Poemas de

Ada Zapata Arriarán: ‘Mi sombra duerme recostada’ y otros poemas

 

MI SOMBRA DUERME RECOSTADA

Los que no se tocan
Se desvanecen
Se vuelven aire

Y una mano cubre mi rostro
Donde el aire oscurece

Al atardecer
Cuando todo empieza a perderse

En la luz del desierto
En la mesa del olvido

La sombra sabe

Que estar presente no alcanza

Sabe que es un fantasma en la soledad del aire

Ese cuerpo que se extiende
Inerme en la hierba

Es mi cuerpo

Ausente del ardiente centro de la tierra

La sombra descansa en el cuerpo

La bruma que mueve el cuerpo
En el incendio de la tarde

Es una isla oscura

Soplo
Asolado

Ausencia
Volátil

Cerradura de aire
Abierta al vacío

Último espejo
Donde el aire oscurece

El espejismo
De un pozo
Desde donde ella me mira

¿Quién eres?
¿Qué sombra eres?
¿De qué árbol te desprendiste en la noche?

Echada de costado al atardecer
Señala la noche que se hunde

La oscuridad que se hunde
En el árbol negro

Herida de luz
Sabe que dormir

Es desaparecer dentro del cuerpo

No estar en el jardín inmóvil

Morir

Sin darse cuenta


EL SUEÑO DEL MUNDO

Las luciérnagas en tus manos
Devorando los días

La tortura en la barca del cuerpo

Nada es terrible
Todo ha sucedido

El sueño sin cabeza
Era una montaña imposible

Los perros ladrando en la oscuridad

Se debe morir para poder morir
Dijo con ansiedad el sueño

Así solo así
Olvidar la sombra que vuela

La familia atrapada en la casa oscura
Todos esos días

Esas noches
Interminables

El niño que fuiste corre por el patio
No sabe que estás muerto

Ya no somos lo que somos
Y no se puede salir de los sueños

Eres me dijo

El imposible
Viaje
De una estrella

Y los recuerdos siguen jugando

Saltando precipicios

Dos veces
Para poder morir

Como dijo aquella tarde el sueño del mundo

Sus cabellos rojos sobre la mesa de la cocina

El sonido inaudible
Invadiendo cerrando colinas

Y la oscuridad
Cubrió
Mi cabeza


JARDÍN

Estás enterrada en el jardín

Tus hermanas suben a los árboles
Con el sabor del níspero en la boca

Estás enterrada
En el jardín

Metes la mano
En el bolsillo

Y una abeja
Te pica el dedo

Toda esa maleza de oscuridad
El perro negro ha hablado

Lo beso para quitarle el veneno
Luego lo escupo

Te duermes
Respirando el olor de la pintura

Doblando las rodillas
En la pared
Te llaman
Y no contestas

El perro negro
Ha hablado

En esta tierra
Nada tiene alma

Las mujeres se desnudan
Y se bañan en el pantano

Los hombres se burlaban
Y orinaban sobre ellas

El viento
Agitando
La raíz del mundo

La esfera de luz brilla

La flama
Se hunde y desaparece

No fui nada
No soy   nada

Estaba enterrada en el jardín

Saludé al hombre envuelto en llamas
Se hizo humo

Siempre fue humo

Me dijo


LA MUERTE POR CANSANCIO

He llegado tarde
Porque es imprescindible estar muerto para poder jugar

Lentamente la oscuridad ha cubierto la silla

 Entonces
He matado al jugador

Se ha transformado en una pieza de marfil

La daga ha volado sobre la silla sin atravesar su cuerpo

Pero ha dejado una grieta
La endiablada espera

La lenta soledad atrapa al jugador

En la insoportable espera

El alfil se ha transformado de nuevo en alfil

Y siento que mis manos desaparecen

La noche ha cubierto al alfil
Sin atravesar su cuerpo

Se levanta de la silla
Y se aproxima como un jardín abandonado

La sombra atravesada se interpone

Y debo volver a llegar tarde

Es imprescindible

Estar muerto

Para poder jugar

 


LA SOLEDAD EN LA PARED

Era la soledad en la pared
Abrazaba a los animales enterrados

La falta de cuerpo
Daba vueltas por la casa
Y el mundo desaparecía

A nadie le importa
Jugar con el vacío

Pozo de cigarra
Incendiada por el viento

La espalda y la soledad bajo la tierra
En la habitación oscura

Con las mariposas
Nocturnas y acéfalas

Veía el deslumbrante silencio
Arder en los árboles

En la oscuridad
Que envuelve el aire
Contemplaba su vacío

Ente los perros desesperados de la tarde
Enterraba al viento
La moneda que nadie encontró

Era la muerte que amanecía
Como un gran sol olvidado

Recostada bajo la tierra del mundo
Su cuerpo
Era una habitación púrpura

De día
Una piedra silenciosa

Una sombra extendida
Que no se levanta

En el pantano del mundo
El oscuro silencio
Se desnudaba
Y la tierra desaparecía

Yo sigo dormida detrás del cuerpo

Me cubren la espalda
Con hojas de otro mundo

Detrás de las rejas de la casa
El manto del mundo

Es la soledad

Ada Zapata, A. P. Alencart y Carolina Fernández, en Camiri (foto de José Alfredo Pérez)

CARRINGTON

Acompañada de una hiena
En la habitación del sillón azul

Por el paisaje de la ventana
La hija del minotauro

Es una niña oculta en la oscuridad

El diablo rojo
Baña los pájaros del laberinto

Y la inventora
Con las manos de pájaro
En la barca de las grullas

Se mira en el espejo del agua

Abriendo los brazos
Ofreciendo un abrazo

El ciervo deja pasar
A las apariciones que te miran

Aves caballos cerdos humanos con cola de serpiente
En el gran huevo del universo

Perdiendo la razón
Escribiendo sus memorias de abajo
Tu descenso
En la tercera persona de la trinidad

En Santander me dices
Llorando en el pueblo
Vagando por los campos de concentración
Levitando el alumbramiento
En la casa del miedo

La ceniza de los parpados detenida en el agua
El resplandor sobre los cuerpos del eterno instante

La tardanza mirando el silencio del cielo que se cae
El soplo en el espejo del aire

El vacío asistiendo
Llenando los otros vasos

Con el vino del crepúsculo
Recostada sobre la pereza

En el jardín desnudo
Acariciando un cuerpo

Pintando el desfallecimiento de la tranquilidad

La hiena joven es la morada de la terrible desilusión

Abrazando el viento del sur
Se sienta en la lluvia
Blanca desnuda

Con plumas en los hombros
Con la piel de mármol
Con ojos para la miel
En el jardín mojado

Observa al hermoso fantasma de sombras purpúreas
Que sacude los cuerpos ahogados entre alaridos de sirena

Es una grulla con cara de mujer

Con los pies mojados en la casa del juego
La iniciada en la barca de la muerte

La mujer verde
Con el libro oscuro
La mano dibujando
El pelo alborotado

Su mirada de niña levanta las sombras

Las minotauras
y su tránsito sin llegada
Por el acantilado
Abismo que te observa
           

LA ISLA

Invisible
En la isla del poema

Transparente como el aire

El demonio de la soledad
Ha copiado tu llanto en el yermo

Sosteniendo las palabras en el deslumbrante vacío

Ha subido la montaña de tu olvido
De tu bruma

Ninguna puerta al abrirse es eterna

Ninguna mirada
Es el reloj de arena
Su desierto

En el camino
Cada vez más distante
Hasta extinguirse

El sol
Visitándote
Sin encontrarte en su vuelo solitario

De nada sirve esconderse
En el mundo que desaparece

En el árbol esperando al tiempo

Las palabras suspendidas

En el espacio
Que inventa
El olvido

Te leen

 

VOLTAR

Se sentía estrambosada
Le faltaba la fulibunda de hojas de nusa
Una vez más quiso adrear la brasa del ilmo
Tomarla y voltar

Pero reentrevió que el filotérmico ilmo de nicotrópica estaba vacío
Los brazos le aleaban
Anceava
Estaba ensombrada gílmida de vol
Entonces Irmió su cuerpo de incandescente aneda
Abrió la puerta de la vúrcua y salió
Quiso corzar la luz con el brazo pero su cuerpo aleaba
El alebaje de sed en la alieta la anceava
Voltar era invimisible

Afortunadamente al ramar la cíclopa
El otro la estanceaba y deseaba salivar y voltar con ella
Enfalemado sin importar el trance o el maul de la cava
Ella quería dorsear el embraze el ibasal del ver
Pero aceptó
Voltar dijo
Sólo
Voltar

Ada Zapata, con Ubaldo Padilla, César Hidalgo y otros colaboradores de Jauría de Palabras – Camiri


Ada Zapata Arriarán (Bolivia). Escritora, ensayista y periodista cultural, licenciada en Literatura, UMSA. Poemarios: Fragmentos en el Aire Ed. Gente Común, El Sueño del Mundo Ed. Ablucionistas. Como crítica de cine ha copublicado Apuntes de Cine Ed. 3600.  De 2002 a 2019, editora de la revista digital de arte y cultura Palabras Más, de la que es cofundadora. Actualmente es curadora de la revista Ablucionistas. Sus poemas y ensayos están desplegados en varias antologías y ha participado en múltiples festivales de poesía en Bolivia, Perú, México, Argentina y Centro América.

Poetas de Bolivia, México, Colombia y Chile, en Camiri

Imagen de cabecera: La poeta Ada Zapata Arriarán, en Camiri. Atrás el argentino Carlos Aldazábal (foto de A. P. Alencart)




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