Tiberíades agradece al poeta mexicano Hugo de Mendoza por permitirnos difundir estos poemas espigados de tres de sus libros
Serie: Libros dedicados y/o enviados a A. P. Alencart /19
Visión del tercer ojo
El vacío
engulle mi ojo izquierdo.
Una soga
se tensa de mi ocular derecho.
Las dos visiones
están distantes de todo observatorio,
sin embargo,
sobre la altura de mis cejas
se concentra la eternidad del Niño
saltando la Vía Láctea.
Mi conciencia es un ojo de agua
Un sociólogo o psicoanalista dice que me quiere estudiar,
desea raparme hasta que mi cuero sea una esfera de luz.
Ha tomado sus teóricas tijeras.
Cual un predicador de la neurastenia
predice colapsos en mis pensamientos.
¿Acaso puede sospechar
que del centro de mi cráneo
fructifica un ojo de agua?
¿Quién puede salvarle de tal anegamiento
si mi imaginación se desborda en su escritorio
y con ella el llamado al sentido de las cosas?
¿Quién puede sanarlo de sus razonamientos?
Cuarto acolchonado
En este lugar
no existen las mariposas
solo su vuelo
empujándome al vacío.
Mi sombra es un canguro en guardia frente al espejo
Voy a darme un abrazo frente al cristal
voy a regalarme unas orejas de canguro
unos guantes limpios
una cuerda de saltar,
pondré mi mejilla a todos mis terrores
hasta que salgan las últimas fibras
de los últimos gimnasios de mi infancia.
Estoy en un enfrentamiento contra mi sombra,
le haré un barquito de luz
para que zarpen los golpes de mi rostro
para recomponer mi pretérito espejismo,
a ver si así
haber así
sí con tanto rebote
sí con tanta cabriola,
el canguro que persiste en combatir
el abatimiento del tanto Valium en mi sangre
deja los preparativos de mi muerte
para otro round,
donde mis puños con amor y nieve
puedan reconstruir un hombre nuevo.

Romance con las vacas
Amo la tranquilidad de las vacas
la concentración que tienen al masticar la hierba.
Amo sus manchas filosóficas,
sus ojos religiosos,
amo su incansable gusto por pastar
en la memoria o metafísica de Buda.
Amo a las vacas cuando meditan
en un tablero de ajedrez,
pero más aun
cuando caminan a la dimensión
de mi existencia y dicen:
“Despierta
la leche está servida”.
Declaración de los náufragos
Las almejas flotan
por el genocidio del petróleo.
Los calamares
hierven por el tanto azufre
de las industrias radioactivas.
Una tortuga con una jeringa en el ojo
un delfín con preservativos en el vientre.
Una aeronave sumergida,
contamina
el oxígeno de los peces globo.
Y los turistas que son fastidio en el Cañón del Sumidero
y el óleo que es un cadáver veraneando a la deriva…
Qué terrible es el dolor del agua
cuando aprendemos a nadar.

Cuando la cabeza se fuga al centro de las cosas
En la negrura
cuando el silencio
es una música sin piernas
un avestruz
hunde su cabeza en el centro
de una guitarra.
Alguien sabe qué encuentra
este pájaro sin vuelo
cuando en el asma de la noche
hunde su cabeza también
en mi corazón.
Qué es de mi ambulante sangre
y de ese temblor en mi pecho.
Qué es del pánico del ave
cuando soñó el fin del mundo.
Al reflejarme
en el agua de Pátzcuaro
me pregunto:
Dónde están mis plumas
Dónde mi largo cuello
y mis piernas de atleta.
Al sepultar más dudas en el miocardio
solo encuentro un parque de guitarras
un escenario acuático y sinfónico
donde un concertista
libera con verde luz las jaulas
de las aves que extraviaron su cabeza.
Hugo de Mendoza (Guadalajara, México, 1976). Poeta y editor. En 2002 fundó el colectivo Literagen. En 2009 editó la revista de crítica literaria El Golem. Ha publicado los libros de poemas Danzar del Agua (2009), 34 Episodios de Piscis (2010) y Confesión en el diván/ seguido de cuando los ángeles se materializan (2022). Ha impartido talleres de creación literaria en escuelas secundarias. Algunos de sus poemas han sido traducidos al portugués y al inglés. Coordinó los ciclos de Crítica de la poesía y narrativa en México y dirige el encuentro de poetas Vértice en el Tiempo. Es director editorial de la Revista de literatura El Golem.



