Sobre la ‘alteración climática’ que denuncia Dennis Ávila en su magnífico poema ganador del Premio Pilar Fernández Labrador, ha alertado desde hace décadas el mundialmente conocido sir David Attenborough en sus documentales para la BBC, y en sus libros. La pérdida de hábitat ha mermado la población de gorriones y pinzones, jilgueros y ruiseñores, entre otras muchas especies, las ‘hijas del canto’ cuyo abatimiento señalará el fin del mundo, según el sabio Qohélet (Ecl. 12:5).
Desde niño me han gustado los pájaros, y no hay nada más hermoso en el mundo que un pequeño nido escondido entre las hojas de la madreselva con cuatro o cinco huevos moteados en su interior. Según el Sr. Attenborough, el huevo de pájaro es un objeto perfecto sin parangón en el mundo natural. El poeta inglés Gerard Manley Hopkins describe así los huevos del zorzal común: little low heavens – ‘pequeños cielos bajos’ los llama, por su moteado color azul.

Hopkins escribió varios poemas memorables en homenaje a las aves del cielo, como el martín pescador, el cernícalo y la alondra. La poesía anglo-americana tiene una larga y honrosa tradición de versos inspirados en el mundo aviar, y nombres excelsos han celebrado la belleza de las criaturas que traen música y color a nuestro entorno: Coleridge, Keats, Shelley, Tennyson, Blake, Christina Rossetti, Whitman, Emily Dickinson, Wallace Stevens, Hardy, Robert Frost, William Carlos Williams, D. H. Lawrence, y Yeats, por nombrar solo algunos, sin olvidar las multiples referencias a las aves en las obras de Chaucer, Shakespeare, y Milton.
La poesía de pájaros es menos frecuente en la poesía española, aunque grandes autores nos han legado versos memorables desde El cantar de mío Cid, El libro de buen amor y Lope de Vega, hasta Bécquer, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, tal como los ha recogido José Manuel Blecua en su libro Aves y pájaros en la poesía española. ¿Quién no se acuerda de esta joya de Juan Ramón, titulada ‘Verde verderol’?
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
Palacio de encanto,
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río.
Allí el nido umbrío
tiene el verderol.
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
La última brisa
es suspiradora,
el sol rojo irisa
al pino que llora.
¡Vaga y lenta hora
nuestra, verderol!
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
Soledad y calma,
silencio y grandeza.
La choza del alma
se recoje y reza.
De pronto ¡belleza!
canta el verderol.
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
Su canto enajena
(¿se ha parado el viento?)
el campo se llena
de su sentimiento.
Malva es el lamento,
verde el verderol.
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
Aun así, ningún poeta hasta el recién fallecido José Jiménez Lozano ha celebrado con tanto cariño los pájaros pequeños y grandes que amenizan nuestra vida sobre la tierra, y nos interrogan. Muchos de sus versos, sencillos y evocadores, denuncian, con Dennis Ávila, la destrucción de su hábitat, la fragilidad de sus pequeñas vidas:
Un nido devastado, el mundo
ya no estará completo
nunca.
(‘Destrucción’: Elogios y celebraciones).
La poesía de Jiménez Lozano, gran conocedor de la Escritura, está cargada de resonancias teológicas:
Ni la paloma sabe
su destino de sangre,
y por eso zurea descuidada.
Ni sus ojos sencillos
conmueven a la muerte,
y en vuelo es abatida
o cuando celebra sus amores.
Sus polluelos no hacen teología
de su amarga ausencia:
sólo calor buscan en la noche,
o el alba, como el hombre.
(‘La paloma’. Tantas devastaciones).

La suerte del pájaro está ligada a la del hombre, claro está, como en su conmovedor poema titulado ‘Abandono’:
Envenenado gorrioncillo.
¡Ecce passer! ¡Tan pequeño!
¡Tan frágil!
Me mira con misericordia
y muere. Entre los envenenadores
me abandona.
(Elegías menores).
La alusión bíblica es evidente, y en algunos de sus poemas la cita se hace explícita. Uno de sus personajes favoritos era Ruth la moabita, al espigueo en los campos de Booz. La recuerda así, en ‘Añorada alondra’:
Yo he visto a Ruth muchas mañanas
de julio con relente, al espigueo;
y una vez me ofreció un hacecillo
dorado, y algunas amapolas.
Asustadas alondras, devastado
el corazón, las manos
ungidas.
(Elogios y celebraciones).
No todos sus poemas son de tono triste, y las ‘elegías menores’ dan lugar a grandes celebraciones. Jiménez Lozano captó la belleza suprema de las aves en un poema de luminosa perfección titulado ‘Vuelo de garza’:
La garza va hacia la laguna
con el claror del día,
silenciosa, rápida, esplendente.
Lo has visto, y es un don
precioso. Vives.
(Elegías menores).
Y su visión no está exenta de humor. Así retrata al elegante mirlo:
Su traje negro es de caballero bien vestido.
Después de la tormenta,
el mirlo sacude su traje negro de etiqueta.
Es un antiguo tory,
y siempre sale sin paraguas.
(‘El traje del mirlo’. Elogios y celebraciones).
Sirvan estas líneas en recuerdo de mi amigo don José, y como homenaje al poema de Dennis Ávila.
«Mirad las aves del cielo» –dijo el Señor–; haríamos bien en aceptar su invitación, y honrarlas, entre tantas devastaciones, mientras haya tiempo.
***

Stuart Park nació en la ciudad inglesa de Preston, condado de Lancashire, en 1946. Tras cursar estudios en el Preston Grammar School ingresó en el Downing College de Cambridge, donde se licenció en Filología Románica. Colaboró intensamente con la Christian Union de la Universidad, dedicando sus veranos en España a la misión internacional Operación Movilización. Entre 1967 y 1971 participó, junto con David F. Burt, en los comienzos de los Grupos Bíblicos Universitarios (GBU) en Madrid. En 1970 se casó con Verna Reed, oriunda de Castile en el Estado de Nueva York, que colaboraba en la misión universitaria. Entre 1971 y 1972 vivió en Castile, y de 1972 a 1976 en Philadelphia, donde obtuvo el doctorado en la Temple University con una tesis sobre Don Cristalián de España (1545), novela inédita de la escritora vallisoletana Beatriz Bernal. A partir de 1976 la familia traslada su residencia a Valladolid. Stuart se dedica a la enseñanza del inglés, en 1981 funda Warwick House, centro lingüístico-cultural, y en 1996 se incorpora como director del Colegio Internacional de Valladolid, hasta su jubilación en 2012. Desde 1976 es miembro de la iglesia evangélica sita en la calle Olmedo 38 de Valladolid. Tras volver a España reanuda su colaboración con los GBU, dirigiendo estudios en campamentos estudiantiles y dando conferencias sobre temas bíblicos en diversas universidades del país. Miembro de su Comité Ejecutivo durante más de veinte años, ejerce como presidente de GBU de 1987 a 1997.

Desde 1996 Stuart Park es director de Alétheia, la revista teológica de la Alianza Evangélica Española. En 1991, bajo el sello de Publicaciones Andamio, Stuart Park publicó ‘Desde el torbellino. Job: más allá del dolor humano’. Siguen otros títulos publicados por la misma editorial: ‘Bajo sus alas. Rut: más allá del amor humano’, en colaboración con David F. Burt (1993). En 1995 publica ‘In memóriam’; en 1996 ‘La señal. Jonás: más allá de la voluntad humana’, en colaboración con David F. Burt. En 2000 publica ‘El cetro de oro. Ester: más allá del poder humano’, en colaboración con David F. Burt y David Pradales Ciprés; y ‘Diez historias’, en 2004. Durante este tiempo publica, bajo el mismo sello editorial, varios estudios monográficos: ‘La Biblia. Un libro para la postmodernidad’ (1988), ‘Literatura y Biblia. El Señorío de Cristo y las letras’ (2ª ed. 1995); ‘¿Resucitó Jesús?’ (2ª ed. 1995); ‘¿Cómo interpretar la Biblia?’ (2ª ed. 1995); y ‘Jesucristo hoy’ (1997). A partir de 2009 comienza una nueva y fructífera etapa de intensa actividad literaria. Publica libros de temática muy variada bajo el sello Ediciones Camino Viejo: ‘Las hijas del canto. Las aves del cielo en la tradición bíblica y la poesía de José Jiménez Lozano’ con Prólogo del Premio Cervantes José Jiménez Lozano (2009); ‘En el valle de la sombra. Conversaciones con Sirio’ (2010) que relata las conversaciones con un amigo íntimo durante los últimos días de su vida.
En el mismo año reedita ‘Diez historias’. En 2011 aparecen tres libros: ‘El lucero de la mañana. La tumba vacía de Jesús’, que reexamina la evidencia de la Resurrección; ‘El camino de Emaús. Parábola y símbolo en la narrativa bíblica’, que explora la hermenéutica bíblica desde el magisterio de Jesús; y ‘Doce nombres’ que recorre la historia bíblica a través de algunos de sus personaje más emblemáticos. En 2012 publica ‘Magníficat. María la madre del Señor’ y reedita ‘Desde el torbellino’. En 2013 publica ‘Cartas a mis nietos’, un recorrido por la historia bíblica de forma epistolar, y ‘El cordón de grana. Historias de mujeres en la narrativa bíblica’. En el mismo año aparece ‘Jardín cerrado. El Cantar sublime de Salomón’, y en 2014 publica ‘La vida breve. El libro de Qohélet’, con prólogo de Pablo Martínez Vila, y ‘Siete Palabras’, una reflexión acerca de las últimas palabras de Cristo en la Cruz. Más recientes son La palabra suficiente; Conversaciones con Aurelio, en torno a la fe; Junto al mar de Tiberias, Las señales que hizo Jesús; In memoriam, El dolor humano y la consolación de Cristo; Rut la moabita; De Egipto llamé a mi hijo, sobre la historia de José y, finalmente, Mesías, el texto de Jennens que inspiró el Oratorio de Händel (2018), entre otros. Es miembro del Consejo Asesor de TIBERÍADES.

