Hugo de Mendoza

Hugo de Mendoza: ‘Peregrinación a Cristo’ y otros poemas

Hugo de Mendoza (Guadalajara, México, 1976). Es poeta y editor. En 2002 fundó el colectivo Literagen. En 2009 editó la revista de crítica literaria El Golem. Ha publicado los libros de poemas Danzar del Agua (2009) y 34 Episodios de Piscis (2010). Ha impartido talleres de creación literaria en escuelas secundarias. Algunos de sus poemas han sido traducidos al portugués y al inglés. Coordinó los ciclos de Crítica de la poesía y narrativa en México y dirige el encuentro de poetas Vértice en el Tiempo. Es director editorial de la Revista de literatura El Golem.


Peregrinación a Cristo

Dónde estás Tú,
Dónde los pescadores.
Dónde ese lugar sin tiempo.

Ya sucede la tormenta:
el mar arriba
la nube abajo
y todos vamos por el aire
o por la tierra.

Qué lugar éste tan concurrido
cuando en la vibración de los panes
estás en todo pensamiento.

Foto de José Amador Martín


Premonición de las estatuas

Las estatuas
están destinadas a ser trituración.

Su masa muscular
que da origen a la sombra,
será menospreciada
por el clamor de las hormigas.

Y qué decir de su duro rostro
de su marmórea exaltación
expuesta al llorar de sirenas.

Estas extravagancias vanidosas
perecerán no por el fin del mundo
no por la inyección de la pandemia
no por el compás del arquitecto,
sino porque todo debe regresar al origen
al polvo
que es el principio
de toda semejanza humana.

 

Foto de José Amador Martín

 


Ilusión marina

   Vivo en el mar. No soy un pez, tampoco el capitán Flint o el ojo de una ballena. Prefiero evitar toda semántica marina, no soy nada en ese diccionario. Sin embargo, juro que vivo en el mar. Debo confesar que nunca he navegado, nunca mis pies emprendieron un balompié contra las olas, nunca he podido sumergirme en ese telar por donde los barcos fundan su cementerio. Sólo lo sé, vivo en el mar, lo contengo en esta memoria de argonauta.

   Cuando estoy triste, mi día es un hospital de focas. Mi casa está ubicada en la Ciudad de México. En oscurantismo, mi lámpara parece leer la nomenclatura de las estrellas, la bitácora de Simbad. Si recuerdo la Odisea, mi hogar es una tripulación fantasma. Ahora presiento la alta marea arribando a este sofá, un hechizo de tempestad inunda el espacio que nos separa en esta página. Se liberan todas las memorias del océano: se alza una arquitectura de coral, el auxilio de los alemanes en el Golfo de México. Todo es iluminación cuando la mano Dios separa el petróleo de las corrientes submarinas.

   Ahora no hay que creer en las supersticiones de la razón, es real ese ballet de medusas saltando en mi cabeza, la competencia de esgrima con mi nariz y un interruptor gritando anguilas. Respiro bajo el agua, frente a la sardina en un congelador, escucho los remos de Yemayá navegando hacia el imperio. Papá enciende la radio: Noticias del huracán Catrina. Aún persiste la tormenta, aún el faro nevando su espíritu infra rojo. Aún Tú, nosotros, flotando en la incertidumbre. Miremos la sal sobre la mesa, las latas con atún comienzan a temblar, despiertan de la muerte las angulas, todo es buceo e inundación. El agua de las cisternas estalla en un acuario. ¿Escuchas el genocidio del barco japonés? Ya se hundieron las carabelas españolas, y a pesar de que Juan anuncie las langostas del Apocalipsis, Cristo aun camina por el mar.

Foto de José Amador Martín

Inconcluso fugar del yo por el agua en una cubeta

Fantasía es su única esperanza.
Samuel Beckett

Sumerge tu rostro en la pileta. Respira el agua. Bebe la raíz del rompiente. Por un caracol se percibe el respiro de Dios, la velocidad de un caballito de mar.  Cabálgalo. Su cuerpo es una clave de sol. Sé luz, sé música a la vez, sé un centauro de tu infancia explorando el útero del mar. Pudiste escapar del detergente y su ropa sucia. Te recuerdas antes del nacimiento y el líquido amniótico es azul y transparente. Ahora con tu caballito de mar puedes perseguir a las medusas. Cubre tu mirada y no serás piedra. Petrifica tu cobardía y viaja por kilómetros y kilómetros y sal y temperatura sin cansarte.

   No. No sé si pueda abstraerme tanto y persistir en el agua de la pileta. El preludio de un acto de magia me reclama a la chistera de los conejos. Si por lo menos el televisor pudiera proyectarme en un documental marítimo con música de pulpo y clavicordio para tener fe en el milagro de permanecer. Si pudiera ser imaginado por un ángel. Pero sólo se transmite derrumbe: un proyectil en Medio Oriente, el derrocar de un dictador egipcio…, el nuevo silicón para hinchar labios, y un héroe de cereal santificando la nueva moda de existir.

   No hay caballitos de mar ni centauros ofrendando pentagramas de música. No hay un yo que se pueda trasladarse al mar sin ser violentado por una deuda de plan vacacional. En efecto, este narcótico no logra liberar mi espíritu del cuerpo, la imaginación del cuerpo, la libertad del cuerpo. Sigo frente a todos, ante la cotidianidad detrás del televisor, en el inventario de lo imposible narrando mi locura de viajar con un caballito de mar.

– ¿Sonríes, caballito?

   Has recibido todo el manicomio.

Foto de José Amador Martín

Consejos de respiración hasta el exterminio

Respirar la nieve la nube la nuca nunca vista de Dios.

Respirar el primer pájaro del día hasta la clarividencia
y la fatiga de un concertista en vegetación eléctrica.

Exhalar
no sólo bajo el sol o bajo un yunque de hipotermia.
Exhalar
aun con plomo en los bolsillos
aun con amoniaco entre los dedos.
Exhalar con la carne con el pensamiento con el espíritu
aunque la hipnosis matutina pronostique un colapso de plantas venenosas.

Aspirar el hundimiento la elevación lo invisible la astrología lo subterráneo.

Celebremos una gota de vino en un temblor de parálisis mental
asistamos a un planeador para sobrevolar la calvicie de nuestra muerte
como una danza de alto riesgo en el espejismo de una peluquería.

Imaginar lo que no puede ser respirado:
un amor en el centro del infinito
un caminar de Lao Tsé en un haiku
una lluvia para que el nacimiento del mar
sea un pez durmiendo en nuestras manos.
Respirar bien el todo y la nada.

Que la oxigenación en nuestra sangre nos impulse
a trotar la historia universal
a velocidad de caracol a salto de guitarra
que nuestros pulmones sean un fractal de mariposas
cuando la era cibernauta cuando el fin del mundo
nos tome dando vueltas en una rueda de la suerte
o en la contemplación de una cascada
que la naturaleza ordeña.

Respirar siempre prominente
en vibrato en el ayuno de Tomas Merton
o de un economista pronosticando
descalcificación en nuestra patria.

Demos respiración de boca a boca
aire a los cometas
viento a los aviones
aliento a los naufragios
seamos el último surfista en época de aire
donde una sirena alcanza su plenitud de vuelo.

Que las estrellas se resguarden bajo nuestros parpados
y los astronautas sean acordeones en la música de Dios.

Seamos hidrógeno en la meditación de un tigre
mientras vacacionamos en la piedad de su metabolismo.

Enaltezcamos fuego sagrado en celebración de vivos
en el instante en el único trago de nuestra llama
de casualidad de átomo de azar de la interrogante
cuando el Herrero desde el espacio exterior martillea
una partícula que tiene tu rostro
en un caldero que bien ilustra un alquimista
respira la existencia.

Foto de José Amador Martín



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