Poemas de

Maximiliano Cid del Prado: ‘Quijada del ángel’. I Encuentro de Poetas Iberoamericanos (sede México)

 

 

QUIJADA DEL ÁNGEL

a Mahfúd Massís

Sumerjo en cada ser, rincón o vuelo triste, mis manos de sótano remoto
donde la luz se pudre en esta hueca humedad de musgo negro.
Me asomo al fondo para ver la noche mirarse entre mis ojos como un fantasma que vigila la piel de los espejos
y observo un par de apóstoles curtiendo el cuero de la eternidad como un pez resbaladizo.
Veo nacer a los ángeles que guardan la mandíbula de un muerto entre las manos de las solapas de los dos profetas
y como el ámbar que ve su voz endurecerse, la amalgaman a mi boca con cristales de topacio
hasta que cobra vida como un pequeño dios celeste.
Entonces comencé a cantar con mis ojos de lagarto estas coplas que ladran a la majestad lunar,
como los vagabundos azules cargados de magnolias que escriben versos para un imperio coagulado de tristeza.
¿Qué este amor que cubre todo y amorata los nombres de las cosas como una granada que se abre
contra un muro y desparrama
su quebranto hasta la podredumbre?
¿Esta fuerza que carcome los rostros como una mariposa que eclosiona hacia la muerte,
aérea, pero muerte,
como toda belleza que cifra su derrumbe en su propia vanidad sin tregua?
¿Qué esta alondra de aire o funeral de invierno donde esculpen sus lenguas mis antepasados
debajo de los sueños de una vieja estopa de pétalos caídos como ancianos apóstatas de un tiempo mineral
que cifran la belleza con su paladar podrido de maliciosos bebedores?
Pero es mentira, vino de amatista, extraviado corazón.
Este bajío de nardo y azafrán
donde los extraviados perfuman su derrota entre violetas y sepulcros,
tiene un arancel tan frío como un tambor de sangre;
delgado como el horóscopo de un viejo almendro que corre de una estrella a otra para escribir la vida del próximo profeta.
Heredad de cierto cáncer, de bárbaros intactos como alondras perdidas en el tiempo,
invadidos de lujuria, ira o escorbuto,
como pájaros celestes volando entre miseria.
Estirpe de soñador, lengua de harapo,
dame la palabra que arrastra su expresión de lento cuerno,
dame la palabra estremecida por la noche de piedra funeraria,
dame la palabra con encías de diamante
Viento hueco de raza de corazón tullido.
Flor de papiro, musgo negro.
Harapientos envueltos en tristeza,
¿vagáis por los mercados como espectros celebrando ritos de melancolía?
¡Solo huesos y dientes sobrevivirán!
Antaño, por el hueco del paladar pasaron como pájaros vacíos muchos jóvenes envanecidos de hambre y peste.
Una leche terrible les nacía de los ojos
y fue elegía para un solo gusano.
Padre, se acabó la vida.
Entrego las bestias del duelo y a mi última amante cuyo vientre resplandece.
Aquí está mi boca agusanada por el ángel.
Mi voz se muere con el ámbar.
Saludo a mis parientes muertos.

 


Maximiliano Cid del Prado (CDMX, 1994) Lic. en Lengua y Literaturas Hispánicas (UNAM). Ganador de los IX Premios Deza de Poesía (Toledo, España). Finalista del concurso de poesía “Castello Di Duino” (Italia). Ganador del XXI Premio Literario “Naji Naaman” (Líbano). Director editorial de Revista Literaria Taller Ígitur. Fundador de la Congregación Literaria de la CDMX. Miembro del PEN Club México. Title of Honorary Member of Maison Naaman pour la Culture.




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