Desde Tiberíades agradecemos a la poeta Margarita Arroyo (Boñar, León, 1947), por hacernos llegar su comentario sobre el libro ‘Poemas para una Amazona’ (Summa, Lima, 2024), con pintura de portada e ilustraciones interiores del notable pintor amazónico Gino Ceccarelli Bardales. La destacada poeta reside en Valladolid desde hace años. Ella es Juglaresa de la Academia de Juglares de San Juan de la Cruz de Fontiveros, y ha obtenido varios premios destacados, como el Francisco de Quevedo. Entre sus poemarios están «Reducida a palabra», «Sin mirar a los lados», «Trilogía de la palabra» y «El yelmo y la mirada», entre otros.
Sobre ‘Poemas para una Amazona’, de Alfredo Perez Alencart
Mi querido, mi admirado Alfredo; no sabes cómo y cuánto he disfrutado tus ‘Poemas para una amazona’, tan hermosos, tan auténticos, tan llenos de calor y humanidad. Ha sido un placer ir adentrándome por los versos de este poemario tuyo, por ese viaje a través de las emociones en el que, enamorado y audaz, el poema se abandona, tú entero te abandonas, a una fuerza comunicante de la amada hendida, acariciada, asumida y quizá descifrada en su misterio y el de la unión total. El tuyo es un libro que nos va de frente. En el que te abres en canal ante lo inefable. Ante lo mejor que un ser humano tiene. Hablas de la selva, pero cual… a veces se pierde la frontera entre la exterior y la interior. Cuerpos liana y manantial. Fronda, pero también palabras matizando un exceso de luz. Apoteosis en ambos casos de vida tan viva e imparable.
Señor y servidor de la pasión más auténtica, la Creación te habla y tú la oyes a través de la amada y su recuerdo que a veces es misterio de presencia. Esa presencia que consigues que se haga táctil comunión y superación del tiempo. Tu voz, fuera o por encima o más allá del lenguaje que se entiende como poético, lejos de la timidez y la sumisión a lo convencional. Tu palabra limpia y exacta, se convierte en una celebración de la Vida que trasciende el tiempo y la distancia. Que lleva a sentir la completa y casi milagrosa unión de dos seres que saben de la presencia luminosa, intemporal y salvadora del Amor. No es un amor romántico, epidérmico, sino que está hecho de la materia primordial, de la perfecta vibración que ambos comparten hasta llegar de alguna forma a ser uno solo.
Retrato de ELLA, materia en vilo, no materia de los sueños, sino de la energía de la selva y lo trascendente. De lo mejor que el amor conlleva. De lo compartido hasta llegar a la perfecta unidad con Él. Contigo. Materia y espíritu ya sin posibilidad de separación. Tu lenguaje mana de forma natural, sin premeditación ni pretensiones de engrandecer o adornar el canto que podrían emborronar una tela tan delicada. Tan diáfano, tan limpio y exacto, modela el hecho sin que nada distraiga de lo fundamental. Por otro lado, la adjetivación perfecta y el ritmo ajustado a lo sentido consiguen que el verso sea como una piel temblorosa y caliente de la amada.
