Alfredo Pérez Alencart

La poesía teologal de Samuel Escobar

Como homenaje a la grande humildad y sapiencia de mi paisano Samuel Escobar, recupero el texto que leí el 12 de marzo de 2011 en el Aula Miguel de Unamuno de la Universidad de Salamanca, en la ceremonia donde se le hizo entrega del Premio “Jorge Borrow de Difusión Bíblica”.


Invitación a Jesús: Samuel Escobar, peregrino

El Perú es tierra de notables poetas. Uno muy cercano a Samuel Escobar, por lo de haber nacido en la ciudad de Arequipa, es Mariano Melgar (1790-1815), también hijo de español y de india como el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), paradigma del más notable mestizaje étnico y cultural de España en América. Y claro, ahí están Eguren…

De ése linaje poético viene Samuel Escobar. De ése, es cierto, pero más mezclado aún con las imprescindibles lecturas de César Vallejo, el poeta en lengua española más preñante del siglo XX y, posiblemente, de los que vendrán. Escobar es poeta, y no por ello deja de pergeñar su sentir la cristiandad, como cuando habla de la acogida al extranjero: “… Así que la práctica de recibir al otro y aceptarlo se fundamenta en verdades centrales del Evangelio. Este recibir al otro no se queda en lo que podríamos llamar un lirismo teológico idealista”.

Porque fue por Vallejo que el teólogo y educador Samuel Escobar me descubrió parte de su obra poética. Así es, apreciados amigos y hermanos: tal como el respetado teólogo Dietrich Bonhoeffer, resulta que Samuel Escobar también es poeta desde muy atrás, posiblemente desde sus años de estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras de la antigua Universidad de San Marcos de Lima. Le había enviado algunos poemas míos, y otro del chileno Gonzalo Rojas, dedicado a Vallejo y escrito a diez mil metros de altura, mientras volaba por los Andes. A vuelta de correo electrónico, recibí su apreciación: “Me gustaron sus poemas, y el de Gonzalo Rojas me hizo pensar en otras cosas que yo he escrito desde la altura. Rebuscando en los cajones de musa temprana y tardía he rescatado los que le adjunto. No difundo mis versos, pero Ud. es el tipo de amigo que sabrá apreciarlos”.

No traicionaré, del todo, su confianza. Pero hay dulces traiciones que uno debe cometer por la patria, o por el Reino, o por el homenaje que hoy se le tributa en la universitaria Salamanca y en el Aula dedicada a su admirado Miguel de Unamuno. Sólo revelaré algunos poemas suyos, diáfanos hasta redoblar su fulgor de diario íntimo del paisaje americano y de sus propias vivencias del Dios que le llena el corazón.

En su poema “Trópico desde el aire”, escrito llegando a Costa Rica, en enero de 1999, Escobar dice: “Verde te hace gritar / te hace menearte./ Ocre te hace callar, te pone en vena/ contemplativa y honda y permanente/ como aliento vital,/ como poema,/ como brújula luego,/ como esperanza siempre”.

La misión de la poesía es la de sustentar la esperanza. Por ello se entiende su necesidad para el Espíritu, y también por ello se entiende un pensamiento escrito por Escobar: “El mundo que tenemos por delante hoy es un mundo sin utopías ni sueños, por tanto desesperanzado, y al mismo tiempo un mundo consciente de la necesidad de principios éticos que permitan la sobrevivencia. Es un mundo de pluralismo religioso conflictivo, de migración intensa y extensa, de excesos tecnológicos y mitos como el fútbol o la vida alegre de los ídolos que los medios de comunicación promueven”.

Samuel Escobar en la entrega del Premio Jorge Borrow, en el Aula Unamuno de la Universidad de Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)

CON LA PALABRA, POR EL MUNDO

Nacido en 1934, Escobar ha vivido por largas temporadas en Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá y España, además de haber viajado por los cinco continentes ofreciendo conferencias y cursos, o bien participando en importantes congresos teológicos. Aquí les revelo un magnífico poema que testimonia su cumplimiento del mandato de Dios, yendo a todas partes para difundir su Palabra.

PEREGRINO

He llegado a mil destinos, peregrino.
Siempre se halla una sonrisa,
algún rostro se ilumina, te hace hermano,
te hace humano:
un retazo de esta misma humanidad
adolorida,
pensativa, esperanzada,
cruel, genial, alborozada,
sospechosa, fatigada.
¡Yo la he visto en mil destinos, peregrino!

Una tarde allá en la aldea,
me escapé.
Desde entonces, madre mía, tú me esperas
y regreso, y no regreso.
Debo andar de pueblo en pueblo,
ir en pos de mil destinos,
peregrino a la procura de la mano y la sonrisa
de mi padre que se fue con su fusil,
con sus libros, recorriendo
mil destinos por los pueblos del Perú.
Y lo busco por el mundo…

He llegado a mil destinos, peregrino.
He llevado la Palabra,
la del Padre que va al frente:
nube grata en el calor de los desiertos,
llama ardiente en lo más negro de la noche:
Siempre al frente y yo le sigo a mil destinos.

(Lima, junio 1999)

Fernández Labrador, Escobar, Glasscok y Alencart, en el Ayuntamiento Salamanca durante la recepción a Samuel Escobar (foto de Jacqueline Alencar)

LITERATURA Y REALIDAD DE LOS PRÓJIMOS

Escobar rompe con esa equivocada concepción respecto a que la literatura solamente es evasión. Y es que tuvo notables maestros protestantes que le hicieron comprender lo sesgado que resulta encasillarse, lo negativo que es desdeñar la creación literaria. Aquí su testimonio: “Yo había aprendido del maestro Juan A. Mackay que, para entender las señales de los tiempos en un país o una región, las buenas obras literarias eran imprescindibles. Y el extraordinario teólogo-predicador cubano Cecilio Arrastía nos había repetido muchas veces que, como predicadores, debíamos leer las señales de los tiempos y que las buenas novelas latinoamericanas eran un excelente medio para conocer la realidad dentro de la cual nos tocaba anunciar el Evangelio. En ese sentido, la obra de Vargas Llosa me ha ayudado mucho a entender mejor no sólo el Perú y Latinoamérica, sino también la condición humana en todas partes”.

Y por esas enseñanzas, el teólogo que viaja y viaja por las alturas, no sólo tiene la vista puesta hacia el cielo, sino que también se siente impelido a cumplir la segunda Ley, y mira hacia abajo, a los prójimos todos, queriéndolos como así mismo, pero especialmente a los más desprotegidos, como lo hizo el Rabí. Y para ello emplea la poesía, al modo que lo hicieron los admirados profetas bíblicos.

ALDEAS ALLÁ ABAJO

Aldeas allá abajo, aldeas pobres.
Brilla el sol en sus techos de hojalata,
pacen los animales;
el camino es de tierra y adivino,
casi veo,
su trazo polvoriento y sus niños descalzos,
la madre con el pelo negro al aire
y el padre sudoroso
tratando de sacarle algo a la tierra.

Aldeas castigadas por desastres inéditos,
por demagogos y propagandistas
por generales que hacen lo posible
para poner un gesto respetable.

Aldeas visitadas por monjes solitarios,
por hermanas y hermanos empeñosos, que han decidido al fin
escuchar el llamado
y poner manos a la obra.

Aldeas desde el aire,
de Bolivia o de Honduras,
del mexicano sur
o del peruano norte.

Aldeas allá abajo: aldeas pobres.

(Viajando de Panamá a Guatemala, 5 de febrero de 2001)

Samuel Escobar recibiendo el Premio Borrow (foto de Jacqueline Alencar)

DOS POEMAS PARA ESTAR CON DIOS

Muchas veces llenamos las horas con tantas ocupaciones que, pasado un tiempo, nos alejan de lo realmente importante. Para un creyente cristiano, esas prisas conducen a un cierto enfriamiento de la relación con el Amado galileo. Aquí les dejo dos poemas de Samuel Escobar, despertantes testimonios de un ejemplar hijo de Dios, de un poeta que está aportando varios granos de arena para vivificar la teología en lengua castellana.

VEN A TOMARTE ESTE CAFÉ CONMIGO

¿Te tomarías un café conmigo, Jesús?
Tengo al fin una pausa en la fatiga
de estos días sin tregua.

La verdad, la verdad,
yo me he dado la pausa
porque quiero
escuchar tu palabra.

Sí, Jesús, necesito
tu sonrisa, tu rostro,
ese apretón de manos del amigo.

Dime que sí, que vienes
a tomarte un café,
a pasar un momento así, conmigo.

Jesús, te espero:
tengo un café buenazo
será especial, Jesús:
te lo prometo.
Lo haré con el cariño con que hiciste
en aquella mañana memorable,
en la playa, aquel buen pescado asado.

¿Tú recuerdas, Jesús?
Yo sí recuerdo.
Me lo han contado varios,
tantas veces,
que me parece haber estado allí
contigo.

Ven, por favor, Jesús,
ven a tomarte este café conmigo.

(Filadelfia, 1996)

J. A. Monroy y Samuel Escobar en el Aula Unamuno (foto de Jacqueline Alencar)

 

TODO EL TIEMPO DEL MUNDO

¡Todo el tiempo del mundo
se quisiera tener!

“Tú no me escuchas, hijo –
dice el Padre –
a este ritmo de vida
todo el tiempo del mundo
tampoco alcanzaría”.

Yo quisiera que venga el día grato
en el cual yo llegara
al fin de la jornada,
con esa sensación desconocida
de haber ya terminado,
y de estar satisfecho.

Yo le dije a Jesús que yo quería
que se tomase ese café conmigo.
Y se lo he dicho a Lilly, muchas veces
que llegará ese día
para vivir con calma.

Sólo yo soy culpable,
dice el Padre, de que no llegue el día.
Me mira sonriendo.
No hay en esa sonrisa
burla ni escepticismo;
sonríe con paciencia
como yo mismo trato
de sonreírle a mi hija
o a mi hijo,
en mi mejor momento.

Así pues, hoy, en esta tarde,
en la que el sol declina,
a diez mil metros de altura
acallo el corazón
para escuchar al Padre.

(Noviembre de 1999, volando de Filadelfia a Los Ángeles)

El poeta Escobar, magnetizado a la Palabra, nos expone lo más profundo de sí. Yo lo abrazo ahora y siempre, para que no se agoten sus testimonios y oigamos cómo crecen los frutos poéticos que nacen desde su poderosa teología.


(*) Texto leído el 12 de marzo de 2011, en el Aula Miguel de Unamuno de la Universidad de Salamanca, en la ceremonia de entrega a Samuel Escobar del Premio “Jorge Borrow de Difusión Bíblica”.

 

DOS POEMAS DE YAPA

En nuestro Perú (de Escobar y mío), ‘yapa’ es un modismo para expresar que se trata de un extra sin pagar más, un agregado que se ofrece sin contraprestación alguna.

Samuel Escobar y Alfredo Pérez Alencart, caminando por Salamanca (Foto de Joel Forster 2011)


DE CAMINO CON ALFREDO (*)

Vamos hablando del país lejano querido y añorado,
de César o de Abraham, y del gran Mario.
Estas calles de piedra salmantinas
me recuerdan las calles empedradas
de la Arequipa de mis años mozos.
Y la barba tupida de este Alfredo
me trae a la memoria
la misteriosa selva
de su Madre de Dios.

Este Alfredo que en calles salmantinas
maquina recitales y corre como loco
para hacer realidad esos encuentros,
con los que nos regala
una pausa de afecto y poesía
en nuestro afán de vida y testimonio.

Este Alfredo que diestro y persistente,
en su rincón tranquilo junto al Tormes,
forja haikus sonoros y valientes;
y que cada semana nos comparte
la riqueza de vates olvidados
que saca de su cofre de tesoros.

Este Alfredo que alegre y de la mano
de Jacqueline, la musa de su vida,
con corazón y mano generosa
nos dan la hospitalaria bienvenida.

Hoy, recordando nuestras caminatas
por salmantinas calles,
elevo el corazón agradecido
por la estela de luz que va dejando
este Alfredo
peruano, y español, y americano.

(*) Poema inspirado en la foto tomada por Joel Forster, durante un paseo salmantino. El texto fue escrito para el homenaje que un grupo de amigos me tributó en 2012, al celebrarse mis cincuenta años. Se publicó en el volumen titulado ‘Arca de los Afectos’ (Verbum, Madrid, 2012).

Tres premiados con el Borrow, Stuart Park, Plutarco Bonilla y José Luis Andavert en el balcón del Ayuntamiento de Salamanca (foto Jacqueline Alencar)


ALLÁ VA JOSÉ LUIS (*)

Allá va José Luis:
recorriendo su España
o las rutas de América
con empeño sin par.

Allá va José Luis:
para que la Palabra
llegue a muchas más gentes
con estilo sin par.

Allá va José Luis:
ufano negociando con unos
y con otros:
¡Qué afán de difundir!

Hoy por todos los medios
tiene que difundirse
de Jesús el mensaje:
¡Y allá va José Luis!

Valencia, abril 2019

(*) El 6 de abril de 2019 se celebró el X Encuentro Cristiano de Literatura, en un acto realizado en el Aula Magna de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca. Este encuentro, organizado por la Asociación Cultural Evangélica Jorge Borrow, contó con el apoyo de TIBERÍADES, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos. Aquí el poema que Escobar escribió para el Encuentro, especialmente dedicado José Luis Andavert, a quien en dicho acto se le hizo entrega del Premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica 2019.

Samuel Escobar y Alfredo Pérez Alencart, en Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)

 


Samuel Escobar es catedrático emérito de Misionología en el Seminario Teológico Palmer de Pennsylvania, EEUU; y profesor del Seminario Teológico de la UEBE en Madrid. Nació en Arequipa (Perú). Estudió en las Facultades de Letras y Educación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, obteniendo el título de Profesor de Educación Secundaria en 1966. Doctorado en filosofía y ciencias de la educación por la Universidad Complutense de Madrid, donde se graduó (cum laude) en 1990, con una tesis acerca del educador brasileño Paulo Freire. En 1997 la Universidad MacMaster de Canada le concedió un doctorado honorario en Teología. Entre los años 1955 y 1959 fue profesor en los niveles primario y secundario. Desde 1959 a 1985, Escobar y su esposa trabajaron como asesores estudiantiles con la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (IFES), primero en los países andinos desde Lima, y luego en el Cono Sur, desde la ciudad de Córdoba (Argentina), donde residió hasta 1979. Entre 1962 y 1964 fue asesor de la Alianza Bíblica Universitaria de Brasil, residiendo en Sao Paulo, y entre 1972 y 1975 fue secretario general de la Inter Varsity Christian Fellowship de Canadá. Su responsabilidad dentro de la comunidad estudiantil incluyó tareas docentes, evangelización pública, tareas editoriales y de relaciones públicas. En 1953 viajó a Río de Janeiro (Brasil), representando a la juventud bautista del Perú en el Congreso Mundial de la Juventud Bautista. En 1958 presidió el Congreso de Estudiantes Evangélicos en Cochabamba (Bolivia), y en 1966 participó en el Congreso Mundial de Evangelización en Berlín; siendo orador en varios de los congresos que le siguieron: Bogotá (1969); Toronto (1970) y Madrid (1974). Es uno de los firmantes de la Declaración de Chicago sobre la Responsabilidad Social Evangélica en 1973, y formó parte de la Comisión de Programa del Congreso de Evangelización de Lausana (1974), siendo uno de los cuatro redactores del histórico Pacto de Lausana. En 1970 participó en la fundación de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, que busca una identidad evangélica propia entre las teologías de la liberación y la influencia fundamentalista norteamericana, siendo su presidente hasta 1984, en que pasa a serlo de forma honoraria.


Ordenado como pastor bautista en la Iglesia Bautista Ebenezer de Miraflores (Lima), donde fue bautizado en 1951 y en cuyo cuerpo pastoral sirvió entre 1979 y 1984, Escobar participó en varias comisiones de trabajo del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP). Fue profesor visitante del Seminario Evangélico de Lima y uno de los fundadores de la Facultad Evangélica Orlando E. Costas (v.). Entre 1983 y 1984 fue profesor multicultural en el Calvin College de Grand Rapids (Michigan, EE.UU.). En 1985 aceptó la invitación del Seminario Bautista del Este de EE.UU. para asumir la cátedra Thornley B. Wood de Misionología, que ocupo hasta junio de 2005.Fue miembro de la junta de gobierno de varias entidades misioneras y Presidente de las Sociedades Bíblicas Unidas de 1986 a 2004. También fue Presidente de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (IFES) entre 1985 y 2003. Es miembro de la American Society of Missiology, que presidió en 2002. Colabora regularmente en revistas en castellano como El Eco Bautista, Andamio y Boletín Teológico; y revistas especializadas en inglés, como Missiology e International Bulletin of Missionary Research. Casado desde 1958 con Lilly Artola Díaz, quien desarrolló por su parte un ministerio entre las reclusas del penal Santa Mónica en Chorrillos, Lima (Perú), y colaboró como voluntaria con Misión Urbana en Valencia. Su hija Lilly Ester es profesora universitaria en Valencia y su hijo Alejandro es consultor del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington, DC.
Bibliografía: Diálogo entre Cristo y Marx (1967); Decadencia de la religión (1973); Irrupción juvenil (1978); Evangelio y realidad social (1988); La fe evangélica y las teologías de la liberación (1987), Paulo Freire: una pedagogía latinoamericana (1993), Tiempo de misión (1999), Changing Tides: Latin America and Christian Mission (2002), The New Global Mission (2003), La Palabra: vida de la iglesia (2006), entre otros. También es poeta y miembro del Consejo Asesor de TIBERÍADES, Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos.

Jacqueline Alencart, Samuel Escobar y Bernard Coster

 

 

 

 

 

 



One thought on “La poesía teologal de Samuel Escobar”

  • Elsa Aguirre 02/06/2020 at 8:08 pm

    Excelente Representante de la iglesia protestante para el Perú y El mundo

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