Víctor Ilich

¡Madre!: hay una sola

 

No es una película complaciente el filme ¡Madre!, de Darren Aronofsky. Sobre su relato es posible advertir la sombra bíblica, lo que para algunos puede resultar evidente. Dicen que con leer los primeros once capítulos del libro de Génesis es posible hallar luz en medio del caos. Refuerza lo anterior el hecho de que el coprotagonista, a quien conocemos solo por su oficio de escritor, no por su nombre, en un momento de la película se identifica como: yo soy yo. Fórmula cercana a la declaración YO SOY EL QUE SOY registrada en el libro de Éxodo.

Pero no hay que equivocarse: la obra de Aronofsky no es una sinopsis de la narración bíblica. La película sigue esa lógica de un Dios egocéntrico con todas las implicancias que aquello conlleva. Nada nuevo bajo el sol, dirán otros… sería suficiente con recordar la imputación implícita de la serpiente en el registro veterotestamentario del Huerto del Edén.

En definitiva, luego de ver la cinta, me resultó inevitable reflexionar sobre el poder de las madres, su influencia sobre sus hijos, incluso sobre Aronofsky. Siempre sus influencias son posibles de percibir, ya sea por exceso o defecto, acción u omisión.

Y recordé a mi madre, quien hace un par de años fue asaltada junto a mi padre. Saliendo de un banco, los siguieron en vehículo, los interceptaron y, pistola en mano, específicamente sobre la cabeza de ella, finalmente entregó el dinero. Se asustó por la seguridad de mi  papá, porque no le hicieran daño. No sufrió ni crisis nerviosa ni ataques de pánico ni nada por el estilo. De hecho, ese día nos encontramos a la hora del té, en casa de la abuela Norma, y la historia no pasó de ser más que solo una amarga anécdota con algunos detalles de humor negro que no viene al caso contar, salvo señalar: mi madre no lloró, ni durante ni después de dicho evento, y contaba lo sucedido con su típica templanza entre prusiana y espartana, haciendo gestos de cómo resistió al bandido sujetando su cartera. Se rio mucho. Todos nos reímos, incluso mi abuela. Se salvaron, nos salvamos. Agradecimos.

Y siguiendo el derrotero bíblico de Aronofsky, leí la historia de Jacob, quien se hizo pasar por su hermano Esaú. Por su parte, su madre, Rebeca, fue clave en el engaño que fraguaron para obtener la bendición de su padre, Isaac: la bendición del primogénito, según está escrito en el ya citado libro de Génesis. Y tanto la figura materna como paterna en esta narración también podrían ser arquetípicas de las divisiones que se pueden engendrar en los hijos… basta una manifiesta o sutil predilección, ni más ni menos, para visualizar las nefastas consecuencias de ello. Es posible concluir, luego de aquella lectura, que el tiempo por sí solo no cura las heridas. Nunca lo hace. Dicen que solo el enfrentar nuestra verdad  ̶ lo que hicimos o dejamos de hacer, que también tiene el poder de moldear en lo que nos convertimos ̶ , con humildad y actitud compasiva, sostienen incluso algunos psicólogos, es posible mantener lo cojo dentro del camino a fin de que sea sanado, es decir, a través del camino de la reconciliación. El filme también habla de divisiones e implícitamente de reconciliarse mediante el difícil arte del perdón.

Es importante reconocer las influencias de nuestras madres, incluso sus repercusiones en nuestra habilidad para perdonar. Estar conscientes de sus aciertos y yerros, y cómo han afectado nuestras vidas, no para recriminar o juzgar, sino para escoger una vía distinta, de ser necesario, a fin de retener lo recto y desestimar lo errado. Estoy agradecido de mi madre y la amo, pero sin una venda en los ojos. En otras palabras, sin romanticismo ni idealización alguna. Reconozco sus talentos, virtudes e imperfecciones como ella los reconoce en mí. Nos parecemos y solo en una cosa somos iguales, sin lugar a dudas, ninguno de los dos es perfecto. ¿Y qué hombre no se parece a su madre? Quizás aquel que no quiere ver los aspectos comunes.

En fin, vino también a mi memoria que cuando de niño sentía miedo durante la noche, iba al dormitorio de mis padres. Tratando de no hacer ruido, con el fin de no despertarlos, me acercaba con cuidado por el lado de la cama donde dormía mi mamá y le pedía un espacio para dormir a su lado, nunca me lo negó. Recuerdo ese calor y cobijo maternos como algo reconfortante. Al despertar, varias veces tocaba sus párpados cerrados y muy despacio y con suavidad se los intentaba abrir. Algunas veces lo logré y despertó de esa forma. Literalmente, abriéndole los ojos. Y eso al parecer intenta hacer Aronofsky con su película, quizás nos quiere despertar y abrir nuestros ojos.

Además, recordé cuando mi hija  ̶ que sabe cómo yo despertaba a mi madre ̶  intentó hacer lo mismo conmigo. Luego de reírnos, me preguntó: ¿tu mamá se enojaba cuando abrías sus ojos así? Le dije que no. Y reparó con un ¿por qué? Mi respuesta fue simple: porque me ama.

Es que ¡Madre! hay una sola. Nos guste o no. Quizás la película intenta abrir nuestros ojos, y sin suavidad trata de mover y remecer más allá de nuestros párpados. Usted debe juzgar si lo logra o no.

Mi madre usó tacones altos durante muchos años. Los dejó porque afectaron su salud. Estuvo sin caminar durante un par de semanas y varios meses de recuperación. Cuando se recuperó, se deshizo de muchos zapatos, muchas cajas: aunque eran hermosos, la dañaban. Hoy camina aliviada. Cojeó en su momento, quién no. Ella no es complaciente, en ocasiones tampoco políticamente correcta, y su virtud más grande es decir lo que piensa.

Es cierto, al decir lo que piensa se hace vulnerable, aquello lo valoro, porque todos somos vulnerables. Y un Dios que se haga vulnerable puede ser considerado una locura, como la película de Aronofsky… locuras interesantes de prestarles atención.

La madre del autor. Diseño de Matías González Pereira y fotografías de Álvaro Muñoz.

Víctor Ilich nació en Santiago de Chile en 1978. Egresado del Instituto Nacional y de la Escuela de Derecho de la Universidad Finis Terrae, en la cual estudió becado. Abogado y juez de garantía en la Región de O’Higgins. Autor de más de una docena de obras literarias. Algunas de ellas han sido prologadas y comentadas por destacados académicos, escritores y críticos como Hugo Zepeda Coll, Thomas Harris, Andrés Morales, Alfredo Lewin y Juan Mihovilovich.

Entre sus obras se puede citar Infrarrojo, poemario presentado por el académico, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone del Campo, quien le ha antologado; Réquiem para un hombre vivo, poemario dedicado al poeta Juan Guzmán Cruchaga (presentado por el ministro de la Corte Suprema y escritor Carlos Aránguiz Zúñiga y el ex ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Juan Guzmán Tapia); La insurrección de la palabra; Arte de un ocaso vital;  Baladas de un ruiseñor (poemario erótico romántico); Dragón, escorpiones y palomas; Hojas de té; La letra mata (un texto que resucita la palabra); El silencio de los jueces, un texto para sazonar el corazón, prologado, en su primera edición, entre otros, por Sergio Muñoz Gajardo, quien fuese presidente de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia (2014-2015); Disparates, poemario relativo a la libertad de expresión y los prejuicios (2016); Cada día tiene su afán (2017), que procura motivar en la lucha del cáncer, presentado por Haroldo Brito Cruz, quien también fue presidente del máximo tribunal del país, con ocasión de la celebración del Día Internacional del Libro.

Y, además, ha lanzado el poemario titulado Toma de razón, en coautoría con Roberto Contreras Olivares, poeta y ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, presentado en Hanga Roa, Isla de Pascua, en agosto de 2017. En abril de 2018 junto a otros tres jueces penales publicó el libro Duda, texto fruto del taller literario que impartió, el cual luego de terminar denominó “Ni tan exacto ni tan literal”. También, en octubre de 2019, en pleno estallido social en Chile, público Venga tu reino, poemario prologado por Felipe Berríos, S.J. y Alfredo Pérez Alencart, poeta y docente de la Universidad de Salamanca.

Por último, en marzo de este año 2020, publicó el libro Al derecho y al revés, que recopila las columnas de opinión y crítica literaria escritas bajo el alero del diario El Heraldo de Linares, quien patrocinó su cuidada edición. Libro prologado por Lamberto Cisternas Rocha, quien fuese vocero de la Corte Suprema.

Ilich forma parte de Tiberíades, Red Iberoamerica de Poetas y Críticos Literarios Cristianos

Víctor Ilich, con su esposa Rosita

 




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