Poemas de

Benjamín Chávez: ‘Autorretrato a la luz de un candil apagado’ y otros poemas. XXVI Encuentro de Poemas Iberoamericanos.

Autorretrato a la luz de un candil apagado

La humildad, dirá San Agustín, vence a la soberbia.
Caravaggio que hacia el 1600 pinta su
David, vencedor de Goliat
acaso ignora esos razonamientos.
Otros motivos más íntimos le desgarrarán la piel de lana y carne
pues al final, en el declinar de los rayos de la tarde
solo, vestido de pastor en el páramo
vuelve a enfrentarse con los recuerdos
(esa batalla que todos libramos a nuestro modo).
Toma entonces el papel que le asignó la vida y
bajo la luz que ya no es más que olvido
retrata, digno, su mellada grandeza
no en la lozana victoria de un rey
sino en la cicatriz última de gigante decapitado.


Exlibris

Un amigo ―dueño de una imprenta― me ofrece
imprimir un lote de Exlibris.
Pequeños y a un solo color, me dice, porque no hay más presupuesto.
Un grabado a la manera antigua, pienso
que ilumine ―a la manera antigua
el exiguo sino de mis libros―.
Me enseña entonces, varias ilustraciones que, cree él, podrían gustarme
y me gustan claro, pero no me sirven.
Mandalas, complejas figuras geométricas que prestidigitan la visión
abstracciones varias de objetos concretos
soluciones caligramáticas o minimalistas
ecos de atmósferas orientales…
Mientras veo las opciones, me voy alejando hacia
otros ámbitos
otras referencias:
De hinojos,
la pesada espada al costado,
como un guerrero a los pies del sepulcro
de alguien amado o
bajo la mortecina luz de la claraboya de alabastro
me resigno a ser el que ha tenido sus batallas.
Por eso, creo, más justo, más cabal y ecuánime
sería la reproducción de un ambiente sobrio
con algún monje medieval ―pongamos por caso― que
aposentado en medio de su biblioteca ―magra o regia
tras una mesa de añejo roble
vasta en atriles, volúmenes abiertos y lupas
se dé a la tarea de leer y escribir (glosar apenas)
con trémulo cáñamo agobiado
las dos o tres sílabas que pudo
balbucear a lo largo de la vida
mientras un león recostado a los pies de la mesa
sueña con la arrebatada jungla y desdeña
toda disposición para el estudio.


El aprendiz

Cada mañana el sol es
testigo de mi fracaso
intento hacer lo que quiero y acabo
haciendo lo que no debo.

Soy el eterno discípulo que
el maestro ignora.
Observo en silencio, de lejos
el progreso de los otros y
a veces, cuando la suerte se distrae
entreveo la creación de una gran obra.

Por ganarme algo para el día
a menudo quedo empapado
en tintas y otras
marcas, aunque menos visibles, más duraderas.

En las noches vuelvo a soñar
con esa promesa surgida de lo hondo
y creo hacer una litografía digna.
Sonrío al contemplarla
y repito la fórmula de mis días:

lápiz grueso sobre piedra pulida
es el rechazo natural entre el agua y el aceite
lo que termina por definir la estampa.

Benjamín Chávez leyendo en el Teatro Liceo de Salamanca

Juegos del azar

Se dispara la palabra / el poema
(esfera de plomo, plata o domeñado mercurio)
lo más lejos que se pueda.
Con certero impulso de mano decidida y golpe de pelvis
la escurridiza bala rueda cuesta arriba ―primera maravilla
se estremece el cuerpo / la mirada fija en ella
vastas zonas, abiertas constelaciones se
iluminan a su paso, mostrando
el perfil sonoro de las tardes del tedio
las noches de ausencia disimulada
jugando una artillería de cañones diminutos.
Encender lucecitas, tensar resortes
todo consiste en evitar la caída.
Símil de lectura: una máquina de pinball
con alguien que inserta una moneda
y el chisporroteo tintineante de la premura.
(Variación posible) símil de lectura:
mover el cuerpo / el libro (lucecitas y resortes)
de un lado a otro
como si una bolita errabunda y un poco alocada
(la cabeza, pongamos por caso) efectivamente
fuese a caer.


El Yatiri

Sobre las piedras de la calle
(reencarnación de tanto templo deshabitado)
la tierra es un inmenso témpano donde
puede husmearse el rastro de lo buscado.

Sentado en la acera
lento aire de los Andes
invariable punto del universo
el hombre de sombrero negro
es pródigo con el destino.

Quienes se detienen
ante este tejido de milenaria urdimbre
que abre corazones como
quien enseña un pichón bajo la solapa
buscan respuestas
desvelos verbalizados
narración de algo que tenga sentido.

Ahí mismo, ante el sortilegio creador
pulpa y humo
mezcla de recibimiento y entrega
el yatiri echa al aire
una y otra vez
las hojas de coca.
Lectura vegetal
lana, rezos, alcohol y esa
rara cosa llamada fe.

Trama

En el resuello del caballo
que husmea la tierra
sin llegar a tocar
el ápice más alto de la hierba
flota una brizna de aire caliente.

Me atañe ese trance
esa distancia brevísima
entre lo animal y lo vegetal
que define fugaz, en equilibrada frontera
el altar peciolado de lo alcanzable
antes de la aspiración crucial
o el definitivo descenso a la tierra.


Reverso postal

Soy un pasajero de vagón de segunda clase
y vuelvo a serlo cada vez que viajo
tirado por caballos
(los del tedio y la fatiga
diría si no sonara exagerado).
Parecen dos, tal vez tres
pero es uno
o quizás ninguno el caballo
que se desvanece en la niebla
porque, a veces, la quietud existe
cuando una madre sentada junto a nosotros
da leche a su pequeño
y sacia toda ansiedad, todo desplazamiento.

Acaso eso sea todo:
tibieza y canción de cuna oída apenas
en medio de vías desiertas y paisajes olvidados
hasta el final
―por muy lejos que creamos haber llegado
como un susurro que adormece.

Benjamín Chávez (Bolivia, 1971) Poeta, escritor, gestor cultural y editor. Premio Nacional de Poesía, 2006. Doctor HC. Ha publicado 13 libros de poesía, una novela, un libro de columnas periodístico-literarias y un libro de artículos sobre el Carnaval de Oruro. También ha escrito cuentos que se han publicado en revistas y antologías. Junto a otros autores publicó reportajes y antologías de cuento y poesía.
Ha recibido el Premio Edmundo Camargo de Poesía, 2013; Premio de Poesía Luis Mendizábal Santa Cruz, 1994 y el Premio Mundial de Crónica Elizabeth Neuffer de las Naciones Unidas, 2011. Sus libros se han publicado en Argentina, Bolivia, El Salvador, México y Perú. Ha participado en eventos literarios en varios países de América y Europa.
Es director del Festival Internacional de Poesía de Bolivia (2010 – 2023), co-editor de la revista de literatura La Mariposa Mundial, de la revista Ciudad Blanca y director del suplemento cultural El Duende. Radica en La Paz. Su último libro Para alguna vez cuando oscurece (2022) obtuvo una Mención en el Premio Casa de las Américas.

Los poetas Benjamín Sánchez y Alfredo Pérez Alencart, en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca

Imagen de cabecera: El poeta boliviano Benjamín Chávez en el Teatro Liceo de Salamanca. Fotos de Alex Lorrys




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