Yordan Arroyo

‘El mar ya no es’, de Marcelo Gatica; o de cuando una ballena se ahoga y su ballenato canta con el adiós

Tiberíades agradece a Yordan Arroyo, al poeta e investigador costarricense que realiza sus estudios doctorales en Salamanca, por permitirnos publicar su texto de presentación del libro El mar ya no es, del poeta chileno Marcelo Gatica, doctor por Salamanca. El acto se celebró el día 13 de octubre en la Sala de la Palabra del Teatro Liceo y dentro de la programación del XXV Encuentro de Poetas Iberoamericanos de Salamanca, dirigido por Alfredo Pérez Alencar, poeta y profesor de la Universidad de Salamanca. También agradecemos al editor portugués Joao Artur Pinto, por las fotos y video del acto.

El mar ya no es de Marcelo Gatica Bravo, accésit del VII Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” (2020),[1] se inserta, dentro de un primer plano, en una muy extensa tradición, el mar, elemento polisémico, cuyo apogeo se ubica en las culturas mediterráneas. También, su primera parte, al son del αὐλός (aulós), se alimenta de cantos elegíacos (circa, VII a. C), subgénero de la poesía lírica griega, cuya composición métrica son dísticos conformados por un pentámetro y un hexámetro y en cuanto a temáticas, en la poesía lírica griega aborda diferentes, entre ellas, la muerte.

Este punto escatológico de partida, interrogante, enigma y respuesta no tangible, sí de fe, ha permitido el origen de mitos, poemas, pinturas, canciones y todo tipo de expresiones humanas a lo largo de la historia; esto se ha conseguido sin caer en el desgaste, todo es cuestión de que los artistas construyan propuestas estéticas a su alrededor para que los lectores no se ahoguen en medio de la nada y puedan flotar con la carne, cocida o en estado medio, de las palabras.

Debido a la muerte de su padre, Marcelo le dedica el poemario del cual se brinda aquí mi aproximación de lectura. Este autor poetiza el sabor ácido de ver a su progenitor cruzando el mar, para endulzarlo con palabras que se convierten en nubes delicadas, blancas y sublimes; con el canto de los niños, que vuela, haya guerras no, al ritmo de los pájaros y con los latidos congelados por la nieve, abrigándose con el fuego de las gargantas, que antes de conocer la poesía, se amamantaban con el dolor.

Pero al entrar en una segunda capa de interpretación o pasar del automóvil al tren eléctrico, es necesario aclarar que en la primera parte de este poemario no se conserva la elegía tal y como se le conocía en Grecia ni tampoco en Roma, sino que se rompe el cascarón, su métrica, la cual deja de ser interés primordial para un grupo de poetas que se ubican en las vanguardias y pos o neovanguardias latinoamericanas, entre ellos, Marcelo Gatica Bravo, quien crece bebiendo pisco en vasos con forma de película, durante la época boom de la cultura pop, del internet, de la mass media, lo mediático, guerras, caos y muertes.

En fin, al estar frente a un libro escrito por un poeta posmoderno, es necesario botar las togas y los peplos y vestirse de lector activo y posmoderno, solo así se podrá disfrutar de la estadía en un coliseo semiótico lleno de ironías, sátiras, parodias, rupturas y diálogos que rompen las ilusiones del tiempo de nuestro tiempo o del tiempo que nuestro tiempo llama tiempo y los antiguos llamaron θoʊθ (Thot), Κρόνος (Cronos) o Καιρός (Kairós), yendo desde lo clásico (grecolatino) hasta su recomposición híbrida en la cultura contemporánea, época cuando los Dioses del Olimpo decidieron bajar a ver, de vez en cuando, mundiales de fútbol, luego de que se enamoraran viendo la caligrafía con la que Maradona le escribió un poema satírico al crítico inglés Peter Shilton o viendo la potencia de la pierna zurda con la que Marcelo Gatica Bravo le lanzaba poemas al guardameta Xu Lizhi, para que volara como águila y se acercara más al sitio donde el mar ya no es, luego de escucharlo decir, en sus entrenamientos, las siguientes palabras: [Quiero tocar el cielo, sentir ese azul tan ligero] pero no puedo hacerlo, así que dejaré este mundo.

Aunque para entender y desarrollar más a profundidad el que deporte que se está proponiendo, se vuelve indispensable recordar las palabras de mi admirado profesor, el poeta Luis Arturo Guichard (2021),[2] quien establece, de manera bastante precisa, las diferencias entre el poeta moderno y el posmoderno con las siguientes palabras: “[…] la posmodernidad es escéptica y prefiere el juego sofisticado con textos ya existentes. La modernidad quiere crear algo nuevo; la posmodernidad reutiliza y recicla materiales ya existentes” (p. 210)”. De esta cita anterior, los términos reutilizar, reciclar y jugar, frecuentes en retóricas actuales de escritura creativa, son clave para comprender, desde un paradigma filológico, la poética marceliana o del ballenato que canta con el adiós.

El reciclaje y la reutilización, particularmente de intertextos bíblicos, son parte esencial del rompecabezas lírico de este autor, es decir, de su identidad poética y de la madurez de su voz. Este recurso que, según mi juicio de atleta ejercitándose en las máquinas de las bibliotecas, es un tópico particular de su reciente obra, pues también lo reproduce, un año más tarde, en su libro Echa tu pan sobre las aguas (2021),[3] Accésit del II Premio Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana, galardonado, otra vez, en Salamanca, donde los ángeles son el recuerdo y la memoria de tesoros de jade como Fray Luis de León, Teresa de Jesús, Antonio de Nebrija, Juan de la Cruz, Miguel de Unamuno, Alfonso Ortega y por qué no, de Jacqueline Alencar Polanco, por quien quizás, sin conocerla en carne y hueso, me encuentro hoy en esta hermosa tierra, con el dorado cielo en mi boca y compartiendo el alma eterna de quienes nunca mueren gracias a la poesía y sus diferentes mundos, universos en donde la esperanza y el amor caminan con el sol amarrado a las sombras de la espalda.

Marcelo sabe muy bien que la Biblia, a lo largo de la historia, como ya lo decía el propio Jorge Luis Borges, es una de las fuentes universales que todo escritor debe leer y beber de su tradición, de su luz y de su polisemia; de lo contrario, Fray Luis de León nunca se hubiera tomado el tiempo de traducir el Cantar de los Cantares, texto del que se han alimentado y siguen alimentando diferentes golondrinas que hablan o intentan hablar, en una de las lenguas más ricas del mundo, la castellana. Por eso, a través de este repertorio o herencia lingüística, la voz lírica, en El mar ya no es, se convierte en un poeta clásico posmoderno o debido a lo convulso de amabas épocas, un poeta romano de la antigüedad tardía haciendo eco en el siglo XXI, quizás un Agustín de Hipona, pero no de Hipona, sino de Chile, en tanto mira al pasado desde el presente que en el poema ya es pasado, por medio de reflexiones, búsquedas y cuestionamientos que arrancan desde el paratexto de apertura, con la siguiente cita de Apocalipsis 21:1-4: Ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor; porque las primeras cosas pasaron […] vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no es.

Yordan Arroyo durante su intervención

De esta forma y en total acuerdo con las palabras de José María Muñoz Quirós en el prólogo, en este libro, “[…] el poeta siente aquí la palabra como auxilio de vivencias profundas, y se amarra a ella, la colma de sensaciones, de pálpitos hondos, de misteriosos destellos afianzados en la belleza provocada por la vivencia personal del escritor” (p. 12). Una de las mejores formas de demostrar lo anterior es intentar sumergir el canto de la angustia del ballenato en el mar de los ojos de quienes leen hasta aquí, por medio de uno de los poemas que, a título personal, más me han impactado, “HIELO ROJO BAJO EL CUERPO”:

< la metástasis aparece primero en la pantalla del ordenador < transita invisible bajo tu sonrisa que va en paracaídas < la metástasis nombrada por la especialista es un jeroglífico inerte <  la metástasis de nivel cuarto <  repite < es una metástasis nivel cuatro < sé que los terremotos perceptibles al hombre comienzan en esa escala <  pero algo se quebró adentro <  y se repite como una réplica < es una metástasis nivel cuatro < y la metástasis es un ente carnívoro sumergido en los torrentes del espíritu < cómo le explico a mi hijo que la metástasis va triturando y devorando al abuelo cada día < en el telediario aparece hielo rojo en la Antártida < dicen que son unas algas contaminantes < unas flores de nieve < debido al color rojo – carmesí, la nieve refleja menos luz solar y se derrite más rápido dice un científico ucraniano < la metástasis devora la luz de los ojos < la metástasis te agarra los pies < ya no caminas < la metástasis no te deja tachar las palabras <  aquella rutina cuando terminabas de hacer tus presupuestos en la Municipalidad < la metástasis es como esa alga roja que derrite las gotas de espíritu < recuerdas la manía de escribir el signo menos que < cuando terminabas una tarea < la metástasis nivel cuatro en el cuerpo se repite como ese signo < hasta que se evapora toda la sangre que llevas dentro <
Desde una casa de agua

En este texto, desde su título, se aprecia la habilidad de Marcelo para hacer uso de un recurso sinestésico clave. Con solo pronunciar la palabra “hielo”, el lector siente un efecto profundo, quizás similar al que sintió el poeta Marcelo no solo con la muerte de su padre, sino con las bajas temperaturas en Chile, en Salamanca, en Luxemburgo u otros sitios de Europa donde ha estado, dándole una tensión más emotiva a la decodificación de dicho signo lingüístico. El hielo, en este caso, al anunciar un cambio, provoca una sensación de escalofrío, y el escalofrío, como sintagma poético, se liga a la muerte, pues todo hielo se derrite hasta convertirse en agua y en otros estados o materias; así mismo sucede con la vida, que deja de ser vida y se convierte en muerte, en polvo, en recuerdo, en poesía o en cualquier otra manifestación en donde se pueda hacer del dolor, belleza.

Sentir frío es un mensaje que el cuerpo le remite al ser humano para que busque calor, refugio, sol, y esa temperatura de resguardo, el autor, Marcelo, la consigue por medio de la palabra, esto se confirma, totalmente, en los últimos versos del poema “PESE A LA TEMPORADA DE SEQUÍA EN EL HORIZONTE”, cuyo título es sumamente representativo, humano, doloroso y a la vez esperanzador. Ellos “cierran”, entre comillas, porque en realidad nunca cierra, así como Marcelo nunca olvidará a su padre, el libro de la siguiente manera: Pese a la aparente temporada / de sequía en el horizonte / salgo a cazar erupciones de luz / en el iris de tus ojos.

Siguiendo con el análisis de este poema, concertado al sustantivo “hielo” se encuentra el adjetivo “rojo”, recurso retórico cromático, cuya sensación, en este contexto filológico, se asocia, aún más, con la muerte, pues es el color que representa, por antonomasia, el amor o la muerte, familiares etimológicos (mort – mortis). Y esta carga escatológica logra su máxima tensión cuando el título del poema, por medio de la preposición “bajo” hace referencia al “cuerpo”, sitio en donde se esconde ese hielo rojo y según nos lo dice el propio texto, asesino del padre de Marcelo.

Conforme arranca la lectura, se aprecia cómo el sujeto lírico utiliza una palabra muy técnica en el área médica “la metástasis” y lo hace para referirse a la enfermedad de su padre. Esto explica por qué realiza descripciones muy puntuales, incorporando al lector, lo máximo posible, en uno de los puntos que dieron vida a todo el libro, la muerte y el proceso para llegar a ella. En este poema se menciona a una doctora “X” hallando, por medio de la pantalla del ordenador, una enfermedad letal en un paciente. La referencia al instrumento para detectar tal calamidad, ambienta el poema, sin duda, en una época actual, muy del contexto cibernético y tecnológico en el que creció el poeta Marcelo.

Por su parte, es necesario decir que, aunque la voz lírica hace uso de un lenguaje cotidiano para realizar algunas de sus descripciones, como buen poeta clásico y posmoderno, no deja de explotar uno de sus más ricos recursos, la creación de imágenes irracionales, bellas y crudas, mismas que paralizan a cualquier lector. Marcelo posee la habilidad, madurez y enorme talento de referirse a la degradación de la felicidad, de la vida, del tiempo y del padre, por medio de la siguiente expresión: “tu sonrisa que va en paracaídas”,[4] la cual se asocia no solo con el hielo y la sangre, alegorías de la muerte, sino también con lo siguiente: “algo se quebró adentro”.

Ambas citas del poema, desde un dolor poético, logrado únicamente por un escritor de oficio, hacen referencia a una enfermedad que ataca y destruye a las personas desde lo interno, al punto de que el yo lírico, en un estado máximo de preocupación, de sensibilidad, emociones y todo sentimiento humano por haber, incluso así, le sobra bondad para pensar y preocuparse también en su hijo, quien a su vez es el nieto de la persona que está por morir. El sujeto lírico se pregunta; “cómo le explico a mi hijo que la metástasis va triturando y devorando al abuelo cada día”, para ello utiliza una personificación, es decir, construye la idea de la metástasis como si fuera un monstruo, pues destruye y ataca sin piedad hasta absorber “toda la sangre que llevas dentro”.

Asimismo, para intensificar, todavía más, esta carga tan humana, tan emotiva, tan fuerte y poética, el sujeto lírico, haciendo uso de su gran talento para romper imágenes comunes y poetizar todo aquello que forma parte de lo cotidiano, firma de la siguiente manera: “Desde una casa de agua”, en donde el agua, perfectamente, atando todo el contexto y análisis de este poema, hace referencia a las lágrimas humanas que caen como granizos ante una situación tan cruda como la expresada en su texto.

En fin y para ir sintetizando, la voz lírica, a lo largo de este libro, no solo crea postales,[5] al tono de elegías posvanguardistas, sino que también edifica poemas cuánticos, entrando en diálogo con fuentes ficticias y con fuentes reales, entre ellas, se resumen las siguientes:

Su padre, el que cruzó el mar, sin ver “[…] hacia atrás como aquella estatua de sal”. Esto crea un muy rico intertexto bíblico con Génesis 19: 15-29, pasaje en donde se hace referencia a la esposa de Lot. Además, se refiere al padre, normal y constantemente, mediante el uso del vocativo: “padre, en la sala de urgencias escarbas”, “Papá, sabíamos que la noche era solo agua”, “Papá, somos tragados por un Kraken en las entrañas del océano”. Todo esto, aumenta la carga retórica, cuyo efecto por parte del emisor es sentirse dialogando con su receptor, el padre cuya alma se marchó en una sala de urgencia, pero pervive en el poema, en el recuerdo, en una fotografía, en el papel o en la memoria, todas ellas, manifestaciones, unas más efímeras o duradera que otras, de la inmortalidad.

Pablo, quien ayuda a la voz lírica a pensar en las diferencias y semejanzas entre la poesía y la física cuántica, ambas, herramientas para resolver o al menos intentar misterios del más allá, de lo normalmente conocido como metafísico y además, quien le ayuda a plantearse la idea, muy al estilo de un poeta crítico, de oficio, muy maduro, de que los poetas (astronautas en este texto) deben huir de la lengua fatigada, es decir, desgastada, y recordando a Horacio, deben pulirlas, limarlas (labor limae), en otras palabras, hacer orfebrería con ellas para que se refresquen y que de esta forma puedan “[…] hacer estallar las cosas para volver a nombrarlas”.

Su abuelo, quien le ayuda a ejercitar su cerebro pensando que el tiempo en realidad no existe y es solo un espejismo, un holograma de lo que nos han hecho creer o lo que nos han vendido como tiempo, y por eso, hoy y ayer, ayer y hoy, hermanos o hijos de un pasado eterno (como lo dirían Boecio y Borges), los seres humanos siguen esperando la llegada de Dios, el día de la salvación, la fiesta de los meteoritos en donde las sombras se rompan y se conviertan en luces.

Su hermano menor, quien desde muy niño ha sido un erudito de las matemáticas, otra de las formas de comunicarse en poesía, ciencias del futuro ambas, futuro que quizás siempre ha sido un pasado eterno, ciencias del futuro que se preocupan, aunque con expresiones distintas, por el final del mundo, que piensan y piensa, dando vida a la comunicación (sea en números o letras) que al final nace ambas del mar, de la saliva y desaparecen, también, cuando el mar deja de ser mar, alegoría de la vida, portal que comunica dos espacios, lo líquido y lo seco, la carne y el polvo.

Su amiga bioquímica, que da paso a un proceso de ironización de frases populares, muy particular en poetas posmodernos en donde la palabra es creación y a la vez destrucción: dime lo que comes y te diré cómo eres, que en algún momento del siglo XVII Quevedo dijo: Dime con quién andas, hijo, y diréte quién eres; Cervantes: dime con quién andas y te diré quién eres y hoy, incluso en una estación de autobús se puede escuchar dime con quién andas y te diré quién eres.

Y así, en diálogo con varios actores más, que le permiten al sujeto lírico de este libro desarrollar nociones poéticas e inteligentes alrededor de elementos humanos y necesarios de pensarse y repensarse, en lista: el tiempo: en donde cita a Rob Riemen, con el afán de combatir una era irracional, líquida y que poco valora a los astronautas de la palabra; la realidad como ilusión de la realidad; el lenguaje, en donde el mar tiene su propia lengua; la identidad, ¿chileno o poeta en lengua española?; el dolor y el espacio, encargado de abrir, a otras dimensiones, la imaginación del público lector, como la dimensión del mar, que no es el mar en sí, sino algo más allá de esos tres grafemas que lo proyectan, al saber filológico, como palabra y sustantivo o al saber poético, retórico y hermenéutico, como metáfora, símbolo o alegoría.

En fin, en este libro, los atrevimientos, las rupturas, los juegos y la diáspora genérica son vehículo principal del proceso de lectura, por eso, su autor utiliza un lenguaje cargado de helenismos y latinismos, pero a su vez, expresiones del hoy, del día a día, de la mass media, hasta insertarlas en la construcción de espacios poéticos donde lo racional no existe, pues todo se rompe, hasta el dolor, dejando el paso, únicamente, a cicatrices con forma de postal y de poema y a un libro como El mar ya no es, cuyas palabras de agua, al mezclarse con la sal, terminan dando origen a un tipo pulpa humana que muchas personas necesitan beber, para seguir teniendo mar en sus cuerpos, por lo menos, hasta que el mar deje de ser para ellos y en ellos. Se dejan aquí dos poemas que reflejen parte de lo dicho:

EL MAR YA NO ES


<
descubrir la lengua del mar es seguir la caminata en círculos de los elefantes < quizás no hay conciencia del primer paso < salvo la certidumbre de un oleaje eterno < para descubrir la lengua del mar, primero se aprende a leer el silencio de los padres < la búsqueda de los nombres es un oleaje repetido < la palabra mar no cabe en ningún poema < pero lo escribimos porque es como respirar < y cuando creo detectar el trayecto de los elefantes < soy roca rota < tomo concienca del último paso, es decir, mi primera palabra en la lengua del mar < mi primera palabra que apenas pronuncio desaparece <
Desde una terraza con forma de agua

EPITAFIO DE NAVEGACIÓN

La idea de cultivar lo mejor de las personas siempre ha sido responsabilidad de los poetas, de los filósofos, de los escribas, y el mundo del poder siempre ha tenido un problema con esto. (…). Las mejores mentes de nuestra generación están por ahí, pero la mayor parte del tiempo se encuentran aisladas, escribiendo libros que no van a ser publicados o poesía que nadie leerá. Se tienen que organizar de nuevo.
 Rob Riemen Para combatir esta era

Elegimos el silencio
elegimos bajar a los subterráneos
del cuerpo
de la piel
instalamos brújulas de agua por las calles
para capturar
ciertos sonidos
ciertas cadencias
ciertos latidos
de corazones
expansivos
al eco de la poesía en estado puro
en la lejanía de las luces
surfeamos en la madrugada
compartiendo horizontes
planicies azules
a través de un reino invisible

a simple vista
parecíamos indiferentes
leyendo huellas de un naufragio
en los bancos de un otoño amarillo
hipnotizados por el abismo
de una hoja al viento
aletargados por el tráfico de imágenes
ciegos por el esbozo de la luz al tacto
sordos al murmullo de los tertulianos
que hablan sobre lo justo y lo necesario del lenguaje
aparentemente dormidos por el dictado de
repetidas palabras que ya no salan
la carne

pero sabíamos que un poema
es uno de los organismos vivos
que superará la extinción planetaria de los cálculos

Elegimos un silencio desértico
un paso
un verso
un sonido de agua
elegimos la sal
amasar un viento invernal
anclado a la espalda
mientras
guardábamos
como el tesoro de un niño
la palabra mar en nuestros bolsillos.

Notas

[1]              Recientemente, en 2022, este poemario se publicó en su versión chilena gracias a Alquimia Ediciones. La primera edición fue realizada por la Diputación de Salamanca.

[2]          Guichard Romero, L. A. (2021). “Dos lecturas posmodernas de los clásicos: Délficas de Ángel Crespo y Diálogo con Ovidio de Gonzalo Rojas”. En J. A. González Iglesias, J. Méndez Dozuna y B. M. Prósper (eds.). Curiositas Nihil Recusat. Studia Isabel Moreno Ferrero Dicata.  (pp. 209-226). Ediciones Universidad de Salamanca.

[3]              Véase mi reseña “Aproximaciones a los orígenes de lo sagrado en Echa tu pan sobre las aguas”, publicada en Revista Altazor. https://www.revistaaltazor.cl/marcelo-gatica-bravo-2/

[4]              El tema de la caída marcando el contraste de dos tiempos y dos mundos como parte del efecto físico cuántico de transformación de la materia es constante en la poesía de este autor, esto lo vemos de manera evidente en su poema “Cruces”, en Crucial (2015) y en “Caída libre”, en la antología Por ocho centurias (2018). Como punto aparte, es imposible no asociar la constancia del uso de la palabra paracaídas en Marcelo con el poemario Altazor o El viaje en Paracaídas de Vicente Huidobro, el cual ha sido de total interés de este poeta, al punto de publicar una edición bilingüe, español-estonio.

[5]              Esto no es para nada una casualidad, pues el tema de las postales ya las desarrolla en su tesis doctoral Una propuesta poética inconclusa en tiempos de desolación (2015), defendida y aprobada en la Universidad de Salamanca.

Imagen de cabecera: El poeta chileno Marcelo Gatica (foto de Joao Artur Pinto)




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