MI SOMBRA DUERME RECOSTADA
Los que no se tocan
Se desvanecen
Se vuelven aire
Y una mano cubre mi rostro
Donde el aire oscurece
Al atardecer
Cuando todo empieza a perderse
En la luz del desierto
En la mesa del olvido
La sombra sabe
Que estar presente no alcanza
Sabe que es un fantasma en la soledad del aire
Ese cuerpo que se extiende
Inerme en la hierba
Es mi cuerpo
Ausente del ardiente centro de la tierra
La sombra descansa en el cuerpo
La bruma que mueve el cuerpo
En el incendio de la tarde
Es una isla oscura
Soplo
Asolado
Ausencia
Volátil
Cerradura de aire
Abierta al vacío
Último espejo
Donde el aire oscurece
El espejismo
De un pozo
Desde donde ella me mira
¿Quién eres?
¿Qué sombra eres?
¿De qué árbol te desprendiste en la noche?
Echada de costado al atardecer
Señala la noche que se hunde
La oscuridad que se hunde
En el árbol negro
Herida de luz
Sabe que dormir
Es desaparecer dentro del cuerpo
No estar en el jardín inmóvil
Morir
Sin darse cuenta
EL SUEÑO DEL MUNDO
Las luciérnagas en tus manos
Devorando los días
La tortura en la barca del cuerpo
Nada es terrible
Todo ha sucedido
El sueño sin cabeza
Era una montaña imposible
Los perros ladrando en la oscuridad
Se debe morir para poder morir
Dijo con ansiedad el sueño
Así solo así
Olvidar la sombra que vuela
La familia atrapada en la casa oscura
Todos esos días
Esas noches
Interminables
El niño que fuiste corre por el patio
No sabe que estás muerto
Ya no somos lo que somos
Y no se puede salir de los sueños
Eres me dijo
El imposible
Viaje
De una estrella
Y los recuerdos siguen jugando
Saltando precipicios
Dos veces
Para poder morir
Como dijo aquella tarde el sueño del mundo
Sus cabellos rojos sobre la mesa de la cocina
El sonido inaudible
Invadiendo cerrando colinas
Y la oscuridad
Cubrió
Mi cabeza
JARDÍN
Estás enterrada en el jardín
Tus hermanas suben a los árboles
Con el sabor del níspero en la boca
Estás enterrada
En el jardín
Metes la mano
En el bolsillo
Y una abeja
Te pica el dedo
Toda esa maleza de oscuridad
El perro negro ha hablado
Lo beso para quitarle el veneno
Luego lo escupo
Te duermes
Respirando el olor de la pintura
Doblando las rodillas
En la pared
Te llaman
Y no contestas
El perro negro
Ha hablado
En esta tierra
Nada tiene alma
Las mujeres se desnudan
Y se bañan en el pantano
Los hombres se burlaban
Y orinaban sobre ellas
El viento
Agitando
La raíz del mundo
La esfera de luz brilla
La flama
Se hunde y desaparece
No fui nada
No soy nada
Estaba enterrada en el jardín
Saludé al hombre envuelto en llamas
Se hizo humo
Siempre fue humo
Me dijo

LA MUERTE POR CANSANCIO
He llegado tarde
Porque es imprescindible estar muerto para poder jugar
Lentamente la oscuridad ha cubierto la silla
Entonces
He matado al jugador
Se ha transformado en una pieza de marfil
La daga ha volado sobre la silla sin atravesar su cuerpo
Pero ha dejado una grieta
La endiablada espera
La lenta soledad atrapa al jugador
En la insoportable espera
El alfil se ha transformado de nuevo en alfil
Y siento que mis manos desaparecen
La noche ha cubierto al alfil
Sin atravesar su cuerpo
Se levanta de la silla
Y se aproxima como un jardín abandonado
La sombra atravesada se interpone
Y debo volver a llegar tarde
Es imprescindible
Estar muerto
Para poder jugar
LA SOLEDAD EN LA PARED
Era la soledad en la pared
Abrazaba a los animales enterrados
La falta de cuerpo
Daba vueltas por la casa
Y el mundo desaparecía
A nadie le importa
Jugar con el vacío
Pozo de cigarra
Incendiada por el viento
La espalda y la soledad bajo la tierra
En la habitación oscura
Con las mariposas
Nocturnas y acéfalas
Veía el deslumbrante silencio
Arder en los árboles
En la oscuridad
Que envuelve el aire
Contemplaba su vacío
Ente los perros desesperados de la tarde
Enterraba al viento
La moneda que nadie encontró
Era la muerte que amanecía
Como un gran sol olvidado
Recostada bajo la tierra del mundo
Su cuerpo
Era una habitación púrpura
De día
Una piedra silenciosa
Una sombra extendida
Que no se levanta
En el pantano del mundo
El oscuro silencio
Se desnudaba
Y la tierra desaparecía
Yo sigo dormida detrás del cuerpo
Me cubren la espalda
Con hojas de otro mundo
Detrás de las rejas de la casa
El manto del mundo
Es la soledad

CARRINGTON
Acompañada de una hiena
En la habitación del sillón azul
Por el paisaje de la ventana
La hija del minotauro
Es una niña oculta en la oscuridad
El diablo rojo
Baña los pájaros del laberinto
Y la inventora
Con las manos de pájaro
En la barca de las grullas
Se mira en el espejo del agua
Abriendo los brazos
Ofreciendo un abrazo
El ciervo deja pasar
A las apariciones que te miran
Aves caballos cerdos humanos con cola de serpiente
En el gran huevo del universo
Perdiendo la razón
Escribiendo sus memorias de abajo
Tu descenso
En la tercera persona de la trinidad
En Santander me dices
Llorando en el pueblo
Vagando por los campos de concentración
Levitando el alumbramiento
En la casa del miedo
La ceniza de los parpados detenida en el agua
El resplandor sobre los cuerpos del eterno instante
La tardanza mirando el silencio del cielo que se cae
El soplo en el espejo del aire
El vacío asistiendo
Llenando los otros vasos
Con el vino del crepúsculo
Recostada sobre la pereza
En el jardín desnudo
Acariciando un cuerpo
Pintando el desfallecimiento de la tranquilidad
La hiena joven es la morada de la terrible desilusión
Abrazando el viento del sur
Se sienta en la lluvia
Blanca desnuda
Con plumas en los hombros
Con la piel de mármol
Con ojos para la miel
En el jardín mojado
Observa al hermoso fantasma de sombras purpúreas
Que sacude los cuerpos ahogados entre alaridos de sirena
Es una grulla con cara de mujer
Con los pies mojados en la casa del juego
La iniciada en la barca de la muerte
La mujer verde
Con el libro oscuro
La mano dibujando
El pelo alborotado
Su mirada de niña levanta las sombras
Las minotauras
y su tránsito sin llegada
Por el acantilado
Abismo que te observa
LA ISLA
Invisible
En la isla del poema
Transparente como el aire
El demonio de la soledad
Ha copiado tu llanto en el yermo
Sosteniendo las palabras en el deslumbrante vacío
Ha subido la montaña de tu olvido
De tu bruma
Ninguna puerta al abrirse es eterna
Ninguna mirada
Es el reloj de arena
Su desierto
En el camino
Cada vez más distante
Hasta extinguirse
El sol
Visitándote
Sin encontrarte en su vuelo solitario
De nada sirve esconderse
En el mundo que desaparece
En el árbol esperando al tiempo
Las palabras suspendidas
En el espacio
Que inventa
El olvido
Te leen
VOLTAR
Se sentía estrambosada
Le faltaba la fulibunda de hojas de nusa
Una vez más quiso adrear la brasa del ilmo
Tomarla y voltar
Pero reentrevió que el filotérmico ilmo de nicotrópica estaba vacío
Los brazos le aleaban
Anceava
Estaba ensombrada gílmida de vol
Entonces Irmió su cuerpo de incandescente aneda
Abrió la puerta de la vúrcua y salió
Quiso corzar la luz con el brazo pero su cuerpo aleaba
El alebaje de sed en la alieta la anceava
Voltar era invimisible
Afortunadamente al ramar la cíclopa
El otro la estanceaba y deseaba salivar y voltar con ella
Enfalemado sin importar el trance o el maul de la cava
Ella quería dorsear el embraze el ibasal del ver
Pero aceptó
Voltar dijo
Sólo
Voltar

Ada Zapata Arriarán (Bolivia). Escritora, ensayista y periodista cultural, licenciada en Literatura, UMSA. Poemarios: Fragmentos en el Aire Ed. Gente Común, El Sueño del Mundo Ed. Ablucionistas. Como crítica de cine ha copublicado Apuntes de Cine Ed. 3600. De 2002 a 2019, editora de la revista digital de arte y cultura Palabras Más, de la que es cofundadora. Actualmente es curadora de la revista Ablucionistas. Sus poemas y ensayos están desplegados en varias antologías y ha participado en múltiples festivales de poesía en Bolivia, Perú, México, Argentina y Centro América.

Imagen de cabecera: La poeta Ada Zapata Arriarán, en Camiri. Atrás el argentino Carlos Aldazábal (foto de A. P. Alencart)
