Enrique Sánchez Hernani

Enrique Sánchez Hernani: ‘Madrugada con pájaros’ y otros poemas

Tiberíades agradece al destacado poeta peruano Enrique Sánchez Hernani su disposición para que nuestra revista difunda algunos de sus poemas contenidos en el libro ‘Parábola de las ideas impuras’ (Fondo Editorial Cultura Peruana, Lima, 2021). La selección ha sido hecha por el poeta A. P. Alencart, presidente de Tiberíades.

 

MADRUGADA CON PÁJAROS

Desde la mañana incierta donde cojo tu recuerdo
y lo pongo sobre el tablero áspero de mi mesa
cuando la luz se abre paso con alguna dificultad
casi renga y desamparada
yo te saludo primer pájaro del alba
te hago una venia y reconstruyo tu figura al vuelo
sobre una página inmaculada
para que no te enfermes nunca
para que me cantes siempre muy despacio
cerca del oído del mundo
para que cualquier estruendo se disipe pronto
y solo podamos ver el fulgor de tu plumaje
agitándose entre esas palabras
que hoy se alejan tan precarias:
valor y refugio
sanación y beatitud
y que son las que en verdad necesitamos
para que siempre regrese el bullicio
de aquellos que han sanado
con su iluminado candor
con todo su regocijo
ahora y en la hora de tu vuelo definitivo.

 

Pájaros, de Miguel Elías

CONTEMPLACIÓN DE LOS APETITOS

Amo tu boca en la que se esconde el pez
que cogiste en el río
convenientemente aderezado
y con la pizca de azúcar
que tu lengua le pone encima.

Amo tus labios que se empapan
con el aliño de las ensaladas
por donde navegan pequeños pimientos
pero también algunas estrellas diminutas
y todo un cortejo de miel de tilo.

Amo tu lengua porque simplemente paladea
los arándanos y su avena
porque busca tenazmente las enzimas
con las que transforma las hortalizas
en una vida provechosa
así se cubra de relucientes lagos de saliva
pues creo que de esa manera luce excitante
para la portada de la revista aquella
donde muy pronto aparecerá
mostrando toda su carne compasiva
y el esplendor de sus papilas.

Amo esos labios que descubren
tus dientes magníficos
incluso cuando me muerdes
aún cuando arrancas trozos de mí
para mejorar tu dieta.

Amo tu boca cuando pronuncia mi nombre
y lo convierte en un exótico menú
apetito carnal de las últimas horas del día
todo en ascuas todo con azufre todo a vapor
sin ninguna nube que enturbie
mi contemplación de la sangre que gotea
desde mi boca hacia la tuya.

Mas no tolero la sevicia con la que aceitas
mi turbio corazón cuando te apetece
lánguida deidad de la furia digestiva
pues insistes en usarme como un bocadillo
en los insípidos convites
donde haces rodar mantel abajo
a todos los seres sometidos a tu canibalismo.

 

Pintura de Isabel Lhano

UN DESCONOCIDO ME SUSURRA AFORISMOS

Algunos piensan que todo lo que he escrito
son invenciones exageradas y hasta calumniosas
una coartada inútil para que los demás consideren
de algún beneficio mi afición a soportar cadáveres ajenos
como si llevar el mío a cuestas no fuese suficiente
el cual —la verdad
hasta baila pasodobles
como un comediante a punto de saltar del escenario.
Mas puede ser que la gente tenga alguna razón
pero las ánimas vecinas me acosan
no me sueltan el faldón del traje
y me dictan sus desamparadas frases al oído
obligándome a sacar cuentas inverosímiles
a fin de distraer sus ímpetus.
Entonces cojo una libreta y apunto:
cuánta música puede contener un guarismo
cuántos palillos de fósforos caben
en la testa de los ángeles
cuantas cerezas entran por tu boca
y salen convertidas en un beso ácido
a qué prisión es destinado el clérigo
que traspapela el tiempo
entre las plegarias oblicuas de su breviario
a dónde van los devotos que creen
que estas cosas son expresión de la cólera divina
y que les sanarán las úlceras.
Pero todo se ha vuelto inútil y solo me queda rogar
piedad
al artista supremo que vigila el paño que me cubre
mientras continúo anotando versos en medio
de un abandonado campo de fútbol
que me ayudan a espigar las mentiras
con las que me topo
como aquella de la fatal fusión atómica
o el camino inevitable de las guerras
esas invenciones que nos mantienen inertes
en medio de una soez barbarie.
Pero si eso no ocurre pronto
dejaré a su aire las fustas de mi cólera
entonces qué será de ti y de tus ingenuas excusas
vulgar dictador del universo.

 

Iván Fernández-Dávila Ocampo, Crucifixión

 

ACCIÓN & RESISTENCIA DE LA MISERICORDIA

i.

Una historia virtuosa es como un gran aerolito
sin destino que pasa iluminando el porvenir
aunque en otros tiempos se le atribuía
sucesos temibles
ocultos en el roce que dejaba
su larga herida de luz
en el firmamento sombrío
mas hoy el augur es solo un ave
de colores prudentes
dando curvas en un cielo sofocado por satélites
que respiran
aunque a punto de convertirse en basura espacial.

ii.

Una historia cabalmente más digna
puede ser la de una gran ballena boreal
intentando romper los hielos del Ártico
y mucha gente dándole vivas al gigante marino
para que escape y pueda dividir las aguas
congeladas
de la necia actitud humana de tenerlo todo
bajo el control de su voluntad inepta
pero si la lección no es tomada en cuenta
todo volverá al suplicio de la inválida vida diaria.

iii.

Hay otros modelos más nobles. Está aquella mujer
que acerca un plato de leche puntual a la ventana
por donde pasará un gato albino
el mismo sigiloso animal que se aproxima
siempre a una hora idéntica
sin tener nada más en común con la matrona
que esa bandeja de tibia iluminación
en la penumbra añil
apenas alumbrada por la Luna.
Nunca estará usted sola señora generosa:
vuestro gato nómade volverá al siguiente día
como un saludo cordial y exacto
en medio de una multitud de pájaros desconocidos
quince minutos después de que las camelias
echen raíces en las macetas de su patio
y cuando la compasión se arremoline en vuestra puerta
buscando tocar vuestra mano
de rodillas.

 

STÍTULO Ivo Machado 2021

APARICIÓN DE LA POESÍA

El joven Xué Tú alza la mano
y pregunta con mansa simplicidad
cómo se hace para meter los corceles irritados
de sus sueños entre las páginas esquivas
del libro que viene escribiendo

si acaso tiene que darle la hierba de sus versos
directamente en los belfos del animal
o hacer que el noble caballo galope
sin medida ni sintaxis sobre el atolondrado
pastizal de sus glosas imperfectas
y que finalmente sea el soplo de sus ollares
el que module el viento de sus composiciones.

No hay que hacer nada de eso
le repongo muy inseguro con solo pensar
que en mis libros nunca se ha oído el galope
de ser cuadrúpedo alguno
y tampoco recuerdo que mis estrofas
hayan sido mordidas por tozudos alazanes
y menos por Pegaso alguno.

Solo tímidamente alguna vez
pudo haber pasado entre los verbos que utilizo
un enjambre excitado de libélulas
haciendo un ruido insoportable y acallando
con sus violines en pleno pizzicato
las fallas de concordancia musical
de mis pobres letrillas asonantes.

Pero al aprendiz le urge una respuesta
y vuelvo a decirle que no precisa de redobles
o puestas en escena que atraigan el escándalo
para seguir construyendo lo que él necesita:
el arduo camino que lo conduzca hacia los maestros.

Miro el cielo tras quedarme en babia
y lo veo como una pared resobada con cal
donde todos dudan en escribir algo
que tenga cierto tino
o por lo menos un poco de gracia
muy difícilmente una pizca de sabiduría.

Todo se reduce a esta implacable certeza:
las páginas de un nuevo libro
son un largo muro por donde aún no ha soplado
el viento divino de ser alado alguno
y si se mantiene intacto es gracias a las dudas
y a la falta de coraje de los atónitos escribas
pero según pasan los días
en sus dedos ya no tiemblan
las palabras inexpertas sino un duro cincel
con el cual buscan derrumbar el antiguo muro
que hasta hoy habíamos venerado
al parecer sin ningún propósito para el futuro.

Luis Cabrera Hernándes, Contagio. 100 x 70 cm. Tinta, témpera, acrílico y acuarela papel

LA FATALIDAD VA DE PASEO

Este es el largo camino cubierto de hojas doradas
que arrasa con tus sueños y los vuelca
como un tarro de desperdicios en mitad de la avenida

este es el indestructible tubo de plástico enfermo
por donde podríamos mirar la vida desde hoy
con su breve luz con su hollín y sus maromas

este es el mar verdoso que baila una música insoluble
y que tiene atadas las rodillas a erizos y medusas
para que las muchachas no puedan mojar sus enaguas

este es el desierto donde crecen unos árboles invisibles
que a nadie dejan contento pero que vomitan
un breve tifón de moléculas de polvo para olvidar

este es el cielo gris y jodidamente mórbido
que más parece el toldo funesto de un nosocomio
para enfermos incurables que siempre se santiguan

esta es la nueva forma de dar los buenos días
cuando hay pocas esperanzas de que amanezca
porque hoy apenas llueva tal vez se arruine mi apellido.

Dado que acaecen todas estas innobles circunstancias
entonces yo te saludo fiebre del vendaval
disparando una fogata / sin hacer ningún ruido

para evitar luego las cicatrices y sus lamentos
para que no me mire mal usted dama del sombrero índigo
aquella con la tez de durazno y las uvas en los labios

solo me hace falta un poco de viento y mi chaqueta azul
usted bien lo sabe
usted bien
lo sabe todo.

 

Mi Sagrada Familia. Carlos Contramaestre, circa 1982

UN DÍA OPACO ANTE UN MACETERO AZUL

Tú eres apenas un arbusto que lucha
para llevar sus peciolos lo más lejos
del contorno ocre de su recipiente de barro

yo un confundido ser humano
que te observa crecer sobre tus tímidas raigambres
mientras metódicamente vas desechando
tus flores limpias por fuera de la ventana
igual que a mis palabras.

No sé por qué te hablo entonces
si tu inmovilidad apenas puede ser modificada
por la postura del sol o la brisa que aparta
tus ramas secas

no sé por qué sigo con este monólogo
si yo debiera estar frente a la bailarina del bar
que visitaba junto a los otros forasteros
con el solo propósito de ver morir la tarde
sobre las botellas verdes
y también sobre las más opacas.

Quizá te hablo porque ahora lo único que te mueve
somos nosotros: seres humanos débiles
echando espuma cuando ya no queda más tiempo

te converso entonces para no pensar en otra cosa
que darte mis menguadas palabras
solo por ver si vamos a vivir un poco más
que el próximo brote de estas camelias
que se alejan dan un giro estelar y no vuelven nunca.

Plegaria, Juan Secaira

TEATRO DE LA ESPERANZA

Mi amiga
la de los rizos sencillos
como finos espirales de champaña que se balancean
en un columpio con el susurro de ese aire insípido
previo a las tormentas
espera sentada en una silla
en medio de la calle para ser la primera
en ver acercarse al nuevo día
o quizá no espera nada y esto es un espejismo.

Desde ese lugar tan plano avista grandes carruajes
que vienen a recogerla haciendo pitar sus sirenas
mientras sus nervios le susurran canciones perdidas.
Ve también una larga hilera de monjes tonsurados
que salmodian mantras tibetanos
y observa caer una bandada de pájaros
sobre la curva que los lleva fuera del desierto
pero nada le impide ver todavía
los faros de los autos que se deshacen en sus manos
mientras ella los teje cruzando hilos de colores perfectos
en medio de la autopista
sin que nadie la atropelle nunca pues de sus ojos
cae la luz que dirige todo ese duro tráfico.

A mi amiga
la de los rizos amarillos
le palpitan los dedos mientras acomoda su collar
de cuentas muy rojizas
que le divide el cuello como una cicatriz vencida.
Para moverse necesita de un ayudante de cámara
o tal vez de un coro de modernos trovadores
pues por la mañana entona pastorelas provenzales
mientras se acomoda en su silla de lona
y besa a los hombres que se le acercan
al concluir la filmación para darle los buenos días.
Entonces muy complacida les repite:
“Aquellas estaciones sí que serán piadosas”
pensando en el tiempo que tarde o temprano
habrá de hacer su debut con su traje nuevo.

 

Los poetas Enrique Sánchez Hernani, Isabel Mata Bazán y Alfredo Pérez Alencart, en la librería Lancom (Miraflores)

Enrique Sánchez Hernani (Lima, 1953) integró la denominada Generación del 75. Fundó, junto a otros jóvenes poetas, el grupo La Sagrada Familia en 1977. Tuvo una intensa actividad poética y fue editor de fanzines literarios. Ha hecho carrera como periodista en destacados medios escritos peruanos como La República, El Comercio, Expreso, El Peruano y Página Libre, entre otros. Ha publicado ensayos, crítica literaria, columnas sobre música del Caribe, crónicas y reportajes. Lleva publicados doce libros de poemas. Los más recientes son las antologías de su obra: Catálogo del maestro de obras (Lima, 2017), Taller de maestranza (Bogotá, 2018) y El estruendo de las cosas (Nueva York-Salem, 2018). Además, ha publicado un libro con sus crónicas y perfiles literarios: La manía de escribir (Lima, 2017).  Sus poemas han sido recogidos en una treintena de antologías nacionales e internacionales y en revistas especializadas de América Latina y los Estados Unidos. Recibió el Premio Luces del diario El Comercio, de Lima, al Mejor Libro de Poesía del año 2011, por ‘Quise decir adiós’. Es coordinador nacional para el Perú del Movimiento Poético Mundial.




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