Tiberíades tiene la satisfacción de publicar cinco poemas de la española Llanos Monteagudo, participante del VII Festival Internacional de Poesía de Madrid, celebrado recientemente en varios espacios de la capital y en Arganda del Rey.
Sagrado corazón
A mi padre
Sí, estás aquí pulsando
en cada partícula de luz
que teje el tapiz de este atardecer,
en el último trino
del último pájaro
en su último vuelo,
en las voces distantes
de niños que juegan y ríen
apurando sin tiempo los segundos
antes de regresar a casa,
en el vaivén del árbol sereno
frente al otoño que tardío se le acerca.
Estás aquí,
en el silencio de mis ojos cerrados,
en la pausa
antes de inspirar,
después de espirar.
Aquí,
en mi alma desasida
cuando mi corazón se quiebra rendido
y se abre al sagrado palpitar de tu sangre
que disgrega, en mil centellas,
mi cuerpo licuado y olvidado de su piel,
de sus fronteras,
para ser también sangre en ti.
Sí, aquí estás: en la vida,
tan afuera, tan adentro,
tan cerca.
(“En el origen”. Celya Editoria, 2021)

El sueño de Alonso Quijada
(…)
Tendrás claro renombre de valiente;
tu patria será en todas la primera
tu sabio autor al mundo único y solo.
Miguel de Cervantes
Se hacen largas las noches
en la estepa manchega,
largas y frías.
Y crujen las piedras y la encina
y los viejos huesos de rodillas
en la amarga tierra.
Se hacen largas de duermevelas,
de delirios de gigantes
y bálsamos de Fierabrás,
de molinos sin viento,
de deseos de amor
y de Aldonza desnuda,
envuelta en tules de dulce amnesia.
Se hacen frías
y el llano exhala incansable
susurros de muerte.
Sin temor el caballero,
dormido pero despierto
en su sueño,
vela su maltrecha armadura.
(Antología “Cervantes. Desde el Parnaso”. Editorial Verbum, 2021)

La salida del sol
A María
He llegado a la orilla
y me siento en la arena inmaculada
que aún conserva el fresco de la noche.
En ese instante
el silencio se muestra sin fronteras
porque las cadenciosas resonancias
que él mismo pulsa
son parte del vacío del que bebe.
Contemplo el horizonte,
miro allí donde el cielo se ilumina,
donde el gris se diluye en carmesí,
y respiro al compás del oleaje,
al compás de la brisa,
para ser también parte del silencio.
Percibo el movimiento de la tierra
y a ella me arraigo
para encontrar el eje con el cielo.
Frente a mí se desvela
el sencillo milagro de este día:
un sol nuevo naciendo inalterable,
asido al mar,
que con su sigiloso movimiento
se entrega a su caricia.
Al mirarlo de frente
atraviesa una lágrima mi cara.
Cierro los ojos,
lo siento en mí,
mi cuerpo se disgrega en el amor,
en el vacío
que todo lo sostiene,
y por un breve instante
robado al infinito,
en mí también despunta un nuevo sol.

Renacer
Me descubro brotando del olvido,
de la nada más pura,
allí donde la luz
parece un corazón que apenas late,
pero es simiente
que emerge iluminada de sí misma.
El fruto asciende
y se quiebra mi cuerpo como tierra,
sin resistirse,
derramándose fértil en sus tiernas raíces.
Crecer es el destino inevitable,
ser manantial que bebe de sí mismo,
surtidor que se vierte en lo profundo,
o río que en la fuente desemboca
cuando por fin regresa.
Inevitable
ser árbol que se eleva cuando arraiga.
(“Hacia el silencio”. Uno Editorial, 2018)

Niña de cera
Miré dentro de aquel féretro blanco
y blanco era el nebuloso vestido
que aquella niña llevaba.
Igual de blancas las flores que la envolvían
y sedosas como su blanco y pálido rostro.
Sentí su sueño sereno
tras el tul de sus párpados.
Me reconocí en su pureza y tersura
y en los dedos suaves y tiernos
entrelazados sobre su vientre.
La creí viva a aquella niña de cera
en el rubor desvaído de sus mejillas.
Pero era yo, no ella,
la que movía agitado su pecho.
Quise revivirla, respirarme en ella,
y, por un instante, abrió sus candorosos ojos
y me miró,
nos miramos,
me miré.
Los límites se difuminaron
y no supe qué piel era la mía,
qué párpados eran los míos,
qué rubor,
qué candorosa mirada,
qué pecho agitado,
cuál de las muertes era la mía.
Intuí la vida vivida
y la aún no vivida,
y decidí abrazar a aquella niña
para consolarla de su futuro,
para guardar el tesoro de su pureza
en el cofre transparente de los sueños,
para revivirnos, volver a mirarnos,
fundirnos
y liberar de la plata el cristal
en los espejos enfrentados del tiempo.

Llanos Monteagudo Rodenas (Albacete, 1970). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, trabaja, desde hace 23 años, como profesora de secundaria impartiendo Lengua y Literatura. En su juventud recibió dos premios literarios de poesía convocados por el Ayuntamiento de Albacete. Viviendo en Salamanca, participó en un encuentro literario llamado “Papeles del martes”. Ha publicado en algunas revistas literarias de Albacete, como “Mirabantur” o “Pandemonium”, además de en “142 Revista Cultural”. Por otro lado, algunos de sus poemas aparecen en dos antologías de poetas de Albacete: “La Generación Fanzine. Poetas de Albacete para el siglo XXI” (2001, Diputación de Albacete), y “Guía de poetas de Albacete” (2009, Uno Editorial). También ha publicado dos poemarios: “Hacia el silencio” (2018, Uno Editorial) y “En el origen” (2021, Celya Editorial), además de un poema en la antología “Cervantes -Desde el Parnaso-“ (2021, Editorial Verbum).

