António Salvado

‘Tambores en el abismo – un singular itinerario lírico de José Alfredo Pérez Alencar

Tiberíades agradece al joven poeta José Alfredo Pérez Alencar por permitirnos publicar, en primicia, el prólogo escrito por el notable poeta lusitano António Salvado. Su libro ‘Tambores no abismo / Tambores en el abismo), saldrá en edición bilingüe portugués-español, bajo el sello de Editora Labirinto (Fafe, Portugal), dirigido por Joao Artur Pinto, y en la Colección Contramaré, coordinada por el poeta Victor Oliveira Mateus. La traducción al portugués ha sido realizada por la poeta y ensayista Leocádia Regalo, residente en Coimbra. Las pinturas de portada y de las portadillas interiores son de Miguel Elías.  José Alfredo, como anticipo de sus poemas, dice así de la misma: “Mi poesía toca el corazón y la lealtad con lo expresado. Mi poesía, el peso de ella, también se regocija en mi sexto sentido indefinido”. En portugués: “A minha poesia toca o coração e a lealdade com o que expressa. A mina poesía, o peso dela, tambémse regozija no meu sexto sentido indefinido”

 

TAMBORES EN EL ABISMO – UN SINGULAR ITINERARIO LÍRICO

DE JOSÉ ALFREDO PÉREZ ALENCAR

Cuatro partes (o capítulos, pues un eje de cierto modo narrativo los aproxima), constituyen el cuerpo multiforme, pero abarcadamente unificador, de este libro de José Alfredo Pérez Alencar.

Y bien por la focalización o por el abordaje (aunque breve) que sobre el mismo haremos, se materializará la idea de que estamos ante un irradiante ejemplo de originalidad creadora indiscutible. Para comenzar, señalemos algunas de las coordenadas que, no obstante, la aludida multiplicidad, unifican la sustancia que el propio título de la obra encierra. En estos términos, apuntemos la construcción sintagmática del verso (de los versos), en la edificación muy positiva de la dicción acompañando el desarrollo del poema; esto es del despliegue explícito del contenido del poema (que no exige descodificación, salvo excepciones), consolidando atmósferas temáticas de significativa dimensión. En fin, también destaca la fuerza inspiradora que modela el mensaje, bien en textos cortos o bien en textos de amplia extensión. Resumiendo: los susurros, algo líricos, algo dramáticos (estos últimos atraídos por la presencia de la muerte o por la insistencia de desencantos), desdoblan (desdoblarán) el itinerario diario del poeta, bien por ser escuchados y asimilados en lo profundo de su alma expectante, sufrida y complaciente. Y estemos de acuerdo que nunca un título de libro se vinculó con tanta justeza al contendido del propio libro.

Auténtica genealogía de la sangre podríamos llamar a la primera parte de este libro: «De la madre, del padre y del abuelo». Indudablemente, los poemas consagrados a la madre adquieren grandeza emotiva y explanación sentimental de la más alta exaltación amorosa, con su timbre antológico de doradas páginas. Madre que partió hacia “el otro lado de la vida que es la muerte”, como diría Rainer Maria Rilke, evitándose, pues, en esa partida, el romper el abrazo eterno entre madre e hijo. Llegan a lo profundo en el lector los atributos o epítetos caracterizadores del retrato de esa Amada, y, pero no en último lugar, la certeza de la acogida (terrenal y espiritual) y la leve despedida imposible de realizar… ¡Qué maravilloso el fluir de la marea que nunca baja!… Y, en la referida liturgia, el mucho amor por el padre, habitante de dos mundos, peregrino-poeta de todos los caminos de la vida; o el abuelo, largamente evocado y de presencia constante en la memoria, en los sentimientos y en las experiencias comunes, todo convergiendo en una unión inquebrantable.

Retrato de José Alfredo Pérez Alencar, de Miguel Elías

«De la pasión y sus vicisitudes» es el título que conforma la segunda parte del libro. Conjunto a ser facetado, en su oculto sincronismo temporal, una historia de amor, una conexión pasional repartida en encuentros y desencuentros. Hay, en ese pequeño florilegio, algunas cadencias que se aproximas al hebraico Cantar de los Cantares en ciertos aspectos, cuando, principalmente, se entrega al amor con el alma de un soneto eterno o cuando la servidumbre del amor se imprime en la piel del ser amado, o cuando sucede un cierto sentido de permanencia… En todo lo demás, ésta «De la pasión y sus vicisitudes» es lineamiento sin paralelo. Idilio de amor juvenil, bien pronto en la búsqueda de comodidad, siente que el propio sentimiento (mutuo) es un arma de doble filo., de partidas y de llegadas, de calor y de frío, donde ganará voz el erotismo pasajero y resguardado, reflejado en caricias sobre la piel, en susurros besados, pero culminado en la línea del horizonte de un triste colorido por el irreconciliable alejamiento que, al final y por el devenir del tiempo, fue capaz de quebrar el furos de la primera mirada, de dejar que se aleje el propio contorno de la soledad. Y de esa historia quedará relazada la imposible reconstrucción de la figura amada y desamada, y de los respectivos impulsos de los sentidos. Y que el amor, revela otro lugar.

El carácter meramente denotativo, circunstancial y transitorio de algunos poemas de la tercera parte de este libro («Homenajes y versos de la intemperie», «El día en que nos erigimos como contención», «En los aledaños del trono celestial», «Aquellos tres de mi infancia», «Sumido en ti»), nada acrecientan la obra en lo que a calidad literaria se refiere, pero evidencian el aprecio del poeta por ciertas figuras, monumentos y atracciones que han sido parte de su vida. Aquí surgen, una vez más, los relámpagos de la intemperie aclarado por sentimientos que ya no afloran o que se diluyeron en el brillo de una mirada que fue instante tonificador por la irracionalidad cubriendo el transcurso cotidiano; por la concienciada ilusión de vivencias pasadas convertidas en desilusión; por las brumosas luchas internas avasallantes, consustanciadas en un despertar sin provenir; castigadas por injustas sentencias de lejanos jueces, haciendo imposible el encuentro de la senda que conduzca a la serenidad. Además, hay un poema de esta tercera parte, «Caballo de Troya», que exige una minuciosa atención en su humus metafísico, de cristalinas sorpresas.

Y estamos en la última parte del libro «Nos esperamos el uno al otro», un conjunto de textos no residual que reaviva el lazo vinculado a los tonos poemáticos anteriores. ¿Interrogar a alguien? ¿Y para qué? ¿Será que ese enigmático alguien nos revelará la luz que ilumina el tiempo? ¿Será que ese alguien, sin tallarse en el abismo, sí contendrá la luz iluminadora del tiempo? Al poeta quedará saborear los frutos prohibidos surgidos antes de su propio nacimiento, o susurrar a las estrellas, cantando los eternos secretos de su existencia. Entonces, que todavía se aspire a vislumbrar un puerto, ya no terrenal, más bien alejado de cualquier temporalidad, se constituye como una puerta abierta para el encuentro mediante la fe. Y en el extenso, profundo, fulgurante y plurívoco poema «Aún no es nuestro momento» se corporiza el examen de conciencia en relación al follaje del árbol de la vida, el conocimiento puro de la amistad para sobreponerse finalmente, aunque en muchas ocasiones de forma equivocada, a los desencantos y a los desengaños de la llamada vida, a la florecida mesa de la soledad aguardando el eterno retorno. Todo habrá sido exceso: en el azar, en el ocaso, en la imposibilidad del milagro, en la espera que no exista distancia entre la ansiedad compartida por dos. Es así que, ante la vacilación, se formule (o se sueñe con) el acogimiento que, como consecuencia de la incertidumbre, se admita la compañía. En otras palabras: el vaso que estaba lleno se va vaciando.

António Salvado

José Alfredo Pérez Alencart, con la traductora Leocádia Regalo y el editor Joao Artur Pinto, en Leiría (foto de Cristina Vale)

TAMBORES NO ABISMO – UM SINGULAR ITINERÁRIO LÍRICO

DE JOSÉ ALFREDO PÉREZ ALENCAR

Quatro partes (ou capítulos, se quisermos, pois um eixo de certo modo narrativo as aproxima) constituem o corpo multiforme, mais abrangentemente unificador, deste livro de José Alfredo Pérez Alencar.

E pela focalização ou pela abordagem (embora breves) que ao mesmo faremos, se materializará a ideia de que estamos perante um irradiante exemplo de originalidade criadora indiscutível. Entretanto, assinalemos algumas das coordenadas que, apesar da aludida multiplicidade, unificam a substância que o próprio título da obra encerra. Nestes termos, apontemos a construção sintagmática do verso (dos versos) no edificar muito positivo da dicção a acompanhar o desenvolvimento do poema, isto é, do desenrolar explícito do conteúdo do poema, em não escondido propósito de clareza. E, depois, a expressividade intrínseca do discurso (não raramente a exigir descodificação) a consolidar atmosferas temáticas de assinalável dimensão. Enfim, e também, a força inspiradora que modela mensagem em texto ora curto, ora em texto de quase prolixo comprimento. Resumindo: os murmúrios, algo líricos, algo dramáticos (estes últimos atraídos pela presença da morte ou pela insistência de desencantos), desdobram (desdobraram) o itinerário diário do poeta, bem ouvidos e assimilados lá bem no fundo da sua alma expectante, sofredora e complacente. E convenhamos que nunca um título de livro se ligou com tanta justeza ao conteúdo desse mesmo livro.

Autêntica genealogia do sangue poderíamos chamar à primeira parte deste livro: «De la madre, del padre y del abuelo». Indubitavelmente, os poemas consagrados à mãe adquirem grandeza emotiva e explanação sentimental da mais alta exaltação amorosa, com seu timbre antológico de douradas páginas. Mãe que partiu para «o outro lado da vida que é a morte», como diria Rainer Maria Rilke, evitando-se, pois, nessa partida, o quebrar do abraço eterno entre mãe e filho. Caem fundo no leitor os atributos ou epítetos caracterizadores do retrato dessa Amada e, mas não em último lugar, a certeza do acolhimento (terreno e espiritual) e a ténue despedida impossível de existir… E que maravilhoso fluir o da maré que nunca baixa!… E, na referida liturgia, o muito amor pelo pai, habitante de dois mundos, peregrino-poeta de todos os caminhos da vida; ou o avô, longamente evocado e de presença constante na memória, em sentimentos e em experiências comuns e tudo a convergir numa união inquebrável.

Alfredo Pérez Troncoso, abuelo del poeta (pintura de Miguel Elías)

«De la pasion y sus vicisitudes» é título que encima os sete poemas que enformam esta segunda parte do livro. Conjunto a facetar, em seu escondido sincronismo temporal, uma estória de amor, uma ligação passional repartida em encontros e desencontros. Há, nesse pequeno florilégio, algumas cadências que o aproximam do hebraico Cântico dos Cânticos em certos aspectos, quando, e principalmente, se entrega ao amor a alma de um soneto eterno ou quando a servidão de amor se imprime na pele do ser amado ou quando um certo sentido de permanência acontece… Em tudo o mais, esta «De la pasion y sus vicissitudes» é lineamento sem paralelo. Idílio de amor juvenil, bem cedo na busca de conforto, ciente de que o próprio sentimento (mútuo) é uma arma de dupla lâmina, de partidas e de chegadas, de calor e de frieza, idílio, onde ganhara voz o erotismo passageiro e resguardado, reflectido em carícias sobre a pele, em sussurros beijados, mas finalizado em linha de horizonte colorida tristemente pelo irreconciliável afastamento que, afinal, foi capaz de, no desenvolvimento do tempo, quebrar o furor do primeiro olhar, de deixar afastar o próprio contorno da solidão. E dessa estória ficará realçada a impossível reconstrução da figura da amada e des-amada, e dos respectivos impulsos dos sentidos. E que o amor desvende, pois, outro lugar.

O carácter meramente denotativo, circunstancial e transitório de alguns poemas da terceira parte («Homenajes y versos de la intemperie») deste livro («El día en que nos erigimos como contencion», «En los aldelaños del trono celestial», «Aquellos três de mi infância», «Sumido en ti»), nada acrescentando embora à obra no que à qualidade literária desta diz respeito, evidenciam, porém, apegos do poeta por certas figuras, monumentos e atracções que da sua vida têm sido parcelas. E restam-nos, mais uma vez, os relâmpagos da intempérie aclarados por sentimentos que já nada valem ou que se diluíram no brilho de um olhar que foi instante tonificador pela irracionalidade a cobrir o percurso diário; pela consciencializada ilusão de vivências passadas convertidas em desilusão; pelas nevoentas lutas internas avassaladoras consubstanciadas num despertar sem porvir; castigadas por incorrectas sentenças de alheios juízes, impossibilitando o encontro da senda que conduza à serenidade. À parte, ainda, para um poema desta terceira parte, «Caballo de Troya», a exigir conotação aturada no seu húmus metafísico, de cristalinas surpresas.

E eis-nos na última parte do livro «Nos esperamos el uno al outro», não conjunto residual mas antes o reavivar de um laço que se liga a tónicas poemáticas anteriores. Interrogar alguém? E para quê? Será que esse enigmático alguém nos revelará a luz que ilumina o tempo? Será que esse alguém, sem se talhar em abismo, encerrará em si a luz iluminadora do tempo? Ao poeta restará saborear os frutos proibidos surgidos antes do seu próprio nascimento ou sussurrar às estrelas, cantando, os eternos segredos da sua existência. Então, que se aspire ainda ao vislumbre de um porto, já não terreno, mas bem distante de quaisquer temporalidades, mas ainda porta aberta para o encontro através da fé. E em extensíssimo, profundo, fulgurante e plurívoco poema – «Aún no es nuestro momento» se corporiza o exame de consciência em relação à folhagem da árvore da vida, o puro conhecimento da amizade a sobrepor-se, afinal mas quantas vezes erradamente, aos desencantos e aos desenganos da chamada vida, à surgida mesa da solidão aguardando o eterno regresso. Tudo terá sido excesso: no azar, no acaso, na impossibilidade do milagre, no aguardar-se que não exista distância entre a ansiedade partilhada por dois. É, assim, que perante a hesitação, se formule (ou se sonhe com) o acolhimento, que, em consequência da incerteza, se admita a companhia. Por outras palavras: o vaso que estava cheio vai-se esvaziando…

António Salvado

Peonía, de Miguel Elías

Imagen de cabecera: José Alfredo Pérez Alencar y Antóno Salvado, en Castelo Branco (foto de Pedro Salvado).



One thought on “‘Tambores en el abismo – un singular itinerario lírico de José Alfredo Pérez Alencar”

  • Franklin Caceres 25/05/2022 at 2:53 pm

    Felicitaciones

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