Poemas de

David Huerta: Antología mínima. I Encuentro de Poetas Iberoamericanos (Sede México)

Tiberíades tiene la satisfacción de difundir una muestra poética de David Huerta (México, 1949-2022), a quien se dedicara una mención especial durante el encuentro mexicano. La selección ha sido hecha por Maximiliano Cid del Prado y la fotografía fue tomada por Pascual Borzelli Iglesias.

EL JARDÍN DE LA LUZ
(1972)

ANATOMISTA

… el anatomista no tiene por qué dar un juicio estético
sobre el cuerpo colocado en la mesa de disección…
SIMMEL

Sabio con manos como alas. Incide, disecciona.
Abre el hermoso cuerpo

de la muchacha
—caderas tan perfectas
que la sombra no mancha
su transparente carne.
“Ella es la luz que ya no veo
en el horrendo cuarto de la Prisa”,
piensa el anatomista sudoroso
destazando afanosa, puntualmente,
esa nítida,
limpia carne sedosa.

La muchacha es tan bella: Rubens
hubiera copiado sus facciones,
el gesto exento de sonrisa.
El celebrado, el famoso anatomista
aguza la feliz contemplación
hasta volverla ciencia.


CONVERSACIÓN EN ADROGUÉ

En la abigarrada biblioteca, el niño repasa volúmenes espléndidos y conversa con fervor de sabio sobre algún tema oriental. No sabe quizá que el anciano, distraído, apenas lo oye: él mismo leyó, hace ya tiempo y con idéntica devoción, aquellos libros; y acaso ahora medita en la noche que lentamente domina el espacio de la finca o en la tarde que fue de oro y él no pudo ver.


VERSIÓN
(1978)

INDEX
2

Y es cierto: cada tema entra en el orden longilíneo de estos signos,
en el espacio de los sentidos posibles,
en el área donde alguien supone que todo se entenderá,
dispuesto así, en renglones inequívocos y sumisos al diccionario,

a la biblioteca, a la tradición,
todo el aire sucio y la saliva colocados cuidadosamente afuera
expulsado el verano con su pegajoso sudor de tiempo, con sus
arenas confusas —y no hay otra manera de decirlo.
Escribir sería o es una forma de la pobreza, una porquería
disculpable —pero ¿hay que pedir perdón por algo?—:
Artaud tenía razón, siempre es mejor abrazarse a uno mismo y roer
estos huesos en un rincón aparte, no molestar a los demás,
inocentes y esquivos,
no perseguirlos con esas cuartillas que arderían tan bien durante
el invierno, en los suburbios.

 


INCURABLE
(1987)

CAPÍTULO 6

LOS ÍDOLOS Y LAS PASIONES
(Fragmento)

Las pasiones nos llevan por las orejas como niños traviesos.
Nos golpean con sus látigos de terciopelo y
esa ridícula hermosura que fingen puede cubrirnos la cara hasta
el ahogo, como si nos pusieran encima
una almohada de hierro y oprimieran, oprimieran. Las pasiones son
un calor falso, una alhaja enloquecida. Rotura, lujo, germen
del robo que cumplimos
para tener derecho —según creemos— a un pedazo de realidad
un jardín esmerado, una casita en el campo, tres o cuatro
amigos.

 

LA SOMBRA DE LOS PERROS
(1996)

OLVIDAR

Aquí están los nervios
que envuelven, como un papel fragante,
las melodías obtusas del rencor.

Y aquí la risa
como un pájaro ebrio…

Escuchar. Olvidar. Dos neblinas.
La espuma del sufrimiento
cala en el encaje náufrago
de mi silbido matinal.

Aquí están los sonidos
olvidadizos, las crepitaciones
que amarillean.

Una vez más,
todo será escuchar
u olvidar.

Olvidaré estos doblados
enigmas, estos relojes
rectilíneos de esperas, este cuerpo
ajeno

en la llama de sándalo.

 

LA MÚSICA DE LO QUE PASA
(1997)

MI TÍO MANUEL

One is always nearer by not keeping still
THOM GUNN, “On the Move”,
citado por OLIVER SACKS
en Awakenings

Mi tío Manuel fue el primer enfermo
de Parkinson (Paralysis agitans)
que me tocó ver en la vida.
La fragmentación de sus movimientos corporales
y su falta de sentido, de hacia,
me intrigó siempre. Ahora lo recuerdo
como un ser atravesado de parte a parte
por un minucioso cataclismo.

No estaba loco ni su mente había sido segada,
anulada o destruida.

Vivía, eso sí, en otra dimensión.
El tiempo, el espacio
y el movimiento con el que poblamos
esas dos grandes categorías del Espíritu
habían perdido para él
los ángulos y las redondeces
que para el resto de nosotros tienen.
No había extraviado su centro:
su cuerpo tenía, en cambio, un millar discontinuo
de centros. Lo rememoro
cuando contemplo la ciudad y el mundo
con una actitud  —no muy frecuente, debo reconocerlo—
de templada piedad,
de lástima y de aceptación.

LOS CUADERNOS DE LA MIERDA
(2001)


LA ORDEN

En este plato te sirvieron
lo que no querías comer
y te ordenaron
comerlo.

No quiero saber
si lo comiste,

Hay demasiadas cosas
en el mundo para ocuparse
de aquel plato, de aquella
orden, del alimento atroz
que te mandaron comer.

Aun así quiero saber
si en el fondo de tu boca
han seguido encendidas
algunas palabras
—tú sabes cuáles son
y lo que significan:
soles raudos
para la noche del devenir—

o si aquel alimento
y aquella orden
las apagaron para siempre.

 


LA OLLA
(2003)

PÁJAROS

A Hitchcock
A Antonio Deltoro

Copos de gorriones ahondan el horizonte.
El ocaso es una cóncava superficie llena de vuelos,
una veladura de geometrías y cuidadosos colores
hecha de pura serenidad material.
Los pájaros se deslizan en cámara lenta
y trazan sus testimonios
de claro sonido y de gracia fluyente, suspendida.
Bajo las flores y las ramas de abril,
el aire se satura de colibríes.
La primavera es una antigua página
donde las golondrinas, aves instantáneas,
dejan —como vio el poeta— su “escritura hebrea”.
Dríada de los bosques les dijo John Keats al ruiseñor
de voz eterna. Los pájaros son mínimos héroes
de la naturaleza épica, ardientes divinidades
de finos nervios y grandiosa curiosidad.
Majestad y energía los definen. Míralos
cruzar el cielo, dominar el jardín, “peinar el viento”.
Sílabas de la atmósfera, chispazos en la blancura
del silencio. Interroga a los pájaros
como lo harías con un maestro zen.
Ellos responderán.

METÁFORA

La metáfora se que ayudaba a no pensar
se vuelve esta flor blanca
de un magnetismo bicéfalo. Sombras
de pétalos desprendidos, negrura
de gemido, sopa de ayes: nada de esto
vibra en la metáfora enjuta
sino el ardor mondo de este u otro
concepto: la muesca de la inmanencia
en el ámbito azul de los fenómenos,
la travesía de los verbos y los nombres
por la desértica espesura de los espejos
de la mente, su cielo caluroso e interno.

Dos cauces ábrense en la metáfora: uno,
el indicio indiviso
de un análisis en la sanguaza
de tiempo vivido, rezumante
de conflicto y contacto, sin huella
de psicología o piedad; dos,
las elaboraciones y las hogueras
y la plenitud cronocéntrica
de las duraciones imaginarias,

su densidad de chispazo,
su desvío sublime.

CANCIONES DE LA VIDA COMÚN
(2008)

GEMIDO EL ÁRBOL

1

La voz de un árbol debe tener raíces. Como en el poema de
Verlaine, ha de escucharse en ese timbre una serie puntual: frutos,
flores, hojas y ramas.

La voz de un árbol será verde y azul: el cielo del silencio como
fondo, el verdor de los proferimientos como follaje.

El gemido de un árbol tendrá la forma de ese pájaro —negro
y feroz— desprendido de la alta espesura con un susurro apenas,
una queja, un quebradizo haz de fricativas.

El gemido de un árbol suena como un esbelto rechinido, un barniz
deslizante de esfuerzo y pena.

David Huerta (México, 1949-2022) Poeta, ensayista y traductor. Traducido al inglés, francés, finés, entre otros idiomas. Becario del Centro Mexicano de Escritores y de la Fundación Guggenheim. Premio Nacional de Ciencias y Artes en el 2015. Fue creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances en el 2019. Dio conferencias y lecturas de poesía en las universidades de Princeton, Harvard, Oxford y Cambridge.




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