en sorpresa
a ellos ignorantes
que en pureza regodearon
que se creyeron generación
que se olvidaron del canto
que no entendieron verdad en la voz
y eran muy techados para ver las estrellas.
A ellos no les fue reservado el cielo.

Ellos descomponen en muerte la vida que apuesto,
que puede morir toda si pierdo
la batalla a la que fui arrojado,
contra la sordera del mundo.

Yo que siempre canté el amor
hoy debo pelear contra los sordos,
las momificaciones del papel,
cuya piel es un vertedero de encierros mínimos,
cuyos ojos no se dilatan,
cuyas voces no atinan una nota,
cuyos conceptos no suenan.

Contra la negación de mi existencia
(muchas veces fui negado
porque solo yo podía afirmarme        [supe tarde])
porque nadie vendría en socorro, aunque muriera,
en socorro de mi canto.

Y porque renacimiento es
armonía entre ciencias y artes
en un mundo de idiotas sin visión
en un mundo especializado
de comunes seguidores.

Nunca me gustó cortar cabezas
pero hoy sangra mi cuello
y duelo en estrellas y prados
un perdón futuro y una lucha presente.

Así cantando nuestras canciones
nunca mismas,
renacimos con el beso pitagórico
del todo.

Antes de la palabra estuvo el canto.

 

En los cielos hay redes de mimbre

Nos has entregado como ovejas al matadero
y nos has dispersado entre las gentes.
Salmo 44.

En los cielos hay redes de mimbre.
Dicen que los gigantes alinean el centro al mundo.

En las galaxias, se asoman raíces lumínicas del infinito.
En ellas tú no estás.
Aun así, te ama y perdona.
Tu capa es de las robadas hojas del paraíso.
Aun así te ama y perdona.

Tú        herencia del asfalto
morirás marcando el beso de tu culo en la silla.
Llorando vacío, esputando mierda.
Pero los vientos ondean hojuelas doradas
y tu armario es el cofre del mundo.

La gente te imita
ignorando las aceras y el margen.

El vino que embriaga no merece la espuma.
El vino que brinda merece la alegría.
Sin ti, viviría el pueblo en caos,
en los pies de las putas, en el corazón de los mendigos.

Por ellos, tu corona desmentida
lleva el carruaje bendito del sacrificio
como el orgullo busca sobrevivir el olvido.

Por eso te perdono.
Eres estrella ineludible para vivir.
Pero no me impongas cantar.
Hoy no:
llevo una flauta ronca en la garganta apenas silbando.
El moho de las piedras no perdona las calles.
Hay ladrones en carruajes.
Los caballos se arrodillan.
Los ancianos convalecen.
Los niños nacen deformes en techos de tablas.

Me han traído a cantar, mas solo puedo pedir oro a tu pueblo.
Solo te puedo mostrar los cuadros que desconoces.
Tus pintores no retratan miserias.
Tu Corte es hermosa.
Giro y solo el espacio de Júpiter encuentro.
La soberbia de tus consejeros escupe a tu pueblo con cada palabra.
Ellos te tratan como al niño Siddhartha.
Te prefieren ciego.
¡Escucha el ruego infinito!
Mira las divinas huellas en el cielo.
Eso te aconseja el infinito.
No dejarás tu inmensidad siendo feliz.
Amarás y tu felicidad será eterna,
pues será la felicidad de tus súbditos
y será de Dios tu reino.

 

Foto de Jacqueline Alencar

 

‘Al-muth

I

QUERIDO,
nadan astros como peces en océanos negros.
La mugre hambrienta es pan.
Las ojeras, casas de mis lágrimas.
Los carruajes son cofres lumínicos.
¡Día tan especial y celebrado!

Reposo sin canto.
Tiéndete conmigo y no te vayas.

II

Sé mi camino en el peregrino de las calles del canto ronco.
Sobre callos y pies camino.
Amo el despojo.
Quienes soy dejan mi carne finita en la Tierra.
Sigo sus caminos paralelos
pues Tú los convergiste.
¡Pero es difícil, Querido!
Es difícil cuando me tienta la envidia de goces ajenos,
cuando los otros se desdibujan en formas
y me niego al pozo.
Es difícil la canción terrena, naufragante.

Mejor ofrenda que mi suspiro no existe,
no para ti, que suspiras siempre.

III

¿Cómo puede una carne magra cantar tu luz sin milagro?
Hallo reposo en movimiento, cuando yerro.

Ayúdame. Desvarío.
No gozo anhelando.
Me pierdo si no duermo
el día de tu nacimiento.
¡Colma mi cuerpo!
Huelga en mi sien tu lecho.
Haz en él tu País que goza esperando.
Me expulsaste del paraíso.
Me enviaste al sepulcro de la Tierra.

Si la memoria no fuera repetición del presente,
el futuro sería imposible
y tu Creación, divina.

IV

Joven amé.
Abríamos barriles de cerveza.
Mujeres y hombres desnudos bailábamos.
Juventud maravillada en el mundo,
pero nunca tan bella como Tú.
Cuando el goce de los cielos desciende,
las copas se llenan, debemos brindar.
Cuando vienes, te debemos danza.

Bendícenos pues con amor te canto.
Bendice esta Tierra y esta isla.

El silencio es la música del cielo.

 

Foto de Jacqueline Alencar

 

Apología de mi lengua

Mi ruego oye con ojos amargos.
Y para mi sorpresa, con odio me escupe.
Me dice que burlo su lengua con otra.
Me dice que burlo a sus poetas con otras artes,
que no me contengo y hablo rápido,
que mis versos no miden y se abren.
Y yo le digo: nada más soberbio que medir el infinito.
Soy pequeño como un punto se multiplica.
Insuficiente me desdice,
me manda a sacar.
Rey que solo ama para sí.

 

La nueva armonía

INFINITAS músicas se celebran.
Hasta las fiestas paganas lo celebran,
porque Él es todo y en Él está todo.

Llamo universo al peso estelar.
A la curvatura del espacio, pregunta eterna.

Había fiesta entre las nubes frías en la cima de una montaña innombrada.
La nieve basta, porque es las fiestas lejanas y las estrellas de luz en la nieve.
El hambre se quita como quien se arrima dando paso en una plaza.
El hambre se quita como también el cuerpo que ahora es música y danza.
Danza en los aires.
Danza en el cielo.
Danza en la montaña.
Danza en sus ramas.
Danza en las estrellas.
Danza en el sol.
El tiempo nunca medido:
siempre aquello que en pechos avanza
(se siente avanzando).
Ni siquiera la idea de infinitud es suficiente.
Él también ha sido finito, ha vivido entre nosotros,
entre las flores y los pájaros.

Acaba el tiempo del día y de la noche.
Acaban principio y final.
En cada hoja se vislumbra la Segunda Tierra
de verdes llanuras, pastos y bondad.
Clarea.
Océanos blancos y quietos.
Pozos hondos como el cielo.

Su corazón es de aguas quietas, blancas.

Surge un valle como abriéndose la Tierra al agua.
Surge una colina como las nubes.
Y todo conocimiento se va
como la solidez.

Se pierde y no duele.
Manos, pechos, cabezas, pies
parecen el viento.

Poco a poco se va por una luz que atraviesa.
Esa luz es un prisma traduciendo.
No hay ardor.
No hay nada.
Nunca hubo nada.
Dios no aparece.
Dicen que al principio fue nada
y después, la luz.
Y sus dientes muestra y todo ríe
porque detrás de todo la nada baila
y detrás de nada, nada.
Es feliz porque vive
y ama el sufrimiento y la alegría
y la nada es de nuevo
y se hace como es
fiesta del silencio,
risa eterna de Shiva,
abismo que vence el vértigo
y se hace cuerpo para irse
para callar y para cantar,
para amanecer y bailar,
para amanecer y bailar.
Caigo en la luz del trópico,
esa que alucina unos lienzos
y la iluminación.
Desvanezco
esta vez que el infinito se contrae
en danza.
Antes de la palabra estuvo el canto.

 

Verlaine traducido por Juan Lebrun


One thought on “Juan Lebrun: Poemas inéditos de ‘Salmista’, libro valorado del II Premio Rey David de Poesía Iberoamericana”

  • Víctor Sánchez Hernández 09/09/2021 at 7:12 am

    Es excelente la obra. Para leer, releer y meditar en el hondo silencio de la noche. Allí, la alborada de esta palabra. Felicitaciones y gracias!

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