Daniel Montoya

Los ‘Apuntes de Humboldt’, de Daniel Montoya

Poemas del colombiano Daniel Montoya, de su libro ‘Los apuntes de Humboldt’, ganador del 41 Premio Iberoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez

Daniel Mauricio Montoya Álvarez nació en el departamento del Meta, Colombia, en 1984. Reside en la ciudad de Ibagué y es profesor en la Universidad de Ibagué, en el Tolima. Licenciado en Lengua Castellana de la Universidad del Tolima (2011) y Máster en Neuropsicología y Educación de la Universidad de la Rioja, España (2017). Pertenece a la Red Nacional de Escritura Creativa, Relata-Liberatura, y a la Red Académica Colombiana de Instituciones de Educación Superior Redlees. Ganador del XLI Premio Iberoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, España (2021). Ganador de la Convocatoria Nacional Poética del aislamiento de El Espectador y la Secretaría de Cultura del Quindío (2020). Premio de poesía Juan Lozano y Lozano, Ibagué, 2020. Finalista en el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá, 2020. Ganador del IX Premio de Poesía Granajoven, Granada, España (2018). Segundo premio en el XV Concurso Internacional Bonaventuriano de Poesía, Colombia, 2018. Finalista en el 34° Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia, Colombia (2016). Segundo lugar en el Concurso Nacional de Cuento Relata, Colombia (2013). Mención de Honor en el XXIII Concurso de Cuento Corto de la Universidad Externado de Colombia (2010). Ha publicado en algunas antologías de cuento y poesía. Ha escrito los poemarios El libro de los errores (2018), Políptico del aire (2018) y Manual de Paternidad (2019), Los apuntes de Humboldt (2021).

Portada de la edición española

LA HERENCIA DEL COSMOS

Hay una hora en que la canción de los grillos
hace brillar las estrellas

una hora en que la gallina se yergue
como su antepasado dinosaurio

el fresno percibe las plumas húmedas
del vencejo y lo deja posar en su rama seca

hay una hora en que las estrellas
escriben sus memorias en la arena

una hora en que el fruto que cae
se convierte en una casa

y las hormigas llevan sus huevos
a la orilla del río

hay una hora en que la araña desteje
la trampa y fabrica un lecho

los pájaros sienten los lentos ríos de fuego
que corren debajo de la tierra

y el cielo entra en el cascarón
que dejó la chicharra

hay una hora en que las especies
se anudan al hilo de la vida

una hora en que comprendo
la herencia del cosmos

una hora en que no estorbo

El poeta Daniel Montoya con su esposa Jeimmy

INSTRUCCIONES PARA EL APRENDIZ DE BOTÁNICO

Si crece en el fuego
es un crisantemo

si crece en el horizonte
es un hinojo

si crece en las estrellas
es un cactus

si crece en el viento
es una siempreviva

si crece en la nieve
es un liquen

Dentro de tu oído
ya crece una orquídea

No es mucho para conocer el mundo
es cierto

pero a qué le puedes temer
si adonde vayas habrá una flor

esperándote siempre

Portada de la edición colombiana

TRATADO DE ZOOLOGÍA

En la naturaleza el macho es brillante,
grande, habilidoso y de colores vivos.
La hembra es pequeña, oscura,
tímida y precavida como los azulejos
de las montañas.

La razón es sabia.
La hembra propicia la vida y debe
cuidar a las crías y saber camuflarse
y huir de los depredadores.

Si la especie crece y se multiplica
la hembra rejuvenece, acicala su geometría,
expele olores fuertes y aviva sus colores.

Sin afán se sienta a esperar la muerte.

LA MOSCA JOROBADA

La mosca jorobada encontró
la manera de poner a salvo sus huevos
de las hormigas coloradas
(que todo lo devoran en la selva).

Diseñó una estrategia peligrosa:
desde el aire persigue a las hormigas
y en una maniobra rápida, exacta,
inocula su huevo en el lomo
de alguna hormiga distraída.

Con las semanas, el desarrollo del huevo
hace que a la hormiga no le lleguen
los mensajes químicos de sus
compañeras y se aleja de la colonia.

Vaga sola hasta morir.

Cuando la larva rompe el huevo,
se alimenta con el cuerpo de la hormiga
hasta continuar su desarrollo.
De esta manera, la vida perdura
cuando aleja a un bisonte
o una hormiga de la manada

EL CAZADOR

La araña inició su tejido en el cañón de la escopeta
y él decidió no disparar ese día

A la mañana siguiente la araña edificaba
columnas patios y jardines de rocío
y él decidió no cazar ese día

La tercera mañana la araña continuaba
diligente en torres salas y habitaciones
y él decidió no defenderse ese día

La cuarta mañana la araña
envió sus ejércitos
lo hospedó en su palacio

LAS TORTUGAS BUSCAN EL RÍO

Como caballos en una subasta
examinan a los esclavos en el mercado
enfrente de la casa recién alquilada
en la plaza principal de Cumaná.
Su piel brilla por el aceite de coco
que les obligan frotarse en el cuerpo
desnudo y de atlético silencio.
Como caballos en una subasta exploran
con brusquedad sus dientes,
meten los dedos en sus bocas y hurgan
rabiosamente buscando llagas,
buscando secretos o palabras indecibles.
A las mujeres les palmean las nalgas.
A los niños les golpean las piernas
con una vara untada de sangre.

Ellos, quietos, dejan hacer.
Cuando el cielo se oscureció, ellos
continuaron de pie, ahí, en silencio;
cuando la tierra tembló (por primera
vez para mí); cuando una lluvia
de meteoritos colmó el cielo de colas
blancas y llameantes; cuando
empacamos los baúles en las barcas
con cuatro mil especímenes vegetales,
ellos siguieron ahí, en silencio.

Mientras el caudaloso Casiquiare conecta
el Amazonas y el Orinoco; mientras crecen
los campos de maíz, caña e índigo;
mientras una nube de garzas, flamencos
y patos salvajes sobrevuelan el lago
Valencia al atardecer; mientras las serpientes
de nueve metros se arrastran
en el bosque y las palmeras con flores rojas
y los cangrejos azules y amarillos
son batidos por el mar y por el viento
ellos siguen ahí, de pie, en silencio.

No importa que los vendan y vengan otros,
siempre serán los mismos como lo son
las hormigas y las chicharras,
como los son las abejas y los primates.
Siempre serán mujeres, niños y hombres.
Mujeres de nueve años, las más
apetecidas por los traficantes desde los
tiempos de Cristóbal Colón,
o veinteañeras sin críos pero con abundante
leche (y le oprimen con fuerza
las tetas para comprobar los hechos).
Hombres macizos para exprimir
en las plantaciones de plátano y en el campo.
Y niños ágiles para estos vientos.

Generación tras generación han estado
aquí, de pie, sin poder seguir su curso,
como esos huevos de tortuga en las playas
del Orinoco que nunca llegan al río:
los misioneros los recogen y elaboran
con ellos finos aceites para iluminar
sus viejas iglesias
atestadas de hongos y termitas.

CARTA A WILHELM

Querido Wilhelm: han traído
vacas a las montañas

tal vez porque aquí el pasto
es más verde y húmedo
tal vez porque aquí no pueden
correr ni saltar el alambre

No sé si a una montaña
se le puede llamar potrero
no lo sé querido Wilhelm

Lo cierto es que las pobres
se mantienen paradas día y noche
con los músculos tensos
y firmes las patas

Se mantienen en un constante
esfuerzo de supervivencia
para no rodar cuesta abajo
y ser solo cuero de zapatos

Y saber querido Wilhelm
que en los restaurantes solo se hablará
de su carne dura

Saber que los políticos europeos
solo hablarán del desastre del mercado
bovino en las cordilleras
de este país




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