Tiberíades tiene el privilegio de publicar este comentario inédito -escrito por el notable poeta portugués António Salvado, Presidente del Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador- en torno a “Tríptico de la indignación” (Trilce Ediciones, Salamanca, 2020), obra del poeta peruano-salmantino Alfredo Pérez Alencart, el cual contiene tres poemas traducidos a quince idiomas por Helge Krarup (danés), Margaret Saine (inglés y alemán), Abdul Hadi Sadoun (árabe), Kirill Korkonósenko (ruso),Vikash Kumar Singh (hindi), Noemí Vizcardo Rozas (quechua), Bernadette Hidalgo Bachs (francés), Violeta Boncheva (búlgaro), Gianni Darconza (italiano), Sarah Walizada (pastún y persa-darí), Yohanes Manhitu (indonesio), Yong-Tae Min (coreano) y António Salvado (portugués). Las pinturas del libro son del reconocido pintor español José Carralero, de su serie “Marginaciones”, realizada durante su estancia en El Salvador, entre 1971 y 1973.

En el centro del corazón o ‘Tríptico de la indignación’, de A. P. Alencart. Comentario y traducciones de António Salvado
Alguien ya escribió que no es con buenos sentimientos como se hace la mejor literatura. Axioma que, no obstante, tiene algunas valiosas excepciones que a lo largo de los siglos lo desvirtúa.
Y excepción representa este ‘Tríptico de la indignación’, del poeta peruano-castellano Alfredo Perez Alencart, autor de relevante obra en el panorama de la poesía española contemporánea, notable no sólo por el número significativo de títulos, sino también por la extrema originalidad de los contenidos que los distingue.
Titulamos esta breve ‘lectura’ con una expresión extraída de un poema del “Tríptico”, expresión que, en su fuerza locativa y por su sustancia, aglutina la vibración sentimental y emotiva por el Poeta sentida o experimentada al tejer los hilos ‘sociales’ que conducirán a la concretización de los tres paneles que llenan el librito.
De indignación se amplifica el enlazamiento de los tres lados del tríptico: ‘Campo de refugiados’, ‘Ojalá que nunca te suceda’, ‘Humillación de la pobreza’ – tres poemas de recorte formal diferente (el primero mediante tercetos; o segundo a través de cuartetos; el último aproximándose a la prosa poética), pero de homogénea resonancia y que clarifican, de forma apasionante, el estremecimIento del autor-poeta ante tres circunstancias terribles de la miseria humana.
En un telón de fondo tonificado por un negro colorido de una profunda tristeza encubre, aunque desvelándola, la acerba realidad de un ‘campo de refugiados’ (título del 1º poema), vivificado (negativamente) por niños que sufren los efectos de la guerra a la que son ajenos, por mujeres desesperanzadas que ‘existen’ sólo para ver morir a los que más aman y para enterrarlos, por viejos que son hombres doloridos, alimentándose de su proprio dolor. Y, en medio de toda esta ‘novela’ de trama sórdida y dantesca, ningún personaje que asuma la culpa por lo sucedido.
El segundo ‘lado’ del Tríptico (Ojalá que nunca te suceda’ – título del poema) se singulariza por la subyacente formulación de un precepto de contenido moral, casi evangélico. En verdad, el deseo de hacer llegar el pan para quien más lo necesita, la búsqueda de comida en la propia inmundicia, las privaciones sin medida, amargadas y traspasadas mientras se va tras un empleo también miserable (ese que no quieren ni los jóvenes) – todas estas evidentes precisiones tan pertinentes para llevarnos a todos hacia un horizonte bien delimitado: la advertencia que a todos atañe – seres navegando en el mismo barco de la vida, de la existencia, sufriendo bonanzas o tempestades, con el claro pendón señalando que la vanidad es sol de efímera duración, como de efímera certeza será el día de mañana.
La tercera ‘cara’ del Tríptico (‘Humillación de la pobreza’, titulada) es para nosotros, tal vez, la más totalizante de sus enunciados, la más sinuosa en sus segmentos focalizadores, la más conmovedora en su contenido lleno de desesperación, de lástima, de (velada) revuelta, se modula con el llamamiento a un niño muy pequeño que, por la calles, vende chichets, anónimo y con unos tiernos ojos llorosos por la frialdad, niño que nunca tuvo el calor de infancia, que recorre las calles (¿de qué país?, ¿de qué ciudad?), oyendo palabras vacías, indiferentes, que subsiste no obstante lleno de hambre (hambre que, también, le acompañó desde que nació), que el color de su piel es semejante al de tantos niños del mundo entero, que su anónima y tristísima existencia nunca fue objeto de foto en las páginas ‘sociales’ de los periódicos, y que tampoco es motivo de atención por los predicadores de tez política o teológica. Y, ante este escenario de tragedia, en el palco del cual un niño se resiente, desamparada y víctima de injusticias, qué me queda sino extenderle mi mano que contiene una corteza de pan. Gesto que nada resolverá.
Con hermosas pinturas de José Carralero, «Tríptico de la indignación» se nos presenta con traducciones en quince idiomas, uno de los cuales es el idioma portugués, siendo su traductor el autor de esta nota de lectura.

CAMPO DE REFUGIADOS
Y estos niños
¿qué combates perdieron
sin haberlos provocado?
Mujeres que solo esperan
para enterrar a sus
criaturas.
Pues yo miraba ancianos
entre el polvo
o el barro de esos laberintos,
hombres enfermos
que ya ni cuentan lo que
han vivido.
Otra vez la gente
agolpándose en el centro
de mi corazón,
otra vez la humanidad
sin entonar su
mea culpa.

OJALÁ QUE NUNCA TE SUCEDA
A ti te tocará otra suerte
cuando se aleje la bonanza
y, al mirar en su vientre seco,
querrás ir tras el pan para los tuyos.
Serás como el recién llegado
que busca comida en la basura
y debe dormir bajo los puentes
mientras todo brilla por arriba.
Tú habías perdido la memoria
de esa pasada ciudadanía
que ataba las hambres a su cuello
y el trabajo a la servidumbre.
Pasarás desmedidas privaciones
para lograr empleos miserables
que los jóvenes del lugar no quieren
y tú harás con puntual esmero.
Todos viajamos en un mismo barco
que sube y baja con la marea.
Por el oro nunca te envanezcas
pues bien puede faltar mañana.
Sí: ojalá que nunca te suceda.

HUMILLACIÓN DE LA POBREZA
(Nino de tres años vendiendo chicles)
No decir tu nombre. Decir tus ojos reflejando fríos,
decir tus manos extendidas; decir que perdiste niñez
porque un remolino de pobreza te estrelló por calles
donde escuchas palabras bruscas y palabras huecas.
No decir tu país o tu ciudad. Decir tu futuro en vilo,
dependiendo de valentías o vergüenzas devoradoras;
decir que subsistes en medio de los días quemados
y que no desfalleces aunque todavía eres vulnerable.
No decir el color de tu piel. Decir que las hambres
te gritan desde que naciste; decir que tu foto no sale
en las páginas sociales; decir que el día te hizo cauto
y que la noche y sus rapaces están ahí para devorarte.
No decir discursos políticos o teológicos. Decir que
nadie remienda tus zapatos; decir que tu desamparo
se debe al orbe asqueroso de la codicia; decir llanto,
injusticia procaz, rabia ciega; decir pan mío para ti.

NO CENTRO DO CORAÇÃO OU «TRÍPTICO DE LA INDIGNACIÓN», DE ALFREDO PEREZ ALENCART.
COMENTÁRIO E TRADUÇÕES DE ANTÓNIO SALVADO
Alguém escreveu já que não é com bons sentimentos que se faz a melhor literatura. Axioma que, no entanto, algumas valiosas excepções têm, ao longo dos séculos, negado.
E excepção constitui este «Tríptico de la indignacion», do poeta peruano-castelhano Alfredo Perez Alencart, autor de relevante obra na panorâmica da poesia espanhola contemporânea, notável não só pelo número significativo de títulos, mas também pela extrema originalidade de conteúdos que os distingue.
Titulámos esta breve ‘leitura’ com uma expressão retirada de um poema do «Tríptico», expressão que, na sua força locativa e pela sua substância, aglutina a vibração sentimental e emotiva pelo Poeta sentida ou experimentada ao urdir os fios ‘sociais’ que conduziram à concretização dos três painéis que preenchem o livrinho.
De indignação se amplifica o enlaçamento dos três lados do tríptico: ‘Campo de refugiados’, ‘Oxalá que nunca te aconteça’, ‘Humilhação da pobreza’ – três poemas de recorte formal diferente (o primeiro mediante tercetos; o segundo através de quadras; o último aproximando-se da prosa poética), mas de homogénea ressonância que clarifica, de modo apaixonante, o estremecimento do autor-poeta perante três circunstâncias hórridas da miséria humana.
E um pano de fundo tonificado pelo negro colorido de uma profunda tristeza encobre, mas desvendando-a, a acerba realidade de um ‘campo de refugiados’ (título do 1º poema), vivificado (negativamente) por crianças que sofrem os efeitos de guerra a que foram alheias, por mulheres desesperançadas que ’existem’ apenas para verem morrer os que mais amam e para os enterrarem, por velhos que são homens doridos, alimentando-se da própria dor. E em todo este ‘romance’ de entrecho sórdido e dantesco nenhuma personagem que assuma a culpa pelo acontecido.
O segundo ‘lado’ do Tríptico (‘Oxalá que nunca te aconteça’- título do poema) singulariza-se pela subjacente formulação de um preceito de teor moral, quase evangélico. Na verdade, o desejo de se alcançar pão para quem mais precisa, a busca de comida na própria imundície, as privações sem medida, amarguradas e atravessadas na mira dum emprego mesmo miserável (esse, que nem os jovens almejam) – todas estas indubitáveis exactidões tão pertinentes a levarem-nos a todos a um horizonte bem delimitado: a ocorrência que a todos nós diz respeito – seres a navegarem no mesmo barco da vida, da existência, sofrendo bonanças ou tempestades, com o claro pendão assinalando que a vaidade é sol de efémera duração, como de efémera certeza será o dia de amanhã.
E a terceira ‘face’ do Tríptico (‘Humilhações da pobreza’, chamada) quanto a nós talvez a mais totalizante nos seus enunciados, mais sinuosa nos seus segmentos focalizadores, a mais comovente no seu conteúdo pleno de desespero, de mágoa, de (encoberta) revolta, modula-se com o apelo a uma criança muito jovem que, pelas ruas, vende pastilhas, anónima e com uns meigos olhos marejados de frieza, criança que nunca teve o calor da meninice, que percorre as ruas (de que país? de que cidade?) ouvindo palavras vazias, indiferentes, que subsiste embora cheia de fome (fome que, aliás, a acompanhou desde que nasceu) que a cor da sua pele é a cor igual à de tantas crianças do mundo inteiro, que a sua anónima e tristíssima existência nunca foi objecto de foto nas páginas ‘sociais’ dos diários, e muito menos motivo de atenção por faladores de tez política ou teológica. E perante este cenário de tragédia, no palco do qual uma criança se amargura desamparada e injustiçada, que me resta senão estender-lhe a minha mão que contém uma côdea de pão. Gesto que nada resolverá.
Com belas pinturas de José Carralero, «Tríptico de la indignacion» surge-nos com traduções em quinze línguas, uma das quais o idioma português, sendo o tradutor das mesmas o autor desta nota de leitura.

CAMPO DE REFUGIADOS
E estes meninos
que combates perderam
sem os terem provocado?
Mulheres que apenas esperam
para enterrarem os seus
recém-nascidos.
E eu olhava velhos
no meio do pó
e no barro daqueles labirintos;
homens doentes
que já nem sequer contam
o que viveram.
De novo pessoas
juntando-se no centro
do meu coração,
de novo a humanidade
sem entoar o seu
mea culpa.

OXALÁ QUE NUNCA TE ACONTEÇA
A ti caber-te-á outra sorte
quando a bonança se afastar
e, olhando a secura do ventre,
hás-de querer alcançar o pão para os teus.
Serás como o recém-chegado
que procura comida na imundície
e que deve dormir debaixo da ponte
enquanto por cima dela tudo brilha.
Tu tinhas perdido a memória
dessa passada cidadania
que atava a fome ao pescoço
e o trabalho à servidão.
Passarás privações sem medida
para conseguires miseráveis empregos
que os jovens desse lugar não querem
e que tu criarás com esmero pontual.
Viajamos todos no mesmo barco
que sobe e desce conforme a maré.
Pelo ouro que nunca te envaideças,
pois amanhã poderá faltar-te.
Sim: oxalá que nunca te aconteça.

HUMILHAÇÃO DA POBREZA
(Menino de três anos a vender pastilha)
Não dizer o teu nome. Dizer os teus olhos a reflectirem
frios, dizer as tuas mãos estendidas, dizer que perdeste
a meninice porque um remoinho de pobreza te estilhaçou
por ruas onde escutas palavras bruscas e palavras vazias.
Não dizer o teu país ou a tua cidade. Dizes o teu futuro
Pouco firme a depender de valentias ou de vergonhas
devoradoras; dizer que subsistes no meio de dias queimados
e que não desfaleces ainda que sejas vulnerável. Não dizer
a cor da tua pele. Dizer que a fome te grita desde que tu
nasceste; dizer que o teu retrato não aparece nas páginas
sociais; dizer que o dia te fez cauteloso e que a noite e os
seus ladrões estão ali para devorar-te. Não dizer discursos
políticos ou teológicos. Dizer que nada conserta os teus
sapatos; dizer que o teu desamparose deve ao asqueroso
mundo da cobiça; dizer pranto, injustiça petulante, cega
raiva; dizer meu pão para ti.

Imagen de cabecera: Los poetas António Salvado y A. P. Alencart (foto de José Amador Martín)
