Tiberíades agradece al poeta hispano-argentino Boris Rozas por permitirnos difundir algunos poemas de su libro ‘Lugares a los que volver con el buen tiempo’ (Valparaíso, 2022), por el que obtuvo el Premio Internacional de Fuente Vaqueros.

(De Alfredo, a Jacqueline. Parte I)
Ella es tierra firme, arena no pisada.
Un día, orillada,
el fruto la traspasa
y en el jardín deja de haber flores.
Porque resulta que soy libre
como Cohen
voy a conjugarte en otras formas,
facultad otorgada en este exilio,
va siendo hora
de echar el ancla
en esta historia.
(De Alfredo, a Jacqueline. Parte II)
“(…) La ha visto en un paraje solitario
con el mar y las rocas en la noche.”
Joan Margarit
Si fuera verdad que el cansancio
me ha vencido
no dejes de salir al mar
por las mañanas,
aunque llueva en tu barco, nuestro hijo,
azules olas
en segundas oportunidades.
En un santiamén nos concederemos
otra cita
esta vez no habrá testigos,
seremos el jazz y la bruma
apartados
del parque, dos bancos.

Claustro de la luz.
Esta noche, al bajar la basura
frente a tu casa,
he encontrado dos alas
plenamente recogidas,
serán de aquellos seres
que nos habitaron
en los claustros de la luz
seguramente volaron
en círculos
creyéndose camino,
lección uno:
no hay camino,
sólo regresos puntuales
voces de acero
que gravitan.
El cuerpo
contra otro cuerpo se ilumina,
racimando surcos en la piel,
en la deriva
donde se hayan
nuestros vértices.
lección dos:
no hay cuerpos,
sólo aristas.
Aparentemente las bestias
nos ganaron,
yacerán sin necesidad
de usar muros
o fronteras,
desnudos, sin tener que
usar palabra alguna.
Puestas encima del olvido
nos vencen
las aves
que sobrevuelan
todos los árboles,
lección tres:
no hay árboles,
sólo párpados
que habitan
más allá de tu casa.

Amor Intellectualis.
El otoño se ha disfrazado
de Bob Harris
en aquel espacio diáfano
en Shibuya,
cuento con ello si me acerco
alguna vez
saber hacia dónde soplarán
mis velas
esa noche,
al crujir del pelo rosado
que apenas roza la nieve
pura.
Tú que ya sientes
otro amor intellectualis
mientras lentamente
se inclinan las hojas
a tu espalda.
Los desastres.
Los desastres empiezan casi siempre por uno mismo
y la casa de madera que construimos alrededor
pensando que así
algún día nos volveremos invisibles.
Desde los áticos de Puerto Madero
me hablan las voces
que nunca optaron
por mentirme,
huelen a gasolina que echar al fuego
de nuestros cuerpos
ya inservibles.

Boris Rozas, vallisoletano de Buenos Aires. Diecisiete poemarios a sus espaldas, entre ellos los multipremiados Ragtime (2012), Invertebrados (2014), Las mujeres que paseaban perros imaginarios (2017), Annie Hall ya no vive aquí (2018) o Lugares a los que volver con el buen tiempo (Valparaíso, 2022)
Entre los galardones otorgados por su obra destacan el León Felipe, Internacional de Fuente Vaqueros, Pilar Fernández Labrador, Francisco de Aldana, Hernán Esquío, Gonzalo Rojas Pizarro, Nacional Coronio, Manuel Garrido Chamorro, Álvaro de Tarfe, Laguna de Duero, Dueñas, María Eloísa García Lorca, Villa de Ermua, Premio Umbral, Francesc Candel, La palabra de mi voz, Texas Book Festival, dos veces finalista del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, Premio Sarmiento, etc.
En 2018 compuso el Soneto para el Sermón de las Siete Palabras de la Semana Santa vallisoletana, siendo el primer autor hispanoamericano distinguido con tal honor.
