TEORÍA DEL CONSUELO
Como los olmos que pueblan la olmeda,
consejos vacuos pueblan con amago
de consuelo inventado el velo aciago,
verso que por inercia inverso rueda.
La palabra en la boca se me queda,
con la piel la mastico y me la trago;
roca por fuera fui, por dentro, el lago
que con tesón la complacencia veda.
En lo amargo el remedio forma grumo:
si copio y pego el ánimo del suelo,
la pena es el tabú; la dicha, el humo.
Pero si el fuego amigo entibia el hielo,
el grito más desnudo es el que exhumo:
puedo doler todo el dolor que duelo.
.
Espejismo humano
I
Por no más de ocho entremeses
una décima se canta,
y por sonetos de infanta
se rinden los portugueses.
Tantos son los feligreses
que rezan la poesía.
Por celos y celosía
se inspiran en Galatea,
y hasta el gato que gatea
rima ideal con cortesía.
II
Asonante se salva de su olvido
la silva que se esparce, arromanzada selva.
Desde la misma casa de los cielos,
trota una aurora entera:
lomas de un Rocinante azul desierto,
la sombra escuálida, la viva hebra
que enhebrada al redil se vuelve siempre.
Y aun si nunca volviera;
si el molino no diese harina, sino,
de otro costal, arena;
si la comedia intoxicara el alma.
Si Dulcinea ayer se convirtiera
en la grácil amante liberal
que desmigaja en gajos noches tiernas
y cáscaras de miel, y descorriese
las trenzas de Quiteria con tenue riel de seda;
aun si el formal coloquio de los perros
dictara leyes secas pero honestas;
aun si el mar lloviznase
de buenas a primeras
y la Armada Invencible
tan vencible no fuera;
aun si de vastos campos de Castilla
emergiesen los picos y las crestas
afilándose médulas de esparto,
y pariera con ganas toda sierra
fieras bajo sus faldas
y estrellas de cabeza;
aun si corriera tinta en vez de sangre
y se creyese que lo que libera
no es la salida, sino el cautiverio;
aun si la calle Huertas
nunca se hubiese hendido
y el mundo fuera hembra;
aun si la hidropesía
no inundase poemas
y no hundiese el voquible y el esquife
y no hundiese la pleura y la galera;
aun si el origen fuera la vejez
y la naturaleza, una cualquiera,
en el sol y en su mancha
se podría regar la tierra seca
con la huella y el cuento,
con delirio y novela,
con versos afinados:
versos valientes como dos doncellas,
versos de ruiseñor, ciertos, risueños,
que con ingenio y poca mano izquierda
compone diestro el manco de Lepanto:
reflejo progresivo y voz que puebla,
el espejismo humano sin espejo,
habla inmortal, historia venidera.

Belleza salvavidas
La muerte nunca quiso ser pretexto
para morir la vida y ser vacío.
Se secaron mis poemas en mayo;
cien vocablos en coma nunca fueron
poesía que aún habla de sí misma
por mucho que anhelara yo vivirme.
Colmada de acepciones me abismaba
en la angustia del tránsito,
de tanto pedir tiempo que perder
el corazón se me murió en los brazos.
Tan profunda la fosa,
el manto tan estrecho.
Cómo se abriga al frío de ser frío,
de tanta pena abierta y dilatada.
Sin la fragilidad y sus bondades,
podría transformarse la belleza
en letanía de leyenda urbana.
La belleza que parte en mudo alud,
la belleza vernácula y salitre
es proeza que eleva
con ala blanca el cuerpo desalado.
Belleza que devuelve a mi regazo
esdrújulas sin nombre,
que trae virgulillas de agua fresca
sobre las que navego hasta la orilla.
Por sentirse escuchadas,
me tienden al sol nuevo de las casas
mis olas predilectas;
la lírica me elige por ser boca
y por prestarle boca me alimenta,
como el gato y la lengua
que nutren con retórica y saliva.
Me salva la vida para encontrarla:
el piélago me salva del ahogo;
me afila la piel la belleza tierna
y una estrofa añil me llueve los ojos.
La belleza, que todo lo despierta.
Mándale recuerdos al mar de mi parte
tan cuerdos y alejados como hilvanes:
que cuando busque vida —¡ay, mi muerte!—
sea a mí a quien encuentre.

El revés del derecho
Lo que no se encuentra se busca;
qué es la poesía, sino el encuentro
en la búsqueda de preguntas.
Se busca mundo desaparecido
y lo buscado busca encuentro.
El derecho busca al privilegiado
al tiempo que el dinero busca bolsillo
y el bolsillo busca descosido,
al tiempo que un sombrero busca globo terráqueo,
un zapato roído busca pie entero
y una planta busca raíz, huella y camino.
Una vez busca érase
y la erosión busca cuerpo;
el cuerpo busca cuero, el cuero busca piel
y la piel busca pelo y tierra,
al tiempo que la miel busca abejas extintas,
media naranja busca su doble
y la sangre inocente busca herida abierta
y luego, peros y razones.
Dinosaurio busca asteroide
al tiempo que la prehistoria busca fósiles,
la historia busca repetirse
y las alturas buscan banderas,
al tiempo que el recuerdo busca memoria
y el miedo busca cabeza y ceguera.
Sesera busca dos dedos de frente
y el sentimiento busca el sentir,
al tiempo que la mente busca el sentido
y el sentido busca a Viktor Frankl
en un tiempo en el que el hambre aún busca estómago;
también estómagos buscan las mariposas
que busca de flor en flor la primavera.
Órgano busca hielo y quirófano
y hielo busca invierno,
al tiempo que espermatozoide busca espacio,
carrera espacial busca nave
y cielo busca de las aves su vuelo orgánico,
al tiempo que perro busca pulga
y plástico busca tortuga y escualo.
El fanático busca libertad,
la libertad busca verdad y la verdad busca mentira,
al tiempo que el relente busca piel de gallina
y gallina busca cuchilla y cacerola,
al tiempo que respuesta busca pregunta
y Sevilla busca sombra.
El tic busca al tac,
al tiempo que el tiempo busca reloj,
el error busca sujeto, el sujeto busca predicado
y el predicador busca su fe en la humanidad.
La humanidad busca ser humana
al tiempo que el ser humano se afana en buscar
su final.

El sur ama como una niña
Si fueras casco antiguo,
yo me sentaría en tus peldaños de catedral
y harías el caballito viendo colgar mis fuentes;
los adoquines harían el favor de darse codazos
para que te mirara mirarme
con ojos equinos en los ribetes,
con nuca humedecida en los toldos
y piel seca de luz en la frente.
De niña he crecido a iglesia:
mi sur y el tuyo se enamoran
bajo el altar.
La montaña nunca muere
Mi espejo te refleja en mi cuerpo,
y en mi placenta apagada se crece
la castiza aurora de tu paso ligero,
de tu peso ligero y centinela.
A fuego fuerte recuerdo
la servidumbre hervida,
el puchero desbordando por el lagrimal
de la compasiva paloma
que se guisa la vida
para que otro se la coma.
Hoy llevo los versos a juego
con tu canción de socaire,
voy con el ruego bien asido a las pestañas
como rubor mojado, un ruido
frente a la doméstica imagen
de tus rosas frescas en agua mansa y seca.
Tu esperanza de ser magna en la sombra,
sombra bajo pies tiernos —domicilio del beso—,
era el secreto con la piel más soleada y frágil;
con los brazos de par en par como cuerdas de laúd,
tu silueta azul era la del grácil vencejo
que intuye que un cielo está para volarlo,
que los miedos están para volarlos
por los aires, y no bajo el suelo.
Hoy llevo los versos a juego
con esos mimos tuyos de madre,
voy con el vívido rasgo subido
como savia láctea y madrera
en las níveas copas de los nogales.
A fuerza de sacrificios
se te rompieron las almas una tras otra
como un mar entero gota a gota;
tus sacrificios por la fuerza
sonaban a silencio,
pero pretendían ser herencia:
invisible grito
de mujer a cría,
de cría a mujer que cría,
ante tantos que pasean las cortezas
en busca de la deuda prometida,
del tributo más fuerte del sexo débil.
Hoy llevo los versos a juego
con la febril sequía de tu ayer adulto,
voy con el trazo herido
como el nido que en la cima cura del calor
al volcán inflamado de cruel certeza.
Si no supe que era el adiós
hasta que lo era,
fue porque nunca hubo amor más amor
que el que me dormitaba la niñez
en los bancos de tu iglesia.
Y la montaña por inercia nunca muere.
Si no supe que era el adiós
hasta que lo era,
fue porque espero que algún día,
sin espera ni salvación,
la muerte al fin te dé la vida
que la vida jamás te dio.

De una madre a sus pertenencias
La inconsciencia rasca cielos con uñitas de metal
mientras
olas de cemento ahogan espíritus minúsculos
mientras
la presencia brilla por su ausencia.
Un, dos, tres,
cruje un pesar de la talla de un ciprés atávico.
Sin querer, debo contemplar
cómo en la gracilidad
de tus rasgos animales
la lluvia tibia que lloras
abre surcos de sed:
lánguido tránsito de caracol,
babas de carbón y desamparo mineral.
Cuatro, cinco, seis,
el gneis aún recuerda el fluir rojo
sobre el blanco marfil.
Así te asolan los ciclones de lágrimas
heladas en los cirros
y en los cerros caudal que se desata
como brazo eterno que a veces arrulla
y a veces ávido asfixia.
Siete, ocho, nueve,
la vida silvestre se vuelve muerte
y se encoge asustado el casquete polar ártico.
Como un cofre de oro se me abren las costillas,
puentes de tuétano
de ribera a ribera.
Quisiera guardarte tu marchita existencia
que a otros pronto se les ha negado.
Ayúdame a salvarte del destino
del ave migratoria sin destino
que en el vuelo desfallece.
Diez, once, doce,
la ballena desconoce el dolor
hasta el lamento de su cría,
hasta conocer el arpón.
En mi materia estelar crepita tu materia de ancestro,
y la pertenencia material
infecta con la mortal amnesia
al ser pertenecido,
que juega a ser desterrado,
que juega a los hijos pródigos
y a desoír el frío en parábola.
Trescientos trece, catorce, quince
mil años, estaciones, días,
segundos que respiro por tus poros,
que cuido con tus manos risueñas
que nutro con tu pecho,
que nado en tu abundancia.
Cuando rime la diáspora,
ancla el amor al océano de tu estirpe.
Recuerda tus raíces en mi tierra
mientras
me queden noche y vida para velarlas.

Para llevar
Cuánto tiempo he necesitado
para hacer del tiempo mi pasatiempo.
Ahora lo guardo para llevar,
con tal de echarlo a perder luego
y secarme a gusto con las horas
que en masa me escalan el muslo
como arañas de estar por casa.
Tiempo querido,
cuánto tiempo sin verte.
Entre las piernas: punto depresión
I
El desahucio (,)
araña
de día y de noche:
la noche ha estado cayéndome todos los días
—humedad reducida a una intención,
mera prueba forense—
como un charco color carne;
como un parásito conmovido
la caída me toca con dedos rotos.
Yo no. Mis dedos descansan
más que el sueño,
hibernan
como cría de año bisiesto.
La voz se me quiebra como la voz,
suelta el tiempo un quejido de vieja;
la abeja, su cera para precintar:
es mi cuerpo el precinto de sí mismo.
Mi cuerpo es el único anticuerpo.
II
El desahucio despunta
mañana y tarde y temprano;
la mañana ha estado cayéndome
por dentro y por el final,
y donde había parásito
habita ahora la aberración cromática
que me regresa a la errática intemperie
de un endometrio abierto.
Y entonces, el descuerpo.
La leche seca.
La hembra del hambre despierta;
me olisquea los pies por los que se abre en flor difunta
y a mí lo que más me duele es no doler.
No hay leche, el pecho no sabe
—solo hay lágrima sola con hielo—.
La aberración mínima
me acompaña la boca de por vida,
y de por muerte me deriva la ría láctea;
el porvenir sería pues el páramo que se despeja de mí
como la regla que despeja la equis,
como la fiebre que despeja la frente.
III
De nada me suena el futuro,
la verdad.
Solo es otra palabra más
que empieza por efe,
un diseño vanguardista.
O ni eso. Yo ni eso que empiezo por y
parezco. Sola padezco hasta que me termino.
Y nadie lo sabe hasta que lo sabe.
¿Quién lo iba a saber sin haber sido
habitación para este huésped?
Ojalá que nunca nadie.
Pero no estoy triste;
no estoy, aunque tenga los andares de un insecto.
No sigo ocupando aire
porque no haya costillas que me amparen,
algunas veces, la amarga carga que cuelga
sin soltarse.
La nada entera.
¿Puedo todavía acumularme
en el núcleo de lo crudo
o se ha hecho tarde?
Queda una mismidad en la que me recojo:
dolía tanto que ya no duele.
Lo comprendo todo:
la sangre no derramaba la herida.
El daño era estar desprotegida;
la era de la esperanza será siempre
el oro en paño.
Desde el desahucio ya no hago el amor.
Solo hago el miedo.

Alicia Zapata es traductora y correctora, originaria de Jerez de la Frontera y residente en Barcelona. Su primer poemario, Querida bestialidad, se inspira en sus viajes por Europa y Australia, y se encuentra a la espera de resolución de diversos certámenes. En julio de 2021, se le otorgó el primer premio del X Certamen Internacional de Poesía «Yolanda Sáenz de Tejada» por el poema Ida y devenida y en noviembre del 2021 formó parte del programa y la antología del VII Festival Internacional de Poesía de Madrid. Asimismo, participa con frecuencia en talleres y cursos de creación poética y escribe ‘palabrillas sueltas’ en su cuenta de Instagram @poetáneadeltodo


One thought on “Alicia Zapata: ‘Teoría del consuelo’ y otros poemas”
Juan C. Martínez Restrepo 15/04/2022 at 11:14 pm
Es de bello valor leer a una poeta Médium de unos versos que nos evocan antiguas glorias de un Cervantes vigente. Y allí el Espíritu navegante, donde el Mástil parlotea la gaviota de los aires.