Poemas de

María Bonilla: ‘Desazón de mí’ y otros poemas

Desazón de mí

El alba viene a mí despacio,
desde lejos.
La noche es más tenebrosa que nunca.
Mis ojos se abren y se cierran agobiados,
muy a su pesar.
Este mal día parece haber casi llegado a su fin…
(Aunque, ¿logra terminarse un día
que es para siempre?)

La silueta de la muerte
dormita tranquilamente en las rendijas
del marco de la ventana.

No sé cocinar.
Nunca supe.
Y tal vez hubiera querido
tener la marca de ese linaje
tan femenino.
Saber coser, saber bordar,
saber abrir la puerta para ir a jugar.
Saber cómo sobrevivir el paso
de las horas oscuras
con la vocación terrible
del ser mujer,
que aún con el corazón hecho trizas,
desgranado y ardiendo,
deliran las interminables horas oscuras
lavando, picando, condimentando,
hirviendo, tostando o salpimentando
los días inacabables.

¿Cuánta comida puede hacer
una mujer que odia cocinar?
¿Cuánto puede resistir la muerte
a tomarse un plato de sopa
con una pobre mujer sola
y enfrentar cuentas pendientes?

Esa muerte acomodada
en el marco de la ventana
de una mesa y una cocina
marchita de posibles,
esa,
que nos acecha a todas las mujeres
sin permitirnos siquiera,
a veces,
malvivir con
hijos, padres, hermanos,
novios, esposos y amantes,
todos amores malheridos
-la paz sea con ellos-,
arrancados por la mano
de estos tiempos terribles
que no son de Dios,
sino de la violencia y
de la ambición de poder
infinita,
incontable,
sanguinaria,
de estos hombres
verdugos de sí mismos
y de mujeres y niños
que mueren por esa mano,
dejando en duelo,
desolación y desconsuelo,
casas que nunca más
volverán a ser hogares.

De: Delirio de las horas oscuras, Estucurú Editorial, Costa Rica, 2019

María Bonilla con los poetas Alfredo Pérez Alencart, Monthia Sancho, María Macaya y Kari Obando, en el Festival de Turrialba

*****

XV.

¡Memoria mía, vida mía!
Mito del jeroglífico que soy,
acertijo de lo que nunca fui
y enigma de lo que
pude haber sido.
Ensueño de mundos irreales
que nunca poseí.
Quimera de un barco a ciegas,
en busca de una orilla distinta.

Espejismo que descifra mi estela,
cuando, desprevenida,
una tarde cualquiera,
todo se detiene,
todo se silencia,
al darme vuelta y descubrir
las primeras canas
en la barba de mi hijo
-vida de mis vidas-.

Y agradezco que inútil,
titubeante,
un poco descompuesta,
lastimada y rota,
me conecte, me anude
y me engarce siempre
con este hijo,
rastro de mis restos,
papiro con las marcas
de todas las aguas,
vida de todas mis vidas.

De: Marcas de agua, Estucurú Editorial, Costa Rica, 2019

*********

XI.

En un minuto hay muchos días, escribió Shakespeare.

Y sin embargo,
llegué siempre siempre a la hora exacta, escribo yo.

A la vida, a las 10.30 de la noche,
cargando
la inscripción del código genético de mi padre,
de su linaje de padre
en este cuerpo mío,
jeroglífico de mis pesares.
A mi infancia, dos veces:
a las 11.30 de una mañana de domingo,
cuando nació mi hermana
y al mediodía de un jueves,
cuando nació mi hermano.
Y como dijo el poeta:
la canción sonó distinta en la mañana,
en la tarde y en la noche.
A mi adolescencia, otro día domingo a las 3.30 de la tarde,
cuando murió mi padre.

Y la soledad áspera y seca se asomó por mi ventana.
Y los ojos de bronce del gato curioso de Leonora Carrington,
me miraron fijo desde las tejas rojas de un techo
en la ciudad de los sueños quebrados
y vomité cuando leí que el infeliz esposo
de la pobre Rosalía de Castro,
creía que la mujer debe ser sin hechos, sin biografía.

A mi madurez, llegué varias veces:
un lunes a las 2.30 de la tarde cuando me diagnosticaron mi enfermedad,
un jueves a las 5.30 del atardecer cuando nació mi hijo,
un sábado a las 6 del anochecer cuando su padre se fue de la casa…

Y la soledad sorda y opaca se apoyó en el
quicio de mi puerta.
Y como Valle Inclán,
fui metáfora de la amputación del brazo izquierdo,
creyendo, como él,
que la realidad no es como es, sino como se la recuerda.

Llegué a mi tercera edad,
un día martes, a las 9 de la más oscura de las noches,
-o una mañana de jueves, muy temprano
que ya no recuerdo-
cuando supe que habías muerto.

Y la soledad dura y muda
se sentó en uno de mis sillones.
Y fui una mujer semidesnuda
en un cuarto de hotel,
ante un emparedado que me miraba desconfiado.

Y volví a llegar a mi tercera edad,
un domingo -aciagos domingos- a las 6 de la madrugada,
cuando tomé un avión para nunca más volver.

Una a una,
las cuatro estaciones de esta vida
interminablemente corta,
se fueron sin mí y me dejaron atrás,
sin darme tiempo de seguirlas.

Viento del amanecer,
bendice y protege a las mujeres que caminan,
en pedazos, huyendo
de quien las desfiguró con ácido o las partió en dos con un machete.

De Libro de sombras, Estucurú Editorial, 2017

María Bonilla y otros cuatro poetas, rodeada de alumnos del Centro Educativo Jorge Debravo, de Turrialba

Cuelgo en el perchero
la mujer que fui ese día,
que, cansada, se desentiende
de la vivencia insólita que es la vida.
Por unas horas, mis amores olvidarán,
inconscientes, cada uno de mis pasos.
Mañana será, pienso, otro día.

Me llevo a la boca algo que me mira
desde un cántaro descascarado
que se revuelve en mi regazo.
Mis amores reposan en paz,
ignorantes de mi esfuerzo,
incesante, por continuar.
Mañana será, espero, otro día.

Abro mi álbum de fotos,
huellas de los recuerdos,
más reales que la realidad
perdida en los recovecos de mi memoria.
Hay días en que este álbum es la única vida
a espaldas de la que fue y es la nuestra.
Mañana será, creo, otro día.

Cabeceo una duermevela donde
cada madrugada me sorprende
pensando en el día que tuve a bien vivir;
mirando ese perchero, ese álbum y
ese cántaro, refugio de mis secretos y
deseos arrancados a lo cotidiano.
Es un cuarto pequeño.
Mañana será, ansío, otro día.

Entonces vuelve el sueño de
ese sol que se pierde buscando el mar
que Córdoba no alcanzó a tener.
Lejos de esa Granada de luz tornasol
que añora la nieve a lo lejos,
muero cada ausencia en este lugar,
sin un mañana que me sostenga.

De La mala luz, Estucurú Editorial, Costa Rica, 2021

De Erótica maldita, Nueva York Poetry Press, USA, 2021

No tengo geografía, tiempo o memoria
que dé cuenta de mí.
Como León Felipe,
soy de un lugar del que no puedo escribir.
No hubo callecitas milenarias con rincones polvorientos;
ni mercados de frutas que guardaran los olores de mi historia;
tampoco geranios en la casa de una bisabuela;
olla de carne en la de una tía con el pelo como la harina;
puente de madera, hamaca o sábanas almidonadas.
No hubo patios de buganvilias,
ni macetas de albahaca y berenjenas,
noches de cazuelas, murmullos y secretos.
Nunca mi mano le dio una cucharada de sopa a una madre enferma.

Pero un ángel lisiado bajo el romero del jardín,
me recuerda que soy una larga línea de mujeres
que cobijan en mi piel los deseos cicatrizados de sus cuerpos.

María Bonilla (San José, Costa Rica, 1954). Actriz de teatro y cine, directora teatral, profesora, poeta y escritora. Publica, entre 2000 y 2023, sus novelas Mujer después de la ventana (2000), Al borde del aliento, otoño (2002 EUCR, reimpresión en 2010), La actriz (2006, Tintanueva Editores, México), Hasta que la vida nos separe (2007 Editorial Perroazul y 2015 Tintanueva Editores, México), Augustine, mi otra ficción (2012), La mujer del camino de las cigüeñas (2013), Hecho de guerra (2015, estas tres con Editorial Mirambell), Costura a trasluz (2020), El enigma de mis trece amores (2021), La mala luz (2021) y Retrato de amores (2022, las cuatro con Estucurú Editorial); tres libros de arte-objeto: Temporalidad mínima, Brevedades de luz y Lo que nunca fue (Estucurú Editorial); los poemarios Libro de Sombras (2017), Delirio de las horas oscuras, Marcas de agua (2019, con Estucurú Editorial) y un poemario bilingüe, Erótica maldita (2022, New York Poetry Press y Estucurú Editorial); dos dramaturgias escénicas: Yo soy aquélla a la que llamaron Antígona (2011) y Ofelia y Hamlet (2012, ambas con Tinta en Serie), una obra teatral De cuyo nombre no puedo olvidarme (2022, Teatro UBÚ-Estucurú Editorial); un libro infantil de prosa y poesía, Violín de lata (1979 Perroazul y 2015 Estucurú Editorial) y numerosos ensayos, entre los que podemos destacar: La dramaturgia que inventó una identidad (2012) y La luna mira: diálogos y disquisiciones entre la escena y el diván, con la psicoanalista Ginnette Barrantes (2015, con Tinta en Serie), La novela femenina contemporánea: la reescritura del imposible en la erótica de la invisibilidad y el silencio, estaciones de un viaje hacia uno mismo (2012, ALICAC) y Cartografía de sí y Desde la buhardilla de lo femenino (2019 y 2023, Estucurú Editorial).
Poeta invitada al FIPMAD 18, Madrid; al Festival Internacional de Poesía en New York (2018, 2019); Miami Book Fair (2017) y Festival Internacional de Poesía, Argentina (2022).
Premio Latinoamericano de Literatura Jorge Calvimontes y Calvimontes 2015 en Novela en México (Fundación Calvimontes y Calvimontes, SOGEM, UNAM y Tintanueva Ediciones) por Hasta que la vida nos separe.

Pág. Web: mariabonilla.com
Wikipedia: María Bonilla Picado
Facebook: María Bonilla, escritora.
Correo: maribopi@gmail.com

José Alfredo Pérez Alencar, Monthia Sancho, Luissiana Naranjo, María Bonilla y A. P. Alencart, en el Festival de Turrialba




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