A LA LLAMADA DEL MAR ACUDIMOS
Siempre tú y yo
compartiendo lo más bello de la vida,
como este amanecer puro
en el horizonte de nuestra playa.
Con los pies descalzos, buscamos la arena
y las olas
parecen salir a nuestro encuentro,
como si nos conocieran,
para jugar…
en ella dejamos huellas
que serán olvido,
tal vez por eso,
volvemos, volvemos, volvemos…
Comparten nuestras pupilas
la belleza de Las Canteras,
nuestros cuerpos los dones que nos regala
y su sinfonía se vuelve
banda sonora de nuestro existir.
A su arrullo se vacía la mente
para pensar solo en ser
y es más hermoso el azul
cuando lo vivo contigo.
Nada existe fuera de este espacio
de agua y luz infinita, más que tú y yo.
Siempre nos recordaremos ante el mar,
compartiendo el asombro de lo bello.
Para encontrarnos,
siempre nos quedará este paisaje
que nos salva.
DÉBIL ESPIGA
Mi madre es fruta madura
en el árbol de la vida.
Su piel es refugio donde el tiempo
ha dejado huella
y arden en su regazo palabras que alimentan.
Los brazos de mi madre unidos,
forman una cuna
y son sus manos alondras que arrullan.
El tiempo se ha posado en los latidos
del sabio corazón donde habito.
A su ritmo vivo
atardeceres y madrugadas,
pongo pétalos en el suelo que pisa,
aromo el camino que transita de mi mano,
pescadora soy de instantes junto a ella
e intuyo el frío de la ausencia que me acecha.

PLANTADO POR TU MANO, EL HUERTO DE MI VIDA
Ya es mi vida,
un antes y un después de ti, madre.
En el antes, todo lo conozco
y tengo las alforjas llenas de tu amor,
el después, incertidumbre y orfandad,
sin casa del alma que habitar.
Fuiste al final de tu existencia,
una llama que se apaga lentamente,
sin hambre, sin sed,
así la oscuridad se hizo en tus ojos,
y se abrió por siempre tu alma a la luz.
Cruzaste el umbral de la noche,
y el agua de tu río se fundió en la mar.
Ahora reposas sin horas vacías,
en el canto de las aves,
en la música del agua
que da de beber a las flores.
Henchidos mis pulmones,
siento que el huerto de mi vida,
plantado por tu mano,
sigue estando lleno de ti.
TUS LATIDOS
Amuleto de protección
talismán natural.
Has puesto en mis manos un tesoro,
la semilla de un árbol,
nacida donde el Orinoco baña
la amazónica selva,
que no comieron los pájaros,
ni fue pisada por el hombre.
Su nombre es Zamuro
y atesora en su redonda pequeñez
de su origen la esencia más pura.
Es una semilla
que los indígenas pulen
para dar esplendor a lo humilde
que otros desprecian.
Cómo me gustaba verla,
impregnándose de ti,
cuando adornaba tu cuello.
Ahora es mi piel la que al roce,
de su energía se llena y siente,
como alienta soledades
lo que de tu pecho estuvo cerca.
Vibras en mí,
como dádiva que custodia,
los entrañados latidos
de tu corazón.


Imagen de cabecera: Alfredo Pérez Alencart y Elena Díaz Santana en la Sala de la Palabra del Teatro Liceo
