Giulia Notarangelo lee Gli esodi, gli esili de Alfredo Pérez Alencart.
EDIZIONE ITALIANA 2025
Traduzioni di Vito Davoli
TABULA FATI, Chieti 2025
La profesora Giulia Notarangelo, de Bari, docente de materias literarias en la escuela, poeta, escritora y miembro del comité científico de la revista literaria semestral La Calce & Il Dado, además de socia fundadora de la APS Verso Levante, lee y reseña Gli esodi, gli esili (Los éxodos, los exilios) del poeta peruano-salmantino Alfredo Pérez Alencart, catedrático de Derecho en la Universidad de Salamanca y Director de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos en Salamanca, en la primera edición italiana (2025) publicada por Tabula Fati (Chieti) y traducida por el poeta y crítico apuliano Vito Davoli.
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Gli esodi, gli esili es una obra que se sitúa con fuerza en el panorama de la poesía contemporánea, no solo por su calidad formal, sino también por su capacidad de interrogar el presente sin ceder a la retórica. La edición italiana de 2025 contribuye a colmar una laguna en el panorama editorial nacional, haciendo accesible a un autor cuya estatura poética es ya reconocida a nivel internacional. La traducción de Vito Davoli logra mantener una doble tensión: la intensidad del verso y la vibración simbólica que lo atraviesa.
Libro magmático, bitemático, a juzgar por el título; libro de encuadres boreales, donde se camina «sotto soli di magnesio» (p.29), en tierras donde «avere casa non significa affatto avere patria» (p.21), con las heridas y los tormentos que uno lleva consigo como una marca incluso cuando regresa, y el viaje concluye «quando i sogni non si allungano più» (p.77).
La obra está compuesta por veinticinco “capítulos”, un prólogo, un epílogo y la introducción del autor (fechada en 2014). Todo está impregnado de añoranza, de nostalgia, de los sufrimientos de lo cotidiano, de vivir en equilibrio precario, de la incertidumbre, de ser señalados durante el camino.
Un yo que no está solo, aunque grite su soledad; un yo que se vuelve comunidad y hermana a los seres humanos en cuanto tales. Un epos rico en liricidad, en pausas, en «lunghi silenzi», en iteraciones, en oxímoros, en interrogantes, en amenazas explícitas, pero también en resiliencia. El canto de una multitud de «puro lignaggio meticcio» (p.27), las adversidades, las peticiones de ayuda y los lamentos de quienes se encuentran, quizá de improviso, por fuerza o por necesidad, siguiendo el flujo que fluye y/o tomando decisiones de vida para escapar de un destino cruel (p.28). Los destellos líricos y la introyección de los paisajes forman un todo indivisible.
El poemario, con sus versos libres y estrofas que se dilatan y se contraen, permite al autor abarcar tanto el bien — vislumbrado e imaginado como un espejismo — como el mal que trae consigo la mortificación de sentirse ajenos, despatriados, de no tener una casa, ni siquiera provisional; una casa que nunca podrá ser patria (en su sentido etimológico).
El título, Gli esodi, gli esili, deja imaginar — o mejor, entrever — las luces y las sombras de fenómenos como estos, que desde siempre han afectado al ser humano, ya sea a través de la denuncia social y/o apelando a la culpa de quienes sí tienen «il pane della colazione» (p.49), frente a quienes, en cambio, lo han obtenido con esfuerzo (p.52), en un mundo que, ante la ceguera y la sordera crecientes, «ti rende straniero ovunque tu vada» (p.37). En este libro hay un vaivén de sentimientos que se traducen en actitudes: se pasa de la indiferencia de la «gente del posto» a la «fraternidad», a la «compartición» y a la «humildad» por parte de algunos. Y todo puede parecer casi un «miracolo, / una voce sonora tesa contro l’indifferenza» (pp. 55-56).
La XVIII composición tiene un ritmo cinematográfico. Desde el inicio es total la implicación de quien escribe, que tiene antepasados que han sufrido estos fenómenos, y logra representar el epos de estos migrantes con humana pietas y misericordia cristiana, recurriendo a veces a metáforas exuberantes. En la XX, aparece casi la «cronaca delle tragedie», pero también la de los sentimientos y pulsiones de los perseguidores hacia los perseguidos, cuando «l’uomo mette alle strette l’uomo perché accecato dal fango di un patriottismo sterile. […] E il terrore scolpisce un’altra idilliaca notte di fantasmi».
El poeta entra en el alma de quien debe dejar su propia tierra y lleva consigo las semillas de los recuerdos y de los pasos de quienes lo precedieron, sean o no sus propios antepasados. Toda la humanidad queda interpelada. El epílogo es propositivo y constituye una invitación a «abbattere i muri affinché l’uomo possa mettersi in cammino e a dare un nuovo significato alla parola ‘Benvenuto’»; está escrito íntegramente en cursiva, casi como si fuera una carta en versos, del mismo modo que está en cursiva la introducción, donde el poeta habla de sí mismo y de su trayectoria.
Es la primera vez que me enfrento a este tipo de poesía imaginativa y de tintes barrocos, de matriz española, que es al mismo tiempo epos, drama, denuncia y mucho más. Para mí ha sido una empresa inmensa intentar buscar y encontrar una visión unitaria de estos fenómenos, a menudo lejanos o muy lejanos en el tiempo, pero siempre actuales, que emergen ya casi a diario como por una magia negativa, y que van desde los fiordos hasta los desiertos, desde los éxodos bíblicos hasta el descubrimiento del Nuevo Mundo. La imagen de la portada, del artista Miguel Elías (en sus indefiniciones y en esos toques de color oscuros y vivos a la vez, con esos rostros sin rasgos), subraya la planetariedad de los éxodos y de los exilios (cf. la introducción), mientras que la soledad humana, a medida que se avanza entre las dificultades, puede transformarse en compartición, pues en el fondo todos formamos parte del género humano.
Este libro es solo una parte — la primera y la más significativa, según el autor — de una obra compleja compuesta por cinco secciones que reúnen todos los poemas y cuadernos sobre las migraciones. Uno de los aspectos más característicos de Gli esodi, gli esili es el uso de un léxico rico, compuesto y fuertemente evocador, que une términos de la vida cotidiana con elecciones lingüísticas de tono elevado. La terminología está a menudo vinculada a los grandes movimientos de la humanidad: el vocabulario del éxodo, de la errancia, de la herida interior. Expresiones como «ferite», «tormenti», «spatriati», «patria», «paesaggi interiori», «cronaca delle tragedie», «fantasmi», «miracolo» aparecen como núcleos semánticos que dan forma a un imaginario colectivo y atemporal. El yo poético habla de una humanidad «di puro lignaggio meticcio» con un lenguaje que no describe, sino que transfigura, convirtiendo la realidad en materia simbólica. El léxico está además construido para conjugar concreción y universalidad: junto a imágenes vívidas de la vida migrante — el pan del desayuno, el barro, la noche — aparecen expresiones que miran hacia una dimensión ética y épica («umanità», «misericordia», «fraternità», «condivisione»). Esta coexistencia contribuye a la naturaleza polifónica del texto.
Alencart ofrece una poesía que es al mismo tiempo memoria, denuncia y esperanza. Su voz, arraigada en la tradición bíblica y en la historia europea y latinoamericana, habla con sorprendente claridad al lector, invitándolo a reconocer en el otro no un problema, sino un espejo.

La dimensione etica ed epica nelle polifonie di Alencart.
Giulia Notarangelo legge Gli esodi, gli esili di Alfredo Perèz Alencart
EDIZIONE ITALIANA 2025
Traduzioni di Vito Davoli
TABULA FATI, Chieti 2025
La prof.ssa barese Giulia Notarangelo, già docente di materie letterarie nella scuola, poetessa, scrittrice e membro del comitato scientifico del semestrale letterario La Calce & Il Dado oltre che socio fondatore dell’APS Verso Levante, legge e recensisce Gli esodi, gli esili del poeta peruviano-salmantino Alfredo Pérez Alencart, ordinario di Diritto presso l’Università di Salamanca e Direttore degli Encuentros de Poetas Iberoamercanos en Salamanca, nella prima edizione italiana 2025 edita da Tabula fati (Chieti) e tradotta dal poeta e critico pugliese Vito Davoli.
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Gli esodi, gli esili è un’opera che si colloca con forza nel panorama della poesia contemporanea, non solo per la qualità formale, ma per la capacità di interrogare il presente senza cedere alla retorica. L’edizione italiana del 2025 contribuisce a colmare una lacuna nel panorama editoriale nazionale, rendendo accessibile un autore la cui statura poetica è ormai riconosciuta a livello internazionale. La traduzione di Vito Davoli riesce a mantenere una duplice tensione: la intensità del verso e la vibrazione simbolica che lo attraversa.
Libro magmatico, bitematico, a guardare il titolo, libro dalle inquadrature boreali, dove si cammina «sotto soli di magnesio» (p.29), su terre dove «avere casa non significa affatto avere patria» (p.21), con le ferite e i tormenti che ti porti dietro come un marchio anche se torni, e il viaggio termina «quando i sogni non si allungano più» (p.77).
L’opera è costituita di venticinque “capitoli”, un prologo, un epilogo e l’introduzione dell’autore (datata 2014). Tutto è condito dal rimpianto, dalla nostalgia, dalle sofferenze della quotidianità, dal vivere in bilico, dall’incertezza, dall’essere additati durante il cammino.
Un io che non è solo, anche se grida la sua solitudine, un io che diventa comunità e affratella gli esseri umani in quanto tali. Un epos ricco di liricità, di pause, di «lunghi silenzi», di iterazioni, di ossimori, di interrogativi, di minacce palesi, ma anche di resilienza. Il canto di una moltitudine dal «puro lignaggio meticcio» (p.27), le avversità, le richieste di aiuto e i lamenti di chi si trova, magari all’improvviso, per forza o necessità, a seguire il flusso fluente e/o a fare delle scelte di vita per sfuggire a un destino crudele (p.28). Squarci lirici e introiezioni dei paesaggi sono tutt’uno.
Il poemetto, con i versi liberi e le strofe che si dilatano e si restringono, consente all’autore di spaziare nel bene – intravisto e immaginato come un miraggio – e nel male che porta con sé la mortificazione di sentirsi estranei, spatriati, di non avere una casa, se pure provvisoria; una casa che non potrà mai essere patria (nel senso etimologico).
Il titolo, Gli Esodi, Gli Esili, lascia immaginare, o meglio intravedere, le luci e le ombre di fenomeni come questi che hanno da sempre coinvolto l’uomo, attraverso la denuncia sociale e/o facendo leva sui sensi di colpa di chi «il pane per la colazione» ce l’ha (p.49), rispetto a chi invece l’ha ottenuto con fatica (p.52) in un mondo che, di fronte alla cecità e alla sordità dilaganti, «ti rende straniero ovunque tu vada» (p.37).
C’è in questo libro un’altalena di sentimenti che si traducono in atteggiamenti per cui si passa dal disinteresse della «gente del posto» alla «fratellanza», alla «condivisione» e all’«umiltà» da parte di qualcuno. E tutto può sembrare quasi un «miracolo, / una voce sonora tesa contro l’indifferenza» (p.55-56).
La XVIII lirica ha un andamento cinematografico. Totale è fin dall’inizio il coinvolgimento di chi scrive che ha antenati che hanno subito questi fenomeni, e riesce a rappresentare l’epos di questi migranti con umana pietas e cristiana misericordia, ricorrendo talvolta a metafore lussureggianti.
Nella XX c’è quasi la «cronaca delle tragedie», ma anche quella dei sentimenti e delle pulsioni da parte dei perseguitanti sui perseguitati quando «l’uomo mette alle strette l’uomo perché è accecato dal fango di un patriottismo sterile.[…] E il terrore scolpisce un’altra idilliaca notte di fantasmi».
Il poeta entra nell’anima di chi deve lasciare la propria terra e porta con sé i semi dei ricordi e dei passi di chi lo ha preceduto siano o no essi i propri antenati. L’intera umanità è chiamata in causa.
L’epilogo è propositivo ed è un invito ad «abbattere i muri affinché l’uomo possa mettersi in cammino e a dare un nuovo significato alla parola ‘Benvenuto’» ed è tutto scritto in corsivo quasi fosse una lettera in versi così come in corsivo è l’introduzione, dove il poeta parla di sé e dei suoi trascorsi.
È la prima volta che mi trovo alle prese con questo tipo di poesia immaginifica e baroccheggiante, di matrice spagnola, che è al contempo epos, dramma, denuncia e altro. Impresa immane per me è stato cercare e trovare una visione unitaria di questi fenomeni, spesso lontani o lontanissimi nel tempo, ma pur sempre attuali, che saltano fuori ormai quotidianamente come per una magia negativa, e vanno dai fiordi ai deserti, dagli esodi biblici alla scoperta del Nuovo Mondo.
L’immagine di copertina dell’artista Miguel Elías (nelle sue indefinitezze e nei tocchi di colore scuri e vivaci a un tempo, con quei i volti senza lineamenti) sottolinea la planetarietà degli esodi e degli esili (cfr. l’introduzione), mentre la umana solitudine man mano che si procede tra le difficoltà può diventare condivisione poiché in fondo tutti facciamo parte del genere umano.
Questo libro è solo una parte, la prima e la più significativa, a detta dell’autore, di un’opera complessa fatta di cinque sezioni che raccolgono tutte le poesie e i quaderni sulle migrazioni. Uno degli aspetti più caratteristici de Gli esodi, gli esili è l’uso di un lessico ricco, composito, fortemente evocativo, che unisce termini della quotidianità a scelte linguistiche di tono alto.
La terminologia è spesso legata ai grandi movimenti dell’umanità: il vocabolario dell’esodo, dell’erranza, della ferita interiore. Espressioni come «ferite», «tormenti», «spatriati», «patria», «paesaggi interiori», «cronaca delle tragedie», «fantasmi», «miracolo» ricorrono come nuclei semantici che danno forma a un immaginario collettivo e atemporale. L’io poetico parla di un’umanità «dal puro lignaggio meticcio» con un linguaggio che non descrive ma trasfigura, trasformando la realtà in materia simbolica. Il lessico è inoltre costruito per coniugare concretezza e universalità: accanto a immagini vivide della vita migrante — il pane della colazione, il fango, la notte — compaiono espressioni che guardano a una dimensione etica ed epica (“umanità”, “misericordia”, “fratellanza”, “condivisione”). Questa coesistenza contribuisce alla natura polifonica del testo.
Alencart offre una poesia che è al tempo stesso memoria, denuncia e speranza. La sua voce, radicata nella tradizione biblica e nella storia europea e latino-americana, parla con sorprendente chiarezza al lettore, invitandolo a riconoscere nell’altro non un problema, ma uno specchio.
Giulia Notarangelo

