Eduardo Cote Lamus

Eduardo Cote Lamus: “Poema en Salamanca para Eduardo Carranza”

 

Tiberíades se complace en publicar un poema del destacado poeta Eduardo Cote Lamus (1928-1964), fallecido a la edad de 35 años, en un accidente de tráfico. Entre sus poemarios están: Preparación para la muerte (1950), Salvación del recuerdo (1953), Los sueños (1956, 2004), La vida cotidiana (1959, 2016), Diario del Alto San Juan y del Atrato (1955, 1990), Estoraques (1963), Obras completas (1976, Instituto Colombiano de Cultura) y Obra Completa (2005, Casa de Poesía Silva). Este poema enviado especialmente por su hijo, el poeta Ramón Coto Baraibar, no fue incluido en ninguno de sus libros, razón por la cual se convierte en una primicia que nos honra difundir

NOTA DE RAMÓN COTE BARAIBAR

“Mi padre llegó a España en 1950 gracias a una beca concedida por el Instituto de Cultura Hispánica para estudiar Filología Hispánica en la universidad de Salamanca, de donde se diplomó en 1951, año en el que obtuvo el Premio de Poesía a la Joven Literatura por su libro Salvación del recuerdo, publicado en 1953 por la editorial José Janés. Salamanca fue una ciudad muy importante para su formación como escritor, toda vez que allí conoció a varios de sus grandes amigos y donde tuvo la oportunidad de participar en diversas actividades literarias, como fuera el II Congreso de Poesía organizado por la Diputación Provincial de esa ciudad en 1953, habiendo también asistido al I Congreso realizado un año antes en la ciudad de Segovia. El presente poema se incluyó en 5 poetas hispanoamericanos en España. Ediciones Cultura Hispánica. Madrid, 1953, pp. 179-182”. RCB.

 

Salamanca, Luciérnaga de Piedra (Foto de Isidro L. Serrano)

 

POEMA EN SALAMANCA PARA EDUARDO CARRANZA

Aquí, amigo Eduardo, bajo la sangre
de estas grandes campanas subidas en la luz,
bajo la sombra del eco de las torres, elevadas
como estaciones de un año indescifrable,
salido, casi sueño, volví a encontrarme con tus versos
y me llegó Colombia tan adentro, tan arriba
que me puso nuevo corazón dentro del pecho.

Más debajo de estas venas donde siempre vive un hombre
crece un árbol, un niño, preguntando por las cosas
con la voz llena de espacio y rodeado de espigas
y con los ojos de pie para mirar los sueños.

Por todas partes siento ríos, tus ríos, nuestros ríos
por esta Salamanca que también escucha el mar;
esos tiempos fluviales que recorren la patria
llevando el continente hacia el atlántico
y que ahora nos circunda, como la luz en el alba,
inundándonos de Cauca, de frailejón, de llano.

Cote Lamus, Carranza, Cela y otros, en Madrid

Yo eché barcos de papel entre tus versos
para ir poema arriba hasta la tierra
donde nombres lejanos repiten ciudades
con ángeles de la guarda entre sus calles
-Buenaventura, Cartagena, Bucaramanga, Cali-.

Allá, por el verano sentí un pueblo en mi cuerpo
y todas sus casas, sus parques, sus torres
se fueron pegando a mi piel,
se me fueron metiendo por los poros
dejándome una herida de heno en el costado.

Yo venía de muy lejos:
de una tierra dulcemente pronunciada
por la sed de orilla de dos mares
donde los poetas trabajan entre ricas palabras,
donde las montañas de ser tan altas son el viento
y donde los astros giran alrededor de las plantas.

 

Salamanca, de Miguel Elías

Yo llegué a España en un otoño
cuando los árboles subían al calor de la savia,
cuando el sol se hacía hombre por Castilla
para mirar de cerca al Universo,
y cuando el trigo se alzaba en la tierra
con un sueño de pan en las espigas.

Allá en mi pueblo dejé una medianoche de amor
donde todavía me espera una sonrisa;
y aquí otro pueblo se me pegó en la sangre
con un estío que ya cumple más de un año.

Y luego en Salamanca donde me vine a olvidos
hallé de pronto tu voz americana
que fluía también en los pétalos de Rosa
como enigma de amor lleno de espacio.
y nos acompañaba Luis, con las sienes de frente hacia la patria.

Aquí, amigo Eduardo, en Salamanca,
donde las calles son tambores
que mantienen el eco de los sueños:
donde el eco de la tierra se revela
con un sonido vertical de cielo:
donde el eco es piedra y donde la piedra es fuerza
hacia arriba, esperando convertirse en ángel.

Fachada del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca y estatua de Fray Luis de León, de Miguel Elías

Unamuno y Fray Luis bajo los álamos
respirando el mismo aire de siglos.
Don Miguel, el iracundo, el de pie firme,
con un temblor entre las manos contra sí mismas,
con sus gritos desde adentro, hacia lo hondo,
llagaron este cielo, donde otro amador a lo divino
entonaba flechas claras al nombre del Amado
y con los ojos en árboles de estaciones perennes.

Aquí, en esta Salamanca, Eduardo,
que sube de noche hasta las torres
para oír el vuelo que da vida a sus campanas,
que se devuelve tal Narciso de oro enamorado
hasta el agua donde navega el río Tormes, donde
el viejo mar se decidió a ser río:
donde las calaveras se visten de rana en las fachadas
para llenar con sonido el plateresco.
Aquí, en Salamanca, donde Julio inventa primaveras
cada vez que se incendia en un poema.

 

Retrato de Cote Lamus hecho por el maestro Guayasamín

Aquí sentí tus versos con altura de flecha,
Eduardo Carranza que no miras el suelo
porque sabes el día que hay después de las estrellas,
donde fúlgidos caballos pastan en el éter
la insaciable sed de su furor de cascos.

Escuché tu azul, Eduardo,
oí caer de pie tu azul en la melancolía
como si América fuera una inmensa lágrima de tierra.

Yo tengo entre mis manos esta espuma
que de pronto se quiebra como vaso,
que de pronto se rompe como el aire
al pasar por el sitio de los sueños.

Puente romano y Salamanca, de Miguel Elías

 

Antología publicada por la Diputación de Salamanca

 

Firmas de varios de los poetas participantes en el II Congreso de Poesía celebrado en Salamanca

Imagen de cabecera: Eduardo Cote Lamus, en los años que vivió en España




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*