Poemas de

Luis Rodríguez Romero: ‘Pequeño jaguar’ y otros poemas


PEQUEÑO JAGUAR

Mi piel es una jaula.
Por las mañanas se extiende
hasta alcanzar el manglar
donde los caimanes aporrean el silencio del agua;
se zambulle y entre las raíces pulposas
dibuja su respiración con la facilidad de mis derrotas.

Está hecha de ramas recogidas por otros
y se viste con flores que recién corté;
sin saberse muertas las pobrecillas,
insisten en convocar a los colibríes
a un inútil ejercicio de fecundación solar.

Me gustaría rasgar sus límites,
abrir estas manos
que aferran mi miedo a la soledad,
aunque me haga el valiente
sigo siendo un fantasma
que cada día ahoga al niño que fui.

Una procesión de todos mis yo
prepara su funeral,
allí serviré el licor de mis exabruptos
para cantar al violento corazón
que crece junto al mío.

COMPLICIDAD

Voy entre la multitud y mi nombre es Nadie.
Finisterra
– LÊDO IVO

Compartimos el mismo pecado,
aquel de quienes comen los ojos
a los malos augurios,
porque este es un canto de hierro.

Nuestras manos crecen
entre cortezas y continentes,
como palabras que abren los cielos
donde somos colibríes que en las ramas
dejan tiras de piel;
y nos volvemos en niños
que persiguen mariposas
para arrancarles las alas,
perversos y feroces
paramos solo a crear nuevas arquitecturas,
nos mezclamos y seguimos huyendo
sin miedo al juicio solar de los dioses,
avergonzados y orgullosos
sembramos del ditsö
la tierra que pisamos.

Nuestros nombres serán Nadie
y como una mancha en el tiempo
avanzamos con la anónima serenidad
de los condenados al olvido,
guardarnos un secreto
enterrado en la saliva
que es la tinta de nuestra historia.

LA PARTIDA

Una a una
el río lava las voces
que se adhieren a sus piedras,
llevándolas por una ruta lejana
al agua de la que nacieron.

Con la corriente
me convierto en un fantasma
que es la morada de sus muertos,
y el ardor del agua
golpea mi rostro;
ahora soy un canto que proviene
de donde el río encuentra su creación
en la danza de los truenos
y los árboles.

TERMONUCLEAR

¡Yo no tengo nada que ver con una bomba!
―  Lise Meitner

I

Somos hijos de la gravedad,
y del corazón
nos hala una mano
hacia una prisión que nos resulta familiar.
Nos amontonamos con los ojos cerrados
mientras un veneno baja desde el sol.
Al final seremos motas inestables.

II

Una gota cae sobre mi pupila
que a la escala correcta es un océano
desbordado en relámpagos de agua.
Entonces corremos en direcciones desordenadas
dejando cuajos de humanidad tirados en las calles;
crecen formando copias huérfanas
de nuestro antiguo yo,
y se postran temerosos en galerones de egoísmo.
Bajo este nuevo orden teórico, echan a andar otra vez
chocando entre todos
y se repite el sin sentido.

OCASO

Cuando el sol se pone en el pecho,
echa dedos y raíces,
se cuela entre los poros hasta desgarrarlos
con una inundación de sus miembros.
Se aferra muy bien a las costillas,
encuentra tierra fresca ahí profundo
entre los pulmones y da rienda suelta
a su afán de cultivar nuevos astros celestes.

Antes de que te des cuenta,
tienes un clúster de galaxias
gravitando en cada aspiración.

Por ello, en la mañana, cuando sientas su calor,
recuerda que eres de la noche aséptica,
y reniega de las leyes del universo.

DEVORADOR

Como tributo a la soledad,
un día Helios
se comerá a la poesía.
Y tras este acto de voracidad
se convertirá
en el dios del silencio.

LA ERA DE LOS AGUJEROS NEGROS: BREVE HISTORIA DEL SOL

I

Al final triunfará el frío.
Encendimos innumerables veces al sol de la muerte
y nos elevamos con él, irradiando nuestra soberbia,
una lluvia que gasta
en los últimos repicares sobre el tejado
al gas que mueve la máquina que convertimos en Dios.

El futuro es rojo
una carrera a todo pulmón lejos del corazón original,
rojo y silencioso,
una estación entre las colisiones de los mercados
que distribuyen la soledad,
una isla momentánea
desde la cual ya no recordaremos nuestro hogar.

II

Cierro los ojos a la necesidad de mi vecino
y frente a mi aparece
un cementerio estelar.
Solo queda la música y nuestra voz,
la música que hala mi pecho enfermo
hinchado de soledad
blanco y frío; un cuerpo que lleva
demasiado tiempo bajo el agua
como un niño al borde de un océano bursátil
que se evapora en expectativas.

III

Es la muerte, el hambre irreparable de la muerte
el último destello visible
antes del silencio. Un hambre que se colapsa
sobre sí misma y todos,
un desfile de apetitos finales
devorándose unos a otros hasta desaparecer.
Son los cadáveres hiper gravitacionales
bocetos de tu poeta adolescente,
el desplome de un clúster de ideas enfermizas,
palabras encubiertas
subir la colina equivocada
flores secas
agua manchada,
tu nombre desperdiciado bajo una lluvia de metales
y al final, la nada,
la era oscura
esta noche verdadera que sigue
rauda
hasta donde ya no puedo ver,
innegociable,
para alguna vez, sin nosotros
especialmente sin nosotros
ni testigos
desde el vientre del silencio

                        recomenzar de un sonoro golpe.

Luis Rodríguez Romero, nació en Costa Rica en el año 1979. Labora para el Ministerio de Educación Pública de Costa Rica y forma parte del equipo de gestión cultural de Turrialba Literaria. Es director del Festival Presagio de Fuego en honor al natalicio del poeta Jorge Debravo y fundador del medio Revista Cultural Toriáravac. Ha participado del Festival Internacional de la Poesía de Costa Rica (2020), FIP de Manizales de Colombia (2021), Festival de Poesía Ponte un Alma (2023), 1er Festival Wine and Poetry en Chile (2023).
Poemas de su autoría aparecen en las antologías: Voces del viento (Proyecto Palitachi, Nueva York Poetry Press, 2018); Le Parole Grondanti: Antologia Della Nuova Poesia Centroamericana (Fermenti, 2021) curada por Emilio Coco; la revista Cartago Mío (Costa Rica), la 5ta Edición de la Revista Literaria Come Libros (Costa Rica), el número de julio 2022 de Abisinia Review, y las revistas literarias Altazor de la Fundación Vicente Huidrobro, Ablucionistas, Read Carpet Colombia, Raíz Invertida, Norte/Sur, Atunis Galaxy Poetry, Casa Bukowski y Campos de Plumas. Fue finalista del Premio Internacional de Poesía XXXV de la Fundación Loewe en el año 2022.

Ha publicado los siguientes poemarios:
La voz que duerme entre las piedras (Nueva York Poetry Press, 2018, USA).

Breve historia del sol (Santa Rabia Poetry, 2022, Perú).

Luis Rodríguez Romero en el Festival de Poesía de Turrialba



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