Joselo Barazorda

Pájaros del Madre de Dios (I)

Magníficas imágenes las que logra ‘cazar’ Joselo Barazorda (Puerto Maldonado, Madre de Dios, 1988), un magnífico fotógrafo y con casi tres lustros de experiencia como guía de turistas por las selvas y ríos del Madre de Dios. Hasta hace unas semanas no sabía de sus logros: fue mi hermano Salomón quien, durante mi visita al terruño natal, me enseñó dos fotos de colibríes en pleno vuelo, las cuales mucho me impactaron. Le pedí autorización para publicarlas con un poema del libro ‘Madre Selva’, a lo cual accedió, añadiendo a su mensaje: “…No tengo la oportunidad de conocerlo, señor Alfredo. Escuché mucho sobre usted desde que era un niño, en mi querido colegio Guillermo Billinghurst (CNB). Es un halago y reconocimiento para mí que una persona como usted aprecie mi trabajo. Dios lo bendiga”.

Pues como el Amado galileo es el Poeta Mayor del Reino, claro que me bendice, pero, sobre todo, me impele a reconocer los aportes de todos, sin envidias, sin desdenes. Así lo he venido haciendo (y seguiré) con la maestría fotográfica de Pavel Martiarena. Así lo hago ahora con Joselo. En tal sentido, he seleccionado unas primeras fotos sobre la variedad de pájaros de mi selva, captados por las cámaras de Joselo Barazorda, quien ha participado en varios eventos fotográficos celebrados en Iquitos (Selva norte) y Madre de Dios (Selva sur) de mi Perú primero.

Habrá más entregas con fotos de este paisano que escuchaba mi nombre en el mismo colegio donde culminé mis estudios secundarios, allá por 1978 y dentro de la Promoción Eduardo Rodríguez Torres, llamada así en honor a nuestro entrañable profesor de música: el profesor Educo.

Y como reconocimiento a las fotos, dejo conocer un poema publicado en mi libro PÁJAROS BAJO LA PIEL DEL ALMA, editado con pinturas de mi amigo-hermano Miguel Elías.

 Alfredo Pérez Alencart

PÁJAROS QUE ME ALIMENTARON

Porque comí del pico de los pájaros,
sé que no hay engaño en su fantasía
cuando están por el trapecio de la lluvia
o rompiendo mortajas del tosco día.

De una selva donde no hay barrotes
bajaban con semillas a mi boca,
para que así creciera con los asombros
que todavía ahora me alimentan.

Por comarcas recónditas echaban
frutos sobre mis famélicas palabras,
como queriendo traspasarme
la recolección de sus cadencias.

¡Vida, color, tiempo, mundo, aire…
en la hermosura de unos pájaros
que me donaron todos sus cantos!

Alfredo Pérez Alencart

Joselo Barazorda ‘cazado’ por Bellota V. Ederson



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