George Reyes

Sobre ‘Arpegios y mudanzas’, del poeta español Enrique Villagrasa

Villagrasa, E. (2021). Arpegios y mudanzas. Teruel, Aragón, España:
Instituto de Estudios Turolenses/Gato Negro.

“La crítica literaria concede cierto grado de legitimidad a los autores”
gr

     A este lado del Océano nos llega Arpegios y mudanzas, una de las obras más recientes del poeta, ensayista, periodista y crítico literario español Enrique Villagrasa. Es una antología selecta que recopila obras editadas en diferentes años (1983, 1988, 1996, 2000, 2001, 2005, 2006, 2007, 2011, 2012, 2013, 2014, 2019, 2021) e incluso doce poemas inéditos, pero que toma su título principal de la edición de 1983 (Arpegios). El prólogo es realizado por Jaime Siles Ruiz (1951), destacado poeta, filólogo y crítico literario español. Aunque la obra gira alrededor  —en concordancia con su prologuista—  de  sus raíces que es el mundo representado en sus textos: Burbáguena, Municipio y localidad de la provincia de Teruel, España, lo hace también en torno a lugares, tiempos, situaciones y más. Nos complace reseñar brevemente su contenido y presentarlo a la vez, sin interpretación por lo menos exhaustiva del mismo y con una objetividad controlada suficientemente.[1]

La obra consta de 104 páginas, conformada por poemas cortos, prolongados, seriados y una forma para cada poema, sin ceñir los poemas, por lo tanto, a un único patrón. Hablar del misterio de la poesía nos lleva ante otro misterio no menos importante; el lenguaje. Los poemas transpiran honda sensibilidad y evidencian maestría literaria, más acorde al clasicismo español, si bien el uso de un lenguaje actual y, por ende, renovador del lenguaje poético está presente. Podríamos decir que Villagrasa es un poeta que transita suavemente de la modernidad a la posmodernidad, lo cual implica renovación vanguardista en su poesía, manteniéndola en su más alta expresión, sin degenerarla en otra cosa que no sea arte poético. Me limito a señalar apenas dos ejemplos:

Facebook lee antes la voz del poeta.
Twitter es su eco. Y en mi mirada queda
el naufragio azul de tu gesto altivo.
El verso es verso en el cáliz del poema,
cuando lo lees. Cuando abres la puerta y sales
a jugar con la vida, no conforme con Google.
El sueño de una sombra que te nombra
del olvido, del azar, del silencio. Desde
Burbáguena, donde el Jiloca suena cerca
y siempre… siempre está por llegar.
Mil trillones de zeptosegundos por tu mirada.
Pes el Higgs no me explica por qué no me amas.
Dejo de soñarte. Dejo de escribir el poema,
el poema que me revela el sueño que te sueña.

LA PERSPECTIVA ES OTRA

El poeta oculto en el WhatsApp diose tregua
hasta que creyó escuchar suaves sonidos.
Saltarines mensajes se acercaban dicharacheros,
desde la orilla de la nube con sus vivos colores.
Tomó aquellas frases, aquel fuego, aquel beso,
aquel guiño, que a legiones de jóvenes abrasaba.
Y así, de esta suerte, no de otra, el bardo
recita estos versos de ardiente deseo:
Burbáguena cincela
soledad y cierzo.
Pero el azul del Jiloca
ilumina tus ojos.
Los chopos se alegran,
gozan la luz de tu sonrisa.
El camino que nos cincela
es (re)conocer tu pasado:
el joven lenguaje sido
de la sencilla poesía
que dicta la viña.
Desde allí la perspectiva es otra.

     Alguien ha dicho que la labor del poeta se cifra en la paradoja de establecer lo permanente dentro de lo mudable; recuperarlo del devenir indefinido y fugaz. Detener el tiempo quizás sea la más grandiosa y constante de todas las ambiciones bajo el sol. El lirismo del yo, incluso narrador que guía la lectura, juega un papel fundamental en esta ambición sobre todo de un poeta. Y Villagrasa no sería la excepción, siendo que él mismo lo afirma al decir que él vive en el fondo del poema. ¡Lirismo puro!  Es esta magia lírica, aunada con esa ambición, lo que no solo posee nuestro poeta, sino que también efectúa con ella aquella experiencia estética o vivencia del poema que invita entrar en juego con el mundo representado en el texto, mediante una lectura activa.

¡SOLO TÚ, JILOCA MÍO!

                                   A Antón Castro

Contigo sí soy dueño de mis ruinas.
Pues corre tu agua por la página,
y las redes no han robado el espacio blanco.
El tiempo estalla, busca el colmillo del tigre
donde el verso festeja la poesía felina.
Tengo nostalgia de mi ayer. Hoy, Jiloca mío.
la poesía es espectro que cabalga sin freno.
Así el poema: precisa clepsidra, en tu ribazo.
Hoy el verso mendiga por los caminos de la vía.
Y todo temor y temblor en tus aguas alegres
frente a la delicada página no escrita.
Y sí, tú me salvas, Jiloca líquido.
Regresar es mi destino: dejar atrás estas playas.
Volver a tu horizonte. El murmullo del río espera.
Recuerdas la noche en tus pozas de juventud
gloriosa. El alba se hace esperar en el Jiloca

La obra concluye con una interesante crítica por el escritor y profesor español Antonio Pérez Lasheras (1959), quien piensa que un componente esencial de la poesía de nuestro autor es el elemento “metapoético”. Según Pérez Lasheras, no tener ese elemento en consideración, la comprensión de la poesía de Villagrasa no será posible.

En suma, Arpegios y mudanzas es una seria antología lírica introspectiva en la que Villagrasa, como opina su prologuista Siles, sabe que solo el poema revela el sueño que nos sueña. No obstante, como ya lo hemos dicho, hay que notar que la antología gira no tanto sobre el sujeto lírico, sino sobre un lugar (Burbáguena); pero, al fin y al cabo, la obra es una expresión lírica llevada a su más alta potencia en la que pareciera intentar retener lo ido, el tiempo cronológico.

Finalmente, en concordancia con Siles, opino que Arpegios y mudanzas es una lírica seria, madura y representa una nueva manera de poetizar al servicio de toda connotación semiótica. Como tal, es una obra recomendable para todos, pero en particular, para aquellos en búsqueda de la voz poética propia.

(*) George Reyes, Crítico/Reseñista Casa Bukowski Internacional

[1]Como lo he dicho en muchas de mis publicaciones literarias y de otra índole, soy de la opinión que especialmente la poesía no está sujeta, a modo de un ensayo, a una interpretación de su contenido, sino al disfrute de su belleza y recursos literarios. Antes de narrador o ensayista, el poeta es poeta; pero esto no quita que todo poeta intenciona comunicar algo a sus lectores. Por otro lado, en la literatura la subjetividad está a la orden del día, pero se la puede controlar lo suficiente. La literatura no necesita naufragar en uno de sus principales elementos que es la emoción en desmedro del intelecto; de este modo, la poesía exige intelectualmente mucho de sus lectores, así como también sensibilidad, actitud estética, cultura y aprehensión del objeto estético que es el poema.

George Reyes. Foto de José Amador Martín

*George Reyes (Los Ríos, Ecuador, 1960) es poeta, ensayista, editor y educador teológico, teólogo escritor y presbítero ecuatoriano, residente en la Ciudad de México. Es licenciado y tiene dos maestrías en Teología, además de ser candidato PhD en Teología. Ha publicado dos libros sobre hermenéutica bíblica y es coautor de dos libros de Teología. Sus ensayos teológicos han sido publicados en revistas especializadas y en sitios virtuales tales como Ensayistas Hispanoamericanos. Sus dos poemarios son El azul de la tarde (Santiago de chile, Chile: Apostrophes Ediciones, 2015) y Ese otro exilio, esa otra patria (Santiago de Chile, Chile: Hebel Ediciones, 2016). Forma parte de la Antología de Poesía Mundial Poetas del siglo XXI y es miembro del Consejo Asesor Iberoamericano de la Red Tiberíades.




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