Yordan Arroyo

Palomas que vuelan como palabras

Interpretaciones simbólicas en ‘Penumbra de la paloma’, de José María Muñoz Quirós

Tiberíades agradece a Yordan Arroyo, ensayista y poeta costarricense que actualmente realiza sus estudios doctorales en Salamanca, por permitirnos difundir el prólogo que escribió para el último libro del poeta abulense José María Muñoz Quirós, Penumbra de la paloma, que acaba de ser publicado por la editorial Ars Poetica, en Oviedo.

El objetivo general de este comentario es desarrollar algunas interpretaciones simbólicas alrededor de Penumbra de la paloma del poeta abulense José María Muñoz Quirós (Ávila, 1957), cuya trayectoria literaria marca una continuidad desde 1981, año de publicación de su primer poemario Para una noche nunca amanecida. Se presta particular atención a la polisemia que desencadenan las figuras de los pájaros, principalmente las palomas. Interesa este objeto de estudio debido a la pluralidad semántica que este animal engloba, a partir de su carga divina, en el ámbito artístico (metáfora, símbolo o alegoría) y su relación, principalmente, con dos elementos clave en la trayectoria poética de este autor, las luces y las sombras.

Las luces y las sombras, junto con la inmensa cantidad de lexemas simbólicos y de signos plurales que se desprenden de ellas, conducen al lector hacia universos filosóficos, íntimos, solidarios, esperanzadores, llenos de música y armonía, de compromiso ético con valores humanos esenciales como el amor hacia los demás, cargados de dudas, enigmas y pensamientos alrededor del tiempo, el olvido, la infancia y la memoria. También, al mejor estilo identitaria de poetas pertenecientes a círculos literarios como los del 98 y del 27 en España, representaciones geográficas y de paisajes, muy visuales, como si pinturas fueran y ejercicios con la palabra (autopoéticas),[1] que a veces se convierte en pájaro enfermo[2] y a veces canta como paloma en busca de sílabas del aire o del mundo.[3]

En este poemario cuyos textos líricos, en su gran mayoría, se encuentran escritos en prosa, siendo esta una de las innovaciones de este autor en cuanto a la forma, más allá de la estética de claroscuros ya comentada alrededor de gran parte de su obra, el público receptor podrá percibir una dialéctica de opuestos que hacen eco simultáneo e intertextual en la voz de diferentes autores. La filosofía y espiritualidad oriental y la occidental entran en diálogo y en armonía, acción lograda, única y exclusivamente, mediante la luz como componente artístico y su infinidad de posibilidades y asociaciones.

Por ejemplo, la acción de mirar, constante en muchos poemas de este libro, desde una interpretación simbólica, remite a la apertura de los ojos y con ello, de las puertas del alma o del jardín para la entrada del amanecer.[4] A partir de este momento aparece un espacio desconocido en el mundo de las sombras, o desde una concepción borgeana, un yo enfrentándose a un otro, el consciente ante el inconsciente, el día frente a la noche. Aquí, justamente, entra en acción mayor la figura del pájaro (paloma o no),[5] quien trae consigo la luz, sea en su interior o en su pico.[6] En el poema inicial aparece un pájaro encendido, lo cual es muy importante para nuestro análisis, pues el participio “encendido”, en función de adjetivo, deriva del verbo latino candere y de la raíz indoeuropea kand-, lo que aprueba establecer analogías léxicas con palabras como por ejemplo candela. A su vez, esto permite seguir bordando hilos semióticos con palabras como incendio, brillo e iluminación, cuyos ejes simbólicos dan forma a un bordado tripartito: fuego – luz – conocimiento.

Este paralelismo alegórico es un asunto bastante conocido en diferentes mitologías, entre ellas la griega, en donde Prometeo les robó el fuego a los dioses y se lo entregó a los humanos para luego ser condenado a un castigo eterno. En otras palabras, por medio de Prometeo, los humanos tuvieron acceso al saber (fuego) y con ello al goce y conocimiento de sus placeres, del hedonismo, asunto del cual se aprovecharía el cristianismo para crear una tradición de imaginarios alrededor de la culpa y el pecado. En el caso de la poética de Muñoz, el amanecer, sinónimo de luz, es quien trae ese cambio y ese tono de goce desde una vertiente filosófica y espiritual, no religiosa.

La propuesta estética de Penumbra de la paloma remite a un viaje interior y kaváfico[7] en donde los pájaros, particularmente las palomas, tienen una función simbólica clave, son las intermediarias entre el traslado de la oscuridad a la luz, el cruce del umbral en medio del silencio,[8] lugar de donde nacen las palabras, y por eso, como lo dice el primer poema,[9] gracias a la llegada del amanecer se miran las cosas como si nunca hubieran existido, como si antes de ello el sujeto de enunciación estuviera encerrado en una caverna, con los ojos y el puño cerrado, sin papel y lápiz, prisionero de sus sombras (en donde también se puede hallar la luz, ejemplo, mediante la escritura. Las luces y las sombras se autocorresponden), sin alas, sin poder volar hasta el autorreconocimiento o el más allá de la penumbra, donde el individuo obtiene la autorrealización.

Desde esta lectura, la paloma denota el clímax de la epifanía, es el modelo alegórico de inspiración superior para el enfrentamiento del yo poético con el otro, el José frente al María o el Muñoz contra el Quirós, pues la paloma, como se ha venido señalando, posee un enorme repertorio geográfico de tradiciones, de allí su polisemia y miles de usos. Grimal (1951 / 1979) lo justifica al mencionar algunos ejemplos no necesariamente griegos, reflejo de los sincretismos entre Oriente y Occidente, visibles en los poemas de Muñoz:

  • Las pléyades, con la intención de huir, se convirtieron en paloma.
  • Semíramis fue cuidada por unas palomas.
  • Afrodita, cuyos orígenes son chipriotas convirtió a Pelia, la esposa de Melo, en paloma, su ave sagrada.
  • Dioniso, con tal de protegerlas, convirtió en palomas[10] a sus nietas Elais, Espermo y Eno. Por eso en Delos es prohibir matar palomas.
  • Combe fue convertida en paloma para salvarse, quizás de sus asesinas hijas.
  • En el mito de los argonautas, Eufemo libera una paloma con el fin de que les anuncie sus destinos.
  • Durante el acto fúnebre del hijo de Ctesila y Hermócrates, quien murió recién nacido, se vio volar a una paloma.[11]
  • Una paloma aconseja a Mándilas para que no destruya la encina sagrada de Dodona, donde se encuentra un templo de Zeus.

Grosso modo, en los puntos anteriores, la paloma posee dos funciones principales, salvadora y mensajera.[12] En ambos casos mantiene el contacto entre dos mundos, los opuestos, los planos binarios, la vida y la muerte, el silencio o la voz, lo irracional y lo racional o lo prudente e imprudente (como consejera). Asimismo, según Chevalier (1969 / 1986), la paloma es símbolo de amor y de paz (asociado con la cromática, el blanco, que a su vez se analoga con la luz, el alba), es decir, en ella se encuentra una idea de liberación y de mejora (cambio para bien).

A la raíz de lo anterior, la intención aquí presente, desarrollar algunas apreciaciones simbólicas alrededor de este poemario, está debidamente justificada, pues parte de su identidad literaria se encuentra en el uso de símbolos, cuyas relaciones temáticas y estéticas con Antonio Machado son más que visibles; además, al poeta sevillano se le menciona en los poemas “Infancia” y en “Castilla (recordando a Azorín)”, parte de la identidad poética de Muñoz, quien cita a otros escritores como Miguel Delibes, Jorge Luis Borges, José Martínez Ruiz (Azorín) y Rabindranath Tagore,[13] quienes han enriquecido el amplio repertorio de la poesía escrita en lengua castellana.

También, es imposible dejar de lado el eco que generan las voces de otros autores indiscutibles que perviven en la memoria poética de José María Muñoz Quirós y a quienes, en su función de gestor cultural, les brinda homenajes, tal es el caso primordial de Juan de la Cruz o Yepes, eje central en el poema el “Pájaro solitario”, donde hacen eco imágenes virgilianas,[14] ya inmersas en la recepción de poetas españoles aún vivos, entre ellos, Antonio Colinas, Juan Antonio González Iglesias, Luis Alberto de Cuenca y Jaime Siles:

Juan de la Cruz, la cárcel está oscura y tus ojos traspasan el secreto perenne de la noche para observar el alba que clarea al terminar en esa amanecida que ilumina las cosas, cuando ya está la luz creciendo en el origen del día en un resplandor tan blanco. Juan de la Cruz, también aquí vivimos encerrados en un cobijo que nos colma de vacío las horas, y vemos cómo pasan los días y se van disipando hasta perderse en un recinto oscuro. Juan de la Cruz, el pájaro que vuela a lo más alto hoy nos canta con el pico hacia el aire.

Sin duda, “Pájaro solitario” es uno de los mejores y más emblemáticos textos de este libro, desde su uso de vocativos para intensificar el destinatario del mensaje, Juan de la Cruz, hasta la construcción de espacios cargados de soledad y nostalgia, al mejor estilo machadiano y con eco más cercano en otros poetas como Antonio Colinas,[15] quien en su libro Noche más allá de la noche (1982), como bien apunta García (2021), incluye el poema “Canto X”,[16] dedicado a la muerte de Virgilio, edifica espacios poéticos solitarios, cargados de adjetivos y con tonos claros y oscuros. Además, al final de su poema, la voz lírica en el poema de Muñoz logra, por medio de la conjugación de los verbos en primera persona plural, un sentido retórico de fraternidad y de colectividad con el fin de que la humanidad siga el ejemplo de ese pájaro que “[…] hoy nos canta con el pico hacia el aire” (el subrayado es propio), modelo indiscutible y metafórico de liberté, égalité y fraternité,[17] tres bases clave del humanismo europeo que cada vez se ve más amenazado, tanto como algunos pájaros que hoy vuelan en cielos donde cada vez llueve más sangre.

A su vez, en palabras de Antonio Colinas, con quien anteriormente ya se establecieron algunas relaciones textuales: “Hay una lectura predominantemente simbólica de la poesía de Muñoz Quirós; símbolos que suelen brotar de una naturaleza viva”. Es decir, las luces, las sombras y sus polisemias, revelan tópicos constantes en la obra e identidad poética de este autor, así como también sucede en la obra poética del propio Colinas; ambas no dejan de beber el inmenso resplandor que dejaron los poetas de la comunidad de escritores del 98.[18] En este mismo tono, Juan González (2000) sobre Dibujo de luz (Premio Fray Luis de León, 1998) dice: “[…] el poeta nombra la luz, el fuego y la llama y los eleva al símbolo mediante operaciones íntimas”. Un último comentario en hilo con la presente propuesta y de gran relevancia es el de José Hierro, para quien en el El color de la noche (2008): “[…] todo reaparece en la memoria entre luces, sombras, misterios de lo evidente, niebla, desconsuelo, desolación… hermoso sin afeites. Es pura desnudez del espíritu”.

Además, el mismo Muñoz, en el prólogo de Nunca es un artificio el viejo exilio de José Pulido (2020) dice: “La poesía verdadera es siempre una búsqueda en los zaguanes del corazón, en el lado más claro y también en la orilla más oscura, y de esta intersección se crea la palabra necesaria, la que aflora desde donde supuran la memoria, el dolor, el terrible desasosiego y la necesidad de sobrevivir, a pesar de los pesares” (el subrayado es propio). En la cita anterior, desde sus propias palabras, ahora en la función de estudioso de la literatura, está revelando, consciente o inconscientemente, parte de su ejercicio poético, es decir, la búsqueda en los adentros del ser, del alma, uno de los símbolos más usuales de la paloma, donde luces y sombras, al estilo platónico y neoplatónico o de manera más precisa, bebiendo de las aguas de María Zambrano y su altísimo impacto en la poesía hispanoamericana de mediados del siglo XX y la actualidad, se enfrentan durante el nacimiento de las palabras o el verbo, que en tanto composición divina (Dios) también se vincula alegóricamente con las palomas y con la luz.

José María Muñoz Quirós en su biblioteca de Ávila

La poética de Muñoz abre paso a dos mundos y a la restauración de uno de ellos, tal y como sucede en su poemario El grito de un pájaro (2020) en donde también se aprecia la idea del alba y del ascenso por medio del pájaro, alegoría epifánica de los deseos íntimos y espirituales de la voz lírica. Justamente, estos anhelos referidos conducen hasta el hipotexto[19] del título del libro Penumbra de la paloma y al epígrafe inicial, derivado del poema “Calle desconocida” de Jorge Luis Borges (1923),[20] texto existencial en donde el yo lírico descarga sus ansias de ver llegar la penumbra de la paloma, alegoría de los hebreos para referirse al inicio de la tarde, punto de clímax, porque este momento del día conduce los recuerdos del yo lírico hacia Buenos Aires, lugar de nacimiento y sitio al que Borges regresó en 1921, incorporando tonos nostálgicos que invaden, como si fuera una casa, el vano corazón y de choques dialécticos entre el yo y el otro; el Borges de Europa y el otro de Argentina; el adulto schopenhaueriano y el niño que degustaba a la perfección los atardeceres de Buenos Aires, el yo lírico eterno en el poema y en su construcción de Buenos Aires y el otro condenado a la muerte. A su vez, es un texto cargado de símiles, metáforas, símbolos, recursos cromáticos, metágoges y a la búsqueda de la universalidad íntima, punto constante en el libro de Muñoz.

Y frente a estas relaciones textuales y retóricas también cabe agregar las preocupaciones por el tiempo que, de la mano con la simbología de los pájaros, contiene en sí mismo dos mundos, dos temporalidades, el ayer y el hoy, la niñez frente a la adultez que representa la apertura de las alas, el viaje de la vida y sus múltiples enigmas retomados por Borges. Un ejemplo en Muñoz se encuentra en el poema “Orígenes”:

Somos un enigma, un espacio que contempla el tiempo indefinible. Somos el vértigo de lo que nace apresado con las manos cuando escriben en el libro del tiempo.

Nuevamente, la voz lírica hace uso de la primera persona plural para crear una imagen colectiva de lo que representa el ser humano en un mundo de enfrentamientos, en este caso preciso, contra el tiempo, cuya definición, al igual que la de Dios, no se puede precisar ni homogenizar, todos los seres humanos lo perciben diferente, pero nadie lo puede ver. No obstante, en él se encuentra la sentencia o uno de los más grandes tributos de una persona, el olvido o el recuerdo imperdurable a través de la memoria, en donde todo artista debe luchar, tal y como se dice en “Secretos de un poema”, contra la soledad y las pugnas entre las luces y las sombras o las palabras y las ausencias, todas ellas parte de un todo, porque al igual que un escritor necesita del vértigo del papel en blanco para luchar e intentar derrotarlo, así las palomas, que vuelan más allá de la penumbra cuando un poema se convierte en todo y a la vez en nada, pregunta o duda, como sucede en “Poema o nada”:

¿Cuándo el poema es más hondo que la vida, cuándo sus dedos pueden escribir donde termina su abismo? ¿Hasta dónde alzaremos las señales que nos dictan sus signos? No podremos anunciar otra luz más desnuda y más libre que su eterna pregunta.

Solo entonces, cuando eso suceda, podremos sentir que somos palomas, que estamos volando en medio de tantos enigmas y descansando en el seno del silencio del mundo[21] hasta volver a abrir los ojos y seguir manteniendo vivas e intactas, las ganas de volar al lado de quienes han crecido junto a una estrella herida[22] y poder apreciar cómo florecen los almendros,[23] que no son ni más ni menos que una metáfora de las huellas que dejamos en el camino, guía para los viajeros, o de las letras que dejamos grabadas en el papel para que las palomas, como las palabras, sigan volando por siempre.

Yordan Arroyo
4 de diciembre de 2022
Frente a las lágrimas que brotaron
de las manos del Lazarillo
cuando el mar lo expulsó de su vientre.

Yordan Arroyo

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Sagrada Biblia. (1958). (Versión directa de los textos primitivos por Mons. Dr. Juan Straubinger). La prensa católica.

Borges, J. L. (1974). Obras completas. (C. Frías, ed.). Emecé Editores.

Chevalier, J. (1969 / 1986). Diccionario de los símbolos. Editorial Herder.

García Jurado, F. (2021). Claves y documentos para un Virgilio posmoderno: los años ochenta del siglo XX en España. Nova Tellus, 39 (1), 171-203. https://doi.org/10.19130/iifl.nt.2021.39.1.27548

González Soto, J. (2000). Tres poetas galardonados en España en el mismo año (nota de evento). Autana, 1 (1), 42-44. https://revistas.upr.edu/images/autana/2000/v1n1/a21.pdf

Grimal, P. (1951 / 1979). Diccionario de mitología griega y romana. (Sexta edición.). Paidós.

Muñoz Quirós, J. M. (2017). Inalterable luz. Vaso Roto Ediciones.

  • (2008). El color de la noche. Editorial Algaida. Grupo ANAYA.

Pulido, J. (). Nunca es un artificio el viejo exilio. (J. M. Muñoz Quirós, pról.). Ediciones Pavilo.

ALGUNAS OTRAS REFERENCIAS DE APOYO

Arroyo Carvajal, Y. (2018). La representación de la tristeza y el caos a través de los elementos metafóricos de la naturaleza en Campos de castilla (1912) de Antonio Machado. Revista Estudios (Especial: Naturaleza amena y naturaleza agreste en las letras hispánicas), 1-29. https://doi.org/10.15517/re.v0i0.34999

Cirlot, J. E. (1958 / 1992). Diccionario de símbolos. (Novena edición). Editorial labor.

Gil, L. (2005). Las primeras justificaciones griegas de la democracia. Estudios griegos e indoeuropeos, 15, 95-105.

Horacio. (2012). Arte poética. (J. A. González Iglesias, intr., trad, ns, com.). Cátedra.

Gran diccionario enciclopédico de imágenes y símbolos de la Biblia.

Sáez Angulo, J. (entrevistadora). (30 de abril de 2020). José María Muñoz Quirós: “Nunca dejo de leer la Biblia y a Luis Cernuda”. La mirada actual [Blog.] http://lamiradaactual.blogspot.com/2020/04/jose-maria-munoz-quiros-nunca-dejo-de.html Consultado el 4 de diciembre de 2022

Notas

[1]              Transformación contemporánea de una tradición horaciana (Horacio), Epistolae ad pisones.

[2]              Poema “Retorno”.

[3]              Poemas “Instantánea” y “Vivir en el amor”.

[4]              Palabras como amanecer y asociadas con ella son constantes a lo largo del libro.

[5]              La palabra pájaro, desde nuestra interpretación, encierra una polisemia y universalidad todavía más amplia que paloma, pues puede ser cualquier tipo de ave. Esto deja el espacio abierto para la imaginación del lector.

[6]              En este caso, los poetas, si tienen luz en su interior, deberían dejar que vuele o se transmita a través de sus letras.

[7]              En referencia a Konstantino Kavafis y su poemario Ítaca, cuya propuesta alegórica de Ítaca es la de un viaje interior.

[8]              El silencio es otra de las claves constantes en la poesía de este autor, quien bebe de la tradición de poetas como la rumana Ana Blandiana.

[9]              “Principio de amanecida”.

[10]            Por eso en Delos es prohibido matar palomas.

[11]            Acto de epifanía en donde la paloma representa el cuerpo del difunto marchándose hacia el cielo.

[12]            Esto se compagina con la Biblia (Gén, 8, 8-12), Noé sabe que el diluvio ha bajado cuando una paloma trae en su pico una rama de olivo.

[13]            En traducción al castellano de Zeneida Campruni, esposa de Juan Ramón Jiménez, otro de los autores favoritos de José María Muñoz Quirós, basta con entrar a su biblioteca y ver la diversa colección de ejemplares de este autor, particularmente, ediciones de Platero y yo.

[14]            Estudiosos como Francisco García Jurado y Carlos Mariscal de Gante hablan de un Virgilio posmoderno.

[15]            Coinciden en diferentes imágenes, símbolos y figuras retóricas. Destaca la recurrencia a la luz, la sombra o sombras, la luna, el alba, la infancia, el silencio, la nieve, los paisajes de los campos españoles entre otros.

[16]            En el verso 4 aparece “alba nevada” y en el poema “3” de Muñoz aparece “alba de cristal y de hielo”. La idea y el sentido metafórico prácticamente es el mismo, la diferencia está en la construcción de la imagen, Colinas utiliza el participio en función de adjetivo y Muñoz con uso de lo que en latín se conocía como genitivo “de” y con una con la conjunción copulativa “y” que intensifica la imagen de la nieve a la que se refiere.

[17]            Lema oficial de la República francesa, cuyos orígenes se asientan en la democracia ateniense.

[18]            Se ha evitado, a lo largo de este documento, utilizar el término “generación”.

[19]            Obra literaria de donde surge un texto (hipertexto) o un libro completo.

[20]            En Fervor de Buenos Aires.

[21]            Poema “Quietud”.

[22]            Poema “Descubrimiento”, pues justo después de la duda, si se logra resolver, viene el descubrimiento, el vuelo de la paloma desde la jaula del pecho hasta el cielo de la boca.

[23]            Poema “Flor de primavera”.

Imagen de cabecera: José María Muñoz Quirós, en Toral de los Guzmanes durante uno de los encuentros Los poetas y Dios (foto de Jacqueline Alencar)




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