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Ángel E. Ibarguren: Tres poemas de “El nuevo libro de inventarios, cuentas y un poema compuesto por A. E. Ibarguren entre los años 2005 y 2021”

 

Serie: Libros dedicados o enviados a A. P. Alencart / 19
Libro: “El nuevo libro de inventarios, cuentas y un poema compuesto por A. E. Ibarguren entre los años 2005 y 2021” (Lluvia editores de Esteban Quiroz Cisneros, Lima, 2021)

CONTINENTE Y CONTENIDO EN EL ÚLTIMO POEMARIO DE A. E. IBARGUREN

Hay libros que impactan desde que los acoges entre tus manos, y los ojeas (hojeas) de pronto, constatando que se trata un objeto precioso y que es un privilegio el haber sido elegido, en este caso por el editor, para ser receptor del ejemplar número 134, de una tirada de 257. Entonces, imploras que el contenido sea algo parecido, para que no se mude el encanto.  Y vuelves a constatar que tampoco hay mudanza en las ofrendas a la Diosa ambarina.
Atisbemos el continente, comenzando por destacar que se trata de una obra impresa en tapa dura, con una hermosa sobrecubierta que utiliza una pintura (fragmento) de Rubén Saavedra Cobeñas, impresa sobre un papel Dalí bianco de 285 gramos. Este papel algo ahuesado, semejante al verjurado, es el mismo que usó para la impresión del interior, en este caso de un gramaje de 160.  El contenido, su poesía, traspasa las mantas y cartones con las que muchos arropan sus versos. Está logrando su propia impronta, con madurez, anclándose primero en un lenguaje que pareciera rendir tributo a otros peruanos de excelencia, llámense el Vallejo de Trilce o el Whestphalen inicial. Hay que merodear y volver (para entender) cada uno de sus poemas, pero esa ‘dificultad’ no se anota así para hacerlos crípticos: más bien sabe que las palabras tienen vida y se descalabran, para después revelarse a sí mismas y a nuestro entendimiento.

“El nuevo libro de inventarios, cuentas y un poema compuesto por A. E. Ibarguren entre los años 2005 y 2021”, alberga 18 poemas cuyos títulos resultan especialmente originales y hasta cargados de ironía: ExLibris, Advertencia, A modos de prefacio, Proemio, Sumario, Poema, Epílogo, Posdata, Apéndice, Anexos, Notas, Bibliografía, Glosario, Biografía, Sumario extendido, Páginas de cortesía, Colofón y, finalmente, Fe de erratas. Cada uno de estos poemas se acompañan con unas magníficas pinturas, retratos de Rubén Saavedra Cobeñas, además de la partitura “Poema para piano solo en sol menor”, del músico Carlos Paredes Abad.

Un genuino lujo, mientras limpiamos la navaja para degustar lo que ha rebanado A. E. Ibarguren.

A. P. Alencart


Aquí tres textos del libro:


POEMA²

Ayer salí de mí para encontrarme.

Encaramado a horcajadas en un huerequeque,
atravesé cebadales ebrios de abandono,
una realidad suturada con promesa canas
y el vecindario,
impreciso,
de mi infancia.

Al distinguir un camino de herradura,
se inflamaron mis tobillos de repente;
acaricié las cejas de mi desvelada nave,
y sin demora comprendió
que debía planear hacia el cirro más cercano.

Desmonté con diligencia.

Pero pronto descubrí cuán fatigosa
e imprudente
puede llegar a ser
una estancia de doscientas pulsaciones
en el esternón de una cometa.

Me así del bramante e inicié el descenso,
mientras el huerequeque transmutaba en madrugada.

E intuía que,
en el extremo opuesto,
hallaría huesecillos carcomidos por la penitencia
y una risa crepitante,
o en salmuera.
O a mi hijo,
traveseando, ya cansino, dentro de un adobe,
lamiendo el tuétano de sus carencias.

«He salido de mí para encontrarme;
he dejado los rastrojos dentro de un pijama»,
me dije,
y el cordel tirante se hizo arteria.

Y sembré mis uñas en la incertidumbre;
mas en vez de un arroyo anquilosado,
hallé un saladar cubierto de ceniza:

«No has llegado hasta aquí para extrañarte,
sino para comparecer ante ti mismo,
¡emplazado por tus miedos,
bacterias y vestigios!»

Cual aprendiz de peregrino,
que aún extraña su libro de inventarios,
eché a andar.

Llevaba sobre el hombro
un costal rebosante de yerros y amargura;
y, en el entrecejo,
el signo lacerante del retorno.

«Pronto hallaré un pozo
para arrojar el fardo»,
me animaba,
sin entender que, en lugar de aquello,
debería empeñarme en circundarlo,
si lo encontrase en un estrecho claro
en medio
de este lote del desasosiego.

Pues recuperarse es asumirse.

Y es siempre ardua la tarea de marchar hacia adelante
cuando se tiene la mente carburando en retroceso.

O cuando una alambrada prorrumpe en los zapatos
y ambiciona ceñir,
cual buganvilla,
mi conciencia.

***

En un altozano, a lo lejos,
una ermita.

Posible vestigio de un conato de aislamiento.

Quizá,
la morada del etesio
que jamás logró polinizar el páramo…

¡Oh, viento descalzo y andariego,
muéstrame los versos que el estiaje te ha confiado!
Interrumpe tu sesteo serpentino.
Llévame a la acequia que discurre y se desborda
por entre el espinel de la palabra.

Permite que mi migración sea continua.
Permite que mi migración sea incesante.

Ahuyenta el amanecer con tus bramidos.

POSDATA

Ya poco importa
si somos,
aún,
las aguas que precisas.

Poco, decimos,
ya que ora paladeamos los orujos,
y ya no las postillas que formaban estos días,
enflaquecidos,
desecados,
en los que sustentábamos hasta tus refunfuños.

Ya no tenemos ni las uñas ni las babas picoteadas,
ni los premolares
ni el andar
a tres caries de describir una parábola.
Ya no nos hallamos ni rabicortas,
ni rebanadas
no cojudísimas.

¿A quién le importan tus reproches?,
¡a quién, tus tilines escabechados y mayores?

Ponte un bividí,
esbózate un quitasol a la sanguina
o veranea en una palangana.

Ya nada importa
si somos,
aún,
las aguas idas
o el espectro con subtítulos
que tanto,
que tanto te encolerizan.

COLOFÓN

Hoy sólo apelotono pesadumbres
y la ilusión,
desgajada,
de la maternidad subterránea.

¿Cómo perpetuaré mi estirpe sin boñiga?
¿De qué me sirven,
en los tiempos que corren,
estas paletas serradas?

Paso las tardes amasando bocetos esferoides
de cieno,
de hojarasca,
de las enanas rojas que me orientan.
Fantaseo con un terreno poblado de perales
y mi oviscapto se estremece.
Me imagino introduciendo, con dulzura,
mis ovocitos fecundados,
ya maduros,
en los frutos;
ocluyendo los agujeros con presteza,
lustrando el futuro.

¿¡Cómo nombraría a mis larvas,
ay, si existieran!?
¿Johann Christian,
Regina Susana,
Gottfried Heinrich,
Johanna Carolina,
Catharina Dorothea?

¡Daría mis seis patas
por verlas emerger,
triunfantes,
de las masas fermentadas,
libres de moho,
endurecidas y secas!

Andarían de domingo por las galerías,
excavando, copiando los manuscritos de su padre,
henchidas de raíces, de cantatas,
graduándose de acatangas fieras.

Pero ¿con quién
y para qué
me aparearé
si ya no hay estiércol
en ninguna vera?

***

«Han de volver,
las aguas»,
me dijo un aparecido.
«¿Cuándo?», pregunté.
«¿Yo qué sé?
No soy taumaturgo ni adivino.
Sólo sé que han de volver,
te lo repito.
De allá, donde el soroche es equilátero;
de allá, donde el aire es monolítico».

***

¿Volverán las lluvias y los huaycos,
brotará el cedrón,
regresarán el huerequeque y el saltapalito?

¡Oh, señor de los coleópteros!
¡Piedad!
¡Piedad para quien sufre estos designios!

Esta oración es falsa.

Somos mendigos y migrantes.

Y esto también es verdad.


Angel E. Ibarguren Buendía (Lima, Perú, 1984). Comunicador y periodista y Magíster en Administración. Ha publicado los poemarios Espiralsur (2001), Exijo un boleto para arar la tierra (2003), Bisiesto cría ronsocos y Conspiración de la ceniza (2004), Osario (2005) y El nuevo libro de inventarios, cuentas y un poema compuesto por A. E. Ibarguren entre los años 2005 y 2021 (2021), todos en Lluvia Editores. Obtuvo menciones honrosas en el Premio El Poeta Joven del Perú (1999) y en el Premio de Poesía José María Eguren (2005).




Imagen de cabecera: El poeta peruano A. E. Ibarguren, con su nuevo libro




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