Poemas de

Omar Ortiz: Mínima antología poética

 

Tiberíades agradece al poeta colombiano Omar Ortiz por permitirnos difundir once poemas de su antología “El árbol es un pueblo con alas” (Nueva York Poetry Press, EE.UU., 2022)

Serie: Libros dedicados y/o enviados a A. P. Alencart /5

 

 

LAS MUCHACHAS DEL CIRCO

se escaparon una noche
por un roto que en la carpa hizo la luna,
y se lanzaron por este ancho mundo
a repartir payasos, trapecistas, saltimbanquis, enanos
y toda una maravillosa fauna de osos y micos
que sabían el lenguaje de las nubes.
A nosotros,
y en eso radica parte de nuestra desgracia
sólo nos tocó uno mero,
el enano perverso.

De Las muchachas del circo 1983.

 

1

Primero fue la región de la guayaba,
tierra de los cinco huecos,
el trompo bailador
y la bola mara.
Al Sur,
Los eucaliptos hacen parpadear las estrellas.
Al Norte,
la madre camina por el sendero de la leche,
la leche tibia y espumosa del ordeño.
dicen que el sol sale por Occidente
Pero tengo mis dudas,
nunca despierta las cometas
ni calienta el agua de Vitelma.
En cambio, al Oriente,
los copetones gorjean su única canción:
la oración de la tarde entre cerezos,
pantalones raídos,
raspaduras
y máscaras del Santo.

De Diez regiones 1986

 

TODOS LOS CARPINTEROS VAN AL CIELO

                                                                           A Arnaldo Victoria

Y también los sastres, los zapateros, los albañiles,
las costureras, los peluqueros, los artesanos,
y por supuesto, las putas y algunos buenos poetas.

Los malos poetas, en cambio,
llegan directamente al infierno
donde son condenados a construir
un único y eterno poema
que sea como Él, perfecto.

De Los espejos del olvido 1991.

ALBATROS

Frente a la ventana, el viejo marinero
Sueña las ballenas que navegan por su alma
Y que el ojo feroz no arponeó.
Su corazón es de verdad un único
Cementerio marino. No el del poema.
El que viaja en esa pequeña ola
Que rueda lentamente por su mejilla.

De Un jardín para Milena 1993

 

 

LA BARCA

Yo, Zenón de Yampupata, salvador del poeta
y de su amada,
navego el mar, espuma de oveja,
trueno de jaguar, viento del cóndor.

No sé, ni me interesa, si Odiseo es taxista en Lima
o cambista en el Cuzco.
Si Marco Polo es un santo y seña de Sendero.
Si Colón llegó antes o después de Eric el Rojo.

No he cruzado el Aqueronte, pero he caminado
nueve montañas y nueve valles
por un puñado de sal.

Mi casa está a mitad de camino entre el sol y la luna,
es hecha de la caña que llamamos “totora”,
y pasan por allí algunos viajeros,
(no todos, asustados musógrafos
que no porfían un verso o un conjuro)

Mi barca “El Avaroa”, es la liebre,
Aquiles, la lancha voladora del hotel de turismo.
Aun así, no se en verdad, si pierda o gane.

De El libro de las cosas.1995

 

DE ALGUNAS CERTEZAS

Los pueblos africanos
Veneran la araña como aminal sagrado.
Saben que si una araña de Dahomey
Se une a la de Haití,
Una de la Sierra Leona a otra de Samarcanda,
Las de Angola con las de Quibdó,
Las de Guinea con las de Bahía,
Las de Tánger con las de Nueva Orleans,
Las de Tetuán con las de Zaire,
Las de Nueva Zelanda con las de Martinica,
Y así una tras otra,
La tierra perecería envuelta en su propia transparencia.
Como se, que el día que no me ames,
La araña que asola los árboles anidará en mi corazón.

De La luna en el espejo 1999.


ARIOSTO FIGUEROA

No es El Mundo esta cantina descascarada por el tiempo.
En sus paredes no se lee ninguna historia, lejos la leyenda.
No hay muchachas, ni mezcal, ni siquiera asesinos.
Ningún gringo bebe aquí su último trago,
ni se juega la vida en veintiún vasos un poeta encendido.
Algunos parroquianos vienen y se aburren,
como se aburren con sus queridas o con el cura.
Si pasara un ángel nadie levantaría la copa en su nombre.
Solo las moscas interrumpen la desesperanza.
Una mujer apareció una vez y pronunció tres palabras,
me casé con ella irresponsablemente.
Desde entonces entiendo el obstinado silencio de mis vecinos.

Del Diario de los seres anónimos 2002

 

LA CALLE DE LOS VIEJOS

Es en realidad un parque, pero como alguna vez fue
calle quedó la costumbre de llamarla según su antigüedad
de sus contertulios. No hay en verdad mucho
que contar sobre la rutinaria reunión de
jubilados que juegan ajedrez, tute y que saben de memoria
quienes han sido nosecuantos presidentes
de la república, salvo, que una vez que fallecen,
regresan a platicar con sus amigos convertidos
en ardillas e iguanas.

De Las calles del viento 2004

 

PANDI

Eran los años en que los sueños me habitaban.
Como el malabarista que se juega el alma
en compañía de la muchacha que se alimenta de fuego,
transitábamos mi madre y yo sobre los muertos
que en el día simulaban ser pájaros ciegos.
Peregrinos de la piedra, en romería a las aguas termales,
olorosas a azufre,
topábamos los límites del inframundo,
donde reinaba el jinete sin cabeza.
Mi madre, como si nada ocurriera,
Iba señalando los nombres de los árboles:
este es un guayacán, decía, aquel, un arrayán,
el que esta junto a las grandes rocas, un guayabo,
y así uno tras otro, desfilaban ocobos, guanábanos,
gualandayes, almendros,
mientras yo recordaba
el golpeteo de los cascos sobre las losas.
Hoy, cuando solo quedan guijarros calcinados,
y no existen arboledas que podamos bautizar,
la voz de mi madre dibuja en mi memoria hermosos follajes.

De Cequiagrande 2011.

 

PALABRAS COMO CÁRCELES

Algunos se construyen cárceles de aire.
Si dan un paso fuera, caen en la incertidumbre de lo ignoto.
Se aburren, pero prefieren la comodidad de sus certezas,
a la extraña aventura de la incertidumbre.
Una vetusta patina cubre sus zapatos,
y usan capa dentro de la camisa almidonada.
Algunas palabras forman intrincables alambradas
sobre la inocente página.
Fueron dichas por otros,
pero el ensimismado las recoge,
las hace suyas y las va instalando con mucha seriedad
y sapiencia donde alguna vez habito el asombro.
Como se vanaglorian de su encierro,
y son muy apreciados por las academias,
tienen asegurado el bronce y el plauso.

De Lista de espera 2017

 

PAISAJE URBANO

La ciudad se recuesta a los cerros.
Todavía hacen música los guitarristas ciegos,
tan viejos como las losas donde mendigan las viudas
y alientan su odio los niños huérfanos.
A un costado, florecen las bromelias.
Aves del paraíso, las llaman.
El parque, me trae recuerdos.
No se bien por donde llega la tarde.
Escucho un viejo rumor.
Las piedras multiplican el sonido del agua.
Bajo el ficus mi oído recoge los silbos
que tejen entre las ramas
las encendidas flores de antiguas memorias.
El árbol es un pueblo con alas.

De Pequeña historia de mi país 2021

OMAR ORTIZ. Si bien Omar nació en Bogotá, Colombia, en 1950, desde su infancia se ha relacionado con el Valle del Cauca por su familia paterna oriunda de Tuluá. Abogado de la Universidad de Santo Tomás, es un decidido gestor cultural y como tal ocupó la Gerencia Cultural del Valle cuando Gustavo Álvarez Gardeazábal fue gobernador de dicho departamento. Edita y dirige desde 1987 la revista de poesía “Luna Nueva” que completa 47 ediciones y 34 años de vida. Ha publicado por lo menos 13 libros de poesía de los cuales destacamos: “Las muchachas del circo”, “Diez regiones”, “Un jardín para Milena”, “El libro de las cosas”, “La luna en el espejo”, “Diario de los seres anónimos”, “Cequiagrande”, “Lista de espera”, “Pequeña historia de mi país”. Ha sido publicado en España con su libro “Diario de los seres anónimos” en edición ampliada y corregida, por la editorial “La Mirada Malva” en 2015, y la editorial francesa L’Harmattan, con sede en París, publica en 20019 una versión bilingüe de este mismo poemario con traducción del profesor Yves Monino. En el segundo año de la pandemia, 2021, la editorial “Letra a Letra”, le publica “Pequeña historia de mi país”, libro de poemas que es presentado en diversas ciudades colombianas y mexicanas. Este año, 2022, la editorial New York Poetry Press en su colección de antologías “La piedra de la locura”, publica “El árbol es un pueblo con alas. Antología Personal”.
Ha compilado los siguientes libros: “El yagé y otros cuentos” de Germán Cardona Cruz, “Luna Nueva, muestra de poesía Latinoamericana actual”, “Luna Nueva, once miradas a la poesía colombiana”, “Luna Nueva diez y siete miradas a la poesía colombina actual”, “Luna Nueva diez y nueve miradas a la poesía colombiana”, “Vivir la poesía, poetas en la UCEVA” y “Contar en Tuluá, narradores en la UCEVA”.
Ha sido incluido en varias antologías de poesía tanto nacionales como internacionales.
La Universidad de Antioquia le concedió en 1995 el Premio Nacional de Poesía por su poemario “El libro de las cosas” y la Alcaldía de Tuluá lo condecoró en 1997 con la medalla al Mérito Cultural “Germán Cardona Cruz”. Actualmente es profesor de tiempo completo de la Universidad Central del Valle de Tuluá y como tal dirige el Centro Cultural “Gustavo Álvarez Gardeazábal”.

 

 




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