Jeannette L. Clariond

‘La poesía es cuidado grave’

Discurso de recepción e imágenes de la ceremonia de entrega del Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador

Fotos de Alex Lorrys y José Amador Martín

Si hay un nombre unido estrechamente a la imagen de la dorada Salamanca del siglo XVI y su célebre Universidad, es el de fray Luis de León. Hijo de jurista, entendió la precisión, la exactitud, la alta medida de la verdad. Alfredo Pérez Alencart lo sabe. Me llevó la mañana del miércoles a rendirle homenaje. La estatua en bronce sólido ante la fachada plateresca del Estudio salmantino subsume la figura del profesor y su Alma mater. Visité Belmonte, al sur de Cuenca, para oler la tierra que lo vio nacer, y conocer el Archivo Histórico Provincial que difunde la obra del humanista de múltiples miradas, quien se nutriera de la visión del dominico de orientación tomista, Melchor Cano, uno de los miembros de la Junta de Valladolid cuyo fin era resolver la polémica de los naturales o de los justos títulos entre Ginés de Sepúlveda y fray Bartolomé de las Casas. Otros miembros de la Escuela de Salamanca tuvieron como misión el promover las filologías aplicadas a los textos bíblicos. El corolario fue la ímproba versión que fray Luis nos entregara del Cantar, a nosotros, a la Santa, a San Juan. Lo vimos impartir su saber en Soria y Alcalá en donde seguirá los pasos del cisterciense Cipriano de la Huerga, partidario de la lectura directa de los textos de la Sagrada Escritura, ambos implicados en la edición de la Biblia Políglota entre 1514 y 1517.

Nos queda claro que el saber era propiedad de monasterios y conventos. Se sabe que la monja salmantina Isabel Osorio, será quien pida a fray Luis traducir la parte de la Biblia «que más le interesaba».

Ese ir y venir de Cuenca a Madrid a Valladolid a Granada a Salamanca harán del joven un alma inquieta. ¿Cómo imaginar que ese novicio ingresara en el convento de los agustinos con apenas 17 años? El amor de San Agustín guiando su navío. Y es que tiene que haber sido grande su ingenio, tan grande como para dejar esa precisión en el libro que tanto movió a Teresa: «béseme de besos con su boca», y a San Juan, quien tanto se nutriera de él:

¡Oh monte, oh fuente, oh río!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!

María Victoria Bermejo y Jeannette L Clariond

Nada es indiferente para quien pasa por esta tierra, para quien asimila el silencio de estas callejuelas, la sobriedad de los tejados, decorados ramajes, follajes y frutos de José Benito de Churriguera, el lento vuelo del ave. Los muros radiantes a la puesta del sol, las tejas y cigüeñas espaciosas en la luminosa cadencia del Tormes. He visitado no pocos rincones de esta España que llevo en mis entrañas dibujadas. La torreta mudéjar de Madrigal de las Altas Torres, en donde fuera bautizada la infanta, futura reina Isabel la Católica, provincia de donde partirá Vasco de Quiroga hacia México, hacia Michoacán, en donde es amado por los indios, a quien llamarían Tata Vasco. Es él y no Platón, ni Bacon ni Tomás Moro quien instaura la primera y única Utopía que se ha puesto en marcha. Después de más de 500 años de su asombrosa hazaña, los trazos de las ciudades, las escuelas- hospitales, las artes y oficios, siguen en pie tal y como él las dejara. Él, Oidor y más tarde Obispo, creo lo que ningún humanista en siglos posteriores ha logrado en nuestro país.

Salamanca, segundo Studium Generale más antiguo de España que pasará a ser la primera universidad, espacio para juristas y humanistas, creará el renacer del pensamiento que enciende la antorcha de los debates sobre lo que habría de trasladarse al Nuevo Mundo, tal y como se trasladó el churrigueresco en ciudad de México, Taxco, Oaxaca o Zacatecas: modos de concebir el mundo con sus formas, puntos cardinales, sostenes de los cielos.
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Jeannette L. Clariond y Miguel Elías

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Los frailes que llegaron a América recibieron esa formación humanista, Primero los dominicos (1526), después los franciscanos (1527) y agustinos (1533). Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, Pedro de Gante, gran educador, fray Bartolomé, defensor de los indios, Diego de Landa y Juan de Zumárraga quienes aprenden el maya y el náhuatl respectivamente para reescribir lo que comprendieron acerca del indio y de la nueva América. Fray Bernardino de Sahagún cuya obra sirve aún como guía para entender México y viajar a través de él. Siglos más tarde, los transterrados españoles llevaron el humanismo, crearon el Colegio de México y la primera Casa de España. La UNAM abrió sus puertas a doce filósofos españoles entre quienes estaban Juan David García Bacca, María Zambrano y Ramón Xirau.

Este humanismo guía el Ateneo de la Juventud: Alfonso Reyes, Antonio Caso, Alfonso Caso, Pedro Enríquez Ureña, José Gaos, discípulo de Ortega y Gasset, quien acuñara el término «transterrado», ya que no es lo mismo ser un desterrado que un «empatriado». Gaos funda Casa de España en México, semillero de estudiosos e investigadores de nuestras raíces, y tan cercano al regiomontano universal, Alfonso Reyes, cofundador de esta Casa.

El humanismo suele vincularse a lo universal, al conocimiento del pensar del otro con el fin de que podamos oírnos en un coro que abrace a todos. Así como Tata Vaso legó sus enseñanzas en todos los poblados de Michoacán, casa de María Zambrano, José Gaos formó a maestros de maestros. Su acción en la universidad y en el Colegio de México dejó una honda huella: Leopoldo Zea, Ramón Xirau, filósofo e hijo del filósofo catalán Joaquín Xirau y Luis Villoro, padre de Juan, autor de Los grandes momentos del indigenismo en México, una obra memorable.

Jeannette L. Clariond durante su discurso de recepción

Estas mentes brillantes han permitido reestablecer siempre un diálogo, un acercamiento, una comunicación entre la Madre con sus hijos. A Garibay se le llegó a reprochar sus estudios del náhuatl, ya que conocía el griego y el hebreo. La respuesta de Garibay fue que precisamente porque apreciaba las lenguas clásicas, entre ellas encontraba una fuente en el náhuatl.

De una u otra manera todos llevamos la X en la frente. Y todos, como decía Antonio Caso, debemos de imitar a las abejas para ir de flor en flor, un eclecticismo que ennoblece el espíritu y humaniza el saber.

La poesía es escucha, esa nuestra más alta responsabilidad.  Lo que aquí en Salamanca inicia con Artes (Gramática latina, Lógica, Filosofía Moral y Natural) necesario para acceder a (Teología, Medicina, Leyes, Cánones) se trasladará al humanismo actual bajo el lema: Oír los unos de los otros.

Era frecuente que los frailes profesos cursaran esos estudios en sus propios conventos, y convalidaran después los estudios ante la Universidad mediante un examen. He recorrido esos conventos, he entrado en su silencio, en sus símbolos, hasta encontrar a Marcial en Calatayud, las termas romanas, en donde casi oí los tambores de Calanda, pero sobre todo hallé mi nombre: Ayub. El Centro de Estudios Bilbilitanos publicó: Descalzas de Calatayud a Beirut, que resume la historia del convento de San Alberto de carmelitas descalzas en Calatayud y la construcción del convento en Harissa, sitio que visité en Líbano, por lo que no puedo más que asombrarme de la forma en que ante mí siempre brotan las flores con todo y su raíz.

La raíz nos hace humanos. Me he buscado en la dama de Elche, en La Alcuria de Alicante, en esa universidad leí, como en Soria, Sevilla, Zaragoza, Murcia, tierra de Ibn-Arabí, Cuenca, Cádiz (desde dónde zarpó la Santa María, una de las carabelas), en Cáceres escuché el silencio de sus piedras y el de las cigüeñas. Fui a Santander, y viajé a Liébana para ver los restos del beato, a Guijón, para presenciar el románico, a Comillas y su origen, a Granada con sus fuentes-espejo y sus leones, recorrí la Córdoba de Séneca, Toledo de la mano de Rilke, Ávila, Fontiveros… grande Fontiveros.  Y lo he hecho para ver el brote de la semilla, la escuela de traductores, Juan el hispalense, Aristóteles, Santo Tomás, Ibn Arabí… El todo es lo que importa. Lo uno ya no tiene cabida: somos la suma de los deseos por un mundo más vivible, en el que amemos más y suframos más, no con rabia incontenida sí con indignación por el dolor ajeno.

Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso,

dice fray Luis.

Brindo porque la poesía de lo humano sea nuestra falúa, barca en mar tempestuoso. Que el humanismo y el diálogo nos acompañen aquí y allá. Dedico estas horas a las mujeres muertas de México. He visto llorar a las madres, las he visto llorar. Gritos de cantos mudos, cuerpos troceados en medio de la sal. Niñas, jóvenes, adolescentes arrojadas a las ciénagas, entre caucho y naftalina, y el cielo no ha sabido escuchar. Bocas de canto mudo, cuerpos violados, lacerados, metidos en bolsas de plástico en medio del lodazal. No existen los féretros, no existen las cenizas, no existe la verdad. Oh, madre de todas las edades, tú no estás aquí para rescatarlas, tú no has venido a estas sórdidas regiones del mundo. ¿A dónde irá la edad del alma? El tiempo de mi silencio también sangra.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Jeannette L. Clariond
Salamanca
Octubre, 2022

Palabras de A. P. Alencart


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