Tiberíades agradece al poeta por permitirnos publicar su Discurso de ingreso, leído en Fontiveros el pasado 14 de diciembre.
Saludo: Señor Alcalde de Fontiveros, señor presidente de la Diputación, señor presidente de la Institución Gran Duque de Alba, Presidente de la Academia, Juglares y Juglaresas, señoras y señores…
Comienzo mi intervención expresando mi gratitud al Ayuntamiento y al pueblo de Fontiveros, y también a la Academia,
por este nombramiento como Juglar, que tanto supone para mí. Nací en Jaén, la tierra donde murió San Juan, y he venido a Ávila, a su pueblo natal de Fontiveros para hermanarme con él como hijo adoptivo y cerrar así un círculo de fraternidad con el poeta que comenzó con la lectura de sus versos. No puedo imaginar mayor galardón.
Me presento ante Vds en esta noble villa de Fontiveros, y en este día, festividad de nuestro patrón San Juan de la Cruz, con el compromiso y la ilusión, también el nerviosismo, del aspirante que tras velar armas en el patio del castillo, interior por supuesto, entra en capilla para recibir el espaldarazo y las espuelas de la Orden caballeresca de la que siempre soñó formar parte.
La Academia de Juglares de Fontiveros es esa Orden de andante caballería, naturalmente cervantina, que tiene como Gran Maestre a San Juan de la Cruz y como Santo Grial a la Poesía. San Juan, al igual que otros grandes personajes de nuestro Siglo de Oro, como su compañera de arrobos y fatigas Santa Teresa de Jesús, tiene mucho de Quijote, de caballero empeñado en la lucha contra gigantes disfrazados de molinos, y encantadores, dispuestos a todas las argucias para evitar que resplandezca la luz de su valor. No es casualidad que el avisado Don Miguel, le hiciera parte de su historia en el episodio del Cuerpo Muerto, trasunto novelesco del traslado de Úbeda a Segovia de los restos del dulce carmelita.
Nuestro andante San Juan no dudó en afrontar las más osadas aventuras y también desventuras en busca de su ideal. Y salió al campo abierto de una contienda poco metafórica en la que arriesgó su vida y su libertad. No lo dudó: “buscando mis amores/iré por esos montes y riberas;/ni cogeré las flores,/ ni temeré las fieras/y pasaré los fuertes y fronteras.”
Buscando al Amado esquivo se embarcó en una empresa descomunal, entró en una noche oscura, tan lejos, tan alta, que nadie pudo seguirle “entreme donde no supe/ y quedeme no sabiendo,/ toda ciencia trascendiendo” y de la que nos dejó un bellísimo testimonio, el eterno rumor de la fuente del misterio “Que bien se yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche./ Aquella eterna fonte está escondida/¡Qué bien se yo do tiene su manida/aunque es de noche”.
San Juan de la Cruz es la inspiración y el mandato que dan vigor a la Academia de Juglares desde su fundación hace ya más de cuarenta años. Una andante caballería del espíritu que desdeña el ruido y el mercadeo de la palabra para seguir buscando el tesoro de lo inefable, la verdad de la poesía como expresión más honda de nuestra humana condición. Y en ello andamos. Y cada año, un nuevo aspirante llama a su puerta para encontrar en ella el magisterio y la cercanía de quienes están en el camino, “buscando la cristalina fuente que en sus semblantes plateados formase de repente los ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados”
De esa fuente tratamos de beber. En esa interminable búsqueda se encuentran estos poemas que buscaron su iluminación
LA LUZ
Hay una luz que el ojo nunca ha visto.
Pasa por él como un cristal y desciende
al más profundo centro de tu noche.
Una luz que despierta la mañana
e ilumina la casa donde aún eres niño
y el destino un deseo sin formular,
cuando el amor en ella se descubre
y el azul del día le da razones
al urgente mandato de vivir.
Hay una luz que en ti muestra lo invisible,
el verdadero rostro en el espejo
que nunca te has atrevido a contemplar
y te confiesa como eres,
no busca complacerte sino muestra
lo que te pareció vacío y has negado.
En el juego a ciegas de su llama
deberás rescatar al prisionero,
el que no esperaba que volvieran por él.
Es su primera condición:
Nadie puede darte lo que tu amor ha de ganar.
Hay una luz que en colores se dispersa
y descubre el mundo en la caverna de sombras
que a tus ojos lo ocultaba.
Mirarlo ahora,
sentir que su dolor y el tuyo son el mismo,
te enseñará las causas del perdón,
te dará la generosa noticia del asombro.
Asistes en la luz al primer día de la Creación.
Ella fue su primera palabra.
Búsqueda y encuentro, oscuridad y luz… Son los peligros, las flores y las fieras que el andante caballero encuentra en un camino que necesariamente ha de recorrer en solitario. El poeta es, como ya nos explicó San Juan, un pájaro solitario que necesita volar cada vez más alto

EL PÁJARO SOLITARIO
El Pájaro Solitario pone el pico al aire. Su canto se abre al infinito; como la música, escapa a las redes del significado y vuela a las alturas que preceden a la forma, que albergan en su seno todas las formas. Prefiere sus tormentas al nido complaciente, a la seguridad del suelo.
Los chamanes saben que todas las almas tienen un pájaro protector, un gemelo que habita en esa región más alta y solo visitamos en los sueños. Volar con sus alas nos eleva al silencio, entra en la noche, nos transporta a un mundo que no es tierra, fuego, aire, o agua.
Allí espera a que la Luz se manifieste y dé razón de lo nunca expresado.
Juglares, navegantes que se aventuran solitarios hacia ínsulas que no aparecen en las cartas marinas, en las que se encuentra el tesoro escondido. El que escapa como la arena entre las manos cuando intentamos apresarlo. Las sanjuanistas Ínsulas Extrañas. Éstas son sus coordenadas
LATITUD
Isla errante, latitud sur de la transparencia. Isla que emerge entre la bruma y se pierde en un mar desconocido, isla que ilumina el relámpago, canción del destino que escuchas cuando el porvenir se cierra. Lugar sin palabras que escapa al pensamiento, experiencia que niega la razón, pues en ella se alza y cae, mientras busca en sus espumas lo sagrado del mar. Isla por la que el alma pasó, burlado el deseo, encendida la esperanza, desgarrado en jirones el sentido.
Imán en el centro de la sangre, última orilla del vacío, refugio del amor cuando se va. Hasta ella peregrinas por los ciegos rincones de la luz. Quizá la viste como un pájaro que vuela a tu alrededor y de repente se aleja, la presientes como la felicidad del niño que rasga el celofán de su regalo.
Ínsulas, extraña noticia que leva las anclas de la espera, quema un incienso que anuncian los vigías en su larga singladura, cuando señalan al Misterio del que Ellas participan. Nítido cristal para mirar hacia dentro, donde ningún hombre se miente su destino. Brillan un instante, como estrellas que se apagan, mientras despierta la conciencia ante algo tan hermoso que no puede comprender, una frontera que no puede cruzar. Una íntima música, una ardiente ausencia que sin poseer amamos y en Ellas, las extrañas, nos responde.
LONGITUD
Longitud que mide la montaña y la flor y a ambas iguala. Iguales son lo inmenso y lo minúsculo en el Ojo de Dios, pues en Él coinciden, Norte, Sur, Este y Oeste, los puntos cardinales. En las Ínsulas encallan los atributos del Yo, arrojan al mar las posesiones que ostenta la codicia, disuelven el violento tribunal de los sentidos y confunden blanco y negro en su paleta de colores.
Islas que entrelazan la blancura de las azucenas y las sábanas que cubren el cuerpo de la víctima. Mezclan el aroma del jazmín y las rosas de la sangre derramada, tejen las sedas de la compasión en la mano que perdona al culpable y la crueldad en el puño que golpea al inocente. Coinciden en ellas el corazón del hombre y la geografía del universo. Dejan de ser eternamente otros y se encuentran en ese punto que no tiene medida. Ojo y compás de Dios, círculo sin fin de la vida y de la muerte, fraternidad de las aguas y el ahogado que en ellas se adentró.
Islas, equis marcadas en las cartas marinas para quien no fija un rumbo, corales que emergen cuando baja la marea y nada es más real que su alucinación; lugar o promesa que más allá de la noche nos deslumbra. Coordenadas sin retorno donde cierra sus pétalos la rosa de los vientos.
El Juglar camina con la humilde disposición de quien está dispuesto ante todo a escuchar, a desvelar la profunda realidad de un mundo que vive a nuestro alrededor y está a la vez dentro de nosotros, que nos dice que las personas no somos un número, ni una masa a la que manipular, un frío dato de estadísticas, sino seres creados para amar y sufrir, hijos de la alegría y de la ira, parte del maravilloso milagro de la existencia, estrofa en la infinita canción del universo.
CANCIÓN
En esta canción levanto mi refugio,
pongo a salvo una belleza que no es mía
pero justifica la noche y su intemperie,
la paz en el corazón de la tormenta.
Pregunto en ella a los augurios del cuervo,
los infortunios de la sal que se derrama
y las promesas del trébol de cuatro hojas.
Sobre las condiciones del amor en nuestros labios
como un pacto de sangre del cielo y de la tierra.
En una canción olvido las torpes profecías
que necesitan un texto oscuro, un sacrifico,
una clave oculta que es preciso descifrar.
Ella me dice que el canto pasa por mi boca
como el aire y me respira,
guarda el horizonte azul de la memoria
en una íntima conversación entre mi duda y mi deseo.
Una flecha que busca en su diana
el sentido más allá de la pérdida.
Como un pájaro que por su canto
llegara hasta el silencio.
Por último, el aspirante a Juglar debe saber que su vocación, ese incierto Grial de la poesía al que aspira, no es una meta que él escoge o rechaza, hacia la que camina con un itinerario previamente determinado, sino del que es elegido. Es un don, un regalo que nunca sabemos con certeza cuándo, dónde, cómo o quién nos entregará. Y solo llega cuando, inesperada, surge la Canción de las Arenas y se detiene a escucharla
LA CANCION DE LAS ARENAS
Para oír la canción de las arenas
es preciso adentrarse en el desierto
y escuchar: Quizá suenen los violines
histéricos del viento entre las rocas.
Una atenta quietud nos servirá
los dones del silencio, la tersura
carnal de su latido, que resuena
como un eco en nuestra sangre, un aliento
que concierta los ritmos de la vida.
Quizá para entonces sea de noche,
los sentidos se afinen extremados
y canten, melodiosas, las arenas.
No habrá otra voz que iguale su dulzura
ni cristal comparable a su armonía:
plenitud que se cumple en su extinción.
Buscaremos el exacto lugar
de este prodigio y será en vano;
espejismo perdido entre la sed
y la ilusión de hipnóticas serpientes.
Las arenas no entregan su canción,
no deciden el premio ni el castigo,
sino que se dan luminosamente
en el misterio, esa realidad
sin códigos ni pactos que la tasen.
Hay en su voz sutilezas de brisa
que desandan la noche de los ecos.
Nos salen al encuentro como el pájaro
que en el cantar declara su sentido.
Es la condición del Juglar, y aquí en Fontiveros, arropados por la inspiración y el ejemplo de nuestro Santo Patrón, y por el cariño de sus vecinos, ahora también los míos con la condición de hijo adoptivo recibida, la Academia encuentra su raíz, su locus standi, que diría Santayana, su lugar para mirar el mundo con la serenidad de quien se sabe en su centro.
Nadie piense que idealizo en ella a un grupo de, por poetas, locos maravillosos más o menos inofensivos. Hablo de hombres y mujeres que se dedican a la docencia, a la gestión cultural, al periodismo o al mundo de la empresa. Porque todos han forjado con su trabajo una sólida y brillante obra poética y a través de ellos se puede entender perfectamente la evolución de la poesía española de los últimos cincuenta años. Desde sus diferentes ciudades, oficios e historias personales, acudieron a Fontiveros movidos por una misma inquietud, tras la senda del misterio que San Juan les abrió.
Desde la humildad de quien se sabe el último de todos, este recién llegado Juglar, es consciente del privilegio que se le concede y se compromete a trabajar a su lado para no defraudar la confianza en él depositada.
Muchas gracias

JOSÉ PULIDO NAVAS. Nacido en Jaén el 10 de enero de 1958. Periodista. Licenciado en CC de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en Radio Nacional de España, donde dirigió las emisoras de Talavera de la Reina y de Ávila y fui Jefe de Informativos de Castilla la Mancha. Reside desde hace treinta años en la ciudad de Ávila.Como poeta, ha publicado tres libros en la colección de poesía Melibea, que edita el Ayuntamiento de Talavera de la Reina, en la provincia de Toledo: “Viejos Rituales” (1988), “La Ciudad y la Reina” (2000), ambos fueron accésit del premio Rafael Morales, y “Movimiento Circular”, Premio Internacional de Poesía Rafael Morales 2007. Ese mismo año publicó el poemario “El Corazón Disperso” en la colección de poesía El Toro de Granito, de Ávila. Posteriormente fue galardonado con el premio Nacional de Poesía Luis López Anglada 2009 por el poemario “Los Enigmas de la Esfinge”. En 2013, ganó el Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz con el poemario “La Línea de la vida”, publicado en la colección Adonais, de la Editorial RIALP. En 2016 ganó el premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, de Salamanca, con el poemario “La metáfora del corazón”, publicado por la Diputación de Salamanca. En 2017 publicó el poemario “Las bodas de la Araña” y en 2021 “Canciones del ave en peligro de extinción”. Ambos en la Editorial Vitruvio. En noviembre de 2021 ganó el premio de poesía Avant-Ciudad de Ceuta con el poemario “Voz Adentro” publicado este año por la Editorial Avant. Ha colaborado en numerosas revistas literarias y participado en iniciativas como el encuentro de poetas Avila-Navarra en 2007, el Encuentro Iberoamericano de Poesía que organiza la Universidad de Salamanca en 2009, 2016 y 2021, la iniciativa Escritores por Ciudad Juárez 2012 y el homenaje a Fray Luis de León de la Universidad de Salamanca 2013. Forma parte del Consejo Editorial de la Revista Literaria “El Cobaya”, que edita el Excmo. Ayuntamiento de Ávila y dirige el poeta José Maria Muñoz Quirós y ha coordinado los ciclos de poesía de la Galería Cerdán, de Talavera de la Reina entre 2014 y 2019.
Foto de cabecera: Muñoz Quirós, Pulido Navas y Pérez Alencart
