José María Muñoz Quirós

José María Muñoz Quirós. ‘Paisaje castellano’ y otros poemas

 

Tiberíades agradece al poeta abulense por permitirnos difundir una muestra de su último libro publicado ‘Hielo y humo’ (Verbum, Madrid, 2021. Premio José Antonio Ochaíta). La selección ha sido hecha por el poeta Alfredo Pérez Alencart, mientras que las pinturas son de Miguel Elías

Paisaje castellano

Había regresado hasta esa orilla
donde la sombra crece débilmente
junto a los sotos que refleja el agua.

La caricia del sol late despacio
sobre el azul del día. Allí termina
la claridad sus límites, la brisa
que se desata en nuestros corazones,
el flujo de las horas lentamente
creciendo a nuestro lado. Luego llegan
las palomas del alba, los gorriones,
el águila feroz de la nostalgia,
el colibrí dorado de los sueños.

Y la luz de Castilla se desboca
como la yegua de la madrugada.

Campos de Salamanca, de Miguel Elías

Vivir

Vivir
pegado a un tiempo que no conoce
más que la inmediatez.

Vivir
con la insegura perseverancia
de los que solo saben borrar
el espacio donde alguien respira
y ama.

Recibir la redención
de lo imposible.
Perseguir el cruel destino de los silencios
que se derraman en baldíos
campos.

Ser hijo de la voz derrotada
que sostiene el delirio
de los insumisos.

Y no caer en esa tentación de ser
un número más en la lista desnuda
de un infeliz desencanto.

Pájaros azules

El sol es necesario
para esos pájaros que anidan
en la azotea de la casa.

Saben que el tiempo ha desgranado
los campos en agosto,
y que son como el árbol
que ha brotado en el oro del otoño
mientras otros cubrían
con dolor y con miedo
la seca luz
de un verano ya muerto.

Pintura de Miguel Elías

Antonio Machado en Baeza

No fue una huida: el mundo se cerraba
como una plaza de silencio. Vuelve
a la tierra, a la raíz que baña
la memoria y el sueño. Lejos queda
Castilla la gentil y la bravía
que en tantos años despertó sus ojos
al cielo limpio y a la nieve blanca.
Fue en un camino sin retorno donde
olvidar la tristeza. Allí dejaba
lejos en el amor su nacimiento
más profundo y más hondo. Solo ahora
brota su soledad en los olivos
que encienden el sendero mientras pasa
la vida en las alturas de la sierra.

Soy

(A Gloria Fuertes)

Soy un pez dulce de agua dulce
que solo tiene el mar de cada día
para encender sus olas.

Soy la lluvia
febril de lo que muere en esa extraña
turbulencia de luz de tus pupilas
también punzante abismo.

Soy la prisión de un libre alud de brisa
que se desata en el deseo,
un raudo
estigma de oro y lluvia por mi sangre
que ama y tiembla caliente por tu cuerpo.

Soy la presencia gris de la mañana
en la vertiente enhiesta de la carne
hechizada de amor.

Una tormenta azul entre tus brazos.

 

Poeta II (de Miguel Elías)

El poeta en el final del camino

Triste es morir cuando el vacío aguarda
en el fondo callado de la ausencia.
Sucumbe el hombre frente a su destino,
se encadena a su olvido y luego habita
los paisajes más negros. Está el alma
temblando ya mientras la despedida
aguarda en un rincón en esa cama
al lado de la madre. Están las horas
golpeando un reloj. Febrero espera
en su humilde pasar frente a los sauces
que soportan un nombre y una fecha
en el duro granito. Están los lirios
empezando a nacer sobre la tierra
que amamanta el destino. Al fondo vuela
un águila de luz desangelada.

Gratitud en la distancia

Agradezco la paz que me cobija
con sus manos de amor. Es clara ahora
cuando me alcanza con su abrazo y teje
el dolor con sus dedos. Es el mundo
un alud no abatido, un maná dulce
de caminos que brotan. Es el duelo
del color que detiene su destino
cuando pone la paz en la mirada.

Pero agradezco siempre en lo más hondo
poder sentir cercano lo que olvido
en la piel dulce y tímida del alma.

La gratitud elige a quien espera
regalar el misterio que se esconde
en lo más hondo de esa incertidumbre.

Madre al final del camino

Es una espina líquida de noche,
también luna de lágrimas,
palabra que nos ama,
que se esconde en nuestros mares tristes,
enigma del turbio caminar desnudo
cuando se está vacío. Madre.

Porque también tu flor
cuando llega el invierno se hace escarcha,
también es el perfume que en sus pétalos vive,
que al arrojarme al hielo de la noche me enfría
y algo se rompe desde tus ojos
que me envuelven de amor
y se han ido apagando.
Madre.

José María Muñoz Quirós (Ávila, España, 1957), ha obtenido numerosos premios, entre los que figuran el Premio Fray Luis de León de la Junta de Castilla y León, el Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma, el Premio Internacional San Juan de la Cruz, El Premio de Poesía Ciudad de Salamanca, el Premio Alfons el Magnanim o el Premio de las Letras Teresa de Ávila. También, por el conjunto de su obra, recibió el Premio de la Letras Teresa de Ávila (2018). Ha publicado unos cuarenta poemarios, la mayoría de cuales se han reunido en “Tiempo y Memoria (Vitrubio, Madrid, 2015). Muñoz Quirós ha sido catedrático de Lengua y Literatura en un instituto de su ciudad natal, es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca y Doctor por la Universidad de Valladolid. También es presidente de la Academia de Juglares de Fontiveros; Miembro de la Academia de Poesía de Castilla y León; director de la revista de artes y letras “El Cobaya” y miembro del Consejo Asesor de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos de Salamanca, así como miembro del jurado del Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador.

Pintura de Miguel Elías


Foto de cabecera: José María Muñoz Quirós en la Calle de la Compañía (Salamanca)




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