Tiberíades tiene el privilegio de publicar estos diez poemas de Sophia de Mello Breyner Andresen (Oporto, 1919 – Lisboa, 2004). Estudió Filología Clásica en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa. Fue electa diputada por el Partido Socialista y presidió el Centro Nacional de la Cultura. Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2003), Premio Max Jacob Étranger (2001), Premio Rosalía de Castro, del PEN Club de Galicia (2000), Premio Camões (1999), Premio Vida Literaria de la Asociación Portuguesa de Escritores (1994), Gran Premio Calouste Gulbenkian de Literatura Infantil (1992) y Premio Petrarca, de la Asociación de Editores Italianos. Entre sus libros de poesía y cuento, se pueden citar: Poesia (1944); Dia do Mar (1947); Oral (1950); No Tempo Dividido (1954); A Fada Oriana (1958); Mar Novo (1958); A Menina do Mar (1958); Livro Sexto (1962); O Rapaz de Bronze (1965); O Cavaleiro da Dinamarca (1964); Geografia (1967); A Floresta (1968); Dual (1972); Nome das Coisas (1977) o Musa (1994). Tradujo a Dante, Shakespeare y Eurípides.

Las versiones de los textos han sido hechas por el poeta Alfredo Pérez Alencart, y se publicaron por vez primera en su ‘antojolía’ DICHOSA SAUDADE. QUINCE POETAS PORTUGUESES (2007), aparecida en Venezuela. Con esta publicación celebramos su cumpleaños, que fue el pasado 6 de noviembre.
PATRIA
Por un país de piedra y viento duro
Por un país de luz perfecta y clara
Por el negro de la tierra y por el blanco del muro
Por los rostros de silencio y de paciencia
Que la miseria largamente dibujó
Próximo a los huesos con toda exactitud
De un largo informe irrecusable
Y por los rostros iguales al sol y al viento
Y por la limpidez de las tan amadas
Palabras siempre dichas con pasión
Por el color y por el peso de las palabras
Por el concreto silencio limpio de las palabras
Donde se yerguen las cosas nombradas
Por la desnudez de las palabras deslumbradas
– Piedra río viento casa
Llanto día canto aliento
Espacio raíz y agua
Oh mi patria y mi centro
Me duele la luna me solloza el mar
Y el exilio se inscribe en pleno tiempo

LA ESTRELLA
Yo caminé en la noche
Y entre el silencio y el frío
Sólo una estrella secreta me guiaba.
Grandes peligros en la noche me aparecieron:
De mi estrella juzgué que yo la juzgaba
Verdadera siendo ella sólo un reflejo
De una ciudad adornada de neón.
Mi soledad me pareció corona.
Señal de perfección en mi frente.
Pero vi cuando en el viento me humillaba
Que la corona que yo llevaba era de un hierro
Tan pesado, que toda me doblaba.
Del frío de las montañas yo pensé:
“Mi pureza me cerca y me rodea”.
Sin embargo mi pensamiento se pudrió
Y la pureza de las cosas centelleaba
Y pude ver que la limpidez no era yo.
Y la flaqueza de la carne y el miraje del espíritu
En monstruosa voz se transformaban:
Pedí a las piedras del monte que hablasen
Pero ellas como piedras se callaron.
Solitaria me vi, delirante y perdida
Y una estrella serena me sorprendía.
Y yo caminé en la noche; mi sombra
De gestos desmedidos me cercaba
Silencio y miedo
En los confines de los desiertos caminaban:
Entonces vi llegar a mi encuentro
Aquellos que una luz iluminaba
Y así me dijeron: “Ven con nosotros
Si también vienes siguiendo aquella estrella”.
Entonces supe que la estrella me seguía.
Era real y no imaginada.
Grandes y humanas ilusiones nos mostraban
En direcciones distantes nos llamaban
Y la sombra de los tres hombres sobre la tierra
Al lado de mis pasos caminaba.
Y yo sorprendida vi que aquella estrella
Para la ciudad de los hombres nos guiaba.
Y la estrella del cielo se detuvo encima
De una calle sin color y sin belleza
Donde la luz tenía el mismo tono que la ceniza
Lejana del verde-azul de la Naturaleza.

LAS MORAS
Mi país sabe a las moras salvajes
En el verano.
Nadie ignora que no es grande,
Ni inteligente, ni elegante mi país,
Pero tiene esa voz dulce
De quien se levanta pronto para cantar en las zarzas.
Raramente hablé de mi país, tal vez
No guste de él, pero cuando un amigo
Me trae moras salvajes
Sus muros me parecen blancos,
Reparo que también en mi país el cielo es azul.
AUSENCIA
En un desierto sin agua
En una noche sin luna
En un país sin nombre
O en una tierra desnuda
Por grande que sea la desesperación
Ninguna ausencia es más honda que la tuya.

PIRATA
Soy el único hombre a bordo de mi barco.
Los otros son monstruos que no hablan,
Tigres y osos que amarré a los remos,
Y mi desprecio reina sobre el mar.
Gusto de aullar en el viento con los mástiles
Y de abrirme en la brisa con las velas,
Y hay momentos que son casi de olvido
En una dulzura inmensa de regreso.
Mi patria es donde el viento pasa,
Mi amada es donde los rosales dan flor,
Mi deseo es el rastro que quedó de las aves,
Y nunca despierto de este sueño y nunca duermo.
EL POETA
El poeta es igual al jardín de las estatuas
Al perfume del verano que se pierde en el viento
Viendo siempre sin que los otros nunca lo viesen
Y sus palabras devoraran el tiempo.

RETRATO DE UNA PRINCESA DESCONOCIDA
Para que ella tuviese un cuello tan fino
Para que sus pulsos tuviesen un quebrarse de talle
Para que sus ojos fuesen tan frontales y puros
Para que su columna fuese tan derecha
Y ella llevase la cabeza tan erguida
Con una tan simple claridad sobre la frente
Fueron necesarias sucesivas generaciones de esclavos
De cuerpo doblado y gruesas manos pacientes
Sirviendo sucesivas generaciones de príncipes
Todavía un poco toscos y groseros
Ávidos crueles y fraudulentos
Fue un grande desperdicio de gente
Para que ella fuese aquella perfección
Solitaria exiliada sin destino

PENÉLOPE
Deshago durante la noche mi camino.
Todo cuando tejí no es verdad,
Pero es tiempo, para ocupar el tiempo muerto,
Y cada día me aparto y cada noche me aproximo.
25 DE ABRIL
Esta es la madrugada que yo esperaba
El día inicial entero y limpio
Donde emergimos de la noche y del silencio
Y libres habitamos la sustancia del tiempo.
La bella y pura palabra Poesía
Tanto se arrastró por los caminos
Que en la alta noche la encontré perdida
En un burdel donde la asesinó un muerto.
La hora de la partida suena cuando
Oscurece el jardín y el viento pasa,
Revienta el suelo y las puertas baten, cuando
La noche desenlaza cada nudo suyo.
La hora de la partida suena cuando
Los árboles parecen inspirados
Como si todo en ellos germinase.
Suena cuando en el fondo de los espejos
Me es extraña y lejana mi cara
Y de mí se desprende mi vida.

CÍCLADAS
(evocando a Fernando Pessoa)
La claridad directa del lugar me impone tu presencia
Tu nombre emerge como si aquí
El negativo que fuiste de ti se revelase
Viviste en lo avieso
Viajante incesante de lo inverso
Exento de ti mismo
Viudo de ti mismo
En Lisboa escenario de la vida
Y eras el inquilino de un cuarto alquilado encima de una lechería
El empleado competente de una casa comercial
El frecuentador irónico delicado y cortés de los cafés de la Baixa
El visionario discreto de los cafés orientados hacia el Tajo
(Donde aún en el mármol de las mesas
Buscamos el rastro frío de tus manos
– El imperceptible tamborilear de tus manos)
Despedazado por las furias de lo no vivido
Al margen de ti de los otros y de la vida
Pusiste al día todos tus cuadernos
Con meticulosa exactitud dibujaste los mapas
De las múltiples navegaciones de tu ausencia –
Aquello que no fue ni fuiste quedó dicho
Como isla surgida a barlovento
Con plomadas sondas astrolabios brújulas
Al levantamiento del destierro
Naciste después
Y alguien empleará en sí toda la verdad
El camino de la India ya fuera descubierto
De los dioses sólo subsistía
El incierto caminar
En el susurro y en la fragancia de los paisajes
Y tenías múltiples rostros
Para que no siendo nadie lo dijeses todo
Viajabas en el revés, en lo inverso de lo opuesto
No obstante, yo invoco, obstinada -lo dividido-
El momento que te uniese
Y celebro tu llegada a las islas donde jamás viniste
Estos son los archipiélagos que derivan a lo largo de tu rostro
Estos son los rápidos delfines de esa alegría
Que los dioses no te dieron ni quisiste
Este es el país donde la carne de las estatuas se estremece como chopos
Atravesada por el leve respirar de la luz
Aquí reluce la respiración azul de las cosas
En las playas donde existe un espejo vuelto hacia el mar
Aquí el enigma que me interroga desde siempre
Es más desnudo e impetuoso y por eso te invoco:
“¿Por qué fueron arruinados tus gestos?
¿Quién te cercó de muros y de abismos?
¿Quién esparció en el suelo tus secretos?”
Te invoco como si llegases en este barco
Y posases tus pies en las islas
Y su abrumadora proximidad te invadiese
Como un rostro querido echado de bruces sobre ti
En el estío de este lugar reclamo por ti
Que invernaste tu propia vida como el animal en la estación contraria
Que te hiciste distante como quien retrocede ante un cuadro para verlo mejor
Y buscaste la distancia que sufriste.
Reclamo por ti -reúno los destrozos las ruinas los pedazos-
Porque el mundo estalló como cantera
Y en el suelo ruedan capiteles y brazos
Columnas partidas y trozos
Y del ánfora queda restos esparcidos
Ante los cuales los dioses se vuelven extranjeros
No obstante, aquí las diosas color de trigo
Levantan la larga arpa de sus dedos
Y encandilan al sol azul donde te invoco
Donde invoco la palabra impersonal de tu ausencia
Pudiese este momento de fiesta romper tu luto
Oh viudo de ti mismo
Y que ser y estar coincidiesen
En la unidad de la boda
Como si tu navío te esperase en Tassos
Como si Penélope
En sus aposentos elevados
Te hilase entre sus cabellos

