Víctor Ilich

‘El silencio de los jueces’, del poeta-magistrado Víctor Ilich. Presentaciones de A. P. Alencart, Carlos Aránguiz y Alfredo Lewin

Este libro tuvo una primera edición en 2017. Ahora reproducimos las presentaciones y la portada de la segunda edición, próxima a salir de imprenta. Y lo hacemos a petición del autor, el poeta-magistrado chileno Víctor Ilich, hermano en la fe poética y quien está consternado por la muerte (el pasado domingo 3) del magistrado de la Corte Suprema Carlos Aránguiz (Antofagasta, 1953), amigo suyo y uno de sus prologuistas. Aránguiz también fue profesor de Filosofía, de Derecho del Trabajo, narrador y miembro de la Academia Chilena de la Lengua.

A. P. Alencart, en el Campus Unamuno de la Universidad de Salamanca (foto de José Amador Martín)

EL JUEZ QUE GIRA DENTRO DEL SILENCIO

I.

El derecho de nuestros días es el resultado de varios milenios de generar conceptos y respuestas que la humanidad se dio ante problemas que fueron surgiendo en cada tiempo. Es así como se hizo con un sistema jurídico que la alejara de la barbarie o de la jungla más salvaje.

Pero no se trata tan solo de aprenderse códigos y técnicas procesales, muchas veces mero decorado de cartón-piedra al servicio de intereses espurios, sino de buscar conocer aquello que atañe al hombre, a su conducta y probidad, a sus necesidades… Razón tuvo el notable romanista español Juan Iglesias, cuando dijo: “Solo una cosa puede ser el derecho. Solo puede ser el arte de lo bueno y de lo justo, tal como lo entendían los romanos. Y a las preguntas: ¿qué es el derecho?, ¿qué es la justicia?, ¿qué es la libertad?, no se les da contestación apropiada si no se sabe qué es el hombre”.

¿Acaso no fue Ulpiano quien dejó anotado que la jurisprudencia es el conocimiento de lo divino y de lo humano, la ciencia de lo justo y de lo injusto? Un juez prudente es aquel que no se limita a dictar sus fallos atendiendo a lo inmediato y epidérmico, cada vez más propio de este siglo, sino a lo raigal, a lo que está en el ADN cultural del hombre en sociedad. Un juez prudente tendría que repetir —mañana, tarde y noche— las palabras del profeta Amós: “¡Pero que fluya el derecho como las aguas, / y la justicia como arroyo inagotable!”. Amós denunciaba la deshonestidad de los políticos, la corrupción de los jueces, el autoritarismo de los funcionarios, la explotación por parte de los ricos, la violencia de los poderosos, la hipocresía de muchos religiosos…

A veces hay que poner ciertos reparos a lo que más se estima, para que así no languidezca por falta de verdad, para que así sobreviva.

II.

El magistrado Víctor Ruiz (que también resulta ser el poeta Víctor Ilich, o viceversa) nos ofrece una atractiva obra, El silencio de los jueces. Y lo hace con una autoentrevista, una variante poco utilizada del género mayor del periodismo, la entrevista, la más pública de las conversaciones privadas. Entiendo que ha hecho uso de este formato para poder corregir asertos o aclarar ciertos tópicos y recelos con relación a los jueces, “la boca muda de la ley”, como estimaba Montesquieu.

Lo suyo apela a la seriedad y al juego, que para nada es irreverente; a la fábula sin moralina y sin animales, pero sí con peras y manzanas; al retruécano y al calambur; a la gracia y a la socarronería… Hay buen número de respuestas elusivas, pero también se encuentran confesiones veladas, parciales o totales, como cuando reconoce que la parábola que más le impacta es la del juez injusto, calificado así porque presumiblemente se dejaba sobornar. Y ante él una viuda pobre, tenaz, insistiendo en su derecho, reclamando justicia, repitiéndole una y otra vez: “¡Hazme justicia contra mi adversario!”.

Ciertos murmullos persisten ante el silencio de los jueces, pero ellos hablan (o deberían hacerlo) en sus sentencias, cuando no se traspapela la justicia…

III.

Ruiz/Ilich es juez y poeta.

Magnífico, le digo, añadiendo que siempre debe estar con la cabeza bien alta por no esconder ninguna de sus dos pasiones, máxime si hace uso de la sentencia formulada por Rudolf von Ihering, el ilustre jurista alemán: “El derecho, que es por un lado prosa, se troca en la lucha por la idea en poesía, porque la lucha por el derecho es la poesía del carácter”.

La poesía (buena) no es ficción, sino recuento de vida, realidades y sentimientos del escriba y de otros a quienes da voz. ¿Y el derecho?: es la poesía de la razón práctica, la que intenta humanizar una naturaleza hostil, según José Antonio Marina.

IV.

Saludo esta obra sui generis escrita por un juez que gira dentro del silencio, un juez que lleva al grado sumo el no pronunciarse sobre cualquier materia en debate, puesto que ello condicionaría su decisión si un caso similar llegara a su despacho.

Las decisiones judiciales pueden cuestionarse, unas veces de forma certera, pero también hay equívocos y distorsiones respecto a la juridicidad y ética de las sentencias. Un juez está obligado a no responder ni a entrar en polémicas para rebatir suspicacias…

Víctor Ilich conoce bien lo manifestado por Festo, en Hechos, 25:16: “A estos respondí que no es costumbre de los romanos entregar alguno a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus acusadores, y pueda defenderse de la acusación”. En este caso, contra las diatribas y prejuicios sobre el silencio de los jueces, el poeta y magistrado ofrece una cesta de peras y manzanas.

Y que cada quien saque sus oportunas conclusiones.

Alfredo Pérez Alencart

Carlos Aránguiz Zúñiga y Víctor Ilich

EL SILENCIO DE LOS JUECES O LA RUPTURA DE UN DESVENCIJADO PARADIGMA

¿Se elige ser juez? ¿Sus circunstancias influyen en sus decisiones? ¿La soledad y el silencio son requisitos del cargo? ¿La verdad es un atributo de la justicia? ¿El derecho es el único instrumento del juez?

Son algunas de las preguntas esenciales que intenta responder este libro, bajo la forma de una irónica entrevista, las interrogantes que, por lo demás, viene haciéndose la sociedad en general y los magistrados en particular, por los siglos de los siglos.

Las respuestas de Víctor Ilich, a veces son profundas y filosóficas; pero otras, sarcásticas y retóricas: se trata de un juego poético en el que el lector debe estar preparado para descubrir el verdadero alcance de las palabras. El libro hace un tributo indirecto a Novalis: algunas palabras tienen una significación peculiar; otras, connotativas y otras, enteramente arbitrarias y falsas. Para obtener provecho de él, no hay que seguir en este caso la recomendación de San Agustín, relativa a que en el discurso debemos apreciar la verdad y no las palabras. Acá las palabras construyen y disuelven, su objetivo está al servicio del discurso de fondo y no del aparente o formal.

La entrevista fingida constituye una fórmula literaria de cierta recurrencia en nuestra historia literaria. Obviamente, no se trata aquí de conocer aspectos biográficos o bibliográficos del autor, sino de imaginar a un entrevistador pertinaz y a veces hasta ponzoñoso, para que el autor pueda hablar con libertad en un sentido lírico y virtual. En este caso, el tema son los jueces, su vocación, sus atributos, sus dilemas, su posicionamiento, su vida en general y en específico. Constituye una velada provocación a esa máxima magisterial preconizada por no pocos juristas sobre que “los jueces solo hablan a través de sus sentencias” y que se cuestiona desde el título de la obra en relación con todo su contenido.

Nada mejor que un clásico como Bertolt Brecht para demostrar que el paradigma clásico de la magistratura —esa máscara enyesada de reyes obsoletos— estaba roto desde antes, desde la perspectiva del neófito:

Veo a los jueces, patrones de las leyes,
encubrir evidencias con el mayor cinismo.
Salvar la propiedad, las amistades.
Si fuera juez, sin ofender, haría lo mismo.

De este modo, El silencio de los jueces, de Víctor Ilich, poesía a partir de la autocrítica y de la ironía, constituye una aportación a la reconstrucción del nuevo arquetipo del magistrado libre e independiente. En otras palabras, literatura al servicio de un nuevo orden eclesial: unos sacerdotes de la justicia, con sus mismos votos, pero esta vez tomados en serio.

Carlos Aránguiz Zúñiga

EL REINO DE LAS IDEAS DELIRANTES

El escritor costarricense Jacques Sagot escribió un artículo titulado “Ajedrez y voluntad de poder” en el que definía esta disciplina como un duelo, una esgrima del intelecto, la sublimación espléndida de lo guerrero del hombre a su vez transformado en lúcida lid y en juego de apariencia engañosamente inofensiva.

Esa determinación mental constante de los ajedrecistas se puede trasladar, luego, a todos los campos de las narraciones antagónicas y también cómplices. Así que lo de los actores en El silencio de los jueces, una suerte de periodista y un juez en esta entrevista de carácter singular, tiene un asidero temperamental. ¿Y qué es una entrevista sino un intercambio de ideas, en ocasiones, de atroz violencia psicológica?

Bienvenidos a una improbable Siberia para algunos trueques de piezas de ajedrez e impresiones delirantes. Una de esas entrevistas, independiente de su casi-oficialidad, previas al evocador día del juicio. Y eso no es menor. Cualquiera que sea este día, solo sabemos que será uno en que el sol brillará como en ningún otro.

El silencio de los jueces funciona como una suerte de laberinto/narración tan enrevesado que cada línea argumental engendra un sinfín de ramificaciones, cada pregunta da a su vez pie a una respuesta, una contrarrespuesta y luego otra pregunta, o bien… se interrumpe sin más. El entrevistador, sin embargo, no “termina”, sino que cambia de tema, aunque en varias ocasiones recae sobre el principal: a saber, la conciencia del juez, sus ruidos internos y silencios resonantes. “Insisto con la pregunta, ¿por qué tanto silencio? /¿Por qué tantas preguntas? /Recuerde que es una entrevista./ Verdad, entonces entre no más.”

Esto es la obra de Ilich, un juego de entrar y salir, de cerrar y abrir.

Esta entrevista casi oficial, una que por lo demás no fue fácil de conseguir, es un trastorno del contenido del pensamiento. Idea extraña o fija, ideas sobrevaloradas, fóbicas, hipocondríacas y delirantes. Este texto es un claro ejemplo del cambio en la relación que el juez establece con el mundo, un quiebre, donde una idea delirante pasa a ser el nexo que utiliza para restablecer el contacto con la realidad. En el lenguaje cotidiano a menudo escuchamos de delirios de persecución, de reivindicación, de grandeza, etc.  En El silencio de los jueces entramos al reino de las ideas delirantes, tan extrañas que podrían ser consideradas como erróneas e incluso, en algunos casos, absurdas. Ideas que pueden no ser compartidas ni comprendidas por quien las lee pero que se intuye que son el resultado de una seria brecha en la comunicación efectiva entre los locutores, tanto el interrogador cuestionario y el juez de apellido Ilich. Estas impresiones compartidas suelen ser acompañadas de un malestar significativo y si alguna convicción cabe tener es que el juez está absolutamente convencido de que sus ideas son ciertas y sobre todo que concuerdan con la realidad: “¿Su especialidad en el derecho? / Caminar derecho por la cuerda floja”.

Y aunque jurídicamente esto pueda parecer un disparate no significa que no tenga ninguna opción de prosperar. Sería absurdo, un papelón. Con Ilich nunca se sabe, esa es la única certeza de toda esta historia.

Ahora que lo pienso y escucho al azar algo como “tengo una causa abierta”, me pregunto ¿cuántas lecturas haríamos de ello? ¿Cuán delirante podría llegar a ser?

Alfredo Lewin

Víctor Ilich nació en Santiago de Chile en 1978. Egresado del Instituto Nacional y de la Escuela de Derecho de la Universidad Finis Terrae, en la cual estudió becado. Abogado y juez de garantía en la Región de O’Higgins. Autor de más de una docena de obras literarias. Algunas de ellas han sido prologadas y comentadas por destacados académicos, escritores y críticos como Hugo Zepeda Coll, Thomas Harris, Andrés Morales, Alfredo Lewin y Juan Mihovilovich.

Entre sus obras se puede citar Infrarrojo, poemario presentado por el académico, escritor, poeta y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Juan Antonio Massone del Campo, quien le ha antologado; Réquiem para un hombre vivo, poemario dedicado al poeta Juan Guzmán Cruchaga (presentado por el ministro de la Corte Suprema y escritor Carlos Aránguiz Zúñiga y el ex ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Juan Guzmán Tapia); La insurrección de la palabra; Arte de un ocaso vital;  Baladas de un ruiseñor (poemario erótico romántico); Dragón, escorpiones y palomas; Hojas de té; La letra mata (un texto que resucita la palabra); El silencio de los jueces, un texto para sazonar el corazón, prologado, en su primera edición, entre otros, por Sergio Muñoz Gajardo, quien fuese presidente de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia (2014-2015); Disparates, poemario relativo a la libertad de expresión y los prejuicios (2016); Cada día tiene su afán (2017), que procura motivar en la lucha del cáncer, presentado por Haroldo Brito Cruz, quien también fue presidente del máximo tribunal del país, con ocasión de la celebración del Día Internacional del Libro.

Y, además, ha lanzado el poemario titulado Toma de razón, en coautoría con Roberto Contreras Olivares, poeta y ministro de la Corte de Apelaciones de San Miguel, presentado en Hanga Roa, Isla de Pascua, en agosto de 2017. En abril de 2018 junto a otros tres jueces penales publicó el libro Duda, texto fruto del taller literario que impartió, el cual luego de terminar denominó “Ni tan exacto ni tan literal”. También, en octubre de 2019, en pleno estallido social en Chile, público Venga tu reino, poemario prologado por Felipe Berríos, S.J. y Alfredo Pérez Alencart, poeta y docente de la Universidad de Salamanca.

Por último, en marzo de 2020 publicó el libro ‘Al derecho y al revés’, libro que recopila las columnas de opinión y crítica literaria escritas bajo el alero del diario El Heraldo de Linares, quien patrocinó su cuidada edición. Libro prologado por Lamberto Cisternas Rocha, quien fuese vocero de la Corte Suprema.

Ilich forma parte de Tiberíades, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos

Imagen de cabecera: Los jueces chilenos Aránguiz e Ilich




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