Colaboraciones

“Flaminia Cruciani: “La poesía es el intento extremo y la tentación extrema de burlarse de la muerte”, una entrevista de Petruvska Simne

 

OCÉANOSCURO

El rostro apoyado en el hombro
la tinta escurre de mis ojos negros
y tiñe tu cuerpo afilado
como una dádiva prometida.
Vierto en ti mi abismo
en tus números en tránsito
mi negro mineral en el carrusel de los sentidos
y cuando acabe de marcarte
tu cuerpo se hará visible
será órgano visible.

Flaminia Cruciani.
Del libro
Callábamos en la misma lengua,
traducción
Mario Pera y Verónica Aranda

 

La poesía siempre ha formado parte en la vida de la poeta romana Flaminia Cruciani. De niña en sus primeras lecturas que acompañó tomando notas en su diario, de adolescente con esos primeros poemas que leía a sus mejores amigos y luego como una manera definitiva de enfrentar la cotidianidad y dar testimonio de su paso por la tierra.

Flaminia Cruciani logra que el lector de sus poemas pueda visualizar lo que ella siente, experimentar lo que vive en cada instante, porque tiene el don de transformar sentimientos en metáforas y el poema en un legado vivencial.

El gran poeta gales Dylan Thomas explicó en un ensayo lo que es para él el arte de escribir poemas, lo que dice parece fácil y en eso mismo radica la magia: “Sigo a merced de las palabras, aunque a veces ahora, conociendo un poco su comportamiento, creo que puedo influir ligeramente en ellas… Parecían inertes, hechas solo de blanco y negro, pero de ellas, de su propio ser, surgieron el amor, el terror, la compasión, el dolor, el asombro y todas las demás abstracciones vagas que hacen nuestras vidas efímeras peligrosas, grandiosas y soportables. De ellas surgieron las ráfagas, los gruñidos, los hipos y los relinchos de la alegría común de la tierra».

“Lo que me gusta hacer es tratar las palabras como un artesano trata su madera o piedra o lo que sea, tallarlas, moldearlas, enrollarlas, pulirlas y cepillarlas en patrones, secuencias, esculturas, figuras de sonido que expresan algún impulso lírico, alguna duda o convicción espiritual, alguna verdad vagamente realizada que podría intentar alcanzar y realizar”.

Los libros de la poeta Cruciani han tenido una fuerte resonancia en el ámbito literario italiano, un ejemplo es lo que escribió Giorgio Linguaglossa, crítico literario, ensayista y poeta, quien dice: “la poesía de la poeta romana es de origen edípico, arraigada en la relación con la figura paterna, con el «encapuchado», aquel que oculta su rostro para no ser visto ni reconocido. Semiótica del mal es un libro que busca impactar al lector, que prefiere las declaraciones categóricas.  Es un libro intensamente deseado y ávido, que revela a un autor de pasión voraz”.

Mientras que el escritor el Leonardo Guzzo, señala que “Flaminia Cruciani plasma una poesía llena de furia, de «manía» divina, alimentada por felices inventos, metáforas luminosas y constantemente impregnada de una intensa pasión filosófica. Una poesía entretejida con los cautivadores arpegios de Gibran, besada por la poderosa imaginación de Dylan Thomas, embellecida por un pequeño vocabulario de palabras-visiones («pozzocielo», «calicicorpi») con una sutil carga imaginativa. Una poesía, sobre todo, dedicada a una profunda búsqueda espiritual”.

Flaminia Cruciani, nacida en Roma, vive entre Roma y Florencia. Licenciada en Arqueología e Historia del Arte del Antiguo Oriente Próximo, Universidad Sapienza de Roma, Doctorado en Arqueología Oriental, Máster de II nivel en Arquitectura para Arqueología – Arqueología para la Arquitectura, para la valorización del patrimonio cultural. Licenciada en Historia del Arte. Participó en las campañas anuales de excavación en Ebla, Siria, como miembro de la Misión arqueológica italiana en Ebla, dirigida por Paolo Matthiae. En la Universidad Sapienza de Roma impartió cursos anuales sobre «La relación entre la iconografía y el texto en la tradición mesopotámica», en el curso de Asiriología, del que también es experta en la materia. Especialista en Disciplinas Analógicas, a través del estudio de la Hipnosis Dinámica, la Comunicación Analógica no Verbal y la Filosofía Analógica, obteniendo el título de Analogista. Además, ha inventado el Noli me tangere®, una herramienta de ayuda basada en la metáfora y en el poder evocador de las imágenes.

Publicó Sorso di Notte Potabile, ed. LietoColleen 2008, Lapidarium, ed. Puntoacapo, 2015. Semiotica del male, ed. Campanotto. 2016, Piano di evacuazione, Samuele Editore, 2017. Chora, un libro escrito a cuatro manos con Ilaria Caffio, con prólogo de Carlo Pasi, Spagine edizioni, Fondo Verri, 2018. We were silent in the same language, antología, prólogo de Marco Sonzogni, Gradiva Publications, Nueva York, 2018. Callábamos en la misma lengua, antología personal, Sonámbulos Ediciones, Granada 2020. Lezioni di immortalità, colección «Strade blu», Mondadori 2018 (Premio Montale fuori di casa). A Crown of Flames, El Martillo Press, 2023. Penúltima Luna, Editorial Efimera, 2025.

Sus textos poéticos han sido traducidos al inglés, francés, español, búlgaro, coreano, mandarín, árabe y rumano. Invitada a los festivales internacionales de poesía más importantes. Representó a Italia en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, 2018 y en 2021. Miembro del jurado del Premio Montale fuori di casa, del premio «Fra gli ultimi del mondo» spin-off del Premio Montale FdC y del Premio de poesía Don Luigi Di Liegro.

flaminia.cruciani@tiscali.it

Foto di Dino Ignani

– ¿Quiénes eran sus padres? ¿Qué aprendió de cada uno de ellos? ¿Esas enseñanzas permanecen siempre con usted?

– La relación con mis padres no fue fácil. Eran dos personas esquivas y enigmáticas. Mi padre era ingeniero e inventor, era una figura imponente, estimulante, aunque severa. Inventó cosas importantes, como los esquís, esos que se usan hoy en día. Tenía una relación intensa y ambivalente con él, pero sin duda alguna fue la persona que más ha influido en mí, para bien o para mal, debido a su personalidad y su muy fuerte carisma.

Nos involucraba, a mi hermana y a mí, en la construcción de los prototipos de sus inventos. Siempre tenía alguna nueva idea en mente que quería llevar a cabo. Nunca estaba quieto Era muy difícil seguirle el ritmo. Era un hombre con un pensamiento vertiginoso y genial. Además de su inteligencia fulminante, tenía una gran estatura moral, estaba orientado hacia los demás, en particular hacia los más débiles. Tenía una firme voluntad de crear valor cada día.  También era muy exigente, de hecho, siempre digo que crecí en Esparta, en una especie de entrenamiento guerrero pues lo que hacíamos nunca era suficiente.

Mi madre siempre vivió a la sombra de mi padre, era una mujer extraña en la que nunca confié. Cuando era pequeña, siempre temía que me abandonara en la escuela y no volviera a recogerme. Sigue siendo una figura incomprensible. Sin embargo, había algo que heredé de ella: era sensitiva, un poco mágica, lo sabía y lo entendía todo, con una inteligencia emocional formidable. Otra figura fundamental para mí fue mi abuela materna, Carolina: manos que cocinaban y cuidaban. Era como una madre. Vivía con nosotros.

A mi padre le encantaba el arte y la música, nos llevaba a visitar exposiciones y museos, pintaba y tocaba el acordeón, el piano y la trompeta. Viví en una familia que tenía un auténtico culto a la belleza. La escritura me ha impulsado a recrear sus imágenes a partir de la realidad e insertarlas en una dimensión fantástica e imaginaria. Como en mi última novela, aún inédita, en la que mis padres se han convertido en dos personajes literarios.

Hoy todos han fallecido, y se han vuelto venerables.

– ¿Qué recuerda de la casa de su infancia? ¿Puede visitarla todavía?

– No tengo muchos recuerdos bonitos de mi infancia. Lo que recuerdo es un ambiente pesado y severo. Hubo un duelo muy grave que marcó mi infancia. Ya no puedo visitar la casa que teníamos en Roma, porque desde entonces he cambiado varias veces de casa. La casa del mar, en Tarquinia, sigue siendo nuestra, pero ya no es la misma, porque los lugares los hacen las personas, no solo el espacio.

De esa casa recuerdo un jardín con un pozo y sauces llorones alrededor, luego matas de caña india con flores rojas y amarillas. Ahora todo ha cambiado. Allí fui feliz, eran los únicos meses del año en los que me sentía libre; iba en bicicleta hasta la zona arqueológica de Gravisca, donde decidí desde muy pequeña que sería arqueóloga.

– ¿Cuál fue el primer libro que leyó? ¿Cómo llegó ese primer libro a sus manos?

– Diría que el primer libro que tuve en mis manos fue la Biblia. Luego, una colección de cuentos que me compraron mis padres, con dibujos preciosos que aún recuerdo vívidamente. Recuerdo un libro sobre el universo, un libro de astronomía, que no dejaba de hojear, apasionada por las estrellas y los planetas. Había fotografías de Saturno con sus anillos de hielo, el rojo Júpiter…

Seguía preguntándole a mi padre sobre muchas cosas que leía allí, los agujeros negros, el espacio-tiempo, que para mí eran temas que tenían un gran atractivo. Pero mis preguntas se referían a la metafísica, yo quería comprender todo lo relativo al tiempo, de hecho, me dediqué a profundizar en ello toda mi vida. Mi padre murió cuando yo era joven. Echaba mucho de menos las conversaciones que tenía con él. Seguí desarrollando por mi cuenta las mismas investigaciones.

Desde pequeña tenía una marcada espiritualidad y buscaba caminos que pudieran dar respuesta a mis preguntas sobre lo invisible, pero mis preguntas eran imposibles. De hecho, mis investigaciones solo amplificaron mis preguntas. Mi libro Piano di evacuazione es la respuesta a esta búsqueda, es un libro de respuestas poéticas a preguntas imposibles, aquellas que empecé a plantearme desde muy pequeña en ese libro.

Durante mi adolescencia, mi curiosidad febril me llevó a frecuentar la casa de un famoso médium, Demofilo Fidani. Participaba en sus salones los jueves por la noche, en su casita de Parioli. Entre objetos que se materializaban, relatos de viajes astrales y sesiones espiritistas, fue una experiencia que marcó profundamente mi vida. La casa de Demofilo era un portal de acceso a lo invisible.

Más tarde, Dante me cautivó, leía sus obras y sus biografías, entre las que recuerdo Biondo era e bello, de Mario Tobino.

– ¿Comenzó su carrera como escritora con poemas o con un diario personal?

– Siempre he llevado un diario que cargaba conmigo. Siempre fui una viajera incansable, sobre todo cuando era más joven, viajaba tanto por motivos relacionados con las excavaciones como porque quería conocer Oriente. La escritura me acompañaba también durante esos viajes, documentaba todo, desde los hechos hasta las emociones.

Por otro lado, crecí en una familia en la que se hacía música en casa y toqué varios instrumentos. La música ha sido fundamental para mi escritura. Como señala Carlo Pasi en su ensayo Lo scavo dell’origine (La excavación del origen) sobre mi libro Semiotica del male (Semiótica del mal): “Es como si Flaminia se hubiera dedicado desde pequeña a arduos ejercicios de vocalización. Retrocediendo en el tiempo, me centraría en un escenario arcaico en el que, de niña, respondía a las agresiones acústicas del entorno con vocalizaciones preverbales capaces de procesar las emociones con ritmos propios: defensivos y vitales. En este sentido, la música que la habitaba logró envolver con sonidos las crisis de pánico que podían perturbarla. Y ahora nos regala sus trinos traducidos en juegos de asonancias, anáforas y otros contrastes fónicos apremiantes”.

La poesía se entrelazó naturalmente en mi vida, fue un regalo, quizás el más preciado. Una dimensión indeleble que comenzó a perturbar mi vida desde el principio. Tuve una relación amorosa muy especial con un violinista italiano, genial y famoso, mucho mayor que yo, que me lanzó como un rayo a la cúpula de la poesía. Cuando terminó la historia, ese encuentro había reformulado por completo mi sentido estético y comencé a escribir de verdad, con una conciencia que nunca antes había conocido. Era como si la voz del violín se hubiera transformado en poesía en mis manos. Algo que no sé explicar, una transformación alquímica de los sonidos. De hecho, en la poesía vigilo el sonido por encima de todo, y luego el ritmo, los versos son compases musicales, hay crescendo, staccato, vibrato, legato de la poesía.

Desde ese momento comencé a explorar todas las posibilidades de las palabras hasta la ejecución definitiva. Las palabras están llenas de pólvora, pueden estar ebrias, incluso ser venenosas. Las patrullas de palabras conspiran, guiñan el ojo, huyen con todo el botín, puede pasar cualquier cosa. Es necesario ganarse su simpatía con delicadeza, deslizarse sobre ellas, acariciarlas, rozar la piel de las palabras, golpearlas cuando sea el momento.

Para concebir la poesía hay que tener una imaginación musical desmesurada, para transmitir estados de ánimo que son como el titilar de una vela. Se necesita una visión que es casi premonitoria.

La poesía es una pluma que cae.

– ¿Leíste tus primeros poemas a tus amigos o a alguien cercano a ti?

– Sí, recuerdo que se los leía a mis amigos, Guido, Pietro, Francesca y alguna otra persona. Nunca se los leía a mis padres, con mi padre había mucho respeto, pero no había intimidad. Le tenía cierto temor. Mi madre no me prestaba atención ni me escuchaba, cambiaba de tema cada vez que yo hablaba de algo que me importaba, no soportaba la tensión y se escapaba. Por estas razones digo que, con mi sensibilidad, la infancia no fue fácil.

– ¿Qué libro le abrió las puertas de la poesía?

– No recuerdo ningún libro en particular, siempre he estado muy vinculada a los libros y, como decía, desde pequeña he tenido muchos entre mis manos. La casa estaba llena de libros. La poesía entró en mi vida sin más, no hubo un detonante, surgió de forma natural. Pero empecé a leer poesía muy pronto, sentía que era un cofre lleno de tesoros. La poesía, de forma inexplicable, daba consuelo a esas preguntas existenciales que me seguía planteando y que no encontraban respuesta.

Había una forma de salvación, algo que saciara mi sed de lo invisible. La poesía es confesión “La audacia que consiste en decir lo peor, en escribir lo peor, en hacer aparente, en nombrar lo peor… en aventurarse allí donde no tenemos la fuerza ni los medios para aventurarnos, al borde de nuestro abismo: y, por lo tanto, en describirlo”. En la escritura se pone en práctica también el testimonio del secreto, el presagio, lo no dicho, las zonas de sombra. La escritura es, por tanto, confesión, pero también absolución.

Recuerdo el día en que me enteré de la enfermedad de Ilaria, una querida amiga, quedé tan conmocionada por la noticia que no sabía dónde ponerme, dónde arrojar los enredos de ese dolor. Después de confiar el trauma a la escritura, me sentí liberada, la escritura me había absuelto.

– ¿Fue difícil publicar su primer libro de poesía? ¿Puede contarnos cómo fue?

– Fue fácil e inesperado. Había terminado de escribir mi primera colección, Sorso di notte potabile, que era un diálogo con mi padre, fallecido poco antes. Como escribió H. Cixous: “Para empezar (a escribir, a vivir), se necesita la muerte. Amo a los muertos, son los guardianes de la puerta que, al cerrarse por un lado, da paso al otro. Se necesita la muerte, pero joven, presente, feroz, fresca, la muerte del día, la muerte de hoy. Que llega a nuestro lado tan de repente que no nos da tiempo a evitarla, quiero decir, a evitar sentirnos tocados por su aliento”.

Fui a la feria del libro de Roma, era diciembre, y llevé el manuscrito conmigo. Lo dejé en el stand de Lietocolle, una editorial lombarda que se dedicaba exclusivamente a la poesía y que hoy ya no existe más. Me llamaron por teléfono unos días después para decirme que lo publicarían.

– ¿Los editores la buscan a menudo para publicar una recopilación de poemas o es difícil encontrar editores en los tiempos actuales?

–  A menudo recibo propuestas de publicación, pero espero, soy de la opinión de que no hay que publicar demasiado, me lo tomo con calma.

– ¿En qué momento comprendió que la escritura formaría parte de su vida?

Lo comprendí cuando era pequeña. Lo que me fascinaba era el aspecto ecuménico de la poesía. Se podía escribir sobre cualquier cosa, la poesía podía esconderse en cualquier lugar, en pequeños objetos insignificantes, un botón, una taza sucia, un trapo.

-De sus libros, ¿cuál cree que la define mejor?

Lezioni di immortalità, publicado por Mondadori en 2018, y Piano di evacuazione, Samuele editore, 2017.

– ¿Escribe todos los días para un proyecto de libro específico o se deja llevar por su imaginación y luego recopila lo que más le gusta para dar forma al libro?

– Si hay un proyecto que tengo que terminar, soy muy diligente. Trabajo mejor con una pistola en la sien. Pero si no tengo una fecha límite, me dejo llevar por las situaciones y la imaginación. También tiendo a dispersarme un poco. Soy fatalista, observo las señales que encuentro, como un arúspice contemporáneo, interpreto lo que sucede y me dejo guiar. Tengo una forma de proceder muy irracional.

– ¿Le gusta leer sus poemas en público, escuchar a otros poetas?

– Me gusta escuchar a otros poetas y descubrir nuevas voces. Hoy en día todo el mundo dice ser poeta, pero ¿dónde está la poesía? Lo que no me gusta nada del mundo de la poesía es ese grado de exaltación autorreferencial que observo cada vez con más frecuencia. Por eso cada vez me gusta menos participar en lecturas.

– ¿Qué ha aprendido de sus estudios arqueológicos que le ha inspirado como poeta?

– Estudiar es lo que más me gusta, junto con escribir, ambas cosas van de la mano. Sigo matriculándome en la universidad para tener la oportunidad de profundizar en los temas que me interesan. Muchos me dicen: no es necesario hacer exámenes, pero eso no es cierto, porque nunca se prepararía uno para los exámenes. He dedicado un libro a la relación entre la arqueología y la poesía, Lezioni di immortalità (Lecciones de inmortalidad).

Mis estudios me han enseñado muchas cosas: a conocer la mentalidad de los antiguos y, por desgracia o por suerte, hoy analizo el mundo a través de un gran lente interpretativo que es la visión de la antigüedad, de la que ahora formo parte. La arqueología no es un trabajo como cualquier otro, requiere un grado de abnegación inimaginable. He aprendido a ser paciente; excavar durante horas en el desierto es agotador y lento. Además, en el desierto hace mucho calor o mucho frío por la mañana, no es un lugar muy acogedor, aunque espiritualmente sí, y mucho.

A través de la arqueología me he dedicado al estigma del Arché, a los abismos de los orígenes, con sus misteriosas repercusiones, impulsada por ecos primarios. Lo arcaico reverbera mi radiación de fondo. He aprendido que todo está estratificado, que los procesos humanos y psíquicos están hechos de sedimentaciones, como los yacimientos arqueológicos. Pero también escribir, al fin y al cabo, no es más que un intento de desenterrar, de excavar en profundidad entre estratificaciones con la palabra. Excavar es este diálogo ininterrumpido con lo invisible, estamos en relación con aquellos que antes que nosotros habitaron allí, ponemos nuestras manos en los restos del banquete de sus vidas. La arqueología es un trabajo sobre lo invisible. Estos objetos de cultura material que excavamos son fragmentos aparentemente insignificantes, pero conservan intacto el aura de su historia, custodian los tiempos superpuestos, los gestos y las miradas que se han posado sobre ellos. El botón tocado a diario por la mano, el asa de un jarrón agarrado quién sabe cuántas veces, la punta de un casco, ¿cuántos rostros de adversarios aterrorizados habrá visto?

Estos pequeños objetos, aparentemente insignificantes, a menudo rotos, nos introducen en sus recuerdos, son vehículos, vías de acceso a lo perdido. En estos objetos, en su disposición y en su morfología, se deposita la memoria de las personas a las que pertenecieron. Es como si se pudieran ver a contraluz en el lecho de la articulación cíclica ternaria: nacimiento, muerte, renacimiento. Al estilo de Proust, esos espacios, esos objetos, aunque fragmentarios, son una extensión de sus personalidades, de su entorno, de sus gustos, de sus pensamientos, de sus creencias e ideologías, e incluso de sus sueños.

Como escribe Carlo Pasi en su ensayo sobre mi poesía, Lo scavo dell’origine (La excavación del origen): «Excavando en civilizaciones enterradas, en las tumbas de la humanidad, Flaminia ha vislumbrado el aliento de lo invisible como un sueño proyectado en el futuro: el desmoronamiento de lo humano que invoca una reagrupación inesperada. Entonces, solo la poesía, con el eros, puede intentar lo imposible. Agrupando los restos de pensamientos sedimentados por el olvido, los únicos que darán lugar a nuevas formas».

La poesía es el intento extremo y la tentación extrema de burlarse de la muerte, de desenterrar, es una declaración de amor a las capas de putrefacción, a la ruina, a la descomposición. Pero es este vértigo de doble sentido vida-muerte-vida, como en la arqueología.  Es dar testimonio del amor, devolver la muerte a la placenta, aprender a morir. Los poetas han sobrevivido, pero tienen el estatus identitario de los condenados a muerte, están condenados y perdonados. Escribir es sobrevivir, hacer sobrevivir a la fuente vital de la escritura que alcanza la realidad de la manera más veraz y la reagrupa en el lugar más alejado de ella.

– ¿Qué siente cuando ve su último libro impreso por primera vez? ¿Lo relee o lo guarda en una estantería junto con otros libros?

– Siento una sensación de satisfacción, pero también de miedo, porque sé que, a partir de ese momento, el libro se convierte en una entidad separada de mí, que tiene vida propia. Nunca me atrevo a releerlo entero. Esa es la magia de escribir, saber que una parte tan profunda de tu mundo yace en la estantería de alguien que no conoces; que el libro inspira la imaginación de otras personas, que son capaces de leerlo según una visión que nunca habrías imaginado. Cuando un libro se materializa, en carne y hueso, en tus manos, es como un hijo ya crecido al que hay que dejar marchar. Tiene su propia vida, que se desarrolla lejos de ti por caminos impredecibles e inesperados.

– ¿Cree que los influencers han asumido el papel protagonista en la sociedad, el papel que antes correspondía a los intelectuales, artistas, poetas y escritores?

– Detesto ese mundo, me parece completamente vacío e insignificante. Hoy en día triunfa la nada, para tener éxito hay que ser mediocre, de lo contrario se es disonante. Hay una voluntad de mantener el nivel bajo y de celebrar sobre todo el mal. El mal está de moda. Incluso los intelectuales de hoy en día son ridículos en comparación con los del pasado, si pienso en Pasolini.

-En este momento histórico, ¿a qué le teme?

– A la vulgaridad y la violencia, pero no necesariamente a la de las guerras, me impresiona la violencia sutil de los pequeños gestos cotidianos.

Se necesita una revolución espiritual, radical y urgente, una revolución de la belleza, para recuperar la humanidad, la amabilidad y la capacidad de escuchar al otro.

– ¿Por qué escribe?

– No lo sé.

Quizás porque la escritura es el único tamiz que poseo a través del cual dar sentido a la vida y ponerla a salvo.

Petruvska Simne

 

 

POEMAS

ILA

¿Te acuerdas de nosotros en Capri de jóvenes?
Te dije que dijeras que no
que desobedecieras
que no bajaras la voz
te dije
que contaras los desgarros
de tu trinidad
no apacigües el huracán de tu fuego
que contaras todo el bestiario ardiente
de tu apellido
y no te devores continentes.
Te dije que te defendieras,
no te convirtieras en una presa indefensa
distribuyeras el mal
y no desmenuzaras las palabras
en tu garganta como una trituradora.
Ahora ese grito mineral
ahogado en la garganta
se ha convertido en mármol y demonio.
Las primeras hojas amarillas caen del tilo
y cuando el árbol pierda sus hojas
hoja por hoja
tu garganta será
una célula de obsidiana
un número de cuarzo
Será una magnolia
o una estrella de mar.
Hoja por hoja
será una abeja floreciente de tu escudo
una hogaza de pan caliente
recién salido del horno
hoja por hoja
tu voz será
de amapola incesante
un corazón espinoso
y tus hijos habrán
olvidado tus historias.
Hoja por hoja
tu garganta estará en sol menor
una libélula de oro
una margarita verde
el mistral que retrocede.
Hoja por hoja
tu garganta quedará huérfana de ti
será un torrente de estrellas
un viñedo alado
un cometa gótico.
Cuando el árbol esté desnudo
tu lengua será una lagartija azul
un arca de trigo
una mariposa de seda oriental
será septiembre y sus higos maduros.
Hoja por hoja vencerás a la muerte
con sus pupilas galopantes.
«Algún día este dolor te será útil».
Hoja por hoja, serás
el duelo de las palabras no dichas
nuestra soledad abarrotada
confeti del corazón
un diamante enroscado en el insomnio
de tus hijos.
Serás un Ave María
una cosa soñada
y tus cuerdas vocales serán el arpa
de un ángel que aún no conoces.
En la proa de una catedral flotante
oiremos crepitar el sol
y bailaremos todavía jóvenes
descalzos sobre las rocas
en Capri.

ILA

Ricordi noi a Capri da giovani
con le pance gemelle?
Te l’avevo detto di dire no
disobbedire
non tenere bassa la voce
te l’avevo detto
di raccontare le sfilature
della tua trinità
non temperare l’uragano del tuo incendio
di dire tutto il bestiario ardente
del tuo cognome
e non ingoiare continenti.
Te l’avevo detto di difenderti
non farti preda intatta
distribuire il male
e non sbriciolare le parole
in gola a frantoio.
Ora quell’urlo minerale
strozzato in gola
s’è fatto marmo e demone.
Dal tiglio cadono le prime foglie gialle
e quando l’albero sfoglierà
foglia a foglia
la tua gola sarà
cella d’ossidiana
un numero di quarzo
sarà magnolia
o stella marina.
Foglia a foglia
sarà un’ape fiorita del tuo stemma
una forma di pane caldo
appena sfornata
foglia a foglia
la tua voce sarà
di papavero incessante
un cuore spinato
e i tuoi figli avranno
dimenticato i tuoi racconti.
Foglia a foglia
la tua gola sarà in sol minore
una libellula d’oro
una margherita cruda
il maestrale che indietreggia.
Foglia a foglia
la tua gola sarà orfana di te
sarà un ruscello di stelle
una vigna alata
una cometa gotica.
Quando l’albero sarà spoglio
la tua lingua sarà una lucertola azzurra
un’arca di grano
una farfalla di seta orientale
sarà settembre e i suoi fichi maturi.
Foglia a foglia batterai la morte
con le sue pupille al galoppo.
“Un giorno questo dolore ti sarà utile».
Foglia a foglia sarai
il duello delle parole non dette
la nostra solitudine affollata
coriandoli di cuore
un diamante avvitato nell’insonnia
dei tuoi figli.
Sarai un’Avemaria
una cosa sognata
e le tue corde vocali saranno l’arpa
di un angelo che ancora non sai.
Sulla prua di una cattedrale a vela
sentiremo gracidare il sole
e balleremo ancora giovani
a piedi scalzi sugli scogli
a Capri.

METAPOESÍA

Esta noche el sol no consigue ponerse
es como una guirnalda de trigo que cuelga de los ojos
te toco la espalda y te arqueas
como un pétalo al viento del mar
los ojos aplastan el infinito por venir.
Te hablo como quien dice un secreto
de mi aliento en llamas donde busco la poesía
escondida en su cripta de velos
de mis manos cansadas del trabajo
valientes y llenas de palabras rebeldes
con las que extraigo el fuego de cada día
de pensamientos que crucifican y
miran hacia lo alto.
Me miras y tus ojos cambian la voz
mientras nos cubrimos con el abrigo
querías consolarme.
Te hablo de las emociones huérfanas
cuando quieren quedarse en versos
como ofrendas obstinadas al templo
de tentaciones que no dan alma ni tregua
que llevan al infierno y
que no son cifras, ni hijos, ni hogares
.
Te hablo de sueños mezclados con diluvios
que quisiera fijar y detener
de cuando las palabras no se abren todavía
y son callejones oscuros, viajes solo de ida
y a veces pactos de belleza definitivos
códigos abiertos de nuevas resurrecciones
cuando muestran galaxias y ríos
y el tiempo depredador avanza
a pasos arrodillados
en la campana sin rejas
donde los panes vuelven a mi
boca colmada de abril
que besa tu perfil a contraluz.
Suspendidos en el ala con la que cada día intento
elevarme por encima de los yelmos de los ángeles
como en el cielo así en la tierra.

METAPOESIA

Stasera il sole non riesce a tramontare
è come un cappio di grano appeso agli occhi
ti tocco la schiena e t’inarchi
come un petalo al vento del mare
gli occhi calpestano l’infinito davanti.
Ti parlo come si dice un segreto
della mia fiamma a fiato in cui cerco la poesia
nascosta nella sua cripta di veli
delle mie mani stanche al lavoro
coraggiose e colme di parole ribelli
con cui estraggo il fuoco ogni giorno
di pensieri che crocifiggono e
guardano verso l’alto.
Mi guardi e i tuoi occhi cambiano voce
mentre ci copriamo con il cappotto
vorresti consolarmi.
Ti racconto delle emozioni orfane
quando vogliono restare in versi
come offerte ostinate al tempio
di tentazioni che non danno anima né tregua
che portano all’inferno e
che non sono cifre, né figli, né case.
Ti parlo di sogni mescolati a diluvi
che vorrei fissare e fermare
di quando le parole non si aprono ancora
e sono vicoli bui, viaggi di sola andata
e a volte patti di bellezza definitivi
codici aperti di nuove resurrezioni
quando dimostrano galassie e fiumi
e il tempo predatore procede
a passi inginocchiati
nella campana senza ringhiere
dove i pani tornano alla mia
bocca colma di aprile
che bacia il tuo profilo contro il sole.
Sospesi sull’ala con cui ogni giorno provo
a innalzarmi oltre gli elmi degli angeli
come in cielo così in terra.

CUANDO ME HABITARON LOS VIVIENTES

Cuando me habitaron los vivientes
en los dolores de parto de Dios
y un coro de semillas en la cuna mineral
hilaban mi piel de luz y tiempo
cuando manadas de árboles me recorrían
y el alfil ensillaba el indomable fuego
de mi reino inconmensurable
en los surcos de mi cuerpo
un Santo llevaba la bestia a casa
sonriendo en mi boca.
¿De qué litigio de ángeles
habla mi suave voz?
¿Cuál funambulista se balancea
sobre mi cordón umbilical?
¿Quién peregrina tras mis pasos?
Un ejército clava visiones
embrujadas en el hipocampo
y un náufrago en las orillas de mi ausencia
está soñando con mi vida en este momento.
A veces nos encontramos
yo y el guardián de mi viña
cuando ara más alegría
de aquella que puede contener,
mientras un centauro con el arco de mármol
dispara al blanco con mi corazón.
A veces mis manos son patas que
arañan el infinito y
una entre cien respira mi reloj de arena
y escribe las letanías del agua,
manos viudas cavan rostros en mí
y entierran ídolos
hasta que las leyes enteras envuelvan
las coníferas de la memoria
y todas mis criaturas
cuerpo a cuerpo
se precipitarán en una,
deshojando la oscuridad.
En una única analogía desarmaré el destino
estaré desnuda, costilla de verbo,
vértebra de saliva, músculo de viento.
No me bastará la eternidad para comprender quiénes,
asesinos o sirenas, corsarios o bienaventurados han
cantado, vivido, bailado y
amado en mi lugar,
en mi pecho mayúsculo.
Cuando me llamaban viva
mientras yo seguía muriendo.

QUANDO MI ABITARONO I VIVENTI

Quando mi abitarono i viventi
nelle doglie di Dio
e un coro di semi nella culla minerale
filava la mia pelle di tempoluce
quando mandrie di alberi mi correvano dentro
e l’alfiere sellava il fuoco indomabile
del mio regno smisurato,
nei solchi del mio corpo
un Santo rincasava la bestia
sorridendo nella mia bocca.
Da quale litigio di angeli
è parlata la mia voce levigata?
Quale funambolo sta in equilibrio
sul mio cordone ombelicale?
Chi è in pellegrinaggio nel mio passo?
Un esercito appicca visioni
spiritate nell’ippocampo
e un naufrago sulle rive della mia assenza
sta sognando la mia vita adesso.
Ci incontriamo talvolta io
e il guardiano della mia vigna
quando ara più gioia
di quella che possa contenere,
mentre un centauro con l’arco di marmo
tira al bersaglio con il mio cuore.
A volte le mie mani sono zampe che
artigliano gli infiniti e
una delle cento respira la mia clessidra
e scrive le litanie dell’acqua,
mani vedove in me scavano
volti e seppelliscono idoli
fino a quando le leggi intere avvolgeranno
le conifere della memoria
e tutte le mie creature
corpo a corpo
precipiteranno in una,
sbucciando il buio.
In un’unica somiglianza disarmerò il destino
sarò spoglia, costola di verbo,
vertebra di saliva, muscolo di vento.
Non mi basterà l’eternità per capire chi,
assassini o sirene, corsari o beati hanno
cantato, vissuto, ballato e
amato al mio posto,
nel mio petto maiuscolo.
Quando mi chiamavano viva
mentre io continuavo a morire.

PADRE BOSCO

Padre Bosco, que arañas los cielos
santificados sean el madroño
el tilo, el roble y la conífera
venga tu reino habitado por la infancia
hágase el cónclave de las estaciones
como en el cielo, así en la tierra.
Danos hoy tus oraciones salvajes
las liturgias botánicas
concédenos tu alegría siempre verde
las hojas talismánicas, los derechos de la primavera
como nosotros los perdonamos a tus altares vegetales
y no nos quites tu aliento de clorofila
tus raíces de cítara, tus ojos floridos
mas líbranos del mal
Amén

PADRE BOSCO

Padre bosco che afferri i cieli
siano santificati il corbezzolo
il tiglio, la quercia e la conifera
venga il tuo regno abitato d’infanzia
sia fatto il conclave delle stagioni
come in cielo così in terra.
Dacci oggi le tue orazioni selvatiche
le liturgie botaniche
rimetti a noi la tua allegrezza sempreverde
le foglie talismani, i diritti della primavera
come noi li rimettiamo ai tuoi altari vegetali
e non ci sottrarre il tuo respiro di clorofilla
le arpe radici, i tuoi occhi fioriti
ma liberaci dal male
Amen

PROUSTIANA

Como un mendigo por las calles
de la ciudad camino deseando
un día de mi juventud.
Solo uno.
Como un ídolo destruido e impronunciable.
Lo busco abajo
Un simulacro para plasmar en el barro
en las manchas oscuras del asfalto, en
las grietas del pavimento
lo busco entonado
por un silencio oscuro.
Poder regresar a casa.
En moto, tocar el timbre,
alguien responde al intercomunicador.
Encontrar a mi abuela en la cocina
sus dedos oscuros, nudosos
que preparan.
Bajo el mapa de la India
me tumbo en la cama
y espero a que llamen para la cena.
Pero esa casa ya no es mía
alguien que no conozco
está haciendo el amor en mi habitación.
Las manos de mi abuela son cenizas.
Junto al templo de Claudio
leo el libro de horas esta noche
en mi estudio del Coliseo.
Mañana esta habitación
Pertenecerá a alguien que no conozco
y yo lamentaré este día
recordaré mi escritorio
de las valiosas lecturas entre mis manos
de la fortaleza de libros que me rodea
A Bianca, adolescente, bella e impredecible,
que me hace enloquecer.
Hoy será una vieja carta amarillenta
olvidada en el fondo de un cajón
un encaje carcomido
voces, hojas del destino
de un Tiempo Perdido
apiladas en un armario cerrado
del que no tengo la llave.
Lo lamentaré ahora solo porque
se habrá convertido en «alguna vez»
momentos entrelazados en la memoria
tejidos por el tiempo
que aman todo de mí.
Lo quiero solo porque es
Pasado.
Pero el ahora, el aquí me abandonan
Yo los abandono.
La estructura de mi tiempo está alterada
en mi territorio de pedernal irreversible
fluye un sacrificio primitivo
patas de bestia salvaje sobre mi
entablamento de cera derretida
me deslizaré corriendo sobre un remedio
seré una posesión silenciosa
amordazada, crucificada en el tiempo
Gritaré amén dando la espalda a la fiesta de otoño
sin dios, seré fuego para el fuego
Dejaré en sus manos mi vida en llamas.
Soy la artillería y la paz
el convento de plumas
la alegría de terracota
donde ayuna el crucificado
soy el ángel ebrio de dios
el pan que mata el hambre de los fantasmas
la diana vendada de luz
soy la campana de aire
que toca el silencio
la espalda sobre la que descansa la cama
soy la oración que lava el agua
la viña de tinta
donde se vendimia el sol
soy el mapa para perderse
soy la mesa empinada
donde se sienta el todopoderoso
cuando se arrepiente.

PROUSTIANA

Come un mendicante per le vie
della città cammino desiderando
un giorno della mia giovinezza.
Uno soltanto.
Come idolo distrutto impronunciabile.
Lo cerco in basso
simulacro da plasmare nel fango
nelle chiazze scure dell’asfalto, nelle
fessure del selciato
lo cerco intonato
da un silenzio oscuro.
Poter ritornare a casa.
In motorino, scampanellare
qualcuno risponde al citofono.
Trovare mia nonna in cucina
le dita scure, nodose
che preparano.
Sotto la cartina dell’India
mi distendo sul letto
e aspetto che chiamino per la cena.
Ma quella casa non è più mia
qualcuno che non conosco
fa l’amore nella mia stanza.
Le mani di mia nonna sono cenere.
Accanto al tempio di Claudio
leggo il libro d’ore stasera
nel mio studio al Colosseo.
Domani questa stanza
sarà di altri che non so
e io rimpiangerò questo giorno
ripenserò alla mia scrivania
alle letture preziose fra le mani
al fortilizio di libri intorno
Bianca adolescente, bella e imprevedibile,
che mi fa impazzire.
Oggi sarà una vecchia lettera ingiallita
dimenticata in fondo a un cassetto
un merletto tarlato
voci, fogli di destino
di un Tempo Perduto
accatastati in un armadio serrato
di cui non ho la chiave.
Rimpiangerò adesso solo perché
sarà diventato “una volta”
momenti intrecciati nella memoria
tessuti dal tempo
che amano tutto di me.
Lo voglio solo perché è
Passato.
Ma l’ora, il qui m’abbandonano
io li abbandono.
La struttura del mio tempo è alterata
nel mio territorio di selce irreversibile
scorre un sacrificio primitivo
zampe di fiera sulla mia
trabeazione di cera liquefatta
scivolerò in corsa su un rimedio
sarò un possesso silenziosa
imbavagliata, crocefissa al tempo
griderò amen girandomi di spalle alla festa autunnale
senza dio sarò fuoco a fuoco
gli lascerò in mano la mia vita in fiamme.
Sono l’artiglieria e la pace
il convento di piume
l’allegria di terracotta
dove digiuna il crocifisso
sono l’angelo ubriaco di dio
il pane che affama gli spettri
il bersaglio bendato di luce
sono la campana d’aria
che suona il silenzio
la schiena su cui riposa il letto
sono la preghiera che lava l’acqua
la vigna d’inchiostro
dove si vendemmia il sole
sono la mappa per perdersi
sono la mensa ripida
dove siede l’onnipotente
quando si pente.

ESPARTA

No sabes cómo en Esparta llorábamos en silencio
sobre la suma de los antepasados Dorios
desde las tumbas abarrotadas cuando
se casaba un cielo inferior
se maldecía al padre y su
evangelio de blasfemias
agrietado por el uso
tragado en el caos teológico
sucio de circo ecuestre.
El cronómetro avanzaba y ya íbamos retardados
en el entrenamiento de guerreros
las cadenas que fijar con las
manos paralizadas por el frío
para saborear la ruina de un milagro
volverse fuerte como un ejército
una mujer fuerte como un ejército
con la orquídea aplastada en el puño
a un paso de la inmortalidad.
La piedad nuclear pedía
poder llorar y gritar «¡descanso!».
Hubiera querido una balsa de almendras
refugiarme en un beso.
Pero a mi alrededor solo el silencio
marché, con la cabeza gacha
había un enemigo que derrotar,
era yo.

SPARTA

Non sai a Sparta come si piangeva in silenzio
sulla somma degli antenati Dori
dai sepolcri affollati quando
si sposava un cielo inferiore
si malediva il padre e il suo
vangelo di bestemmie
screpolato dall’uso
ingoiati nel caos teologico
sporco di circo equestre.
Il cronometro scattava e si era già in ritardo
sull’addestramento guerriero
le catene da fissare con le
mani paralizzate dal freddo
per assaggiare la rovina di un miracolo
diventare forte come un esercito
una donna forte come un esercito
con l’orchidea schiacciata in pugno
a un passo dall’immortalità.
La pietà nucleare chiedevo
di poter piangere e gridare “riposo!”.
Avrei voluto una zattera di mandorle
ricoverarmi in un bacio.
Ma a portata di voce solo il silenzio
marciavo, la testa bassa
c’era un nemico da sconfiggere,
ero io.

SIN ESPARTA

Quizás nos salvemos así, sin valor,
en un pliegue,
sin desear el abismo
ni la mordida del ahorcado
sin salar la vida en el pecho
con el alma miope, desprovistos del último acto.
Quizás se pueda llevar el yelmo
como un sombrero rojo en su interior
y exhibir la propia impotencia erguida
como una resurrección.
Sin tener como pactos la cuna en el océano
deponiendo la espada en una concha.
Quizás sin Esparta podríamos habernos amado
sin el ejército en el campo de almendra.
La espera es una forma extrema de valor
pero en Esparta el ángel está disperso
y la armadura está soldada a los huesos.
Quizás en Esparta podríamos habernos amado
en una lambda
sobre un escudo de hierba fresca
con la invasión en la cruz.

SENZA SPARTA

Forse ci si salva così, senza coraggio
in una piega
senza desiderare l’abisso
e il morso dell’impiccato
senza salare la vita nel petto
con l’anima miope, privi dell’ultimo atto.
Forse si può portare l’elmo
come un cappello intestato di rosso
ed esibire la propria impotenza eretta
come una resurrezione.
Senza avere come patti la culla nell’oceano
deponendo la spada in una conchiglia.
Forse senza Sparta avremmo potuto amarci
senza l’esercito in campo nella mandorla.
L’attesa è un’estrema forma di coraggio
ma a Sparta l’angelo è divaricato
e la bardatura è saldata alle ossa.
Forse a Sparta avremmo potuto amarci
in una lambda
su un fresco scudo d’erba
con l’invasione nella croce.




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