Poemas de

Elena Díaz Santana: ‘Testimonio de ti’ y otros poemas del libro ‘Ao calor da tuas mãos’, traducido por Leocádia Regalo

Tiberíades agradece a Joao Artur Pinto, editor de Labirinto por permitirnos ofrecer en primicia algunos de los poemas del libro ‘Al calor de tus manos’, de la poeta canaria-salmantina Elena Díaz Santana, el cual acaba de ser publicado en Portugal, en edición bilingüe, con traducción de la poeta Leocádia Regalo. Este libro será presentado durante el XXV Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca. Será en la Sala de la Palabra, el día 13 de octubre.

Testimonio de ti

Quien se empeñe en salvar la vida la perderá,
quien pierda la vida por mí la alcanzará.
Mt 16, 25

Los cristianos
hacemos nuestro el signo de la Cruz,
desde el primer instante de vida,
hasta el último soplo del ser.
Es el símbolo cotidiano
que nos acompaña
y da fuerzas para seguirte,
tú nos creces ante quienes nos persiguen
—como a los primeros discípulos—,
o ante los que profanan tu templo.
No saben que de ti proviene
nuestra fuerza toda,
que acallándonos,
no derriban el muro indestructible
de nuestro sentir,
sustentado en la certeza
de que, si con vida vives en nosotros,
si muertos, vivimos en ti.
Cuanto más pequeños nos hacen,
más grandes nos volvemos a tus ojos.
La ignominia hoy,
sigue expandiendo el odio, la sed de sangre,
de los nuestros.
Como lobos atacan a quienes no comprenden,
y te temen, Señor,
nos temen,
porque adoramos al hombre sin cetro
que no viste ropajes de rey,
pacificador sin más armas que
el mensaje de amor y perdón,
que nos torna confiados en la adversidad:
“quien pierda la vida por mí la alcanzará”,
como certeza y eco que nos guía.
Valientes en el testimonio,
por ser tus seguidores,
nos reunimos a leer tu palabra,
dispuestos a perder la vida por ti, Señor,
para alcanzar la vida,
y pende con orgullo de nuestro pecho,
el signo ante el que nunca
nos hallamos derrotados ni vencidos.


Testemunho de ti

Quem quiser salvar a sua vida, vai perdê-la; mas, quem
perde a sua vida por causa de mim, encontrá-la-á.
Mateus, 16,25

Como cristãos
fazemos o sinal da Cruz,
desde o primeiro instante de vida
até ao último suspiro.
É o símbolo quotidiano
que nos acompanha
e dá força para seguir-te,
dás-nos forças perante os que nos perseguem
—como aos primeiros discípulos—,
ou perante os que profanam o teu templo.
Eles não sabem que de ti provém
toda a nossa força,
que acalmando-nos
não derrubam o muro indestrutível
do nosso sentir,
sustentado na certeza
de que, se com vida vives em nós,
mortos, vivemos em ti.
Quanto mais pequenos nos fazem,
maiores nos tornamos aos teus olhos.
Hoje a ignomínia
continua a expandir o ódio, a sede de sangue
dos nossos.
Como lobos atacam os que não compreendem,
e temem-te, Senhor,
temem-nos,
porque adoramos o homem sem ceptro
que não usa vestes de rei,
pacífista sem outras armas
a não ser a mensagem de amor e perdão,
que nos dá confiança na adversidade:
“quem perde a sua vida por causa de Mim, encontrá-la-á”,
como certeza e eco que nos guia.
Corajosos no testemunho,
por sermos teus seguidores,
reunimo-nos para ler a tua palavra,
dispostos a perder a vida por ti, Senhor,
para encontrar a vida,
e pende do nosso peito com orgulho
o signo perante o qual nunca
nos encontramos derrotados nem vencidos.

António Salvado, Elena Díaz Santana y Elena Liliana Popescu (foto de Jacqueline Alencar)

En este ahora

Señor,
me presento ante ti
para echar a volar
los versos que nacieron
de mi sentir más profundo.
He dejado mi alma a la intemperie
para honrarte,
y que fueras tú,
mi inspiración, mi luz, mi guía
y tu voz,
la única música
que poblara el ansiado silencio.
Quiero darte mi mano
en este ahora,
en que duele tanto contemplarte,
apresar lo que mana de ti
para que no olvide
este acto de amor mi corazón.
Me he aferrado al calor de tus manos,
para recorrer juntos el camino;
paso a paso,
has avivado la llama
que en mi interior dormía,
pensando en ti,
sintiendo en ti,
muriendo contigo
y resucitando en tu luz
a la luz de la esperanza.


Neste momento

Senhor,
estou perante ti
para deitar a voar
os versos que nasceram
do meu sentir mais profundo.
Deixei a minha alma à intempérie
para te venerar,
e que sejas tu
a minha inspiração, a minha luz, o meu guia,
e a tua voz
a única música
que habite o ansiado silêncio.
Quero dar-te a mão
neste momento
em que dói tanto contemplar-te
apreender o que emana de ti
para que não esqueça
este acto de amor meu coração.
Entreguei-me ao calor das tuas mãos,
para fazermos juntos o caminho;
passo a passo,
avivaste a chama
que no meu íntimo dormia,
pensando em ti,
sentindo em ti,
morrendo contigo
e ressuscitando na tua luz
à luz da esperança.

Elena Díaz Santana con Santiago Trancón, Alencart, Jacqueline Alencar, Fernández Labrador, Frayle, Matitiahu y Colinas (foto de José Amador Martín)

El hermano en ti

Realmente este hombre era inocente.
Lc 23, 47

Cómo quisiera, Señor,
que este momento de sufrimiento fuera,
desandar este calvario.
No más maderos para escarnio de inocentes,
no al temor de los clavos y las lanzas,
no más sangre brotando
de las manos y los pies de un justo
o de su costado,
ni más tallos de espinas,
para coronar cabezas
que solo mueve al amor.
No más tu cuerpo humillado
por jauría sedienta de venganza.
Cómo quisiera
que no tuvieras que morir, otra pascua,
ante nuestros ojos,
porque este momento de agonía,
ya lo hemos vivido y lo conocemos.
En tu condición humana,
el sufrimiento te iguala al del hombre.
Cómo aliviar el padecimiento
del hermano en ti,
ser como Simón de Cirene
y compartir contigo el peso del madero,
desnudo de ramas y pájaros,
donde vuelva la vida silenciada,
al árbol donde ya no crecen frutos,
ni la primavera acampa.

O irmão em ti

De facto este homem era justo.
Lucas 23, 47

Como desejava, Senhor,
que este momento de sofrimento pudesse
desfazer este calvário.
Não mais madeiros para escárnio de inocentes,
não ao temor dos cravos e das lanças,
não mais sangue derramado
das mãos e dos pés dum justo
ou do seu flanco
nem mais ramos com espinhos
para coroar cabeças
que só o amor incitou.
Não mais o teu corpo humilhado
por matilha sedenta de vingança.
Como desejava
que não tivesses de morrer, em cada Páscoa,
perante os nossos olhos,
porque este momento de agonia
já o vivemos e conhecemos.
Na tua condição humana,
o sofrimento iguala-te ao homem.
Como aliviar o padecer
do irmão em ti,
ser como Simão Cireneu
e dividir contigo o peso do madeiro,
nu de ramos e pássaros,
para que regresse a vida silenciosa
à árvore onde já não crescem frutos
nem a Primavera chega.

Los poetas Rodríguez, Díaz Santana, Colinas, Pérez López, Velasco y Alencar (Sala de la Palabra, foto de Jacqueline Alencar)

Trigo tu cuerpo

Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y,
pronunciando la bendición, lo partió y dándoselo
a sus discípulos dijo: “Tomad y comed, este es mi cuerpo”.
Mt 26, 26-29

En la inmensidad sagrada de estos campos,
necesito soñarte, Señor.
Bajo el añil del cielo,
donde pacen las enjalbegadas nubes,
crece el trigal,
en el que, al ritmo lento de las estaciones,
se esponjan las espigas.
Danos de comer,
del pan candeal de tu palabra y tu consuelo,
danos de beber,
ya ha madurado la uva
en la vid frondosa
y sacia nuestra sed,
con el vino de tu sangre
o con el agua salvífica,
que, junto al pozo,
prometiste a la mujer de Samaría.
Que no nos falte el oro de estos campos,
tu cuerpo-hogaza colmando,
nuestra alacena vacía.
Arropada,
por la calidez cereal que
a esta ciudad circunda y abraza,
eres tú, el único alimento, Señor.

Trigo é o teu corpo

Enquanto comiam, Jesus tomou o pão e,
tendo pronunciado a bênção , partiu-o, distribuindo-o
aos discípulos e disse “Tomai e comei, isto é o meu corpo”.
Mateus 26, 26-29

Na vastidão sagrada destes campos,
preciso sonhar contigo, Senhor,
Sob um céu de anil
onde pastam as níveas nuvens,
cresce a seara,
onde, ao ritmo lento das estações,
se enchem as espigas.
Dá-nos o alimento,
do melhor trigo da tua palavra e do teu consolo,
dá-nos de beber,
pois já amadureceram as uvas
na vide frondosa,
e sacia a nossa sede
com o vinho do teu sangue
ou com a água salvífica
que, junto ao poço,
prometeste à mulher de Samaria.
Que não nos falte o ouro destes campos,
enchendo o teu corpo-pão
a nossa despensa vazia.
Protegida
pelo calor da seara que
circunda e abraça esta cidade,
és tu o único alimento, Senhor.

La poeta Elena Díaz Santana (foto de M. Gala)



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