Alfredo Pérez Alencart, Juan Carlos Martín Cobano

Recuerdos salmantinos del historiador protestante Gabino Fernández.

Miembro de Tiberíades (y antes de la Alianza de Escritores y Comunicadores Evangélicos, Adece), ayer falleció en Madrid nuestro querido hermano Gabino Fernández Campos (Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1944), historiador, periodista, escritor, pastor evangélico, conferenciante internacional, antólogo de poetas de habla hispana y director del Centro de Estudios de la Reforma (CER).

Soy renuente a las loas post-mortem. Los homenajes se deben hacer en vida. Y eso hicimos desde Salamanca, a través de la Asociación Cultural Evangélica “Jorge Borrow”, cuando en 2012 concedimos el Premio “Jorge Borrow” de Difusión Bíblica 2012 a este valedor de los escritores perseguidos u olvidados en España por ser de fe protestante. Entre 1985 y 1993 fue secretario Regional de la Sociedad Bíblica Española, tanto en Castilla-La Mancha como en Andalucía, Extremadura, Murcia y Canarias. En 1979 integró la Asociación Española de Periodistas Evangélicos y asesoró al Instituto de la Comunicación Protestante (ICPRESS).

El acto de entrega se celebró el 21 de abril en el Aula Unamuno de la Universidad de Salamanca.

Gabino coordinó exposiciones bibliográficas e impartió conferencias y cursos en todas las provincias de España, además de participar en congresos celebrados en Holanda, Alemania, Corea del Sur, Israel, Estados Unidos, Panamá, Finlandia, Ecuador, Bélgica, Brasil, El Salvador, Marruecos, Suiza, Colombia, Gales, Costa Rica o Portugal, entre otros. En España también fueron frecuentes sus intervenciones en documentales televisivos sobre la temática de la Reforma, emitidos por TVE, Canal Sur, Euskaltelebista o Solidaria TV. Entonces escribí este breve texto: “El hecho de conceder este premio a Gabino Fernández constituye un motivo de regocijo espiritual y cultural: Gabino es el español que hoy mejor refleja lo que hace 175 años hizo en España el inglés Jorge Borrow. Él ha recorrido toda la geografía española rescatando la historia de iglesias evangélicas de distintas denominaciones y, también, ha divulgado la obra de escritores perseguidos por la Inquisición o pérfidamente ocultados durante el nefasto nacional-catolicismo de una época franquista, tan oscura para España. Con escasos medios y sorteando múltiples negativas, ha logrado hacer aflorar la obra viva de valiosos escritores que, por su fe protestante, fueron manifiestamente relegados”.

Declaraciones de Gabino Fernández (La Gaceta)

Relación con Iberoamérica

Hizo varios viajes a tierras americanas, como el que le llevó a Miami, donde en 2010 protagonizó un taller literario para escritores de varios países hispanohablantes, miembros de la Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos (ALEC), que presidía el escritor chileno Eugenio Orellana, donde también coincidió con Juan Carlos Martín Cobano, secretario general de Tiberíades. En 2012 publicó, Julio Vizcarrondo Coronado: Vida y obra del abolicionista protestante puertorriqueño. Pero este aporte no es novedad, pues en su bibliografía se puede seguir fácilmente el rastro de lo iberoamericano. Aquí una muestra: Historia de la iglesia: El reto iberoamericano (1987); Influencia de los protestantes españoles en la independencia de Hispanoamérica (1998); Proyección americana de la Biblia Reina-Valera, en el IV centenario de su publicación (2002), sin mencionar un buen número de poetas hispanoamericanos por él antologados, ni los numerosos artículos publicados en revistas o sus intervenciones en radios de la otra orilla del idioma.

Libros y ensayos suyos se han publicado tanto en España como en Inglaterra, Argentina, Estados Unidos o Guatemala. En ellos se denota su empeño por el rescate bibliográfico y trazar un mapa histórico del protestantismo español, además de difundir facetas bíblicas para distintos públicos, los niños entre ellos. Entre sus libros se pueden citar: Reforma y contrarreforma en Andalucía (1986; 4ª ed. 2009); Cinco encuentros con Jesús (1988); Compendio cristiano español / Spanish christian handbook (1991); Biblito da la vuelta al mundo (1992); Viajes por la historia del protestantismo madrileño (siete rutas, 1998-1999); Reseña histórico-social del protestantismo español (2000, con M. Blázquez y P. Tarquis); Biblias madrileñas (2003); Cinco siglos de presencia protestante en Madrid (2005) o Tríptico sobre las víctimas femeninas de la Inquisición en Sevilla (2006).

Bibliófilo de temas protestantes, son notorias las exposiciones que Gabino Fernández  coordinó. Prueba de ellos son sus libros-catálogos: Exposición de Biblias castellanas (Universidad de Sevilla, 1994); Escritores andaluces olvidados (1997, 1999, 2002); Escritores extremeños olvidados (1998); Escritores gallegos olvidados (2000); Escritores valencianos olvidados (2001); Encuentro con el Quijote en Sevilla (Ayuntamiento de Sevilla, 2005); Escritores olvidados de Castilla y León (Salamanca, 2007) o Escritores madrileños olvidados (2007), entre otros.

Finalmente, de su ingente producción ensayística, se pueden destacar los siguientes ensayos, aparecidos en libros colectivos o en reconocidas revistas: Crónica del periodismo evangélico español 1849-1999 (1999); Cánovas y la libertad religiosa: su relación con los protestantes españoles (1999); Azaña, Borrow y la Biblia (2000); Apuntes para una bio-bibliografía de Cipriano de Valera (2002); Reforma en España (2005); Literatura protestante de Cataluña (2007); Ecología total en el Apóstol Pablo y Fray Luis de Granada (2008); La Biblia Reina-Valera en la Historia del Protestantismo (2009); Apuntes para la historia de la iglesia evangélica en Ibahernando (Cáceres, 2010); Orientación bibliográfica para los testigos de Jesús a los musulmanes (2011); La Biblia en la literatura del Siglo de Oro (2011), entre otros.

Siempre con el Amado galileo, querido Gabino.

Alfredo Pérez Alencart

Díaz, Fernández, Andavert, Lugilde, Fernández Labrador y Alencart (foto MGala)

No soy de las personas que mejor conoció a Gabino, ni pertenezco a su círculo más cercano, sin embargo, cada vez que nos encontrábamos, aunque estuviera como siempre ocupado, dejaba lo que tuviera entre manos y se acercaba a charlar con Tere y conmigo. Los momentos compartidos no fueron muchísimos, como digo, pero siempre dejaba huella. Mi primer contacto fue a finales de los ochenta, siendo yo estudiante en Barcelona. Le mandé unas fotocopias de un artículo centenario que aparecía en volúmenes antiguos la Revista de Filología Hispánica sobre la obra de Antonio del Corro. Por supuesto, me contestó entusiasmado e iniciamos una relación epistolar, que con los años pasó a ser telefónica (nunca menos de media hora de conversación) y después por correo electrónico (nunca menos de tropecientas palabras de rica información). Me fascinaba cómo chorreaban los datos, siempre interesantes, cautivadores, encendidos con la más mínima chispa. Con mi esposa, siempre gastábamos la broma de que, si le dabas una fecha al azar, era capaz de darte una efeméride relacionada con la historia del protestantismo en España. En una ocasión ella le comentó que no podía creer cómo era capaz de tener y relacionar tanta información, a lo que él comentó, con su pícaro sentido del humor, que no sabía tanto, que a menudo se inventaba las cosas, pero como nadie podía contradecirle…

Durante nuestros años en Calatayud, varias veces se hospedó en casa, convirtiendo nuestras sobremesas y veladas en auténticas aulas de sabiduría. Yo disfrutaba muchísimo de esas comidas juntos, y también cuando salíamos, pero debo confesar que en las salidas me agotaba. En una ocasión pasó una semana con nosotros y se fue, él, tan campante, dejándome a mí, con veintitantos años menos que él, hecho un guiñapo, seco, exhausto de ir para arriba y para abajo, visitando archivos de pueblecitos perdidos, explotando las fotocopiadoras de todas las bibliotecas del entorno, repasando sus presentaciones en Power Point (mi único punto de discusión con él, porque si le dejabas hablar de todo lo que tenía en sus guiones, necesitaría tres horas en cada conferencia) y aportando nuestro granito de arena a la historia de la Reforma en Aragón, que en aquellos años no contaba con tanta bibliografía como hoy. Sin duda, era un Sansón de nuestro tiempo, que recibía fuerzas de lo alto para llegar a donde los demás jamás alcanzaríamos.

Rebosaba conocimiento, pero sobre todo generosidad. Se daba todo él, mente privilegiada, corazón grande y alma clara, por entero al servicio de la causa que lo movía. Su amor a Jesucristo fructificaba en amor a su iglesia, que él fue llamado a expresar entregando su vida al estudio y divulgación de la historia de nuestros hermanos perseguidos o condenados al ostracismo por seguir y anunciar a Jesús fuera de la Iglesia de Roma.

Una de las exposiciones en que más trabajó fue la de Escritores Españoles Olvidados. Nunca estarás ahí, querido Gabino, nunca serás olvidado. Descansa en paz.

Juan Carlos Martín Cobano

Gabino recibiendo una obra del pintor Miguel Elías
Noticia en El Adelanto
Gabino entregando la Biblia del Oso al profesor Alonso, entonces rector de la Universidad de Salamanca (Foto de Jacqueline Alencar)
Gabino Fernández, en Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)
Alfredo Pérez Alencart , José Luis Andavert y Gabino Fernández, en el Ayuntamiento de Salamanca (foto MGala)
Gabino Fernández en la recepción que se le tributó en el Ayuntamiento de Salamanca
Poetas y escritores en el Colegio Fonseca, tras el homenaje a Gabino Fernández (foto MGala)
Gabino Fernández (sentado, al centro) con los participantes de un encuentro del Grupo Lausana, en El Escorial

[Salvo indicación expresa, fotos de Jacqueline Alencar. Imagen de cabecera: Gabino Fernández en el Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca].




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