De LA MÉDULA DEL SILENCIO (2023)
I
La médula del silencio
Bajo el yugo del dolor y la angustia,
Las violetas susurran su dulce consuelo,
En la sombra donde el alma se queja vagamente,
Entre la niebla fresca y la alegría pura.
Hablar con los muertos es un silencio mudo,
Pero recoger estas flores, una a una,
Es un breve bálsamo entre días sangrientos,
Donde el peso del odio yace como una piedra inútil.
Si la muerte apacigua la boca amarga de Dios insatisfecha,
Acepta este don leve, sombra sentimental,
En la paz que bajo tierra te aguarda,
El último encanto fiel de estar solo.
Curado de la vida, sonríe por una vez,
Contemplando las calles ancestrales y los balcones azulados,
Las fuentes de mármol entre castañas,
Aguas y hojas, bálsamo del corazón adolorido.
La tierra, medida por los hombres,
Con sus moradas estrechas y amores sórdidos,
No tiene cabida para el hombre solitario,
Desnudo y deslumbrante hijo del divino pensamiento.
Escribir en Japón no es sollozar, es perecer,
Cuando la musa muere envuelta en humo,
Pero aún así, un claro jirón de embriaguez y belleza,
Puede ascender hasta la región celeste e impasible.
II
Hay una historia de amor con tu nombre
Cada encuentro es un instante divino,
celebramos solos, en el vasto mundo.
Audaz y ligera como el ala de un ave,
entrabas, saltando escalones con delirio.
Corrías entre orquídeas húmedas, llevándome
a tus dominios, al otro lado del espejo.
La noche trajo la gracia, las puertas del altar
se abrieron, y en la oscuridad brilló la desnudez.
Te inclinaste lentamente, pronuncié “bendita seas”,
pero la insolencia de esa bendición surgió.
Dormías, las orquídeas pintaban tus párpados
de azul eterno, serenos y tibios.
En el cristal, pulsaban ríos, humo de cerros,
resplandor del mar, y sostenías una esfera de cristal.
Dormías en el trono, ¡Oh, alabo a mi Dios, el más alto!, solo mío.
Al despertar, el lenguaje cotidiano transformé,
la garganta se llenó de palabras sonoras.
“Ab-bá” ahora pesaba como la palabra “tú”,
revelando su nuevo significado.
El mundo cambió, hasta las cosas simples
como la arcilla, el óleo, cuidándonos.
Fuimos llevados al más allá,
ciudades milagrosas se abrían ante nosotros.
La menta se extendía bajo nuestros pies,
aves y peces seguían nuestro camino.
El cielo se abría ante nuestros ojos,
mientras el destino, como un loco armado,
seguía nuestras huellas con una navaja.

De ÉTEREO (2024)
IV
César Vallejo
«¡Oh, tú, que juzgas que el silencio es oro, escucha mi palabra, que es de aire, es de polvo, es de sombra!» –
En mi ser,
palpita el lenguaje, soy el poema,
la verdad última del hombre, según el dictado
de la palabra eterna.
Conozco la fatiga del lenguaje,
pero te instruí:
aguarda
con la única intención
de contaminar la tradición poética
con el veneno letal del reconocimiento.
No emergió una nueva generación.
Un bloque de mármol colosal
selló mi tumba,
donde solo yacía
mezquindad y sombra.
Soy aquel que no fue
ni será jamás:
explorar más allá
de los límites que César Vallejo estableció,
la resonancia tumultuosa de su obra.
IX
Curso de la vida
Ya se había levantado el telón y yo aún esperaba.
Baudelaire. El sueño de un curioso
Y ahora,
con el espíritu resquebrajado como tantas veces,
contemplo el desesperante paso de los días
que me empujan no sé hacia qué final
trágico, premonitorio
ya sin esperanza. Es fatídico
saber y no saber, equivocarse mucho
y acertar muy poco. También de estar seguro
de tan irremediables certezas
como dudar, como ceder, como desmoronarse.
Seguro, resguardado, ahora
que ya pasó el dolor y la melancolía,
observo la angustia lo mismo que un vestigio
fundido a mis espaldas
con el espeso barro
de los sucesos cotidianos, dados
-antes de ser trágicos recuerdos- al olvido.
La indiferencia ante la propia fortuna
no es mejor camarada que la zozobra,
mi sonrisa nerviosa
(cuando el azar nos pone,
viejo amor,
cara a cara)
representa no otra cosa que la ausencia
de algún gesto aún más justo
para significar la dolorosa, seca,
irreparable pérdida del llanto.
XX
Laberinto del alma
La poesía es el aliento de la vida, una danza en la que habitamos,
al revés, como un enigma no resuelto, nunca ha funcionado;
donde el poeta se convierte en la carnada,
y la poesía, un pesquero de arrastre en la noche estrellada,
donde el poeta desmantela los muros del silencio,
y la poesía emerge como una rebelión en la algarabía,
una iniciativa audaz en medio de una jarana intrincada,
donde la libertad se contempla a través del prisma lírico.
La poesía es el saber que florece en el jardín del no-saber,
como una rosa que despierta en la neblina de lo desconocido,
cada verso, una luciérnaga que ilumina el abismo,
y cada estrofa, un suspiro en la brisa nocturna,
donde las palabras son aves en un vuelo incesante,
tejiendo historias en el tapiz del alma errante,
cada poema, un reflejo de la búsqueda eterna,
donde el poeta y la poesía se entrelazan como estrellas.
Así, en la Poesía del Anhelo, el poeta y la palabra se unen,
navegando en el océano de los sentimientos más profundos,
donde la tinta es sangre y el papel, la piel del corazón,
y en cada verso, encontramos el eco de nuestra propia canción.
Yohei Moriya Miyakawa, poeta y abogado peruano-japonés por la Universidad Nacional de Trujillo, con maestría en derecho por la Universidad Clemson. Se desempeñó como docente de gestiones judiciales en la Universidad Austral (Argentina) y argumentación jurídica en la Universidad San Francisco (Quito). Además, es director de la Fundación Biblioteca Virtual El Último Bastión y Fundador de la Cátedra Internacional Antonio Cillóniz De la Guerra.
Tiene publicados tres poemarios y ha escrito trece prólogos para poetas de Nicaragua, El Salvador, Ecuador, Argentina, España y Perú. Obtuvo la mención honrosa en el evento internacional “Nuestro Ilustre Personaje Carlos Augusto Salaverry”, organizado por la Municipalidad de Sullana y UGEL Sullana. Sus poemas han sido traducidos al italiano, francés, inglés y japonés. También es miembro del Movimiento Cultural Internacional Ergo.


