Poemas de

María Ángeles Pérez López: ‘Memoria’ y otros poemas para el XXVII Encuentro de Poetas Iberoamericanos

                      ⋮
Memoria.
Este viejo dolor de alcantarillas
varado en una célula de escape.

Las torres y pájaros legítimos,
antiguo temblor de arquitectura
para soñar las piedras desplomadas…
Y ocultar los tres salones del aire, ya ocupados.

O tres vértebras de luz insuficiente
sosteniendo las brevísimas caderas.

                      ⋮
El perfecto dibujo de la piel amarrada,
a sí misma amarrada,
desplazando el aire con cada movimiento,
tiene un perfil de piedra,
de palote de niño dibujando.

Tiene un peso de piedra
y el oscuro entrecejo de la luz resbalada
porque la luz siempre resbala sobre las cosas

y no lo entiendo.

                      ⋮
Yo era una hermosa piedra para el aire.
Espesa, rotunda, y con un ojo alerta
para alcanzar al águila en el pecho,
con la marca de la sangre del azor
-otra forma de decir mi propia historia-
o de un pájaro cualquiera para el caso,
con la marca de las plumas del azor
o del águila también, o la serpiente,
con la marca de la tinta del azor
con que escribir los nombres perseguidos,
la nómina esencial del corazón.

                      ⋮
Podría ahora,
mientras un hombre duerme aquí a mi orilla,
remontarme por el río de la sangre
hasta la piedra primera de mi especie,
hasta el vértigo inicial de una mujer
ceñida por los signos,
apenas comprensibles,
que fueron roturados en su cuerpo.
Mi madre, y la suya, y la suya de la suya,
se agachan despacio y miran silenciosas,
se acuclillan despacio.
La mujer que es primera de mi genealogía
calienta en su entraña aquello que rezumo:
la tintura más roja de la sangre,
el ocre de la piel sobre sí vuelta
hasta alargar las manos y el deseo,
ese blanco sin adjetivos de las lágrimas
o la leche que nace por sí sola.
La palabra es una excrecencia más tardía,
no nos ha sido dada por igual,
ni siquiera en mi origen más cercano
se encuentra el don de hablar y conjurar la muerte.

Por eso estoy condenada a nombrarlas a todas.


                      ⋮
Hay días en que sueño con escribir un libro
sobre cómo desprenderse de las cosas
y evitar el recuerdo del abridor de cartas
mellado por el golpe de una mala noticia,
también el del separador de poemas de tela
que vino por el mar y cruzó medio mundo
para asfixiarse en el exceso
o en el delirio.

Porque por la casa se reúnen
las cosas más extrañas,
impensables,
que fueron poblando los cajones
y perdiendo sus señas,
la silueta inviolable
de ser uno y distinto, diferente
al alfiler, la piedra o la entrevista
en papel cartoné que amarillea
mientras nuevos objetos,
temerarios,
aguardan en el soplo translúcido, voraz,
y se queda sonando en la memoria
la misma melodía para el frío,
para la sal oculta de la escarcha.

Podría ser tan útil
enseñar a evitar los montones de cosas
con su infinita historia inquebrantable
con su furor privado
con su cólera también
con su soberbia.
Y así hasta emborronar los nombres, los colores,
el tiento, la consistencia o la vibración del aire
cuando ruedan hacia el suelo, se desmigan,
deshacen su epopeya sin honor
y sin gloria.

                      ⋮
La destrucción, el óxido, la herrumbre,
la exacta dimensión de la derrota
y su extenso respiro aniquilado,
las largas chimeneas de las fábricas
habitando en su misma desazón
o el peso vertical con que las piedras
caen a la tierra madre que las vio desprenderse
para iniciar su viaje solitario,
a su modo nos traen el cuerpo de la herida,
esa forma imposible de no desmoronarse,
de caer contra el suelo abiertas en canal,
de pronto desmigadas,
no nutricias.

Porque sé que la vida es tan hermosa
con su luz de septiembre contra el aire
y el amor infinito por los pájaros,
pero a pesar de todo yo no puedo
atender sino al resto de materia
que se ha vuelto una forma de reproche,
hollín, grasa o rebaba de cemento,
el verdín de las cúpulas de Viena
y ese oscuro quejido que trae el deterioro
si de verdad me importa en las personas,
si las cosas son solo una metáfora
imperfecta y estúpida al hablar
del arañazo rojo de la carne
que fue feliz en tiempos más sencillos
y ahora es espina, aguja o alfiler.

                      ⋮
El acento imposible en cada nota,
ese temblor del aire cuando vibra
porque viene la música de lejos,
de dentro de la piedra penetrante,
de su oculto deseo por el agua…

El pálpito del aire cuando crece
una nota de luz desde la piedra,
el resplandor que atrapa los contornos
y hace inmenso el sonido, inaccesible…

Pero no por todo esto se acaban los mendigos,
la floración de especies condenadas
a su nulo sustento, autonomía
de la escasez quebrada por el aire.
La piedra soñolienta, soñadora,
repleta de sí misma, de quebranto
y arenisca, belleza, más quebranto,
se queda sin aliento, se estremece
porque no hay forma humana de entender la pobreza,
el crecimiento vegetal de manos como ramas,
como brazos creciendo
como troncos,
atados de raíz
a la carencia,
extraños y desnudos,
doloridos.

María Ángeles Pérez López (Valladolid, 1967). Poeta y profesora de la Universidad de Salamanca, donde coordina la “Cátedra Chile”. Entre otros galardones ha recibido el Premio Nacional de la Crítica por Incendio mineral (Vaso Roto, 2021) y los premios de la Fundación José Hierro y “Meléndez Valdés” por Libro mediterráneo de los muertos (Pre-textos, 2023).
Antologías de su poesía han sido editadas en Caracas, Ciudad de México, Quito, Nueva York, Monterrey, Bogotá, Lima y Buenos Aires. También, de modo bilingüe, en Italia y Portugal. Acaba de aparecer en Honduras la antología Piedra del desconcierto así como el ensayo poético La belleza de la materia.
Su libro Carnalidad del frío ha sido publicado en edición bilingüe en Brasil y Estados Unidos. La edición de Nueva York Poetry Press (Carnality of Cold) recibió la Mención de honor en International Latino Book Awards 2023. Está publicada en varias antologías y ha sido invitada a festivales de poesía en Europa y América. También ha sido jurado de numerosos premios literarios en España y varios países americanos, siendo los más destacados el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes. Forma parte de la Asociación «Genialogías», volcada en reconocer el legado de las poetas. Es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, honoraria de la Academia Nicaragüense, hija adoptiva de Fontiveros y miembro de la Academia de Juglares de Fontiveros, el pueblo natal de San Juan de la Cruz.




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*