Poemas de

Milenka Cárdenas Troncoso: ‘Quisiera ser’ y otros poemas

La revista Tiberíades se complace en publicar estos seis poemas inéditos de Milenka Cárdenas Troncoso (Puerto Maldonado, Madre de Dios, Perú), quien por vez primera deja conocer sus versos, alentada por el poeta Alfredo Pérez Alencart, presidente de Tiberíades (Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos)

Quisiera ser

Quisiera ser como el viento que, intrépido, transita sus caminos,
llenándolos todos de suave brisa que refresca.
Quisiera ser como las nubes que, como frágiles copos de nieve,
se mueven por el azulado cielo con paciente calma.
Quisiera ser como las montañas que, enigmáticas y ancestrales,
se yerguen firmes con majestuosa elegancia.
Quisiera ser como los viejos castaños que, se arraigan en lo profundo,
para estirarse frondosos hacia alturas inalcanzables.
Quisiera ser como las estrellas del firmamento que, sin importar su lejanía,
titilan sin descanso alumbrando las noches más oscuras.
Quisiera ser como el inmenso mar que, con su rítmico vaivén
no se cansa de besar la playa con sus traviesas olas.
Quisiera ser como el sol que, con su radiante brillo que deslumbra,
pinta la vida con infinitos colores.
Quisiera ser como las flores que, vestidas con natural sencillez,
nos regalan su humilde hermosura.
Quisiera ser como el incandescente fuego,
que implacable e intenso derrite los corazones más gélidos.

En fin, quisiera ser como el incomprensible infinito,
que sin tener inicio ni fin se aferra al amor
para darle sentido a su eterna existencia.

Te encontré

Te busqué en el silencioso hálito del viento, pero no te encontré.

Te busqué en el silencioso hálito del viento
y en el brillante fulgor de los rayos del Sol, pero no te encontré

Te busqué en el silencioso hálito del viento,
en el brillante fulgor de los rayos del Sol
y en las recónditas cavernas de la madre tierra, pero no te encontré

Te busqué en el silencioso hálito del viento,
en el brillante fulgor de los rayos del Sol,
en las recónditas cavernas de la madre tierra
y en los lóbregos abismos del océano, pero no te encontré.

Me desesperé…

Te busqué entonces en mis profundidades
escudriñando prolija cada parte de mi ser
y allí te encontré…
imbricado en mis inexpugnables pensamientos
y atiborrado en mi atrincherado corazón.

Foto de José Amador Martín

Mirando el horizonte

Estás sentado en silencio mirando el horizonte,
me acerco a ti y a tu costado me acurruco,
reclinas tu hombro con delicada ternura
para que plácidamente me recueste.

Me miras dulcemente por un instante
mientras tu sonrisa dulce se dibuja en tu rostro,
te contemplo a hurtadillas ruborizada
se estremece inadvertido todo mi ser.

Acompaño fielmente tu silencio
sentada a tu lado mirando el horizonte,
veo en tus pensamientos mi imagen
grabada hondamente con la fuerza del amor,
me regocijo.

Volteas pausadamente hacia mí
advertiste que me interné en tu intimidad.
Abro mis pensamientos para ti
y descubres tu imagen grabada
con fuego en mi corazón, te regocijas

Miramos juntos en silencio el horizonte
escucho tus pensamientos, escuchas los míos
que al unísono declaran
que nos pertenecemos para siempre.

¿Me amas?

Te pregunto si me amas.
Me respondes: ¡Sí, te amo!
con segura afirmación.

Una sonrisa de satisfacción
se dibuja complacida
en mis pensamientos.

A la par, mi mirada expectante
te exige tácitamente ensayar
una respuesta argumentada.

Lees mi gesto,
me conoces, y me
respondes al instante:

Que nunca se te olvide,
me dices con tranquilidad
y dulce firmeza en tu voz:

Somos como el minutero
y el segundero
de un reloj mecánico…

No importa los
incontables desencuentros
que marquen nuestras vidas

Siempre nos reencontraremos
en algún punto de nuestro
ciclo eterno.

Entonces, volver a preguntar
¿me amas?
me parece innecesario.

La negrita Troncoso, madre de la poeta

La Negrita Troncoso

La “Negrita Troncoso” te dicen
por la hermosura de tu piel canela
ahora rugosa tras ocho décadas transcurridas
pero con un brillo que perdura
por haber sido bien vividas.

Tus vivarachos ojos negros
debajo de tus delineadas cejas
donde se origina tu respingada nariz perfecta
sobre tus delgados labios graciosos
son sello evidente que eres una Troncoso.

Con fortaleza sin igual
alzas escudo de piedra en nuestra crianza
que te arrogas con estoica confianza
y solitaria resignación, pues también
eres una Saavedra digna de admiración.

El matiz de tu risa franca
que exhalas con alegre picardía
son como maternales melodías
que disipan siempre nuestras
atribuladas melancolías.

Tus interminables charlas amenas
con relatos apasionantes
repletos de proverbios sensatos
son iluminadas almenas
en nuestros senderos desafiantes.

Por mucho tiempo pedaleaste sin descanso
tu SINGER, compañera fiel
desde el alba hasta el amanecer
pues coser no solo era de tu familia el sustento,
también era tu pasión y tu maravilloso talento.

Han pasado sin prisa 80 años en los que junto
a nosotros con esmero has caminado
y dones invaluables nos has prodigado
que ni en las eternidades habremos compensado.

Hoy con prisas inusitadas en tus 80 abriles
queremos tus seis hijos juntos a tu lado estar
y solo un haz de tus prodigiosos cuidados febriles,
con nuestros abrazos agradecidos a ti entregar.

¡Te amamos, mamá!

Hay belleza en la muerte

Con el corazón mal herido por la pérdida,
sentía como la noche más oscura llenaba su ser
y lo paralizaba para siempre.

Tenía su mirada extraviada en el infinito
y sus pensamientos suspendidos en el aire denso,
todo su ser sucumbía en un vacío aterrador.

La vorágine del mundo discurría en derredor,
su mundo interno se detenía bruscamente
y un silencio escabroso lo cubría por completo.

El cuerpo frágil y pálido de su único amor
yacía pétreo e inmóvil en sus brazos que,
en otrora, tantas veces la habían estrechado.

La luna plateada profundamente consternada
filtraba un tenue rayito de luz
sobre su hermoso rostro silente.

Ella sonreía con los ojos cerrados
con una expresión de viva de dulzura,
su rostro expresaba paz perpetua.

Ahora, aferrado a sus manos frías
la contemplaba con infinito amor
deseando despertarla con su aliento.

Tan sólo por unos instantes… por unos instantes
y con el alma agonizante
él pensó, ¡hay belleza en la muerte!

Milenka Cardenas Troncoso con su prima Miluska Pérez y su tía Rosa Alencart, en Puerto Maldonado



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