Isbel Hernández Monteagudo

Isbel Hernández Monteagudo: ‘Jerusalén’ y otros poemas

Jerusalén

Madre de los exilios, Jerusalén,
tus moradores emergen en tu silencio.
Tus moradores dicen saber
cuándo Dios cuida realmente de algo.
Recuérdanos los días en el desierto
sin más compañía que aquellas señales.
Días de vagar cuarenta años.
Cuarenta años de fe.
Días de vagar
y que no se te gasten
ni la ropa ni los zapatos.
Y hasta la comida te caiga del cielo.
Días de vagar igual que si no vagaras.
Cosas buenas hay en Jerusalén,
sus sabios reyes y profetas
pero también sus antepasados y muertos.
Pero también sus guerreros
y pastores de ovejas.
Hombres batidos contra el despojo
y mujeres que lavan sus vestidos con fuego
Vueltas a violar
y vueltas a violar después de siete días.
Son épocas de prueba,
de bonanza y destrucción.
Solo ríos que niegan ser agua y piedra.

Pescadores

Tú que anduviste en las orillas del mar.
Y echaste tus redes
para que los peces no picaran.
Tú que caminaste sobre las aguas
y calmaste al viento.
Haz de nosotros lo que desees,
pero enséñanos el arte de la pesca.
Acércanos a ese mar distinto,
en el que andas confiado.
Danos un mar doméstico.
Danos ese mar que no es semejante a nada.
En él puedes llegar a sentirte seguro.
Tú que caminaste sobre él
y todo lo hiciste perfecto.
No nos captures como peces de cisterna
o de estanques inferiores.
Porque los hombres
siempre han regresado a la tierra
a la que llaman madre.
A ella regresarán.

Discípulos

El que tiene un maestro un reino tiene.
Y las puertas de ese reino se abren
como si fueran las de casa.
En ella transitas sin echar nada de menos.
En ella duermes y comes
mientras otros pasan frio y piden socorro.
El que tiene un maestro
no habita en simples chozas,
ni acampa en cualquier refugio.
Algo ha sido cambiado
y removido en las tiendas de invierno
donde acampabas a solas.
Algo ha sido cambiado y removido
entre los trozos de carne, huesos
y espíritus que el tiempo reforma.
No amen la tierra que antes cultivaron
ni el silencio de esa tierra.
No amen a las mujeres que tuvieron,
ni a los hijos de esas mujeres
para los que cuna construyeron.
No beban el mismo vino,
ni coman el mismo pan, ni echen nada de menos.
El que tiene un maestro un reino tiene.
Y como si todo estuviera en orden,
el discípulo se vuelve a su maestro
y el maestro a su maestranza
y ninguno recuerda el horror.
El horror para el maestro
y el horror para el discípulo de vivir uno sin el otro.

Soldados

Lavan mis pies,
he oído que lavan mis pies
porque no pueden atarlos.
Ni encadenarlos.
Si pudieran hacerlo,
solo quedaría el polvo
en el que se convierten nuestros huesos.
Nuestra piel a tanta sed acostumbrada.
Amarran y desamarran mis manos.
Las clavan y desclavan
como si no hubiesen visto los milagros
que hice allá en Cafarnaúm,
bien lejos del monte Calvario.
No conocen a aquel
que puede calmar la tempestad.
No recuerdan a la mujer
con flujo de sangre que ya no lo padece.
Ni a la hija muerta de Jairo,
a la que dije Talita Cumí
 que significa (niña levántate).
Por eso ungen mis manos
con el vinagre con que ungirán mi cabeza.
Trenzan en cuero el látigo que fustiga.
Lo trenzan con las manos
creadas para el hombre que tortura.
He oído a estos soldados decir
que les atemorizan los secretos del reino de Dios.
Pues no pueden ungirme
con aceite como si fuese un rey.
Cuando llegue la hora,
ellos pondrán una cruz sobre mis hombros.
Y esa será la cruz
que muchos verán sobre las tumbas,
ungiendo la cabeza de los reyes,
o colgando de los cuellos de las devotas.
Mi cuerpo será partido. Y mi sangre derramada.
Se ha desatado el crimen que los soldados temen.

Isbel Hernández Monteagudo. Licenciada en Comunicación Social. Poeta. Miembro de la AHS de Villa Clara. Obtuvo la Beca nacional de creación literaria en 2011, Sigifredo Álvarez Conesa, en el género (Poesía). Publicó en 2015 su primer libro por Sed de Belleza, Luz, deleite cometido. Sus poemas aparecen publicados en las antologías: Corazón Central (Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Santa Elena 2016), Estos poetas del Milenio, (Estados Unidos 2016), La necedad de las truchas, (Unam 2016), La estrella en Germen, (Sed de Belleza 2017), “Maternidad”, (Chile 2021), y Una sola voz, (Chile 2021), en la revista cubana Amnios, en la chilena, Es-Kupe y en la revista italiana Poetas por la paz y la libertad., revista villaclareña de Literatura Violas 2 (Cuba)  y en la prestigiosa revista electrónica, Crear en Salamanca ( España). Fue reconocida con el quinto premio por su texto La maldita circunstancia, publicado por la editora y promotora Escritores sin Fronteras (Perú). Ha participado en eventos provinciales y nacionales como la Feria Internacional del Libro de Cuba, en el Mitin Poético Virtual de La Habana y el Festival de Poesía de La Habana 2021, así también en el Encuentro Hispanoamericano de escritores que se realiza desde la AHS de Villa Clara, Es miembro del grupo literario Discurso de Eva. Ha trabajado como promotora en el Centro Provincial del Libro y la Literatura de Villa Clara y como librera en La piedra Lunar de Santa Clara. Fue miembro fundador del taller de poesía, La estrella en germen, dirigido por el reconocido poeta Sergio García Zamora.

Imagen de cabecera: Entrada en Jerusalén, de Giotto




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