HE NADADO EN TUS AGUAS
Al nadar me sumerjo en ti, en tu respiración,
inhalo con fuerza hasta sentir el contacto
del agua tibia en mi piel, en la parte menos profunda
del amor, ahí donde inclino mis emociones,
los movimientos del mar, para quererte mucho más,
y veo demarcadas dos líneas de la razón
que me inducen a hundirme más.
Esa sombra a lo lejos se parece más a tus distancias,
me desplazo hacia ti percibiendo el roce del agua
entre mis piernas, mi cuerpo se adhiere con suavidad
a tus escamas, a tus esferas, a tu piel
con movimientos delicados, con la timidez de quien
abraza a un ser que ama por primera vez.
Merodeo en tu espesura en un ir y venir,
contemplo cada roce de tu cabello ya casi desvanecida,
tu lentitud me alcanza, ya casi soy toda mi cuerpo.
Soy también una boca entreabierta que ingresa el agua
atiborrada de besos, cada vez más prolongados.
Son besos delicados, cargados de sueños
y mi cuerpo se enaltece compenetrado en el abismo
de ese adorado ímpetu,
las manos danzantes en movimientos sutiles,
delinean formas sólo existentes para mí,
perciben la ternura infinita.
Mis dedos se entrelazan en acompañamientos cómplices
con la sutiliza en el oleaje que el agua otorga,
mis poros reciben su magnetismo,
generan sensaciones de placer infinito en la inmensidad,
mi ser clama con fuerza.
El movimiento firme de mis pies impregna velocidad,
mis brazos se extienden con fortaleza abarcándolo todo,
los pies son turbinas, las manos remos endurecidos,
mi torso se torna rígido, la sangre corre
libre como un río de fuego, la energía acumulada en mi vientre
se libera en gemidos.
Llega la calma, retomo el ritmo en la placidez de la entrega,
las burbujas juguetean, el cuerpo flotante por encima del agua
se recuesta en ella, resguarda su nombre acústico en mi mente,
la sangre aquietante, la respiración imperceptible.
La complacencia me invade, cómplice soy silenciosa
y guerrera;
todo se despoja de censuras e inhibiciones desatinadas;
a lo lejos, el reloj, he nadado en tus aguas,
en mi amado.
Ni mis ojos pueden creerlo, se torna difícil describir
los paisajes sobre el puerto, el mar, las playas,
transitan seres vestidos, desnudos,
semidesnudos, el sol tonifica el cuerpo meciéndolo
en un estado de adormecimiento sutil.
Montañas y desiertos, con su roca nublo suspendida sobre
otra gran piedra que la eleva entre las nubes en poblaciones
tapizadas,
en alfombras de sales marinas tinturadas,
eres mi acompañante en esta isla misteriosa, estás ahí,
con tu brío de aguas tumultuosas,
que al romper contra los acantilados vertiginosos
produce estallidos de mar.
ALEGRO
Espalda que sugiere posar unas manos
recorrer la columna cual teclado,
efectos sonoros, cadenas melódicas
se deslizan en líneas de armonía.
Eres tú quien invita al goce,
concentras los sonidos piano-forte.
Revivir lo vivido –y a través de este registro–
escribir una sinfonía a un ser anclado en un sofá.
Partituras escritas en sensaciones
perforan las tarjetas para pianola,
como los besos cotidianos o las palabras.
El antídoto, filigranas que marcan la hondonada,
sellos que etiquetan territorios corporales.
Cambio de compás, percusión y vientos,
las flautas piccolo sobresalen.
Los sonidos congelan atardeceres cobrizos,
guardan el timbre de nuestra voz.
Al suspirar esta sinfonía,
los objetos adquieren un tempo inesperado.
Estás ahí, en mí, aún en el inconcluso.
Me detengo en tu recuerdo
para petrificar los momentos compartidos,
escalo tus peñascos, taladro cimientos,
busco tu estructura sitiada,
levito entre celajes que me conducen
a lo inexplorado de mis anhelos.
El fluir de las notas levanta las cuerdas,
ondas sonoras suspendidas en el devenir,
historias encarnadas en aquel cuerpo
que posee su propio lenguaje.
El transitar nos situó en el sendero de los artesanos,
la multitud danzante, la música dispersa.
La complicidad de un objeto en tu cuello
ata el vacío que nos invade.
No importa qué tanto se ha tenido hambre
una migaja es un manjar, más aún
si es un trozo de corazón.
Resistirme al asomo del desencanto
que oscurece cuando
Lucho por encontrar el desafuero oculto,
el lirio en el sofá esperándome,
me resisto a que vengas en soplos de ausencia,
el violín hace estacatto
sonoridad más grave en clave de sol.

MI SEÑOR
Ha partido hoy a un pueblo lejano. Ella lo llama desde
la profundidad de sus sueños, en la ausencia de su
esposo su deseo se atreve con él a extrañas fantasías.
En la carretera lo detienen unos hombres armados,
bajo su abuso de poder le interrogan. Él indignado
no responde, se resiste a su omnipotencia. Al revisar
su vehículo, descubren que es evangélico, también el
nombre del pueblo al que se dirige. Le señalan de
haber sido el hombre que la noche anterior lanzó
piedras a la estatua de la Virgen de ese pueblo.
Uno de los hombres trae un lazo de cabuya con
una medida, toma el pie del evangélico y arquea
su zapato. «Es igual, es él». Una pistola le ponen en su
cabeza para que confiese. Él mira sin parpadear a ese
hombre que lo amenaza y articula sin temblar. «Déjeme
orar, si Dios permite que usted me mate, me lo dirá».
Se pliega de rodillas, baja la mirada y en silencio
ora. Son varios minutos interminables para ese
hombre armado. En estado de meditación alza
la cara, de rodillas mira a ese hombre. «Mi señor lo
permite». Tres disparos fulminantes impactan su cabeza.
Ella sabe que así sucedió, un desconocido se lo contó
esa misma noche. «Matan todos los días, en un mes
van más de cuarenta, se movilizan en una camioneta
blanca, la llaman La última lágrima. No paran, día
a día asesinan, salen en la madrugada y aunque las
autoridades lo saben, no los capturan».
Está cansada de repetirlo, nadie le cree o, si le creen,
de nada sirve. Le arrebataron la vida. Han pasado
más de diez años y el proceso se archivó, expediente
donde reposa el acta del levantamiento de cadáver
y un informe de policía judicial de una página que
concluye: No fue posible identificar a los autores del hecho,
pese a las indagaciones realizadas.

FINALE PRESTO
Rosas de mar en medio de la playa incólume
torturaban la indecisión noche tras noche.
Soy un trazo enmarcado en un fondo blanco de deseos.
Delirio sombrío, supuestos corporales.
Vuelvo a sumergirme en mi substancia,
no sé dónde están mis antepasados
suicidios vedados.
La historia se torna en mentora,
remordimientos en tu regazo
sin respuestas, ventilar recelos,
la clarividencia sale a pasear.
El enigma ingresa como hálito a las entrañas,
un nuevo vivir se impregna en la epidermis,
nos detenemos a observar lo no observado,
en tu inconsciente el mundo externo es más real,
el caos llega a ti.
Son bellas aquellas criaturas en la arena,
sus ojos opacos no alcanzan a ver el horizonte
se ven colmadas, extasiadas con el mar que anhelaban,
tienes una fortuna al poder tan solo observarlas.
Me agobia el amor, no es una noche fácil,
tengo dos ausencias, la de mis padres y la tuya,
ellos me custodian en su dimensión
y tú, en tu refugio.
Fortaleza que se descorcha para liberar las dudas.
Gran parte de la vida nos pasamos reviviendo,
ahora solo quiero compartir lo que resta,
olvido todo, improviso más de lo que puedo
no temo, aunque es ineptitud no temer.
En esta noche de brisa, tras mi espalda
una anciana recuenta su historia.
Entre lo imaginado y lo vivido,
ha dejado de existir el abismo,
aprehendo el cristal de tu esencia,
si logro llegar allí permaneceré en partículas.
En el deferir dejamos de batirnos en duelo,
la pasión aquietada durante años sombríos
vuelve con su trampa. Tu mirada integra
frases posadas en relatos que enuncian traiciones.
Sentirse amado por un ser que se levanta del sofá,
la presencia latente agudiza los sentidos
remarca la falta del piano en este lugar,
añoro escucharte tocar al compás de mar.
Las corcheas se mecerían en tu pentagrama,
los escucho en un paraje inexplorado de mi vida,
tomo un atajo que marcará el presagio de nuestros deseos.
El oído capta las notas, aquel do que eras tú,
que era yo, el fuego en la chimenea,
tejidos en hilos de frivolidad nuestros cuerpos
calcan la partitura de lo que somos.

Abogada colombiana, penalista y docente universitaria. Escritora de libros de jurídicos y literarios. En su formación académica además de ser abogada titulada, cuenta con un postdoctorado en Políticas Públicas y Paz Social, un Doctorado en Educación, Maestría en Ciencias Penales y varias especializaciones. Autora de los libros de poesía Los cuatro círculos (2016), Sinfonía para un ser anclado en un sofá (2018) publicado en tres idiomas. El círculo perverso de Eric (novela, 2016), Las lenguas cortadas (relatos, 2017) traducido al francés, inglés y alemán, La muerte y Los perros (novela corta, 2019), El tercer crimen (relatos, 2020), Las astillas del deseo (cuentos, 2021).

